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Red Española de Historia y Arqueología

Dioses Atlantes de Tula ( autor Carlos E. Casero )

Cuentan algunas leyendas que los toltecas (en nahuatl significa: “maestros constructores”) después de abandonar misteriosamente la ciudad de Teotihuacán, construyeron una réplica a pequeña escala de lo que sería su nueva capital, allá por el año 800 d. C. Su fundador fue Quetzatcóalt, a quien las mismas leyendas describen como un hombre “blanco y barbado”.

A esta ciudad la denominaron Tollan (lugar de muchos barrios), y durante muchos años fue el foco principal de la civilización en Mesoamérica, reinando una dinastía de reyes-sacerdotes descendientes del dios Quetzalcóatl. Para muchos investigadores Tollan fue una ciudad mítica, más propia de la fantasía que de la realidad. No fue hasta finales del siglo XIX que se procedió a su descubrimiento en un lugar llamado en la actualidad Tula, próximo a la ciudad de México D.F. (unos 80 kms) y de la antigua Teotihuacán (unos 65 kms).

Las cuatro colosales estatuas conocidas como los “Atlantes de Tula”, situados sobre la Pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli, que parecer sirvieron de columnas para el Templo de Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada , un dios blanco y barbado. La teoría más aceptada sobre lo que representan estos colosos es la de un grupo de guerreros toltecas en función de guardia permanente del Templo de Quetzalcóatl.

Los primeros trabajos arqueológicos para desenterrar los misterios de la antigua Tollan se iniciaron a comienzos de los años cuarenta de la mano del arqueólogo mexicano Jorge R. Acosta. Al igual que Teotihuacán, la ciudad de Tollan se estructuraba sobre un eje norte-sur sobre el que se ubicaban un gran número de edificios ceremoniales orientados en dirección este-oeste. Al sur del eje principal existe una gran plaza cuadrada presidida por un gran altar, donde se encuentran dos pirámides de cinco pisos y una cancha donde se practicaba el juego sagrado de la pelota. En la mayor de las dos pirámides de esta plaza se encontraron algunos objetos de oro, pero fue en la menor de las dos pirámides, bautizada con el nombre de Pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli (estrella de la mañana) dedicada al dios Quetzalcóatl, la “Serpiente Emplumada” donde fueron localizadas enterradas en una profunda zanja cuatro colosales estatuas de casi cinco metros de altura a las que se denominó “los atlantes de Tula”.

Cada uno de estos “atlantes” (cuyo nombre proviene de la diosa Atlatona) esta constituido por cuatro piezas o bloques que encajan milimétricamente unos con otros. En su base, el primer bloque se corresponde a las piernas y pies. El segundo y el tercero de los bloques forman el tronco, y por último, el cuarto de los bloques representa la cabeza cubierta por un tocado de plumas. Llaman poderosamente la atención algunos detalles de la indumentaria de estos colosos, como por ejemplo la presencia de dos objetos de gran tamaño sobre las orejas de las figuras. El pecho está cubierto por una gran placa con la figura de un ser alado, del mismo modo y en la parte posterior a la altura de los riñones, otra placa en esta ocasión circular y con la presencia de un rostro humano, ha despertado la curiosidad de los investigadores, que no llegan a ponerse de acuerdo sobre los dibujos que rodean el rostro del disco: mientras que para unos sólo son serpientes entrelazadas, para otros son símbolos de alguna escritura aún sin descifrar.

Varias décadas después de su descubrimiento, se continúa especulando sobre el origen racial que representan los rasgos de las cuatro caras de los “atlantes”, siendo cada una de ellas diferente al resto.

Otro de los aspectos que más confunden a los expertos es la identificación de los rasgos faciales y su inclusión en algún grupo racial, algo que por el momento no se ha logrado. Guerreros, dioses, reyes, ídolos, etc, son algunos de los calificativos que se han usado para identificar a los “atlantes”, los cuales muestran diferencias anatómicas en sus caras a pesar de mantener la misma expresión, lo que les concede una personalidad propia a cada uno de ellos.

Los toltecas fueron un pueblo de artistas, sabio y culto, pero muy pragmático y austero, lo que les sirvió también para que desarrollasen el arte de la guerra, pudiendo construir así un imperio. Sus guerreros fueron temidos por sus enemigos, y entre sus armas figuraba la presencia de un lanzador ligeramente curvo en su extremo de dardos o flechas conocido con el nombre de “atl-atl”. En todas las representaciones encontradas hasta el momento donde aparecen los guerreros toltecas, empuñaban y manejaban con la mano izquierda estos artefactos bélicos.

En los gigantes o “atlantes” de Tula los expertos han identificado también la presencia de los “atl-atl”, por lo que oficialmente estos colosos serían la representación de un grupo de guerreros míticos. Sin embargo, si observamos detenidamente esta teoría, no termina de encajar. En su mano derecha cada uno de los atlantes porta un extraño objeto y en su izquierda otro objeto que ha sido calificado como unas flechas. Es sabido como decíamos anteriormente que, los toltecas usaban el “atl-atl” con la mano izquierda y no con la derecha como lo hacen los “atlantes”, y que las flechas que portan en la mano derecha difícilmente pueden serlo pues son curvas.

Los 4,6 metros de altura de cada uno de estos colosos formados por 4 bloques, fueron enterrados en la base norte de la pirámide en una zanja conjuntamente con otras numerosas esculturas. Se desconoce el motivo por el cual los habitantes de Tollan quisieron esconder estas representaciones.

Curiosamente en uno de los pilares recubiertos de relieves que fueron encontrados junto a las figuras de los “atlantes” y que hoy están situados junto a ellos sobre la pirámide, aparece la figura de un individuo que porta un objeto a la espalda como si se tratara de una mochila o depósito, y que maneja un objeto idéntico al que portan cada uno de los cuatro “atlantes”. No hay quien falte en asegurar que este extraño objeto es una “pistola lanzallamas o un soplete de plasma”, pues de él parte una especie de llama que el individuo dirige sobre una piedra.

Las leyendas que hacen referencia a la fundación de Tollan por parte de Quetzalcóatl, relatan que en torno al año 1.000 d. C este dios y sus seguidores fueron expulsados de la ciudad por la presencia del dios Tezcatlipoca. En su marcha hacia el sur, este grupo de exiliados hicieron de Chichén Itzá su nueva capital, fusionando su cultura y tradiciones con los mayas.

En la antigua capital, Tollan, se inicia progresivamente una decadencia que culmina en el siglo XIII con la aparición en escena de los aztecas, los nuevos conquistadores venidos del norte, quienes adoptaron muchas de las costumbres y tradiciones toltecas.

Una de las mayores polémicas en torno a la figura de los “Atlantes de Tula” se centra en el “arma” que portan en su mano derecha (imagen de la izquierda). Según los expertos representa a un “lanza-dardos” conocido con el nombre de “atl-atl”. Este arma, muy representada en diferentes estelas toltecas y muy temida por sus enemigos, tenía una forma curva y era siempre empuñada por los guerreros con la mano izquierda. Estos mismos expertos aseguran que lo que portan en la mano izquierda es un haz de dardos o flechas para ser lanzados por el “atl-atl” (imagen de la derecha), pero si observamos detenidamente su forma es curva y en nada se parece a un dardo o flecha. En una de las columnas cuadradas que se erigen junto a los colosos, existe una representación grabada sobre la piedra donde aparece un individuo manejando un objeto exactamente igual al que portan cada uno de los “atlantes” en su mano derecha, y del que parece salir una potente llamarada de fuego que dirige sobre una piedra (imagen del centro). Este mismo sujeto lleva sobre su espalda una especie de mochila o deposito, y unas no menos curiosas botas y guantes.

autor/ Carlos E. Casero

fuente/ Paleoastronautica / www.sabiens.net

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Etiquetas: arqueologia, atlantes, dioses, historia, leyenda, toltecas, tula

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