Cerca de la ciudad de
Datong, en China, se puede contemplar, aferrado a la ladera de la montaña, el singular templo colgante del monte Heng.


Su construcción, a unos 75 m. del suelo, se inició hace 1.500 años por un monje llamado
Liao Ran, y fue continuada por muchos otros a lo largo de los siglos. En él se pueden encontrar hasta cuarenta estancias unidas por un intrincado laberinto de pasillos.


Restaurado por última vez el año 1900, aparte de la curiosidad que en sí mismo entraña, también lo es que, entre sus muros, se muestran elementos religiosos budistas, taoístas y confucianos.



Una concesión a la modernidad...

En unos casos, los edificios se apoyan en postes de madera o vigas insertados en los orificios tallada en la roca, y en otros, son vigas verticales las encargadas de añadir un soporte extra.


En fin, como podéis comprobar, una construcción realmente singular que, a decir verdad, me trae a la memoria nuestras famosas
Casas Colgadas de Cuenca.
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