Red Española de Historia y Arqueología
Los restos de la Iglesia de San Juan Bautista se recuperaron con motivo de la remodelación de la plaza de Ramales de Madrid, finalizada en el año 2003, y tras su consolidación y restauración, se “protegieron” mediante la construcción de una urna – lucernario que permitía además su exposición al público. El Ayuntamiento, aprovechando las obras, o viceversa, pretendía también localizar los restos de Diego Velázquez, posiblemente enterrado allí y cuyo hallazgo hubiera supuesto probablemente al equipo de gobierno éxito político y quien sabe si económico.
La remodelación de la plaza, en lo concerniente a la señalización en superficie de la antigua iglesia, parece acertada, pero en cuanto a la conservación de los restos “encriptados” en la urna de cristal, no parece lo más adecuado si no se realiza el debido seguimiento y mantenimiento. Pero aquí, hecha la urna…., si te vi no me acuerdo.
Con la negligencia municipal existen al menos dos motivos para la visita al lugar. Uno frustrante, porque los restos, cuyo valor es principalmente histórico, no pueden verse; lo impide, en primer lugar, el reflejo del sol y de la luz en general sobre el cristal; en segundo, la acumulación de gotas de agua producidas por la condensación y depositadas en la capa interior de todo el acristalamiento, y en tercero, la vigorosa vegetación que ha crecido allí, dadas las inmejorables condiciones ambientales de este fantástico invernadero.
El otro motivo de visita tiene carácter positivo por su carácter docente. Allí, los profesores de Conservación y Restauración de universidades y escuelas, pueden mostrar a sus alumnos “in situ” la mayoría de los males que pueden aquejar a restos arqueológicos “protegidos” por una encriptación deficiente que ha dado lugar a un nuevo entorno biológico.
Se pueden observar allí, por el descontrol de las condiciones de humedad y temperatura: condensación, evaporación, acción capilar, eflorescencias salinas, costras y alveolización, que son quienes propician la disolución y descohesión de materiales que llevan al desmoronamiento de los muros.
También esta urna-lucernario es un modelo de biodeterioro; se dan allí una colonización generalizada de plantas de bajo porte y de otras que llegan a la superficie acristalada, raíces, microorganismos de pudrición y corrosión, musgos y líquenes que propician el ocultamiento, tinción y ruina de los muros al provocar fisuras, disgregaciones y disoluciones de piedras, ladrillos y argamasas.
Es evidente que existe un problema de ventilación y mantenimiento de la humedad relativa que tienen que solucionar. Esto supone la inversión de un dinero que tal vez no tenga rentabilidad política, pero unos meses más así, sin tomar soluciones, y de lo que llevaba tantos años oculto, pero conservado en un medio ambiente estable, “no quedará piedra sobre piedra”.
Además de la denuncia, esto nos lleva a formularnos la pregunta de que si es conveniente “musealizar” restos arqueológicos de esta forma, que como parece, no se pretende o no se pueden conservar adecuadamente, o si es mejor dejarlos estar, debidamente enterrados a la espera de que se tengan ganas y medios técnicos y presupuestarios que eviten su destrucción.
Etiquetas: Deterioro de restos arqueológicos

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© 2013 Creado por Aníbal Clemente Cristóbal.