Red Española de Historia y Arqueología
En toda la región maya se usaba un sistema universal.
Muchos de los textos mayas que conocemos están escritos en piedra en monumentos públicos, en estelas colocadas en las plazas
Hace medio siglo el desciframiento de los jeroglíficos mayas era casi inimaginable, al grado que algunos investigadores la calificaron de “problema insoluble”. Sin embargo, todo cambió gracias, principalmente, a los estudios realizados por el investigador ucraniano Yuri Knozorov.
El origen de la escritura maya se pueden situar en un período de 400 años (de 200 a.C. a 200 d.C.). Cuando los españoles llegaron se encontraron con una escritura jeroglífica en pleno uso. Convencidos de que los escritos serían un obstáculo para la conquista, propusieron destruirlos.
Fray Diego de Landa, a quien se le atribuye la quema de miles de testimonios mayas en el llamado “Auto de fe de Maní”, escribió: “Encontramos un gran número de libros con estas letras y como no encontramos nada que estuviera libre de la superstición y los engaños del diablo, los quemamos ante los grandes lamentos y pesar de los indios”. Y desde entonces se prohibió la utilización de la vieja escritura.
Sin embargo, se dice que la escritura continuó hasta el siglo XVIII en las zonas más aisladas, con base en lo declarado por las autoridades eclesiásticas, a pesar de que no hay evidencia física de lo anterior.
Sólo cuatro manuscritos se salvaron de la destrucción, entre ellos los códices de Dresde, París y Madrid, que los españoles habían obsequiado de regalo a las cortes europeas.
Uno de los manuscritos pasó a la capital austriaca y de allí a Dresde, donde llamó la atención de Alexander von Humboldt, quien reprodujo cinco páginas del códice en su libro titulado “Viaje a las cordilleras”.
El códice de Dresde captó el interés de muchos investigadores, entre ellos Ernst Forstemann (1822-1906), bibliotecario de la corte real de Sajonia, quien descubrió que los mayas utilizaban un sistema de numeración vigesimal y también que llevaban una “cuenta larga”.
Advirtió, además, que los textos jeroglíficos se leían de arriba a abajo y de izquierda a derecha, en columnas dobles; es decir, había que empezar con el jeroglífico de la parte superior izquierda, continuar con el de a lado, luego bajar y así sucesivamente hasta llegar al final y continuar en la siguiente columna.
Pero los avances más significativos sucedieron con Yuri Knozorov (1922-1999), quien como soldado de infantería del Ejército Rojo, entró a Berlín en llamas y rescató de la Biblioteca del Reich una caja con manuscritos.
Entre ellos halló una reproducción del informe de Diego de Landa y una reproducción de varios manuscritos mayas.
Landa proponía en un capítulo que los jeroglíficos mayas eran alfabéticos, de hecho entre las páginas incluía un alfabeto con cada jeroglífico y su correspondiente letra latina.
Knozorov señaló que la escritura maya no podía ser alfabética, pero por otro lado no podía ser completamente ideográfica ni silábica. Knozorov sugirió que la escritura maya era mixta y con caracteres ideográficos y silábicos.
En tiempos actuales, el arqueólogo Jesús Guillermo Kantún Rivera, experto en epigrafía maya, detalla que algo que llama la atención de la escritura maya es que un solo sonido puede tener variantes o formas de escribirlo.
Curiosamente, a pesar de las variantes, y de que la región maya abarcaba una amplia zona geográfica, el investigador dice que los mayas desarrollaron un solo sistema de escritura, casi universal, al grado de que un maya de Copán (Honduras) podía entender lo escrito en Tikal (Guatemala), Ek Balam u Oxkintok.
“Toda la historia maya estuvo con un sistema de escritura que posiblemente fue el mismo, hay variaciones regionales pero más bien son de estilo. Es como decir que utilizaban diferentes fuentes tipográficas como Times New Roman, Courier, caligrafía o letra de molde”.
Kantún Rivera menciona que los investigadores aseguran que poca gente sabía leer y escribir. “Creemos que el 10 por ciento a lo máximo de la población sabía escribir y sabemos que los escribanos eran de la nobleza; quiere decir que la escritura estaba reservada a las élites. Para que un objeto se considerara de la realeza tenía que tener escritura y, además, los escribanos firmaban sus obras, las que serían las primeras firmas de un artista en la historia del arte”, destaca.
Señala que la escritura era un signo de estatus y había muchos mayas que eran buenos dibujantes. Aprendieron a imitar los jeroglíficos y los plasmaban en lo que hacían.
“Prácticamente hacían garabatos, pues no sabían lo que significaba”.
El investigador añade que se han descubierto tumbas de mucha riqueza pero cuyos jeroglíficos no se leen pues están colocados “sin ton ni son”.
Sobre la lectura, dice que muchos investigadores opinan que una buena parte de la población podía leer, al menos, cosas básicas. “Muchos de los textos que conocemos están escritos en piedra en monumentos públicos, en estelas colocadas en las plazas de las ciudades y frases sencillas”, dice.- Iván Canul

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