La pérdida de tres legiones en los bosques de Teutoburgo afectó amargamente los últimos años de vida del emperador Augusto. Según nos describe el historiador romano Suetonio "siempre celebró el aniversario como un día de profundo pesar" y "con frecuencia se golpeaba la cabeza y gritaba: ¡Quintili Vare, legiones redde! (¡Varo, devuélveme mis legiones!). Y, aunque la reacción a la derrota fue inmediata, tampoco pudo ver las medidas enérgicas tomadas por su sucesor Tiberio y los resultados de las sucesivas campañas llevadas a cabo por el sobrino de éste, Julio César Germánico.

Al mando de ocho legiones (50.000 hombres), Germánico, recuperó relativamente el control de la zona, rescató las águilas, estandartes y objetos sagrados de las tres legiones perdidas, encontró el lugar de la desastrosa batalla. Localizó y enterró los cuerpos de los soldados muertos en el combate que se hallaban esparcidos por el bosque. Tácito nos dice al respecto: "No lejos estaba el bosque donde se decía que los restos de Varo y de sus legiones quedaron sin sepultura. A Germánico le vino el deseo de tributar los últimos honores a Varo y a sus soldados. Esta misma conmiseración se extendió a todo el ejército de Germánico, pensando en sus parientes y amigos, en los azares de la guerra y el destino de los hombres. en medio del campo blanqueaban los huesos, separados o amontonados, según que hubieran huido o hecho frente. Junto a ellos yacían restos de armas, y miembros de caballos y cabezas humanas estaban clavadas en troncos de árboles. en los bosques cercanos había altares bárbaros, junto a los cuales habían sacrificado a los tribunos y a los primeros centuriones". Pese a no haber podido capturar a Arminio, lo derrotó en la batalla de Idistaviso, aplastando y masacrando a las tribus germanas sublevadas. Apresó a Thusnelda y Tumélico, mujer e hijo de Arminio, que mostró en Roma como trofeos de guerra. Reclamado por Tiberio, regresó a Roma con honores de triunfo, depositando las águilas, estandartes y objetos sagrados en el Templo de Júpiter.Tras todos estos acontecimientos, la frontera del Imperio quedó definitivamente fijada en el Rin, se renunció a utilizar más recursos económicos y humanos para dominar un territorio tan agreste e improductivo llamado Germania Magna o Germania Libera.

Antes de hablar de la situación de Germania en el ámbito del desmesurado conjunto del Imperio romano y de los principales descubrimientos arqueológicos que han proporcionado sus testimonios, es preciso hacer un par de advertencias. En primer lugar, no existe una correspondencia geográfica precisa entre las antiguas provincias de la Germania Inferior y la Germania Superior, por un lado, y la Alemania actual, por el otro. En segundo lugar, la historia de los descubrimientos en este caso no la ha dado una serie de clamorosas campañas de excavación, sino más bien una serie de investigaciones sobre el rico material artístico, epigráfico y artesano recogido en diversos museos y sobre topografías urbanas casi siempre de difícil comprensión a causa del desarrollo (sobre los sitios antiguos) de poblados medievales y modernos. La realidad topográfica más característica de las provincias germánicas es, en efecto, el limes, la frontera del territorio controlado por los romanos: es una realidad cuyos testimonios en gran parte se han hallado y recuperado fuera de las ciudades, aunque la historia y las vicisitudes constructivas de estas últimas estuvieron en gran medida condicionadas.

Las provincias romanas de la Germania Superior e Inferior corresponden, pues, sólo en parte con la Alemania actual; pero también corresponden sólo en parte con el concepto que los mismos antiguos tenían de Germania.

Cuando Augusto se planteó el problema (según exigencias estratégicas que hoy se definirían como "imperialistas") de consolidar la situación de la Galia conquistada por César, su objetivo fue fijado con precisión: llevar los confines del Imperio hasta el Albis (el actual Elba). Éste era el territorio, frió y poco agradable, ocupado por las belicosas poblaciones germánicas: sicambros, usipetos y tenteros en la orilla derecha del Rin, en su curso medio-alto; ubios y bátavos más al norte, en el curso bajo y en torno al delta; frisones y caninefatos junto al Lacus Flevus  (Zuider Zee o Ijsselmeer); queruscos en el curso alto del Visurgis (es decir, del río Weser), caucos en su desembocadura, catos en el afluente Fulda; brúcteros en el Amisa (Ems), longobardos a lo largo del Albis; hermunduros y marcomanos a la altura de la Silva Hercinia (Mittelgebirge).

¿Como había nacido la relación entre romanos y germanos? Al igual que en Hispania y en el más claro exponente romano, con complejas vicisitudes de alianzas y de hostilidades. En el 38 a.C., Agripa, principal colaborador y yerno de Augusto, había acogido a los ubios, población muy pronto sometida a Roma, "del lado de acá"  ( o sea, en la orilla izquierda) del Rin, en el lugar donde luego surgiría Colonia.Pero en el mismo año 38 e incluso en el 25, Agripa debió de realizar expediciones en la orilla derecha del río; en el 16 sicambros, usipetos y tenteros, pasado el curso medio, habían atacado a las tropas romanas establecidas en la Galia, conquistando la enseña de la legión comandada por el legado Marco Lolio. En el 13 a.C., para poner fin a una situación insegura, Augusto (después de un reconocimiento efectuado personalmente en la Galia) confió a Druso el gobierno del territorio y el comando de los ejércitos en el Rin; a él fue confiada la dirección de llevar los confines hasta el Albis.

Para llevar a cabo la difícil empresa, Druso asumió iniciativas relevantes tanto en el plano de las operaciones bélicas, como en el plano de la ingeniería militar: hubo numerosas expediciones contra sicambros, bátavos, frisones, catos, queruscos; para aprovechar más eficazmente el apoyo de la flota del mar del Norte, se construyó un canal entre el delta del Rin y el Lacus Flecus, llamado precisamente Fosa Drusiana; se fundaron castra en las orillas del río Visurgis (Weser). En el 9 a.C. el objetivo del Elba podía decirse que ya se había alcanzado; pero durante el viaje de regreso (primero de una serie de hechos dramáticos) Druso murió. Ocupó su lugar su hermano Tiberio (el futuro emperador), que en dos series de campañas (8-7 a.C. y 4-6 a.C.) consiguió brillantes éxitos: nuevas expediciones más allá del Rin, nuevas fortificaciones en la Lupia (el río Lippe, perpendicular al Rin, del que es tributario por la derecha, y por tanto vía de penetración en el territorio enemigo) y luego (en la segunda serie de campañas) definitivo sometimiento de queruscos y longobardos, tanto que también los cimbros de Jutlandia y los semmones de más allá del Elba fueron obligados a rendir homenaje. Mientras, mercaderes romanos o romanizados completaban la avanzada militar con su penetración "civil". Además de las operaciones de Tiberio, había tenido su parte también la marcha, desde Vindonissa (Windisch, en la Argovia suiza), de L. Domicio Enobardo, que en el año 1 d. C. fue gobernador del Rin. Pero Tiberio fue reclamado en otra parte: en el 9 d.C., en efecto, estallaron revueltas en Iliria y en Panonia.

En el mismo año 9 d.C., Augusto, para sustituir a Tiberio, y siguiendo la política de nombrar en puestos de responsabilidad solamente a familiares o parientes, eligió como gobernador de Germania a Publio Quintilio Varo, casado con la hija de Marco Agripa, Vipsania Marcela, nieta a su vez del emperador. Había sido elegido cónsul en el año 13 a. C. y procónsul en África. Su experiencia en el campo militar había sido adquirida como gobernador en la provincia de Siria, sofocando cruelmente, una rebelión de los judíos tras la muerte de Herodes I El Grande. Veleyo Patérculo, le dedica algunas lindezas como torpe de mente y cuerpo, codicioso, dado a lo molicie, de escasa disciplina y partidario de someter a los germanos con mano dura. Su misión era afianzar el control y dominio de las zonas añadidas por Druso y Tiberio, añadiendo el sistema jurídico romano y la recaudación de tributos. Para ello, cruzó el Rin estableciendo los campamentos de verano junto al Weser, en el centro de los territorios recientemente conquistados, de sus tres legiones (la Legio XVII Classica, la Legio XVIII Libyca y la Legio XIX Paterna, (de aproximadamente 5.000 hombres cada una), más tres alas de caballería y 6 cohortes auxiliares. En total unos 25.ooo hombres aproximadamente.

Ante las intenciones y los modos utilizados por Varo para romanizar a los germanos, comportándose, por tanto, con muy poca diplomacia, apareció en escena Arminio, príncipe querusco, ciudadano romano y miembro de la clase de los equites que, a su vez, comandaba uno de los contingentes de auxilia en las tropas bajo el mando del general romano. El príncipe querusco, logró para la ocasión reunir un cierto número de fuerzas entre las tribus germanas y urdir una treta al legado romano y, dentro de ese mismo año (septiembre del 9 d.C.), se verificó un suceso tan célebre como trágico: la derrota romana en la pantanosa selva de Teutoburgo. El lugar, o lugares precisos de la batalla no se conocen: las fuentes existentes sobre el acontecimiento son escasas y para la localización sólo hay una alusión indirecta de Tácito, que habla de un lugar no lejano de los ríos Amisa y Lupia. Pero las circunstancias son bastante reconstruibles; Arminio, aprovechó el momento de levantar los cuarteles para el traslado de las tropas a los de invierno, para correr la voz de que había revueltas entre las poblaciones vecinas. Con el fin de responder de manera inmediata y sofocar el levantamiento,Varo, cambió de ruta y se introdujo a través de una agreste zona pantanosa que entorpecía la marcha. Desatada una tormenta , las legiones fueron  atacadas de improviso mediante el lanzamiento de dardos y flechas. A este acto repentino, posiblemente, se le unió Arminio y su cuerpo de auxilia, provocando un gran desconcierto que los germanos aprovecharon arremetiendo en el cuerpo a cuerpo, anulando la capacidad romana de poder repeler el choque debido al desorden reinante.

Tras este primer enfrentamiento, las legiones consiguieron reagruparse para intentar salir a campo abierto, pero, de nuevo los germanos volvieron a contraatacar de manera encarnizada. El caos y la falta de movilidad por el equipo tan pesado pasaban factura a los legionarios romanos acostumbrados a otros tipos de contiendas. En medio del desbarajuste, Numonio Vala, jefe del cuerpo de caballería, huyó con sus tropas con el fin de ponerse a salvo, pero fue capturado y, tanto él, como sus subordinados fueron aniquilados. Ante tales circunstancias, y para no caer en manos enemigas, Varo y miembros de su Estado Mayor se suicidaron. Los germanos localizaron el cadáver de Varo, le cortaron la cabeza y se la enviaron a Augusto en Roma, donde fue enterrada con honores en el panteón familiar.Otros legados que continuaron en el mando, no tardaron en ser capturados y sacrificados.

El resto de soldados, dispersos por los bosques fueron perseguidos, capturados y muertos. Sólo unos cuantos, amparados en la noche, pudieron escapar con vida.Las cifras de bajas romanas se calculan en unas  20.000. Tres legiones, tres alas de caballería y 6 cohortes auxiliares fueron borradas del mapa. Todas las fortificaciones al este del Rin, salvo Aliso en el río Lippe, cayeron en manos de los germanos.

Tras esta derrota ninguna legión del Imperio Romano llevó  los números XVII, XVIII y XIX que fueron borrados de la historia militar. 

De estos sucesos se ha encontrado junto a Xanten, no lejos de los ríos Amisa y Lupia (para remitirnos a la localización aproximada de Tácito), un testimonio arqueológico importante (aparte de las intervenciones en Kalkriese), aunque discutido. Se trata de una estela funeraria con tabernáculo, la del centurión boloñés M. Celio, representado con coraza, condecoraciones (distintivos y brazaletes), corona cívica (decoración que era conferida a quien salvaba la vida de un ciudadano romano) y la vitis (bastón), propia de su grado, y flanqueado por los bustos de sus libertos.

La inscripción, después de las generalidades, dice: "Cecidit bello Variano; ossa inferre licebit" (cayó en la guerra de Varo; será posible introducir [sus] huesos [en el sepulcro]). Ahora bien, la ya citada frase de Tácito contenía otra información: no lejos de los ríos Amisa y Lupia "se decía que estaban enterrados los restos de Varo y de las legiones". Una sugestiva interpretación de la inscripción de Celio era, pues, la siguiente: la guerra variana sería precisamente la dramáticamente concluida en Teutoburgo; los huesos que habría sido posible enterrar (si se hubieran encontrado entre los muchos abandonados) debían de ser los del mismo centurión. No tan impresionante, y en resumen un poco hipercríticamente reductiva, la interpretación más reciente (Bauchhenss) sería: no se ha dicho que la guerra variana fuese justamente la de la célebre derrota; tampoco se ha dicho, pues, que Celio yaciera insepulto en Teutoburgo; los huesos que "tenían que introducirse" serían, pues, los de los libertos.

Ya sea que el personaje conmemorado en esta conocida estela (conservada en el Landesmuseum de Bonn) estuviera implicado en aquella batalla, ya sea que no lo estuviera, la importancia del episodio de Teutoburgo sigue siendo enorme. Con anterioridad, el ejército romano había conocido en varias ocasiones memorables reveses; pero en este caso el abatimiento fue más grande que nunca. El grito de dolor lanzado por el mismo Augusto, le acompañó hasta los últimos días de su muerte.

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Comentario por Aníbal Clemente Cristóbal el agosto 30, 2013 a las 11:27pm

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