Yo lo que me pregunto es cómo se puede hablar de la Atlántida como si estuviésemos en el siglo IV antes de Cristo, no se conociese la arqueología, no hubiese método científico de analizas los fenómenos y dando pábulo a fábulas mientras no se demuestre lo contrario.

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Poco a poco vamos recomponiendo fracciones sobre si la Atlántida pudo existir o no.

El trabajo de Paulino me parece también muy interesante para este tema que ha suscitato y provoca tantas polémicas.

Cuantos más datos tengamos, mucho mejor.

Un abrazo.

Yo siempre he dicho que no está en Doñana (ver las declaraciones en la prensa de Enero del 2010 cuando se me consultó para el proyecto con el National Geographic), pero sí dije que podría haber estado cerca... La cuestión es que para mi, después de casi veinte años estudiando el tema y reuniendo centenares de datos científicos y especialmente trabajando con las fuentes originales, o sea, paleográficas, escritas en sus idiomas originales (Griego, Latín, Egipcio, Árabe y Babilónico, entre otras) no tengo ni la más remota duda de que sí realmente existió tal isla y una ciudad entre aguas o canales como se describe en el Critias y en otras fuentes antiguas, sin duda alguna esta se hallaría en el Atlántico, teniendo su comienzo justo ante la boca misma de Gibraltar, al alcance de la vista...

Mis más respetuosos saludos para el Sr. Zamarro, cuyo trabajo, en lo referente a la cuestión del antiguo y prehistórico istmo de Gibraltar, para mi es de lo más interesante que he leído hasta la fecha.

Saludos cordiales,

Georgeos

Gracias Jorge por reconocer que hubo un istmo en lo que hoy es el estrecho de Gibraltar. Dicha afirmación, a mi modo de ver, invalida cualquier teoría que pretenda situar la Atlántida fuera del Mediterráneo, extremo que se puede deducir también de la lógica y de lo que dijo Platón en sus diálogos. Pero no quiero entrar en polémica sobre lo que dijo o no dijo Platón y a sus posibles interpretaciones, me limitaré aquí únicamente a cuestiones de índole física y a razonamientos que se puedan probar. A continuación expongo algunos de ellos:

  • Aparte de la ruptura del istmo de Gibraltar, no hay ningún cataclismo de este calibre documentado en los últimos 15000 años (por poner una cifra).
  • El mencionado cataclismo originó una elevación repentina del nivel del Mediterráneo de al menos 78 m (puede que incluso algo mayor). Durante los 1500 años siguientes el mar subió lentamente otros 17 m.
  • En dicho proceso, la única gran isla que se sumergió repentinamente bajo las aguas, fue la que había en torno a las islas Cícladas. Dicha isla, por múltiples razones expuestas en mi libro, la identifico con la Atlántida.
  • Hay abundantes pruebas indirectas de la reciente ruptura del istmo de Gibraltar, a través de las cuales se puede intuir lo que ocurrió, y una prueba directa e irrefutable que fija la ruptura del istmo hace tan solo 7500 años.
  • Dicha prueba la aportaron a finales del siglo XX los geólogos norteamericanos William  Ryam y Walter Pitman, que determinaron, mediante análisis del C14 en moluscos del mar Negro, que dicho mar cambió bruscamente de salinidad en dicha fecha y que su nivel estaba entonces a 60 m por debajo del actual.
  • También hay otras aportaciones del Oceanógrafo búlgaro Petko Dimitrov, que encontró huellas de antiguas playas situadas a la misma profundidad.
  • Los umbrales del Bósforo y los Dardanelos, también están situados a dicha profundidad, corroborando que ese fue el mínimo nivel al que pudo estar el mar Negro, por tratarse de un  mar claramente excedentario.
  • Todo esto fue posible por la existencia de un istmo que cerraba el estrecho de Gibraltar, propiciando que el Mediterráneo estuviera por debajo del nivel del mar Negro, gracias a lo cual podía mantener sus aguas dulces.
  • La ruptura del istmo de Gibraltar hizo que el Mediterráneo subiera repentinamente de nivel, que desapareciera la Atlántida y acto seguido que el mar Negro subiera también de nivel y se convirtiera en un mar de agua salada.

 

Todo esto está avalado por cálculos, mediciones y razonamientos científicos, y tienen una lógica tan aplastante, que no pudo ser de otro modo. Algunas cifras pueden ser discutibles en cuanto a si fueron un poco más altas o un poco más bajas, ya que los datos disponibles no son todo lo fiables que sería de desear, pudiéndose admitir por tanto que, hacia el 5500 a.C. los niveles de los mares implicados en el proceso serían del siguiente orden:

  • Mar Negro: -60 m ± 1 m
  • Mar Mediterráneo: Entre -95 m y -120 m
  • Océano Atlántico: Entre -17 m  y – 12 m

Gracias Paulino... Pero lamentablemente, nada de eso que has investigado refuta mis investigaciones ni mi teoría. La única manera de refutarlas sería peinar hasta el último rincón del área del Atlántico donde la ubico y confirmar que no haya nada. Como tampoco nada de lo que has investigado me convence ni en lo más mínimo de que la Atlántida haya sido una isla en el Egeo. Lo siento, pero no debería preocuparte demasiado. Cada cual es libre de defender sus teorías in intentar convencer de ningún modo a otro investigador de que está equivocado. Eso sólo se sabrá con el tiempo, y muy probablemente mucho después que ambos ya no estemos entre los vivos...

Me han bastado un par de polémicos debates contigo para darme cuenta que seguir en ello es una absoluta pérdida de tiempo para los dos. Ni tú me vas a convencer de nada de lo que pretendes convencerme porque mis investigaciones y mis datos me obligan a mirar hacia otro lado y otro tiempo (en todos los sentidos) ni yo pretendo convencerte de los resultados de mis investigaciones. Sigamos cada cual publicando lo nuestro y defendiendo nuestros argumentos que como suele decirse, Cronos, el Tiempo, dictará la última palabra...

Te envío un cordial saludo y te deseo también, siempre, muchos éxitos...

Georgeos



Aníbal Clemente Cristóbal dijo:

La Atlántida NO está en el Parque de Doñana

Publicado el 16 marzo 2011 por Javier García Blanco

Quedo constancia de mi apoyo a estas investigaciones que nos presentó nuestro amigo Javier desde su blog Planeta Sapiens:

Desde hace varios días, medios de todo el mundo han difundido alegremente que un equipo de arqueólogos estadounidenses, liderado por el profesor Richard Freund, de la Universidad de Hartford (EE.UU.), ha descubierto evidencias de la mítica Atlántida. Y, por si fuera poco, su ubicación estaría, ni más ni menos que en el Coto de Doñana. Una buena parte de los medios españoles –entre ellos ABC, El País o la agencia de noticias Europa Press– han dado como buena la afirmación, entre otras cosas porque las pesquisas de Freund parecen respaldadas por la cadena de televisión National Geographic, que casualmente estrenó el pasado domingo 13 de marzo un documental titulado Finding Atlantis (Encontrando la Atlántida).

Según las notas de prensa, el investigador estadounidense habría empleado modernas técnicas, como fotografías vía satélite y uso de georradares –además de prospecciones arqueológicas submarinas– en el célebre Parque Natural, descubriendo lo que parece ser “una ciudad sumergida” en Doñana, con una antigüedad de más de 4.000 años. Además, el documental mostraría “la que es posiblemente la pieza arqueológica más intrigante jamás asociada a la Atlántida”, un relieve en piedra hallado entre ruinas de hace 2.800 años, que representaría a un guerrero atlante defendiendo la entrada a la ciudad mítica. Sorprendente… ¿o no?

En realidad, las “hipótesis” que han vinculado las marismas de Doñana con la Atlántida llevan varios años circulando por distintos medios. De hecho, hace más de seis décadas, el célebre hispanista alemán Adolf Schulten estaba convencido de haber localizado en Doñana los restos de Tartessos –la antigua civilización del sur peninsular–, que en su opinión habría inspirado a Platónla idea de la Atlántida.

Varias décadas después, en el año 2004, la revista arqueológica Antiquity generaba un notable revuelo al publicar un trabajo del ingeniero alemán Rainer Künhe, quien afirmaba que el continente descrito por Platón podía haber quedado sumergido en el Coto de Doñana, idea que planteó a raíz de unas imágenes vía satélite captadas en 1996, y en las que supuestamente se apreciaban posibles construcciones artificiales. La situación se complicó aún más en el verano del año 2009, cuando varios medios españoles, como el diario Huelva Información, afirmaban en grandes titulares que el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) tenía previsto excavar en el Parque Natural para localizar la Atlántida.

Por aquellas fechas, un servidor estaba preparando un artículo sobre la percepción mítica que tuvieron los antiguos fenicios, griegos y romanos respecto a la Península Ibérica, así que me pareció buena idea comenzar el texto citando las distintas hipótesis de varios arqueólogos que habían situado en el Parque de Doñana los restos de Tartessos, la civilización que tanto influyó en esa imagen mítica que tuvieron de nosotros los pueblos antiguos del Mediterráneo. Fue así como entré en contacto con Sebastián Celestino Pérez, investigador del CSIC en el Instituto Arqueológico de Mérida, y uno de los arqueólogos que, según las notas de prensa, iba a buscar la Atlántida en el sur de la Península. Como ya imaginaba, la realidad era mucho más prosaica.

Sebastián me explicó amablemente que la única intención de su equipo consistía en “comprobar si en esa zona de la marisma pudo haber asentamientos humanos y en qué época“. Aquellas prospecciones no significaban que estuvieran buscando Tartessos, ni mucho menos la Atlántida, como había dado a entender la prensa. De hecho, el investigador de CSIC aprovechó para manifestar su malestar por el tratamiento sensacionalista que se había dado a la noticia. Finalmente, Sebastián me aclaró que los únicos restos descubiertos durante su investigación se reducían a piezas cerámicas de época calcolítica, nada que pudiera datarse en época tartésica, y desde luego nada que permitiera hablar de la Atlántida algo que, en palabras del investigador español, “no deja de ser una fantasía o una quimera en el imaginario popular”.

Con tales antecedentes, cuando hace dos días comenzaron a surgir las noticias sobre el supuesto hallazgo de Richard Freund, supuse que estábamos ante otro brote sensacionalista. Por supuesto, me faltó tiempo para ponerme en contacto de nuevo con el amable Sebastián, con la intención de que me confirmara si tenía conocimiento de las supuestas excavaciones del arqueólogo estadounidense. Ayer recibí su respuesta y, aunque escueta, no podía ser más explícita y clarificadora: “Estoy fuera y espero poder contestarte con más detalle mañana. Pero te adelanto que conozco bien a Freund y se ha inventado todo. Estuvo invitado unos días en Doñana, y por supuesto, nunca excavó“. Hoy, con algo más de calma, el investigador del CSIC –recordemos que fue uno de los responsables de estudiar, de verdad, posibles restos en Doñana– me confirmaba que él y sus compañeros han estado intentando luchar para desmentir la “farsa de Freund”, y se lamentaba del eco que las afirmaciones del estadounidense habían recibido en la prensa. Por suerte, Sebastián Celestino Pérez y sus colegas están ultimando un artículo científico sobre sus investigaciones durante los últimos cinco años en Doñana donde, por supuesto, no hay ni rastro de la Atlántida.

Es una pena que medios como los anteriormente citados no se hayan tomado la molestia de contrastar la información. Sobre todo teniendo en cuenta que bastaba una rápida visita a la web del CSIC para localizar el correo electrónico de los investigadores citados en varias de las informaciones y confirmar o desmentir tales afirmaciones.

--------------------------------------------------------------------------------
CSIC: Doñana Biological Station
--------------------------------------------------------------------------------
Researcher: Celestino Pérez, SebastiánNum-Year: 18/2009

Title: Proyecto Hinojos: Contrastación de la hipótesis Wickboldt-Kühne, fase II, en Hinojos (Huelva)
--------------------------------------------------------------------------------

Duration: 2009

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Financing Organization Fundación Caja de Madrid, Universidad de Hartford, Fundación Doñana 21, CSIC, Instituto de Arqueología, CSIC

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Summary: Son dos los objetivos. El primero es practicar un tipo de prueba de contrastación no realizada hasta ahora, pero que sería más directa y concluyente para confirmar o invalidar la hipótesis de Wickboldt y Kühne en su aspecto fundamental: la existencia de restos arqueológicos de época protohistórica o anterior en el subsuelo de la marisma de Hinojos. Este tipo de prueba es el sondeo arqueológico, a realizar en varios puntos del área de estudio. El segundo es asegurar la fiabilidad de los resultados de 2006 y 2007 mediante pruebas del mismo tipo que las ya practicadas, pero en puntos distintos del área de estudio: (1) un sondeo geofísico del subsuelo en puntos diferentes de los elegidos en 2006 (incluida una nueva toma de muestras para dataciones por C-14), (2) la exploración electromagnética de otros lugares en los que se aprecian figuras geométricas en las imágenes obtenidas, y (3) una nueva toma de fotografías aéreas de parte o todo el área de estudio, en esta ocasión empleando un sensor de las emisiones infrarrojas del suelo, y en una época del año distinta de la elegida en 2006.



José Luis Barchino dijo:  Parece que en esta información se aclara mucho de lo debatido en este tema. Gracias  



Aníbal Clemente Cristóbal dijo:

La Atlántida NO está en el Parque de Doñana

Publicado el 16 marzo 2011 por Javier García Blanco

Quedo constancia de mi apoyo a estas investigaciones que nos presentó nuestro amigo Javier desde su blog Planeta Sapiens:

Desde hace varios días, medios de todo el mundo han difundido alegremente que un equipo de arqueólogos estadounidenses, liderado por el profesor Richard Freund, de la Universidad de Hartford (EE.UU.), ha descubierto evidencias de la mítica Atlántida. Y, por si fuera poco, su ubicación estaría, ni más ni menos que en el Coto de Doñana. Una buena parte de los medios españoles –entre ellos ABC, El País o la agencia de noticias Europa Press– han dado como buena la afirmación, entre otras cosas porque las pesquisas de Freund parecen respaldadas por la cadena de televisión National Geographic, que casualmente estrenó el pasado domingo 13 de marzo un documental titulado Finding Atlantis (Encontrando la Atlántida).

Según las notas de prensa, el investigador estadounidense habría empleado modernas técnicas, como fotografías vía satélite y uso de georradares –además de prospecciones arqueológicas submarinas– en el célebre Parque Natural, descubriendo lo que parece ser “una ciudad sumergida” en Doñana, con una antigüedad de más de 4.000 años. Además, el documental mostraría “la que es posiblemente la pieza arqueológica más intrigante jamás asociada a la Atlántida”, un relieve en piedra hallado entre ruinas de hace 2.800 años, que representaría a un guerrero atlante defendiendo la entrada a la ciudad mítica. Sorprendente… ¿o no?

En realidad, las “hipótesis” que han vinculado las marismas de Doñana con la Atlántida llevan varios años circulando por distintos medios. De hecho, hace más de seis décadas, el célebre hispanista alemán Adolf Schulten estaba convencido de haber localizado en Doñana los restos de Tartessos –la antigua civilización del sur peninsular–, que en su opinión habría inspirado a Platónla idea de la Atlántida.

Varias décadas después, en el año 2004, la revista arqueológica Antiquity generaba un notable revuelo al publicar un trabajo del ingeniero alemán Rainer Künhe, quien afirmaba que el continente descrito por Platón podía haber quedado sumergido en el Coto de Doñana, idea que planteó a raíz de unas imágenes vía satélite captadas en 1996, y en las que supuestamente se apreciaban posibles construcciones artificiales. La situación se complicó aún más en el verano del año 2009, cuando varios medios españoles, como el diario Huelva Información, afirmaban en grandes titulares que el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) tenía previsto excavar en el Parque Natural para localizar la Atlántida.

Por aquellas fechas, un servidor estaba preparando un artículo sobre la percepción mítica que tuvieron los antiguos fenicios, griegos y romanos respecto a la Península Ibérica, así que me pareció buena idea comenzar el texto citando las distintas hipótesis de varios arqueólogos que habían situado en el Parque de Doñana los restos de Tartessos, la civilización que tanto influyó en esa imagen mítica que tuvieron de nosotros los pueblos antiguos del Mediterráneo. Fue así como entré en contacto con Sebastián Celestino Pérez, investigador del CSIC en el Instituto Arqueológico de Mérida, y uno de los arqueólogos que, según las notas de prensa, iba a buscar la Atlántida en el sur de la Península. Como ya imaginaba, la realidad era mucho más prosaica.

Sebastián me explicó amablemente que la única intención de su equipo consistía en “comprobar si en esa zona de la marisma pudo haber asentamientos humanos y en qué época“. Aquellas prospecciones no significaban que estuvieran buscando Tartessos, ni mucho menos la Atlántida, como había dado a entender la prensa. De hecho, el investigador de CSIC aprovechó para manifestar su malestar por el tratamiento sensacionalista que se había dado a la noticia. Finalmente, Sebastián me aclaró que los únicos restos descubiertos durante su investigación se reducían a piezas cerámicas de época calcolítica, nada que pudiera datarse en época tartésica, y desde luego nada que permitiera hablar de la Atlántida algo que, en palabras del investigador español, “no deja de ser una fantasía o una quimera en el imaginario popular”.

Con tales antecedentes, cuando hace dos días comenzaron a surgir las noticias sobre el supuesto hallazgo de Richard Freund, supuse que estábamos ante otro brote sensacionalista. Por supuesto, me faltó tiempo para ponerme en contacto de nuevo con el amable Sebastián, con la intención de que me confirmara si tenía conocimiento de las supuestas excavaciones del arqueólogo estadounidense. Ayer recibí su respuesta y, aunque escueta, no podía ser más explícita y clarificadora: “Estoy fuera y espero poder contestarte con más detalle mañana. Pero te adelanto que conozco bien a Freund y se ha inventado todo. Estuvo invitado unos días en Doñana, y por supuesto, nunca excavó“. Hoy, con algo más de calma, el investigador del CSIC –recordemos que fue uno de los responsables de estudiar, de verdad, posibles restos en Doñana– me confirmaba que él y sus compañeros han estado intentando luchar para desmentir la “farsa de Freund”, y se lamentaba del eco que las afirmaciones del estadounidense habían recibido en la prensa. Por suerte, Sebastián Celestino Pérez y sus colegas están ultimando un artículo científico sobre sus investigaciones durante los últimos cinco años en Doñana donde, por supuesto, no hay ni rastro de la Atlántida.

Es una pena que medios como los anteriormente citados no se hayan tomado la molestia de contrastar la información. Sobre todo teniendo en cuenta que bastaba una rápida visita a la web del CSIC para localizar el correo electrónico de los investigadores citados en varias de las informaciones y confirmar o desmentir tales afirmaciones.

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CSIC: Doñana Biological Station
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Researcher: Celestino Pérez, SebastiánNum-Year: 18/2009

Title: Proyecto Hinojos: Contrastación de la hipótesis Wickboldt-Kühne, fase II, en Hinojos (Huelva)
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Duration: 2009

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Financing Organization Fundación Caja de Madrid, Universidad de Hartford, Fundación Doñana 21, CSIC, Instituto de Arqueología, CSIC

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Summary: Son dos los objetivos. El primero es practicar un tipo de prueba de contrastación no realizada hasta ahora, pero que sería más directa y concluyente para confirmar o invalidar la hipótesis de Wickboldt y Kühne en su aspecto fundamental: la existencia de restos arqueológicos de época protohistórica o anterior en el subsuelo de la marisma de Hinojos. Este tipo de prueba es el sondeo arqueológico, a realizar en varios puntos del área de estudio. El segundo es asegurar la fiabilidad de los resultados de 2006 y 2007 mediante pruebas del mismo tipo que las ya practicadas, pero en puntos distintos del área de estudio: (1) un sondeo geofísico del subsuelo en puntos diferentes de los elegidos en 2006 (incluida una nueva toma de muestras para dataciones por C-14), (2) la exploración electromagnética de otros lugares en los que se aprecian figuras geométricas en las imágenes obtenidas, y (3) una nueva toma de fotografías aéreas de parte o todo el área de estudio, en esta ocasión empleando un sensor de las emisiones infrarrojas del suelo, y en una época del año distinta de la elegida en 2006.

Según Platón la Atlántida  era una ciudad enorme de forma circular por alguna zona fuera de "Las Columnas de Hércules" (Mar Atlántico). Pero a mi parecer esto puede ser una simple melodrama, me explico: cuando una persona se va de viaje por primera vez,  encuentra su entorno "enorme" y espectacular, ya que no conoce dicha zona. Posíblemente Platón haya exagerado el lugar de la Atlántida y fuera una simple ciudad en una isla... O que con el tiempo su historia se haya ido incrementando a historias ficticias sobre esta ciudad perdida.

Saludos!

Estoy de acuerdo contigo Aníbal, la Atlántida no estuvo en Doñana, si no en el mar Egeo, y lo que dice Richard Freud no tiene ninguna base, pero al estar avalado por National Geographic, hace que se le escuche y algunos hasta le crean.

Me tomé la molestia de ver íntegramente su documental, en el que se aprecia una gran imaginación, que solo es superada por su falta de rigor.

La Atlántida nunca pudo estar ahí, aunque muy cerca se halle una de las claves fundamentales que han hecho posible encontrarla.

Para quien quiera saber donde estaba la Atlántida, cómo, cuándo y por qué desapareció, le recomiendo visitar la página www.atlantidaegeo.com

Un saludo

INTRODUCCIÓN

Esta obra es un epítome (Del lat. epitŏme, y este del gr. ἐπιτομή), es decir, “un resumen o compendio de una obra extensa, que expone lo fundamental o más preciso de la materia tratada en ella”, tal y como se define en el Diccionario de la Lengua Española de la RAE (Real Academia Española). Tal obra extensa que este epítome resumirá como un compendio, exponiendo únicamente lo más fundamental o preciso, mediante una breve y sumaria exposición, es la serie -en cuatro volúmenes ya- de la “Atlantología Histórico-Científica”, aún en proceso de edición y que podría llegar abarcar hasta unos seis volúmenes.

En este epítome el lector hallará no sólo una breve y sumaria exposición de los cuatro volúmenes ya terminados (en proceso de edición), también dispondrá –a modo de adelanto- de concisos resúmenes de material fundamental que estará presente en los restantes volúmenes de la colección. Aclaramos pues que la mayor parte de la información que se podrá analizar en este epítome es sólo un resumen, en no pocos casos bastante abreviado, porque somos conscientes de que como bien decía el maestro Vicente Arcenegui en su Epítome de gramática castellana, “el arte de simplificar es el arte de enseñar”.

Advertido queda pues el lector de que toda la información completa, totalmente desarrollada y detallada sólo aparecerá publicada en su correspondiente volumen, por lo que si en algún momento pareciere insuficiente la información sobre alguna de las evidencias o argumentos que en este epítome se exponen, no olvide el lector que lo que ahora tiene en sus manos es sólo un resumen y que muy probablemente aquello que eche en falta lo hallará después en la obra completa.

Para facilitar la lectura y comprensión de este epítome hemos preferido organizar la exposición de datos prefiriendo un orden cronológico natural más que temático; dejando así fuera de tal ordenación aquellos temas que por su particularidad o naturaleza entendemos deben ser expuestos como anexos o información complementaria.

Todo el conjunto de la obra la hemos dividido en dos bloques. El primer bloque engloba el estudio de lo que consideramos fuentes documentales escritas y pictóricas(primarias y secundarias) en la que las disciplinas y especialidades aplicadas provienen, fundamentalmente, de las Ciencias de Humanidades. Y el segundo bloque lo ocupa el análisis de las fuentes documentales científicas provenientes de las Ciencias Físicas, de disciplinas científicas modernas tales como la Arqueología, la Geología, y la Sismología, entre otras.

En cuanto a la exposición de las fuentes documentales escritas y pictóricas, en el primer bloque, y partiendo siempre de Platón como figura central para el estudio de la Atlantología, al ser –aún- la fuente principal (aunque no la única como quedará demostrado), hemos dividido la exposición de evidencias, fuentes y referencias en cuatro grupos: 

  1. Fuentes Preplatónicas (Anterior a Platón).
  2. Fuentes Platónicas (Desde Platón hasta el fin de la tercera Academia neoplatónica).
  3. Fuentes Postplatónicas (Posteriores a la última Academia).
  4. Fuentes Extraplatónicas (De tradición no Platónica).


Tanto la exposición de Fuentes Preplatónicas como las Platónicas y lasPostplatónicas ocupan cada una un volumen, consecutivamente (I, II y III), mientras que las fuentes Extraplatónicas, al seguirse un criterio de ordenación cronológica, se hallan insertadas en las tres restantes, puesto que hallamos y proponemos fuentes para la Atlántida o los pueblos Atlantes en autores que no recurrieron a Platón como fuente, unos por ser anteriores a su época y otros, porque aún siendo posteriores -e incluso contemporáneos- no muestran evidencia alguna de haberse basado en los textos de Platón.

En aras de facilitar al lector la comprensión de la información no seguiremos en este epítome el orden cronológico de una manera tan estricta, pues una vez estudiadas las fuentes y después de no pocas charlas y tertulias hemos terminado llegando a la conclusión de que la mejor asimilación y comprensión de las fuentes que sobre laAtlántida y los pueblos Atlantes proponemos como Preplatónicas no se consiguen de manera correcta o completa sin antes haberse conocido bien las fuentes platónicas y postplatónicas. Así pues, en este epítome el apartado sobre las fuentes preplatónicas será expuesto en tercera posición, después de las fuentes postplatónicas.

Para cada grupo o período temporal hemos seleccionado algunas de las fuentes menos conocidas y relevantes, pero no las más relevantes –aclaramos- ni sólo estas, también otras menos relevantes y hasta más conocidas, pero importantes dentro del engranaje de la tradición y más que necesarias para una mayor comprensión de estetotum historicum que sobre la Historia de la Atlántida, pretendemos registrar.

En cuanto a las fuentes documentales sobre la civilización Tartessia la incluimos en la Atlantología Histórico-Científica no porque creamos que Tartessos y Atlantis son una misma cosa, sino porque aceptamos como innegable las similitudes de algunas de las características más significativas existentes en ambas civilizaciones, especialmente a nivel geográfico, ya expuestas de manifiesto primero por Francisco Fernández González y su hijo Juan Fernández Amador y de los Ríos entre finales del siglo XIX y principios del XX, y poco después por el alemán Adolf Schülten. Pero tales semejanzas sólo nos llevan, en última instancia, a la aceptación de que Tartessos pudiera hundir sus raíces culturales en la civilización Atlántica del Bronce –la que en su máximo esplendor creemos describe Platón- que sería, a su vez, la última expresión de una civilización principalmente Calcolítica como intentaremos exponer al lector.

 

REFERENCIAS:

 

[1] José Pellicer de Osau i Tovar era un erudito español del siglo XVII que dominaba el hebreo, el griego, el latín, el italiano y el francés, entre otras lenguas, y que tradujo varias obras clásicas, llegando a ser cronista real. Entre sus grandes méritos está el haber sido el primero en desarrollar una argumentación histórico-filológica para demostrar que la Atlántida de Platón era la propia península Ibérica.

[2] Al respecto, el erudito español Gregorio García del siglo XVII expuso -en defensa de la autoridad de Platón y criticando la actitud de Aristóteles-lo siguiente: “...Siendo esto asi, digo, como lo es, porqué no daremos credito à la Historia de la Isla Atlántica à que refiere Platón? À quien nada le falta para ser Hombre de autoridad, y gravedad, aunque màs la desautoriça su ingrato discípulo Aristóteles, con el testimonio que le levanto de las Ideas, que por tal lo tienen San Agustín, Séneca, Marsilio, Javello, y otros muchos Autores, los cuales defienden à Platón de esta calumnia, y testimonio de Aristóteles. Y asi lo que dice Platón de las Ideas, lo interpretan de las que ai en la mente Divina. Lo qual es argumento del respeto que S. Agustín, y los demàs Autores referidos le tienen, pues tanto vuelven por él. Persuadiéndole más à que Aristóteles, de malicia, ò de envidia, ò por mejor decir, de ingratitud, le levanto aquel testimonio, que no à que dixese semejante disparate vn hombre docto, buen Filosofo, y mui recatado...” (“El origen de los Indios de el Nuevo Mundo e Indias occidentales”. LIBRO QVARTO. CAP. IX. De algunas dudas, i objecciones, que contra esto escriviò el P. Acosta. §. III. Donde se prueba ser Historia verdadera lo que dice Platón de la Islà Atlántica. 1607.)

[3] Ignatius Donnelly (1831-1901) Fue miembro del Congreso americano y alcanzó celebridad por sus teorías sobre la Atlántida como cuna de todas las antiguas civilizaciones, y por su teoría sobre quien fue el verdadero escritor que firmaba como Shakespeare. Nació en Philadelphia, Pennsylvania, estudió leyes y fue admitido como miembro del Congreso republicano de Minnesota entre 1863-1868, llegando a ser senador del estado entre 1874-1878. Su partido lo nominó en 1892 como candidato para vicepresidente de los Estados Unidos. Sus libros principales fueron “Atlantis, the Antediluvian World” (1882), en el cual procuró establecer que todas las civilizaciones antiguas conocidas fueron descendientes de esta civilización del neolítico tardío que el identificó con Atlantis o la Atlántida, y “Great Cryptogram”, obra en la que sostuvo una teoría, basada en ciertas claves que él “descubrió” en los trabajos de Shakespeare, las cuales indicarían que su autor verdadero era Francis Bacon. Murió en Minneapolis, Minnesota, y fue enterrado en el cementerio local de Calvary, St. Paul. [Basado en datos de la Enciclopedia Libre de Internet, Wikipedia. Edición inglesa.]

[4] Calcidio (siglo III-IV A.D.), filósofo cristiano Platónico que fue especialmente conocido durante la Edad Media -con posterioridad a su época- por su traducción comentada del Timeo de Platón, dedicada al obispo de Córdoba, Osio. La traducción latina comentada del Timeo de Calcidio fue la más utilizada por la intelectualidad europea occidental durante el Medievo y parte de la Edad Moderna como la herramienta más útil para el entendimiento de las profundas doctrinas de Platónvertidas en este diálogo. Su obra parece no haber tenido apenas repercusión en su época, sin embargo, poco después se convirtió en una de las más admiradas y estudiadas, a lo cual contribuyó el poco conocimiento del griego clásico por parte de Occidente durante los siglos posteriores a su época; algo similar a lo que se ha constatado con otras obras de la literatura clásica latina, que se convirtieron en importantes referentes al no conservarse los originales griegos. En cuanto a su origen, existen varias hipótesis; aunque en realidad, salvo la más antigua o tradicional, donde Calcidio aparece como archidiácono de Osio (presuntamente el mismo Obispo de Córdoba que junto a los sacerdotes romanos Vito y Vicente representaron al Papa en el célebre primer Concilium Ecumenicum de Nicea), hasta la fecha, no ha existido ninguna hipótesis con peso suficiente para ser considerada como oficial sobre la nacionalidad, origen o residencia de Calcidio. Se ha llegado hasta decir que quizás fuera de origen judío, o un diácono en la iglesia de Cartago, pero nadie ha mostrado verdaderos argumentos ni datos de ningún tipo. Los únicos documentos que existen sobre su persona y vida, son unas dudosas cartas privadas atribuidas a Calcidio, pero en especial la célebre traducción comentada de la primera parte del Timeo de Platón, donde queda manifiesto que está dedicada al tal Osio. Sin embargo, según nuestras investigaciones, todo parece indicar que la hipótesis tradicional -y la más antigua- defendida por Dillon de que era un discípulo de Osio sería la correcta, y como apoyo presenta un estudio igualmente léxico interno sobre ciertas intercalaciones que Calcidio introduce en su traducción y que además ofrecen pistas sobre su posible origen andaluz o hispano. El hecho de encargar una traducción al Latín del Timaios -en griego- de Platón a Calcidio, es un claro indicativo de que ese tal Osio (fuera quien fuera) tenía un gran interés por los detalles y asuntos que se contaban en el mismo. Podría pensarse que realmente no le interesaba la Atlántida sino solamente lo demás, sin embargo, Calcidio no hizo una traducción completa del Timeo sino solamente de la primera parte, lo que demuestra que solamente en esta primera parte estarían aquellos asuntos o temas que a Osio le interesaban, y que de alguna manera pensaría usar en sus estudios y doctrinas, y la historia de la Atlántida está precisamente en esta primera parte traducida por Calcidio.

[5] “La idea de un viaje entre Europa y Asia, atravesando el Atlántico, fue una hipótesis manejada ya por los sabios clásicos. Aristóteles, por ejemplo, escribió, después de demostrar la esfericidad de la Tierra, que se podía navegar de las Columnas de Hércules a las tierras del Extremo Oriente en pocos días. Y Séneca hizo alusión en repetidas ocasiones a dicha posibilidad. Por ejemplo, en Medea escribió unas líneas ciertamente proféticas: «Llegará el momento en que las cadenas del Océano caigan a un lado y un vasto continente sea revelado, en que un piloto descubra nuevos mundos y Tule deje de ser el último extremo de la Tierra». Y en la misma línea, también dejó escrito: «En realidad, ¿qué distancia hay entre las playas extremas de Hispania y las de la India? Poquísimos días de navegación, si sopla para la nave un viento propicio».” (Cristóbal Colón, por el Dr. Primitivo Pla Alberola, http://bib.cervantesvirtual.com/portal/colon/).

[6] Ver capítulo sobre referencias en las fuentes egipcias.

[7] Al respecto se pueden consultar los mensajes y discusiones publicados por el autor en los siguientes sitios: en español, “Lista y Foro de Atlantología Científica” [http://elistas.egrupos.net/lista/atlantologos]; en inglés, “Atlantis Rising” [http://www.atlantisrising.com] y “Graham Hancock Forum” [http://www.grahamhancock.com/phorum/search.php?f=1&search=Georg...

=0&fldsubject=1&fldbody=1&start=151]; en alemán “Atlantis-Forum” [http://www.atlantisforum.de], ya desaparecido hace unos años.

[8] El autor entiende como evidencia arqueológica (o arqueohistórica) cualquier objeto o elemento material, y cualquier dato documental, susceptible siempre de verificación por otros métodos científicos. Arqueología expresa -semántica y etimológicamente- el discurso o historia sobre lo antiguo o lo arcaico. Así pues, unaevidencia arqueológica será siempre cualquiera que permita establecer una discusión -objetiva- sobre la antigüedad o los tiempos arcaicos, desde un simple trozo de papiro o una inscripción sobre una roca, hasta una vasija de cerámica y una columna.

[9] Ver capítulo correspondiente en esta misma obra.

gracias por aportarnos un  grano de arena  (por no decir mucho) más del trabajo suyo.. .enhorabuena

Se puede escribir mucho y volver a caer en lugares comunes, sin aportar nada sustancial, de modo que para no caer en el mismo error, voy  a hacer una somera exposición de los hechos acaecidos hace 7500 años y lo que se puede realmente probar, y que luego piense el lector lo que crea conveniente:

-         Hace 7500 años el mar Negro era un lago de agua dulce (cuyo nivel se encontraba a 60 m por debajo del actual), cuya salinidad cambió repentinamente, convirtiéndose en un mar de agua salada. Este hecho está avalado por los arqueólogos norteamericanos William Ryan y Walter Pitman y está absolutamente probado.

-         Dichos arqueólogos dicen, y aquí se equivocan, que antes de que esto ocurriera el Bósforo y los Dardanelos estaban cerrados y que, cuando se abrieron, el Mediterráneo irrumpió en el mar Negro elevando su nivel y cambiando la salinidad. Y… se equivocan, porque si dichos estrechos hubieran estado cerrados, dado el gran aporte de los ríos que llegan al mar Negro, el nivel de dicho mar hubiera estado 60 ó 70 m por encima del actual y no donde ellos han demostrado que estaba.

-         Llegados ha este punto y… puesto que es cierto que el mar Negro estaba entonces a -60 m, solo cabe una posibilidad de que sus aguas fueran dulces, y es que el Mediterráneo estuviera a un nivel inferior.

-         Ahora viene determinar a que nivel estaban las aguas del Mediterráneo, aunque primero habrá que saber que es lo que hacía posible que el Mediterráneo estuviera a un nivel más bajo, extremo que solo es posible si en aquel entonces el estrecho de Gibraltar hubiera estado cerrado.

-         Bien… suponiendo por tanto que el estrecho de Gibraltar estaba cerrado: ¿A que nivel estaba el Mediterráneo?: la respuesta no es sencilla y solo podemos obtener un grado de aproximación, para lo cual se ha hecho un balance de caudales de entradas y salidas de agua en el Mediterráneo, del cual se ha deducido que dicha profundidad debía estar comprendida entre los 90 y los 120 m por debajo del nivel actual.

-         Se ha hecho también un estudio sistemático de la sedimentación del delta del Ebro, de la cual se deducen unos datos parecidos, ya que los sedimentos de los sucesivos deltas sumergidos de dicho río se encuentran fundamentalmente entre 90 y 100 m de profundidad y derramándose por el talud continental que se precipita al abismo un poco más abajo.

 

De todo esto se deduce que hace unos 7500 años un cataclismo (seguramente un tsunami) destruyó el istmo que había en Gibraltar, elevó el nivel del Mediterráneo y posteriormente el del mar Negro, que de esta forma se convirtió en un mar de agua salada. ¡Ah!... también se llevó de paso la Atlántida por delante, que estaba situada entorno a las islas Cícladas, es decir en pleno mar Egeo.

 

Esta Gran Isla Central del mar Egeo, es decir la Atlántida, se había formado unos 5 ó 6 millones de años antes, con ocasión del último cierre del estrecho de Gibraltar, siendo la única gran isla del Mediterráneo que desapareció súbitamente cuando tuvo lugar la gran inundación. Habría que hacer expediciones arqueológicas para tratar de encontrar algún indicio que lo corrobore aún más, pero desde luego esta es de momento la única teoría creíble, desarrollada ampliamente en el libro titulado “De Gibraltar a la Atlántida” cuyo resumen podéis encontrar en www.atlantidaegeo.com” y también en Amazon.

 

Las razones de por qué estaba aquí la Atlántida son muchas y variadas, exponiéndose ampliamente en la página web y en el libro.

 

Paulino Zamarro

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