ARQUEOLOGOS

Red Española de Historia y Arqueología

 

Extracto de una conferencia-coloquio de carácter divulgativo de los recientes hallazgos arqueológicos de la ciudad de Huelva, resumen de diversas fuentes y del exhaustivo trabajo de investigación y de la síntesis de los documentos que se reseñan al final del artículo.

 

En la encrucijada

Con toda su riqueza y atractivos a veces me pregunto porqué Huelva, mi ciudad natal, no es uno

de esos lugares de los que solemos oír hablar como destino ideal de vacaciones o de pura visita

con mayor frecuencia.

 

Salvo en contadas excepciones podríamos decir que Huelva, ciudad y

provincia, sigue estando hoy entre las grandes relegadas de nuestro país. Por eso, se entenderá

que, como onubense, sin pretender parafrasear el slogan reivindicativo de otras provincias,

quiera invitaros a mirarla obviando esa circunstancia e intentando considerarla como el paraíso

cercano que es, quizás la única bañada por cinco ríos -dos de los cuales de primer orden- de

clima bonancible, feraz agricultura, generosa pesca, dotada de una gran riqueza minera

explotada a través de los siglos y, tras los últimos hallazgos, sorpresa de arqueólogos y

estudiosos de la historia antigua.

Solo los poetas que lo intuían le cantaron: “…lejana y rosa…” y “…a la orilla de las tres carabelas... "porque, a todo esto no es ajeno su pasado del que hoy quiero hablaros.

Huelva en la Antigüedad

La denominación que tuvo Huelva a través de la historia fue tan variada como las sucesivas

culturas que allí dejaron su impronta. Su nombre actual se consolida tras la reconquista como

mutación de la toponimia medieval de Welbah posiblemente derivado del primitivo

asentamiento de Olba y del reino de Awnaba-Shaltis, como llamaron los musulmanes al taifa

conjunto de la península de Huelva y su isla aneja, Saltés.

 

En la época romana había sido Onoba Aestuaria pues así había sido llamada antes por los fenicios, Onuba u Onoba (transcripción que algunos lingüistas, de manera algo especulativa, derivan de Onos –fortaleza-- y Baal –rey o dios-- epónimo de muchos reyes de Fenicia). Otra de las denominaciones menos conocidas es

la griega Herma, con una evidente alusión a Hermes, por el dios Mercurio, clara indicación de

su intensa actividad industrial y comercial.

Las excavaciones y hallazgos a los que nos referiremos desvelarán que Huelva pudo ser el

primer núcleo humano que merece ser reconocido con la denominación de ciudad en la

península ibérica y quizás en toda la Europa occidental.

A pesar de la devastación de sus costas y la destrucción de que fue objeto su patrimonio

histórico-artístico a causa del terremoto llamado de Lisboa de 1755 (aunque su epicentro se ha

situado a unas 200 millas náuticas al WSW del Cabo San Vicente, de manera que Huelva queda

casi equidistante con Lisboa del origen de la tragedia) y las interminables crisis fronterizas que

sufrió la provincia hasta bien entrado el siglo XIX, la ciudad de Huelva posee un remoto y

brillante pasado que solo muy tardíamente su subsuelo estuarino, cubierto durante siglos por

sucesivas oleadas de tierras procedente de la erosión de las colinas circundantes (cabezos), por

su constitución eminentemente freática, ha comenzado a sacar a la luz.

Los Pueblos del Mar

Para siquiera esbozar el arcano de esa extraordinaria cultura que, asentada en Huelva, se

extendió por toda la mitad meridional de la Península y significó el preludio de la civilización

en Hispania, hemos de remontarnos a finales del segundo milenio o a los albores del primer

milenio antes de Cristo, hacia el final de la Edad del Bronce. Por aquel tiempo varias culturas e

imperios se habían desarrollado y rivalizaban en el extremo oriental del Mediterráneo, allí

donde la historia circunscribe los avatares del mundo antiguo.

En la época que nos interesa los universos minoico y micénico ya había desaparecido y, cerca

de donde hoy situamos El Líbano, la hegemonía de Sidón que habría de sucumbir bajo la

presión de los asirios daría lugar a la expansión de Tiro, solo algo más al sur en la misma

fachada mediterránea, que tomó el relevo de la gran tradición comercial, náutica, aventurera y

colonizadora de los fenicios.

Hacia esa misma época, entre los siglos XI al X a. C., aunque sus orígenes son difíciles de fijar,

floreció en el suroeste de la Península Ibérica una civilización autóctona con influencia

claramente orientalizante que luego, hacia el siglo VI a. C. se desvanecería sin dejar rastro:

Tartessos. Su testimonio escrito habría de llegarnos mucho más tarde a través de los griegos.

 

Su existencia en esta parte de la Península, se explicaría por la situación estratégica de los

asentamientos, el idóneo acceso marítimo que a la vez facilitaba su defensa, la fertilidad de sus

campos y, sobre todo, por la enorme riqueza mineral de fácil extracción, descubierta desde

etapas muy tempranas – codiciado elemento de riqueza en el mundo antiguo--.

Tarshish/Tarteso en la Biblia

Bajo el influjo de los pueblos del mar, esencialmente de los fenicios, la Biblia recoge hasta 31

menciones de Tarsis (Tarshish o Tharshish), casi siempre referidas a un lugar del lejano

Occidente y a la flota o naves que hasta allí navegaban citando, entre otros personajes

históricos, a los reyes Hiram I de Fenicia y Salomón de Israel. He aquí algunos ejemplos:

 

Reyes 1, 10:22:

Porque el monarca tenía en el mar la flota (o barco) de Tarsis con la flota (o

barco) de Hiram; una vez cada tres años llegaba la flota de Tarsis cargada de oro, plata,

marfil y hapax “ (¿pavos reales u otro producto exótico aun no identificado?).

Cantar de los Cantares, 5,14:

Sus manos son cilindros de oro engastados con piedras de Tarsis"

Daniel, 10,6:

“Su cuerpo era como el Tarsis…”

Ezequiel, 27,12:

Tarsis comerciaba contigo por la abundancia en toda riqueza…”

Isaías, 23, 6:

“¡Pasad a Tarsis! ¡Ululad, habitantes de la costa!”

Jonás 1,3:

“Pero Jonás se levantó para huir de la presencia de Yahvé a Tarsis y bajó a Jope

donde halló un navío que se dirigía a Tarsis. Pagado el pasaje…embarcó… para marchar … a

Tarsis , lejos de la presencia de Yahvé”.

Jeremías, 10, 9:

“Tráese plata laminada de Tarsis y oro de Ufaz.”

Salmos 48, 8:

“…como cuando el viento del Este quiebra los navíos de Tarsis”.

Salmos 72,10:

“Los reyes de Tarsis y las islas ofrecerán tributos… “.

 

El Estuario de los ríos Tinto y el Odiel

Durante décadas, una mayoría de especialistas ha venido situando a Tarteso en la zona del

estuario conjunto de los ríos Tinto y Odiel, en el suroeste de la Península Ibérica, si bien

algunos lo han ubicado también muy cerca, en la desembocadura del Guadalquivir, por un error

en el emplazamiento de lo que en la antigüedad se llamó Lago Ligustino o Ligústico,

probablemente confundido con el denominado Golfo Galáctico, mencionados ambos en la Ora

Marítima de Rufo Festo Avieno, geógrafo latino que se inspiró de manera muy precisa en los

escritos y relatos de historiadores y cronistas de épocas anteriores.

(Figura 2)

La reciente reconstrucción paleo-cartográfica de las antiguas líneas de costa tienden a confirmar

la existencia de un golfo más que tal lago en la desembocadura del Guadalquivir mientras que la

disposición de los cabos, promontorios, ríos, islas, esteros, marismas, bajos y spits (flechas

litorales) tienden a coincidir fielmente con las descripciones que Avieno y muchos otros

historiadores de la antigüedad hicieron de lo que en su día fue el actual estuario de los ríos Tinto

y Odiel en el estuario también llamado ría de Huelva (ver evolución geológica en la figura 3).

Solo unos pocos pretendieron situarlo cerca de la India por la confusión a que dio lugar un mero

error de traducción que más adelante comentaremos, cuestión finalmente zanjada por la

ausencia de restos arqueológicos que demostrasen la presencia fenicia en esas lejanas tierras. La

identificación de estos ríos históricos ha sido fuente de gran polémica entre los especialistas y,

debido a la interpretación un tanto sui generis que Adolfo Schulten hizo de Avieno en la

primera mitad del siglo XX, hasta muy recientemente se creyó –y algunos aun creen-- que el río

Tartesos es reducible al Guadalquivir (figura 2).

 

Schulten, prestigioso lingüista de la Universidad de Erlangen, Alemania, y luego arqueólogo, había hecho una excelente labor en la documentación de la excavación de Numancia, inspirándose en los trabajos de Saavedra, pero no así en su revisión y traducción de los versos del mencionado autor latino, pecando de

excesiva creatividad al atreverse incluso a corregir y, por ende, a deformar la esencia del texto

original latino. A este respecto creemos que sería de justicia reivindicar la precisión del trabajo

del catedrático Anselmo Arenas López sobre este tema, escrito hacia el final de su vida, en

1926, que por razones que requerirían otro artículo no ha sido aun suficientemente reconocido.

(figura 3)

Verosimilitud de algunos Mitos

Si la épica y los mitos griegos pudieron poseer raíces micénicas, como sugieren testimonios

tales como una decoración sobre estuco de gran belleza encontrada en el palacio de

Pilo en Mesenia , Peloponeso, (figura 4) y estas, a su vez, estar basadas en algunos relatos de las

aventuras de exploradores pretéritos, las coincidencias de singulares restos arqueológicos en

ambos extremos del Mediterráneo y áreas aledañas explicarían la existencia de contactos entre

ambas regiones muy anteriores a lo que se creía, al tiempo que inducirían a reconocer la

verosimilitud de las descripciones de algunos fenómenos, lugares y eventos citados en la mitologia.

lejano Occidente en la cosmografía mítica griega anterior

al viaje de Coleo de Samos a Tarteso ¿realidad o fantasía?

(figura 4)

 Pensemos, si no, en el espanto que pudo producir en los primeros marinos levantinos la

experiencia de las mareas y vientos atlánticos, desconocidos en el Mediterráneo, que durante

siglos había constituido su entorno marítimo habitual.

Durante años se creyó que los fenicios habían ido extendiendo sus colonias gradualmente, en

configuración de mancha de aceite.

 

Sin embargo, el cuidadoso análisis y catalogación de los

actuales hallazgos de Huelva descartan esa idea apuntando más bien a singladuras puntuales de

gran alcance, a gran distancia de un extremo a otro del Mediterráneo, mediante largas

navegaciones en época precolonial. Hace casi un siglo que en un dragado de la Ría de Huelva se

encontraron centenares de armas y objetos datados hacia los siglos IX-VIII a. C. (figura 5).

 

Se atribuye a los tirios (navegantes de Tiro en la antigua Fenicia) esta primigenia aventura

descubridora del Occidente allende los confines de las Columnas de Heracles.

(Figura 5)

Los griegos

Son los griegos quienes primero nos documentan un Tarteso en plena efervescencia,

refiriéndose a una ciudad-emporio y a un río homónimos. Recientes excavaciones han revelado

un importante hábitat protohistórico en el centro mismo de la ciudad de Huelva. Solo en dos

solares que suman unos 2.150m2, cerca de la Plaza de las Monjas, han aparecido 90.000

(noventa mil) fragmentos cerámicos de factura autóctona y de tradición fenicia, en la mayoría

de los casos poniendo de manifiesto riquísimas muestras que solo pueden haber pertenecido a

un gran asentamiento estable durante siglos.

 

Hallazgos similares en otros solares de la ciudad permiten estimar el antiguo hábitat en unas 20 Has. (figura 6). Cientos de toneladas de aluvión arcilloso procedente de los cabezos circundantes (que los onubenses veíamos descender como torrentes desbordados por las inclinadas calles cegando las alcantarillas de la ciudad hasta

tiempos recientes) ocultan bajo la ciudad nueva el enigmático secreto de Tartesos.

Como ejemplo de lo que supuso en el primitivo mundo antiguo la irrupción de la cultura griega,

veamos con que belleza se describen los sentidos en esta inscripción en alfabeto de Calcis,

Eubea, sobre una cotila tardo-geométrica rodia de circa 730 a.C., hallada en Pitecusa.

Tacto: en el Symposium, el desinhibido griego acaricia delicadamente la copa de vino

decorada por alocados comastas.

Olfato: su apéndice nasal percibe el divino efluvio que emana de la copa.

Gusto: a continuación, acerca sus labios y se deleita con el elixir de los dioses.

Oído: apurada la copa, el espíritu se eleva al Olimpo conducido por la música de la cítara.

Vista: Allí, en la morada de los dioses, queda extasiado ante la contemplación de la diosa, “La

copa de Néstor era magnífica para beber, mas quien beba de esta otra al instante se verá

poseído por el deseo de Afrodita, la de la hermosa corona”

(Figura 6)

Como nota curiosa cabe señalar la decisión de los primitivos pobladores de trasladar el

emplazamiento de las antiguas necrópolis del punto A al B (ver la figura 6), prueba evidente del

crecimiento de la ciudad antigua. Desconociendo el precedente, exactamente la misma

ocurrencia tuvieron los modernos habitantes que situaron su primera necrópolis a escasos cien

metros del antiguo punto A y, a medida que la ciudad creció, decidieron trasladarlo muy cerca

del punto B, donde se ubica hoy el actual camposanto.

Una asombrosa riqueza arqueológica

Tanto la datación científica (carbono 14, termo luminiscencia, etc…) como la artística e

industrial de los restos suponen un recorrido por el arte de varios siglos desde el X a.C. Así,

cerámicas, cuencos, loza, vasos, cráteras, jarros, ánforas, toberas de fundición, crisoles,

ponderales, maderas finamente labradas, piezas de barcos, cráneos de bóvidos, colgantes,

fíbulas, tabas (localmente llamadas tánganas por los niños de la zona que con ellas

jugábamos), ágata, marfiles--con el único taller demostrado en occidente en esa época (el

otro estaría en Hama, Siria )-- plata, oro y un largo etcétera.

 

La existencia, junto a elementos locales, de productos y materiales foráneos, permite identificar el puerto de Onuba como el gran centro receptor, manufacturero y distribuidor de productos de procedencia tan distante como Mogador (actual Essaouira) y Mondego, en las fachadas atlánticas de los actuales Marruecos y

Portugal, respectivamente.

Admitiendo que la interpretación más probable de la palabra Tharsis procede de la raíz semita

r^ss (y ésta del acadio rasasu) que se traduce por fundición, refinería de metales o mina roja,

cotejando los productos de tráfico mercante que menciona la misma Biblia con los hallazgos de

Huelva y aclarado por los lingüistas que el término hebreo hapax, de la famosa cita, más arriba

referida, del libro 1 de los Reyes (10:22) interpretado como pavos reales en algunas versiones

de la Biblia, corresponde a una voz con múltiples posibles acepciones que incluiría entre otras a

la bíblica piedra de Tarshish (en algunas versiones modernas traducida como crisolito) pero

muy probablemente se correspondería con el cristal pentagonal-dodecaédrico de pirita (el

fool’s gold de los anglosajones, ver figura 8), como afirma, entre otros, Donald Halden en su clásico

“The Phoenicians” todo induce a concluir que Tarsis/Tarshish y Tarteso son la misma cosa,

con el nombre y la grafía de las distintas culturas que lo evocan transformada por el

transcurso del tiempo (no es difícil deducir que los griegos helenizaran también el

vocablo Tarsis con sufijos que poseen muchos de sus topónimos) y que este lugar no puede

ser otro que “La Troya de Occidente” (como la denominaba Federico Wattenberg) el que

ocupa hoy la ciudad de Huelva, con los ríos Odiel (antiguo Hibero) a poniente y Tinto (antiguo

(Figura 7)

Tarteso) a levante y que, una vez perdida su memoria, sus nombres habrían quedado enterrados

en los mitos para ser luego confundidos o reasignados por aproximación o desorientación a

otros, nuevos, accidentes geográficos encontrados, como tantas veces ocurrió en la historia en

casos similares.

Avalan esta tesis no solo las características de los hallazgos de Huelva sino también la

importancia de las explotaciones mineras en el área de la gran

Faja Ibérica de Piritas de Riotinto y la comarca del Andévalo (también interpretado por algunos como procedente del fenicio:

Ande, promontorio y Baal), puesta de relieve por el extraordinario volumen de las

escorias encontradas que superan, más que duplicando, las de otras antiguas zonas mineras del

(Figura 8)

Mediterráneo, como las de Chipre (aunque el nombre original que le dieron los griegos Kyprós

procedía del culto a Afrodita, la extracción de cobre fue tan importante que terminó denominando al mineral mismo > Cyprus > cuprum > cobre).

Si a ello unimos una orografía formada por múltiples y cercanas colinas (en Huelva conocidos

como cabezos) de conveniente altura sobre el nivel de las aguas (unos 50 metros), la existencia

de un puerto al abrigo de un estuario jalonado de bajos arenosos, con el sistema de islas

formado por Bacuta y Saltés que facilitaban su defensa al requerir de la pericia de sus nativos

para franquearlo y un hinterland de gran fertilidad, con un hábitat capaz de fijar y mantener a

una importante masa de población, se explica que se eligiera esta zona como lugar privilegiado

para establecer uno de los asentamientos más idílicos del antiguo Occidente, como sería luego

recogido en los mitos quedando así la difusa memoria de un reino prodigioso.

Y aún hay más… Por si esto fuera poco, muy recientemente, en mayo de 2005, al excavar en el plan parcial

municipal nº 8 en la zona del antiguo seminario diocesano, al norte de la ciudad, se han encontrado los restos de un gran poblamiento superior a 20 Has de extensión datado por los expertos, en principio, entre el segundo y el tercer milenio antes de Cristo, sin parangón en la Península Ibérica y de singular importancia que, aunque muy anterior al tema que nos ocupa, sin duda aportará aun más pruebas de la predilección que en los tiempos más remotos tuvieron los antiguos por asentarse en la zona, merced a las excelentes condiciones estratégicas que

Huelva poseía desde aquella etapa de la protohistoria.

Una aspiración

El interés despertado por este relato ha suscitado con frecuencia el deseo de poder visitar los

yacimientos y contemplar los ricos materiales comentados. Pero desgraciadamente eso no es

posible salvo para algunos especialistas y en grupos muy limitados. La razón es que estos

fondos no se encuentran expuestos al público sino almacenados en los sótanos del actual museo

-- una pequeña joya pero de tamaño insuficiente -- cuando no cedidos a otros centros para su

estudio. No es aceptable que todo este patrimonio cuente solo con un pequeño edificio en el

centro de la ciudad, Huelva necesita un museo con capacidad suficiente para mostrar a España y

al mundo lo que fue en el pasado.

Tanto los especialistas y profesionales como los entusiastas de estos hallazgos, entre los que me

cuento, tenemos la intención de divulgarlos al gran público y tratar de sensibilizar a las

instituciones competentes con el objeto de obtener el apoyo necesario para que, de una vez, se

pongan en valor, promoviendo la creación en Huelva de un parque arqueológico, un centro de

interpretación cuando no un Gran Museo del mundo greco-fenicio-tartésico en el cual se

pueda exponer de forma digna este importante acervo de la cultura universal y Huelva pueda

ocupar el lugar que le corresponde como hizo Schlieman en el otro extremo del Mediterráneo a

pesar de la incredulidad que hubo de soportar. Hagamos cuanto sea posible para que por fin

salga a la luz

la Troya de Occidente

Gráficos:

Figura 1: Reconstrucción de un carro ceremonial tartesio procedente de la necrópolis de la Joya, Museo de Huelva.

Figura 2: Correspondencia de los antiguos afluentes fluviales al Golfo de Cádiz con los modernos. Elaborado por el

equipo del Dr. González de Canales

Figura 3: Aproximación a la evolución histórica del estuario de los ríos Tinto y Odiel desde la antigüedad hasta

nuestros días. Museo de la Calatilla en la Isla de Bacuta, Huelva.

Figura 4: Representación de un citaredo (músico con cítara) que evoca a los aedos (juglares de la antigüedad)

transmisores de la épica, en una decoración sobre estuco del palacio de Pilo en Mesenia, al sur del Peloponeso.

Figura 5: Depósito de armas recuperado en el dragado de la ría de Huelva en el primer tercio del s XX

Figura 6: Reconstrucción del área probable del hábitat protohistórico de la ciudad de Huelva

Figura 7: Ejemplar de cristal pentadodecaédrico de pirita, muy común en Riotinto y otros lugares del Cinturón Ibérico

de Piritas, que pudo despertar una singular fascinación en el mundo antiguo.

Figura 8: Recreación del antiguo estuario de los ríos Tinto (Tarteso) y Odiel (Hibero), identificable con el Lago

Ligustino de Avieno, y la península de Huelva en su confluencia. Lugar de evidentes condiciones estratégicas para el asentamiento humano en su época. Elaborado por el equipo del Dr. Fernando González de Canales.

Términos relacionados:

Argantonio, Asclepiadeas, Coleo de Samos, “El Verdadero Tarteso” del Prof. Anselmo Arenas López, Estesícoro, Estrabón, Eurition, fool’s gold , Gárgoris, Gerión, Habis, Habidis, Heródoto, Hespérides, Hiram I, Isla Eriteia, Jordi Bonsor, koiné, nostoi, Polibio, Posidonio, pseudos Scilax, pseudos Scimno, Salomón, Schulten A, Scilax, Scimno, Tarsis, Tarschish, Tartessos, Tharsis, Tarthessos, Troya de Occidente, Tucídides, Ugarit,

Bibliografía:

“Del Occidente Mítico Griego a Tarsis-Tarteso –Fuentes escritas y Documentación arqueológica-”, autores: Dr.

Fernando González de Canales, Leandro Serrano y Jorge Llompart, Biblioteca Nueva,

ISBN: 84-9742-344-5 y

“El Emporio Fenicio-Precolonial de Huelva (ca. 900-770 a.C.)”, de los mismos autores,

ISBN: 84-9742-345-3.

Ambos con la colaboración de numerosos profesionales multidisciplinares, empresas y universidades españolas y extranjeras.

Este resumen está basado en a las fuentes citadas así como a la desinteresada ayuda de cuantos profesionales,

académicos, empresas e instituciones han prestado su ayuda a los autores de los hallazgos y de los libros que, a

su vez, se han apoyado tanto en su propio trabajo de investigación y análisis como en los textos y fuentes que

figuran en la nutrida bibliografía reseñada en sus obras.

Aurelio Montaño es presidente de HTC, SA. Nació en Huelva, en la calle conocida por el nombre

de uno de los yacimientos tartesios más interesantes de los descubiertos hasta ahora: la necrópolis de

La Joya, en el barrio onubense de San Sebastián. De aquí proviene su afición por la historia antigua.

Estudió Computer Science en los EEUU y Ciencias de la Empresa en la Universidad de Sevilla, es diplomado por el

IESE, Universidad de Navarra y el INSEAD de Fontainebleau.

Condecorado con la Orden del Mérito Civil de la República Francesa, ha dirigido numerosas empresas

internacionales de tecnología de la información y telecomunicaciones.

FUENTE:Aurelio Montaño Madrid, enero de 2009

 

FUENTE:http://www.rotarymadridcastilla.org/wp-content/uploads/huelva-thars...

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Comentario por Georgeos Díaz-Montexano el octubre 5, 2012 a las 11:24pm

En mi libro sobre las fuentes antiguas (griegas, latinas, fenicias y egipcias) de Tartessos (http://www.amazon.es/dp/1479221678), y donde reporto el descubrimiento que hice de Tartessos señalada en un antiguo mapa bizantin, copia de otro griego antiguo basado en Ptolemeo y Estrabon (entre otros), expongo muchos datos nuevos sobre el estudio de las fuentes sobre Tartessos, que espero no sean ignorados y despreciados por los historiadores y arqueólogos por el mero hecho de que no hayan sido ellos los descubridores. 

Un Abrazo,

Georgeos

http://www.BuscandolaAtlantida.com

http://Atlantida.be

Comentario por Hidalgo el octubre 5, 2012 a las 8:39pm

Va a resultar que los primeros en llegar a la península y fundar Gadir fueron los Judíos y el dia menos pensado alguno dira que Gadir es la Ofir de Salomón.

Comentario por SONIA BARJA el octubre 5, 2012 a las 4:11pm
Comentario por Hidalgo el octubre 5, 2012 a las 1:00pm

Demasiado absurdo eso de circunnavegar todo el continente africano para llegar a tartesos, cuando saliendo de un puerto próximo a filestea o incluso de la misma fenicia podia llegar a Andalucía en unos cuantos días. Si las piedras preciosas de que hablaba hubiesen sido cristal de roca o pirita no se las hubiese dado tal nombre. "Dios nunca miente" y esas palabras estaban dichas por Dios. Era tan listo que hasta metió la pata al inventar al hombre, y su amado Jesucristo dijo en cierta ocasión al padre de un epiléptico que tenia 7 demonios. O sea, que inventaron el mal y ni siquiera sabían que males habían inventado.

Comentario por SONIA BARJA el octubre 5, 2012 a las 10:37am

la verdad es que posibilidades hay muchas,lo que sí se baraja también es una hipótesis de que la historia de Salomón,se refiera aquí,

ya que también se estudia que las minas del Rey Salomón(aunque con la leyenda algo distorsionada) pudiera

ser las minas de Rio-Tinto,las minas de Tarsis..

de hecho por otro lado, en la sierra donde está Rio-Tinto ,se llama sierra TARSE(los lugareños,llaman tarsis o tarsí..)

y también en Rio-Tinto está ,curiosamente, un cerro,llamado cerro Salomón..

 

esto y muchas casualidades más..lo que pasa es muy extenso si queremos exponer

todos los análisis de los textos antiguos..

 

y en cuanto a lo que expones de :

Daniel, 10,6:

“Su cuerpo era como el Tarsis…”

ten en cuenta que muchas denominaciones de lugares tiene que ver por algún personaje,

por lo tanto pudiera ser que Tarsis era el nombre de una persona(en este caso,de un rey), que luego  bautizarían la zona con

dicho nombre..pero eso pasa con un montón de localidades...

Comentario por Hidalgo el octubre 4, 2012 a las 11:48pm

Cantar de los Cantares, 5,14:

Sus manos son cilindros de oro engastados con piedras de Tarsis"

Daniel, 10,6:

“Su cuerpo era como el Tarsis…”

Ezequiel, 27,12:

Tarsis comerciaba contigo por la abundancia en toda riqueza…”

Isaías, 23, 6:

“¡Pasad a Tarsis! ¡Ululad, habitantes de la costa!”

 

--

El cuerpo del que habla Daniel no tiene que ser necesariamente humano más bien da la impresión de estar refiriéndose al conjunto de una o varias cosas.

Tartesos solo comerció con los fenicios y tal vez griegos, pero jamás con israelitas, si bien entre ellos pudo haber algunos infiltrados.  

Comentario por Hidalgo el octubre 4, 2012 a las 11:29pm

Los fenicios de Tartessos jamás pagaron tributo a los israelitas que si sabían de su existencia fue por los fenicios pero solo eso, de modo que la Tarsis que pagaba impuestos a Salomón debió estar en África (algunos dicen que en Etiopía -país nombrado en varias ocasiones en el AT) al igual que Ofir (en el supuesto de que Ofir no fuese una ciudad de una provincia etíope. Las naves de Tarsis eran algo así como los transatlánticos de aquella época. De haber pagado impuestos los fenicios a Israel Salomón no habría pedido las naves a Hiran I ni  permitido que este rey fenicio viajase en sus barcos para obtener para fenicia, parte del oro, plata, piedras preciosas y animales exóticos. 

Comentario por SONIA BARJA el octubre 4, 2012 a las 10:12pm

    de hecho en cuanto a "las naves de Tarsis",hay estudios que barajan con la posiblidad de que pueda

     ser de tres significados:por un lado de que Tarsis sea de algún personaje;

                                                por otro lado que  "naves de Tarsis" sea un tipo de naves de los fenicios;

                                                 y por otro,el más aceptado, es que sea de una zona geográfica.

                                                 (esta última opción,hay varios estudios, analizando la palabra Tarsis en otros relatos,

                                                    que efectivamente ,en el contexto de los relatos,se trata de un lugar geográfico..

 

Comentario por SONIA BARJA el octubre 4, 2012 a las 8:04pm

esto es lo que intriga mucho a los historiadores..(almenos personalmente a mí)

indagar sobre los relatos antiguos que suelen tener una base real algo distorsionada con el tiempo y en algunos casos mitológicas etc..

en este caso de Tarsis hay muchos trabajos de investigacion,en todos los sentidos,intentándose descifrar los lugares y personajes que se nombran a cuáles se referían y a los hechos etc..

 

es un reto ..

Comentario por Hidalgo el octubre 4, 2012 a las 7:35pm

De los textos Bíblicos solo Jonás puede estar hablando de Tartesos-Huelva-Cádiz

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