REHA

Red Española de Historia y Arqueología

¿Por qué, tras veinticinco siglos de que alcanzara su apogeo, la civilización ateniense conserva aún su prestigio en la era de la informática y los nanorobots? ¿Por qué se representan en nuestros teatros y en la televisión tragedias de Sófocles o de Eurípides, como si fueran obras actuales? ¿Por qué las estatuas de Fidias figuran entre las principales obras de arte de todos los tiempos? ¿Por qué los médicos actuales prestan el juramento de Hipócrates, como los médicos del siglo IV a.C.? ¿Por qué la democracia ateniense se considera todavía un modelo político? ¿Cual es el secreto del esplendor de Atenas, del genio del pueblo griego?.

Para los turistas que visitan la Acrópolis, la colina sagrada de Atenas sigue siendo el símbolo de una cultura que ha provocado el despegue del pensamiento moderno.

Grecia, que supo desarrollar todos los dones de la naturaleza humana, nos legó una herencia incomparable. Su organización política (la democracia), su filosofía, su arte y su ciencia nos han inspirado directamente.

"El mundo está lleno de maravillas, pero nada es tan maravilloso como el propio hombre", escribió Sófocles. Los otros pueblos de la Antigüedad, aunque a veces brillantes, no concebían al hombre más que como un instrumento de los dioses. Los griegos son los primeros que confían en el hombre, los primeros que creen en su dignidad.

Así se elabora una concepción nueva de la existencia: en adelante; el hombre puede explicar y conocer mejor el mundo.

En esa tierra dividida por estrechos valles no podía establecerse un poder autoritario como el de Mesopotamia o Egipto. Cada región se desarrolla libremente, posee sus tradiciones, sus leyes.

A pesar de su independencia, cada región es consciente de que pertenece a la comunidad griega: "El cuerpo helénico -escribe Heródoto- posee la misma sangre, habla la misma lengua, tiene los mismos dioses, los mismos templos, los mismos sacrificios, las mismas costumbres."

Por ello cuando les amenaza algún peligro, como el temible ejército persa a comienzos del siglo V a.C., los Estados griegos unen sus fuerzas contra el enemigo común.

Todo oponía entonces a los asiáticos y a los griegos: en primer lugar, la religión y, por tanto, su visión del mundo. Y luego, el ideal político: los persas quieren un imperio y los griegos una serie de polis, esas ciudades-Estado que dirigen, como hombres libres, los propios ciudadanos.

Las guerra médicas (así llamadas por los medos, pueblo iraní que combatía en las filas persas), y de las que ya he hablado en otro artículo de nuestra web, enfrentan a soldados procedentes de todos los horizontes. En efecto, frente a los griegos, el Gran Rey, Darío, y luego su hijo Jerjes incorporan a sus tropas pueblos que les están sometidos. Y además, los persas y los medos de pesadas armaduras con escamas de hierro, aparte de su élite: el cuerpo de los diez mil "Inmortales", así llamados porque, en cuanto caía uno de estos guerreros adornados de oro, otro ocupaba su lugar.

La multitud abigarrada de las huestes del Gran Rey se compone de asirios con casco de bronce y escitas que iban vestidos con pantalones y altos gorros puntiagudos y armados con hachas y puñales; indios con ropa de algodón, diestros en el manejo del arco de bambú; tracios de largos vestidos de colores; etíopes con la cabeza cubierta por un casco de cuero y crines de caballo y el cuerpo protegido por una piel de león o de leopardo. Pero estos soldados, venidos de todos los rincones del imperio, forman un ejército de mediocre valor, desordenado y sin disciplina.

Los atenienses han enviado una flota de veinte naves en apoyo de los jonios, griegos de la costa del Asia Menor que se han sublevado contra el dominio de Darío. En venganza, éste ordena a los suyos una expedición de castigo contra Atenas. Pero, en una estrecha llanura arrinconada entre los montes y el mar, el desastre acecha a los orientales.

En Maratón, en el año 490 a.C., la astucia triunfará sobre la fuerza: Milcíades, hábil estratega ateniense, ordena a sus tropas lanzarse sobre el enemigo.

Heródoto narra así el asalto: "Cuando los persas les vieron llegar hacia ellos corriendo, se aprestaron a recibirles; al ver que eren pocos y que, no obstante, se lanzaron a paso de carga, sin caballería, sin arqueros, les creyeron dominados por una locura que causaría su perdición."

Los soldados de Darío, desorientados por esta insólita estrategia, caen uno a uno. Perdieron 6.400 hombres... frente a sólo 192 bajas griegas.

Un mensajero a recorrido los 48 km que hay hasta Atenas para anunciar la buena nueva. Al llegar, sólo le quedan fuerzas para exclamar: "¡ Hemos vencido !" Y muere extenuado. Los atenienses acogen la noticia del triunfo con tanto entusiasmo como estupefacción: frente a fuerzas tan imponentes, sólo los dioses han podido inclinar hacia su lado la suerte del combate.

Los griegos han demostrado su sentido táctico y su inteligencia. Su lección se repetirá numerosas veces a lo largo de la historia. 

Pero las guerras médicas se reemprenden. Jerjes, que ha sucedido a su padre Darío en el 486 a.C., lanza 200.000 hombres y 800 barcos de guerra contra Grecia. Venció a poco más de 300 griegos en el paso de las Termópilas y tomó Atenas. Pero Grecia será salvada por su flota, dirigida por Temístocles. La batalla naval de Salamina, en el 480 a.C., constituye un  nuevo triunfo de la astucia sobre la fuerza. Por fin, en Platea, al año siguiente, los espartanos se unen a los atenienses para derrotar al ejército de tierra persa. De este modo, alejan el peligro oriental definitivamente.

Las guerras médicas ilustran la lucha del hombre por su libertad. Frecuentemente a razón de uno contra diez, los griegos defienden y conservan su independencia, su libertad.

La presencia de invasores ha subrayado la fragilidad de Grecia. Y la formación de la Liga de Delos permite a las ciudades e islas del mar Egeo unir sus fuerzas, reuniendo dinero y navíos.

Sin embargo, Atenas aprovechará su prestigio y su poder para establecer poco a poco su dominio sobre las ciudades hermanas. Va a nacer un imperio marítimo y, con él, una economía floreciente.

Los caminos se hallan en tan mal estado, que resulta mucho más eficaz el transporte por barco: el país exportará por mar lana y vino, aceite de oliva, cerámica, joyas; y a cambio obtendrá carne y queso, vidrio y perfume.

Los barcos atenienses son, en adelante, los dueños del mar Egeo. El puerto del Pireo atrae al comercio marítimo de toda la cuenca mediterránea, Estos cambios enriquecen la ciudad y permiten difundir la lengua y la civilización griega.

El Estado aumenta sus recursos explotando minas y canteras, acuñando monedas. Para financiar su política, no duda en gravar con un pesado impuesto a los ricos y extranjeros, ni en instaurar derechos de aduana. Y asegura se defensa obligando al servicio militar a todo hombre de entre 18 y 60 años. 

En adelante, Atenas aprovechará unos años de relativa paz para desarrollar una civilización inigualable.

Con Pericles, jefe de estado de gran talla, Grecia conoce su edad de oro. A pesar de su cráneo alargado, que harán que le llamen "cabeza de cebolla", Pericles es respetado por todos. A todos impone su elocuencia, su cultura, su distinción. Y, caso insólito entonces, este aristócrata será reelegido quince veces como jefe de gobierno: del 444 al 429 a.C.

Apasionado por la justicia, promueve una auténtica participación del pueblo (demos) en el poder (kratos): la democracia reina en Atenas. En adelante se retribuye a los magistrados mediante un salario, abriendo así a los más pobres el acceso a los oficios públicos. Cada año se designa mediante sorteo a los 500 miembros de la bulé, consejo encargado de examinar los proyectos de ley, y a los 6.000 ciudadanos que componen la helié, tribunal del pueblo, encargado de administrar justicia.

Por primera vez en la historia, los ciudadanos son dueños de sus destino. Cuarenta veces al año, se reúnen en Pnyx, colina que está frente a la Acrópolis, para deliberar. Esta asamblea del pueblo se llama ecclesia y se parece a las que aún se celebran en algunos cantones suizos para tratar asuntos comunes. Esa democracia directa es, en la Antigüedad, el mejor testimonio de un espíritu prodigiosamente avanzado, el régimen más apto para formar ciudadanos responsables.

Si pueden convocar así a los electores, es porque son poco numerosos: ni las mujeres, ni los esclavos, ni los extranjeros tienen derecho a voto. Aunque los atenienses poseen un notable sentido cívico, no todos tienen acceso a la libertad.

En el siglo siglo V a.C., la ciudad y su región albergan 400.000 habitantes, de los cuales la mitad son esclavos. De éstos, la suerte de los que trabajan como agricultores o como mineros es poco envidiable; los herreros y carpinteros son tratados mejor.

Tampoco tienen casi ningún derecho los extranjeros, asentados en Atenas como comerciantes, artesanos o contratistas.

La mujer, en fin, carece de poderes políticos.

Sólo 40.000 ciudadanos tienen acceso a las decisiones. La igualdad está lejos de ser alcanzada: "Si los griegos inventaron la democracia -dice el helenista André Bonnard-, fue a la manera como un niño echa sus primeros dientes. Es preciso que los dientes crezcan y luego caigan. Ya volverán a salir." 

Cultivar lo bello en la sencillez es como definía Pericles el arte griego, que alcanzará la perfección bajo su mandato. De inspiración primordialmente religiosa , posee una riqueza tal que, veinte siglos después, los artistas del Renacimiento se inspirarán aún en él.

Los artistas trabajan agrupados en talleres. Aunque han desaparecido casi todas sus pinturas, conservamos su cerámica, que evoca en rojo y negro las escenas de la mitología y de la vida cotidiana.

Los escultores, encabezados por Fidias y Mirón, apenas tendrán quien los iguale en toda la historia del arte. Y los arquitectos embellecen Atenas con nuevos edificios.

Los Propileos, el gran vestíbulo que da acceso a la colina, son además lugar de reunión y galería de arte.

Seis estatuas de jóvenes doncellas,  las famosas cariátides sustituyen a las tradicionales columnas como soporte de un tribuna del Erecteión, templo de planta irregular. Pero es el Partenón lo que mejor simboliza el esplendor de Atenas. Su exterior aparece decorado con dos frontones y un friso que lo rodea por completo, en donde se han esculpido magistralmente 400 personajes y 200 animales.

El arte alcanza en este santuario una gran perfección. Las columnas no son exactamente perpendiculares al suelo, para evitar así que parezca que se separan por arriba. La base del templo es ligeramente convexa, para que parezca plana al observador. La sencillez de líneas sólo es igualada por el equilibrio de las proporciones. La feliz armonía del estilo dórico se añade a la majestad del mármol.

En el interior del edificio, en una de sus dos salas, se encuentra la estatua de Atenea Parthenos (Doncella), esculpida por Fidias en marfil y oro.

Orfeo o Electra, Antígona o Edipo, los héroes de las tragedia griega no dejan de inspirar a los autores modernos. Están ya fuera del tiempo, pertenecen a todas las épocas.

También esta fuera del tiempo el propio teatro, que es otra genial creación de los griegos: el teatro nació en Grecia hace 2.500 años como modificación de un espectáculo que se celebraba en honor a Dionisio, el dios del vino.

El teatro griego es ante todo un rito religioso donde se estudian particularmente las relaciones entre los hombres y los dioses. ante situaciones dramáticas, los personajes reaccionan con nobleza. En plena edad de oro de Atenas, Esquilo, Sófocles y Eurípides crean y dan cima a la tragedia; y poco después Aristófanes alcanza un gran éxito con sus comedias. Los papeles femeninos son representados por hombres, y las máscaras ayudan al actor a expresar todos los sentimientos de la naturaleza humana.

Los egipcios y los babilonios poseían ya bastantes conocimientos de astronomía, matemática, técnica. Pero a los griegos les corresponde el honor de haber establecido las teorías, de haber definido los principios generales. con ellos nace el método científico.

En el siglo V a.C., Tales y Pitágoras ponen las bases de la matemática y la física; enuncian teoremas que aún hoy están vigentes. Pitágoras puede incluso ser considerado uno de los fundadores de la música: estudió la relación existente entre la longitud de una cuerda que vibra y el tono del sonido que produce.

Hipócrates es considerado el "padre de la medicina". Es cierto que ya antes se procuraba curar los enfermos; pero el sabio griego hace de ello un arte, una técnica. Su actividad se basa en la observación: "El examen del cuerpo -afirma- es una tarea compleja; comprende la vista, el oído, la nariz, el tacto, la lengua, el raciocinio." Todas sus clasificaciones y tratados están orientados hacia ese objetivo primordial: la salud de los hombres.

Con Heródoto nace el primer historiador. Cronista de su tiempo, viaja, observa, interroga. En su relato de las guerras médicas, no sólo cuanta las peripecias del combate, sino que además estudia los hombres y sus sentimientos. Curioso por todos, encuesta a las gentes de su tiempo como si fuera un periodista. 

Con igual talento narrará Tucídides las hazañas bélicas de la guerra del Peloponeso.

Gracias  a Sócrates y a su discípulo Platón van a aparecer nuevos métodos de reflexión, nuevos modos de pensar.

Junto con Aristóteles, esos dos filósofos están en el origen  de toda la filosofía occidental. Maestros del diálogo, prefieren ya las ciencias humanas más modernas: la lógica, la psicología, la sociología, la ciencia política. Inspirándose en ellos, el hombre avanza por la vía del razonamiento, empieza a comprender mejor el mundo.

Demócrito menciona menciona ya la existencia de átomos. Aunque su definición de los mismos no se corresponde con la definición moderna, fue él quien lanzó la fecunda idea de estos cuerpos elementales y de sus interacciones en el vacío. 

Hijo de una comadrona, Sócrates solía decir de si mismo que había heredado el oficio de su madre: al hablar hablar con sus conciudadanos, lo que hacía era ayudarles a sacar a la luz lo que ya estaba implícito en sus ideas. Rodeado por una corte de discípulos. él les guiaba en su búsqueda de la verdad.

Cuando le condenaron a beber la cicuta, un veneno mortal, por no haber respetado a los dioses , su amigo Critón le preguntó: "Sócrates, ¿como te enterraremos?" A lo que el filósofo respondió sonriendo: "Como queráis, si es que podéis atraparme."

Al igual que su ilustre pensador, la civilización griega es inmortal. Su luz iluminará al mundo aún durante muchos siglos.

En esta ciudad que conoce la paz y la prosperidad al mismo tiempo que se abre al exterior, la vida cotidiana conserva su sencillez.

El lujo es el dominio de los dioses: son sobre todo los santuarios suntuosos y las fiestas religiosas de brillo excepcional -las Grandes Panateneas, las fiestas en honor a Dioniso- lo que atestigua el esplendor de Atenas.

Aunque algunos ricos decoran el interior de sus casas con tapices e incluso con frescos, aunque sus muebles están hechos con maderas raras y adornados con bronce, aunque se atiborran de liebres, la mayoría de los atenienses pasan sus vidas sin el menor confort.

La vivienda no desempeña un papel primordial: con un clima tan agradable como el mediterráneo, los griegos pasan la mayor parte del día al aire libre. La casa, de un solo piso, apenas ofrece comodidades: su mobiliario se reduce a unos lechos y esteras donde tumbarse,, varias sillas y mesas, cofres para guardar sus bienes... y poco más. Las habitaciones están dispuestas en torno al peristilo, patio bordeado de columnas.

La alimentación es frugal: el menú de cada día se compone de galletas de harina y miel, aceitunas, pescado seco y agua o vino. La carne es un producto de lujo. No se conoce aún el tenedor. 

Los atenienses ricos organizan a veces banquetes, animados por bailarinas o por acróbatas. comen recostados sobre triclinios.

El ágora es la gran plaza pública donde los atenienses pasan el tiempo y charlan entre sí. Centro de reunión de las clases superiores, es también el lugar de cita de los mercaderes. Los comerciantes pregonan en ella sus pescados y legumbres mientras los oradores hablan a la multitud.

Las tiendas de los cambistas, de los perfumistas y de los barberos rodean la plaza. Dominada por templos de mármol y pórticos con columnas, el ágora está animada a cualquier hora del día. A la sombra de los plátanos, los ciudadanos conversan, mientras pasan los esclavos cargados de fardos.

En cambio, no hay mujeres en la plaza: se quedan en casa, apartadas de la vida pública.

Se ha dicho que la mujer ateniense no es más que "un objeto hecho para las tareas domésticas". De hecho, es mucho más.

Es cierto que no desempeña ningún papel político, que no puede salir sola y que apenas abandona el gineceo, habitación reservada a las mujeres. Pero la mujer ejerce su autoridad en el hogar, se dedica a educar a sus hijos, dirige el trabajo de sus siervos. Está lejos de hallarse sometida al hombre. De Antígona a Lisístrata, que restablece la paz entre Esparta y Atenas, el puesto asignado a la heroínas en el teatro es considerable.

En la casa, ayudada por sus criadas, la mujer dirige un taller de confección, pues cada familia ha de hacer sus vestidos. Como dice un refrán, "las mujeres no van a la asamblea: hilan la lana". Sólo las más pobres tienen pequeños comercios.

La mujer y el hombre visten prácticamente igual: una larga túnica o camisa de seda o de lino llamada kitón y un manto de lana llamado himatión. Pero la mujer gusta de cubrirse con un peplos (una larga tela abrochada a al espalda), se maquilla y se pone pendientes, collares y brazaletes.

Los juegos de los niños griegos han llegado hasta nosotros: la pelota y el aro, la peonza y las tabas, la rayuela, el tambor, el columpio, la cometa.

A los 6 o 7 años, las niñas empezaban a ir al gineceo con su madre, para iniciarse en el hilado y el tejido y, más tarde, en el uso de los cosméticos y las joyas. Y los niños empezaban a ir al colegio para aprender a leer y escribir, en una pizarra o en una tablilla encerada. El cálculo, la música y la literatura figuran también en su programa. Amantes de los deportes, los jóvenes atenienses practican la lucha, el salto, el lanzamiento de disco o de jabalina, las carreras...

"Desde que el niño comienza a comprender el lenguaje -escribe Platón-, la nodriza, la madre, el pedagogo, el propio padre no ahorran esfuerzos para hacerle tan perfecto como sea posible...Si el niño obedece por sí mismo, tanto mejor; si no, igual que se endereza un bastón torcido, se le endereza mediante amenazas y golpes." La enseñanza, que solo se imparte a los niños, no está orientada a la guerra, como ocurría en Esparta, sino que se funda en la cultura y el razonamiento.

Fue de esta educación de los jóvenes de donde brotó esta prodigiosa civilización. En ella radica el secreto de la gloria de Atenas, durante su época y en los siglos futuros.

Visitas: 350

Comentar

¡Necesitas ser un miembro de REHA para añadir comentarios!

Participar en REHA

Comentario por Juan Antonio Cerpa Niño el marzo 9, 2014 a las 12:52pm

Muchas gracias a ti Rosario por interés en leerlos. Un afectuoso saludo desde España a ese país tan hermano y querido que es Uruguay.

Comentario por Rosario Cáceres el marzo 8, 2014 a las 3:47am

Cómo siempre maravillosa exposición y una descripción notable de la civilización ateniense.Muchas gracias por todo su aporte,del cual recuerdo y también aprendo algo nuevo!Saludos desde aquí!

DENUNCIA EL EXPOLIO DEL PATRIMONIO DE TODOS

Guardia Civil: 062
Unidad Central Operativa (Grupo de Patrimonio Histórico) C/ Salinas del Rosio 33-35, 28042 Madrid.

Fax: 91 514 62 84

Email: uco-patrimoniohistorico@guardiacivil.es

Destacamos

Suscríbete a la REHA

Introduce tu Correo Electrónico y suscríbete a las Noticias de la Red Española de Historia y Arqueología:

Cortesía de FeedBurner

Apoya a la REHA

Apadrina a la Red Española de Historia y Arqueología
Apadrina a la REHA
Ayuda a la Red Española de Historia y Arqueología a través de Paypal.

Estadísticas

Top de Historia Webring
Join | Ring Hub | Random | Prev | Next

© 2014   Creado por Aníbal Clemente Cristóbal.

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio