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Red Española de Historia y Arqueología

La historia de último siglo de la República romana pone de manifiesto que, detrás de los múltiples conflictos sociales y políticos, había una cuestión central que era preciso resolver: la de la forma de gobierno conveniente para gestionar con eficacia un territorio amplio y heterogéneo. Pero la modificación del viejo aparato administrativo con el que Roma  había conseguido hacerse con el dominio de todos los pueblos del Mediterráneo chocaba con muchos intereses y privilegios de quienes tenían la capacidad de tomar las  decisiones políticas, tanto los sectores de la oligarquía romana como las capas populares de los ciudadanos romanos.

De ahí que la crisis de la República estuviera marcada por profundos desgarros sociales. Mario puso las bases para un  nuevo sistema de reclutamiento militar y para un ejercito vinculado más estrechamente con su general que con el Senado. Sila, desde posiciones autocráticas, pretendió salvar el sistema republicano de gobierno introduciendo adaptaciones en el mismo, aplicando la política de la eliminación física de los oponentes y creando unos marcos de referencias éticas para los nuevos gobernantes, quienes nos se habían distinguido precisamente por su moralidad. El Senado llegó a creer que podría retomar el poder tradicional si contaba con el sólido apoyo de un hombre fuerte, de Pompeyo. César sostuvo con su práctica política que sólo quien tuviera en sus manos todo el poder militar estaría en condiciones de controlar el Senado y de imponer las medidas políticas y administrativas capaces de gestionar unos dominios tan extensos y variados.

Esas breves referencias, permitieron entender dos hechos: que la búsqueda de una nueva forma política es anterior a Augusto y, en segundo lugar, que gran parte de la población romana ansiaba una definitiva estabilidad política que le hiciera olvidar las grandes sangrías humanas y los desequilibrios sociales que había acarreado la larga lucha civil de fines de la República.

El reconocimiento senatorial del triunvirato de Antonio, Lépido y Octavio por un periodo de cinco años ponía en manos de los triunviros casi todos los poderes del Estado: podían designar magistrados, asignar la concesión de tierras, emitir edictos con fuerza de ley y tenían todo el poder de los cónsules. El límite de los cinco años no tuvo mayores consecuencias, ya que se prorrogó cuando caducó el plazo de condiciones análogas; desde su comienzo, se inició la carrera, por parte de Antonio y Octavio, para hacerse con el control único del Imperio.

El objetivo inmediato de los triunviros fue el dominio pleno del Imperio en el campo militar y político. Los conjurados, por la muerte de César, dominaban la parte oriental: Casio como gobernador de Siria y Bruto de Macedonia. El reparto inicial de provincias hecho por los triunviros se limitaba a Occidente: Lépido se responsabilizaba de la Galia Narbonense y de Hispania, Antonio de la Galia Cisalpina y Transalpina y a Octavio le correspondían África, Sicilia y Cerdeña.

La primera medida de los triunviros fue decretar las proscripciones. Un elevado número de senadores, cuya cifra se calcula en 130, así como caballeros fueron incluidos en las listas de los proscritos, con lo que perdieron sus propiedades,  y algunos sus vidas, sin necesidad de someterse a un juicio previo. Cicerón fue asesinado mientras muchos  otros pudieron escapar de Italia para unirse al ejército oriental.

Controlada Italia por los triunviros, éstos llevaron su ejército para enfrentarse con Bruto y Casio. La batalla tuvo lugar en Filipos, en Macedonia, el 42 a.C. El ejército de los conjurados resultó derrotado y sus jefes muertos; sólo se salvó parte la armada que fue a unirse a Sexto Pompeyo. Aunque los analistas permiten advertir que Octavio tuvo un papel poco brillante y que se salvó gracias a la habilidad de quien sería su gran general y amigo, Agripa, Octavio aprovecho la derrota para eliminar a los enemigos vencidos.

El resultado de Filipos permitió a Octavio y Antonio proceder a un nuevo reparto de responsabilidades en el Imperio, del que quedaba relegado Lépido.

Octavio se encontraba con el escollo de la armada de Sexto Pompeyo, quien controlaba el Mediterráneo occidental dificultando el aprovisionamiento regular de Roma, así como el mercado de Italia. en el año 39 a.C. se encontró para él una fórmula de integración al confirmarle en el gobierno de Sicilia, Cerdeña y Córcega. Poco más tarde, Agripa estuvo en condiciones de destruir su  armada en la batalla de Naulucos (36 .C.). Sexto Pompeyo murió poco después en Oriente y Octavio controló Córcega y Cerdeña. Lépido, que había tomado una posición políticamente ambigua con Sexto Pompeyo y había aprovechado la huida de éste a Oriente para adueñarse de Sicilia, tuvo que enfrentarse a Octavio. Perdió el gobierno de África y de Sicilia, quedando de por vida sólo como Pontífice Máximo. El año 36 a.C., Octavio había conseguido hacerse con el control político y militar de todo Occidente incluida Italia.

Tras la victoria de Accio (véase en este blog La batalla de Accio ), Octavio no podía olvidar los sentimientos antimonárquicos del pueblo romano. César fue asesinado por manifestar abiertamente el carácter de su régimen. La propaganda contra Antonio se había basado en el nacionalismo y en el odio romano a la monarquía, a la que atribuía la capacidad de hacer esclavos a los ciudadanos. Y Octavio se presentaba como el agente de la paz y el portador de la libertad para el pueblo romano. Tomó decisiones que le consolidaban en el poder. En el 30 a.C. licenció a una parte de los soldados y llevó a cabo un nuevo reclutamiento, con lo que controlaba un ejército más fiel. El 29 a.C. celebró en Roma los triunfos militares sobre Accio, Alejandría y Dalmacia. El 29 a.C. actuó como censor, sin tener ese título, y llevó a cabo el recuento de población del Imperio y, lo que era más importante, realizó una nueva lista de senadores.

Unida a las reformas religiosas y administrativas, llevó a cabo una reorganización militar. Augusto puso las bases de lo que fue el ejército imperial hasta las reformas de Dioclesiano. Los conflictos armados de la crisis de la República habían elevado desmesuradamente los contingentes militares. Durante los enfrentamientos entre cesarianos y pompeyanos llegaron a juntarse veinte legiones sólo en Hispania. A raíz de la batalla de Accio, Octavio licenció a unas cincuenta legiones.La reducción de efectivos, que abarataba considerablemente los gastos militares, iba acompañada de medidas destinadas al mantenimiento de una administración civil. Se pretendía que el mantenimiento de los ejércitos provinciales no afectara de modo directo a la vida económica de las provincias.

Con la reducción de efectivos y el reclutamiento de nuevos componentes, Octavio buscó un ejército fiel al Principado y también representativo de los nuevos valores sociales. De ahí que el reclutamiento de las cohortes pretorianas se hiciera entre ciudadanos del centro de Italia y el de las legiones con mayoría de ciudadanos de Italia y sólo, secundariamente, con otros procedentes de ciudades no itálicas intensamente romanizadas. El ingreso en las tropas auxiliares quedaba reservado a las comunidades que tenían la categoría de peregrinas; estas tropas iban destinadas a la defensa de las fronteras, a enclaves alejados de su lugar de origen, con lo que se conseguía el doble efecto de impedir cualquier colaboración con sus paisanos ante una posible revuelta local, a la vez de disminuir la capacidad militar de las regiones de reclutamiento. La incorporación de estas tropas auxiliares pudo contribuir secundariamente a eliminar focos de superpoblación relativa. El Ejército romano pasó así a ser un instrumento de integración en las poblaciones poco romanizadas; al final de su servicio, los componentes de estas tropas auxiliares recibían el derecho de ser ciudadanos romanos.

Una práctica introducida a fines de la República fue asumida por Octavio, ya Augusto. Los jefes de las legiones pasaron a tener un mando delegado del emperador; eran legados de Augusto.Por lo mismo, su nombramiento, la duración de su cargo o su remoción del mando, dependía de la libre voluntad del emperador. Para adaptar este poder personal de Augusto a la situación social, tenía en cuenta que los mandos de las legiones fueran personas pertenecientes al orden senatorial, mientras que los mandos de cohortes legionarias o de unidades auxiliares podían ser jóvenes senadores o miembros del orden ecuestre.

Al asentar a la mayor parte de las tropas en las fronteras o en lugares recientemente conquistados, se estaban definiendo las funciones del ejército, destinado a luchar contra los posibles enemigos exteriores y no a participar en la vida política.

Con Augusto se reglamenta el tiempo de servicio en el ejército: 16 años en las cohortes pretorianas, 20 en las cohortes urbanas y en las legiones, 25 en las tropas auxiliares y 26 en la marina.

Los soldados no podían contraer matrimonio legalmente válido. Tampoco podían organizarse en asociaciones ni siquiera con la finalidad de crear una caja de ahorros para ser utilizados en el momento posterior de su licenciamiento. El Estado se responsabilizaba de aportar las cantidades precisas para ayudar económicamente al veterano a reorganizar su nueva vida civil. El año 6 d.C. se crea con este fin una caja particular del fisco que se nutría con los ingresos obtenidos del impuesto por transmisión de herencias; los fondos de esa caja, aerarium militare, podían ser incrementados con otras aportaciones si la situación lo exigía.

Dentro de esa reforma militar, la política de Augusto estuvo orientada a conseguir unas fronteras estables para el Imperio. Esa estabilidad se buscó por procedimientos diversos. En África, resultaba suficiente la protección del desierto africano; Mauritania, que permanecía independiente, estaba en manos del Juba, aliado incondicional de Roma. El propio ejército romano apoyó a Juba contra las sublevaciones locales. Con este expediente de un reino amigo y cliente, Roma comenzaba a penetrar en la vida de Mauritania, los comerciantes romanos podían operar en su territorio y se iban lentamente preparando las condiciones para una anexión sin grandes traumas como sucedió unas décadas más tarde. El frente germano fue mucho más inestable. Desde el 16 a.C., diversas intervenciones del ejército dirigido por Druso, consiguieron someter o rechazar a los germanos hasta el punto de que en el 9 a.C., la frontera romana llegaba al Elba. Los enfrentamientos continuaron en Germania y el 9 d.C. tres legiones (XVII, XVIII y XIX) mandadas por Publio Quintilio Varo cayeron en una emboscada y fueron masacradas en los bosques de Teutoburgo. Desde entonces, la frontera quedó establecida en el Rhin.

Tracia se mantenía como reino cliente y contribuía a proteger el bajo Danubio. En cambio, los retios y panonios exigieron una atención preferente del ejército romano mandado por Tiberio. El reino nórico fue anexionado en el 15 a.C.; poco después tuvo lugar la anexión de Panonia, el 12 a.C. Quedó así una frontera romana en Europa con límites en el Rhin y en el Danubio. Sofocados unos pequeños focos independientes del interior de los Alpes, el ejército romano podía moverse con soltura, por tierra, desde el territorio de la actual Bélgica hasta el mar Negro. 

En Oriente se aplicó una política más diferenciada. El reino de Galacia, en Asia Menor, fue anexionado en al 25 a.C. Armenia, Crimea y el Ponto se mantuvieron, a pesar de las gran inestabilidad interior, como reinos clientes. Muerto Herodes, rey de los judíos y aliado de Roma, ésta se dedicó a imponer su administración el año 6 d.C. para controlar la inestabilidad reinante. La estrecha colaboración con los árabes mantuvo abierta la ruta caravanera del desierto contribuyendo así al esplendor de la ciudad de Petra.

Dentro de la esa política de afianzar fronteras naturales  y acabar con un problema  enquistado debe entenderse la intervención de Roma contra cántabros, astures y galaicos en Hispania (años 29-19 a.C.). El control de estos territorios no sólo anuló un problema y puso la frontera natural en el mar, sino que Roma consiguió uno de los centros mineros más importantes del Imperio.

Todos los autores antiguos coinciden en afirmar que Augusto no era un gran militar. En cambio, salvo la errónea obligación de colocar al mando del ejército a familiares de escasa o nula experiencia (desastre de Varo), tuvo la habilidad de elegir buenos jefes para su ejército; primero Agripa y después Tiberio. La paz traída por Augusto y proclamada por toda la corte de propagandistas fue ante todo la paz interior, el abandono de las guerras civiles. Hacia el exterior, la época de Augusto estuvo marcada por la expansión, por la búsqueda de la anexión de nuevos territorios. Y en esto, augusto es un personaje que siguió las pautas de los grandes generales de la República.

La reorganización del ejército altoimperial en la defensa de Roma y de Italia permaneció muchos años con la estructura creada por Augusto. Roma contaba con siete cohortes, con un contingente de 480 hombres por cohorte, además de sus mandos, conocidos con el nombre de guardianes, vigiles, con funciones análogas y mixtas a las de los bomberos y policía municipal de nuestras ciudades. Ocasionalmente cumplieron otras funciones como la de apoyar a las tres cohortes urbanas, también de 480 miembros, que tenían clara misión militar.

Inicialmente, estas cohortes urbanas eran la única cobertura militar estable de la ciudad de Roma, ya que las nueve cohortes pretorianas estaban distribuidas por Italia. Bajo Tiberio y a instancias de Sejano, se construyó en Roma un gran campamento militar, el Castro Pretorio, capaz de albergar al conjunto de los componentes de esas cohortes pretorianas.Una cifra de 10.000-11.000 pretorianos en Roma era suficientemente importante como para no tener incidencia en la vida política. Sólo en el siglo I, Sejano como prefecto del pretorio ya pretendió desbancar a Tiberio del gobierno, los pretorianos fueron quienes proclamaron a Claudio; intervinieron en la crisis de 68-69, y contribuyeron al derrocamiento de Domiciano y a la imposición de Nerva, en este caso con el apoyo del Senado. 

El peligro potencial de los pretorianos quedaba disminuido por varios factores. Disfrutaban del privilegio de tener el más corto período de servicio militar, dieciséis años, y, con frecuencia, recibían donativos extraordinarios de los emperadores. Pero también entre sus tropas terminaron estando reducidos grupos de élite y de la máxima confianza del poder imperial como los espías, speculatores, y la guardia personal del emperador. De ahí que el prestigio militar de los emperadores unido a su hábil trato con los mismos consiguieron controlar ese potencial peligro que se manifestó como tal en el siglo I.

La consolidación de la romanización del Imperio fue modificando las preferencias sobre los centros de reclutamiento legionario. Cada día fueron entrando más provinciales en las legiones. Desde Adriano se tendió incluso a que el reclutamiento se hiciera en lo posible en la propia provincia donde estaba asentada una legión. Ello abarataba considerablemente los costos de desplazamientos de los soldados.

El número de 28 legiones de que disponía Augusto después de la gran reducción de efectos realizada a raíz de Accio sufrió escasas modificaciones, pues, aunque se crearon algunas nuevas, también desaparecieron otras por pérdidas o simplemente por disolución. A fines del siglo II d.C. había 30 legiones. Sólo con los Severos se produjo un ligero incremento: Septimio Severo creó tres.

Cada legión era conocida por un número y uno o varios epítetos. Así: VI Victrix, X Gemina, III Cirenaica, XII Fulminata, etcétera. El número que recibía en el momento de su creación no lo cambiaba mientras no fuera disuelta; los epítetos podían sufrir modificaciones aunque lo habitual era que recibieran epítetos nuevos. Tras un fracaso militar, una Legio Victrix, Victoriosa, perdía su epíteto. Los números de las derrotadas de forma humillante, desaparecían para siempre (el desastre de Quintilio Varo).

Domaszeski demostró que los emblemas de algunas legiones, a comienzos del Imperio, tenían una relación con el momento del zodiaco en que fueron creadas o con el signo zodiacal del emperador. Ello ayuda a entender que, además del águila legionaria, símbolo de todas, las legiones llevaran otros emblemas en que se representaban signos zodiacales como Tauro, Capricornio, Leo... Pero era muy frecuente, sobre todo desde Vespasiano, que uno de los epítetos legionarios fuera el nombre del emperador que las había creado o que había introducido importantes reformas en las mismas. Así, una legión II Traiana hacía clara referencia al emperador Trajano. Esa práctica terminó en que muchas legiones recibieran epítetos meramente honoríficos de los emperadores reinante.

 

El estudio de diversos epítetos de las legiones sirve a los investigadores para conocer la evolución de las mismas, y por lo mismo, para fechar los documentos epigráficos referidos a ellas. Así la legio VII Gemina, que se asentó en el emplazamiento de la actual ciudad de León bajo Vespasiano, fue conocida además como Pia, Felix, Antoniniana, Gordiana... epítetos alusivos a emperadores diversos.

La duración del servicio en las legiones era de veinte años. Hasta la época de Septimio Severo se mantuvo el principio de la incapacidad de contraer matrimonio legalmente válido mientras durara el servicio. Aunque Adriano no lo cambió, ya había dado un reconocimiento implícito a los concubinatos de los soldados; muchos hijos de éstos, los ex-castris, eran reclutados para servir en las legiones.

Excepcionalmente, hubo dos legiones en el mismo campamento; ordinariamente, había una. Más aún, era habitual que parte de las tropas de una legión estuviera asentada en otro campamento menor constituyendo lo que era conocido como una vexillatio legionaria destinada a reforzar las fronteras, a contribuir a la defensa de un distrito militar, o bien con otros fines. Así tenemos constancia de que el ejército romano fue destinado a veces para colaborar en la construcción de obras públicas. Estos destacamentos, que seguían sometidos a la autoridad del legado de la legión, podían ser mandados incluso por libertos que desempeñaban funciones fiscales, procuratores. La capacidad de mando de éstos les venía no por su estatuto social sino por su carácter de representantes del poder imperial.

Roma se había servido ya de tropas auxiliares durante la época republicana. Pero lo caracteristico de la época imperial fueron estos dos hechos: por una parte, el mayor uso de estas tropas que llegaban a equipararse e incluso superar en número a los componentes legionarios y, en segundo lugar, la regularización de las mismas.

Los auxiliares eran reclutados dentro del territorio romano y entre comunidades que no gozaban del derecho de ciudadanía romana. Quedaban obligados a veinticinco años de servicio, terminados los cuales pasaban a ser ciudadanos romanos. 

Cada unidad auxiliar, asentada en un pequeño campamento, era mandada por un prefecto de rango ecuestre. Recibía el nombre de ala si sus componentes eran jinetes, y de cohors si eran infantes, pero pronto aparecieron unidades mixtas y cohortes equitatae de caballería. Los nombres de estas unidades eran muy variados pero respondían a una nomenclatura similar: así, un Ala II Thracum era una unidad de caballería reclutada entre los tracios. Es decir, cada unidad auxiliar llevaba un número (a veces no expresado en los textos), la referencia a su carácter de ala/cohors y la indicación del nombre del pueblo que la compuso inicialmente.Ese nombre étnico no cambiaba aun cuando, con sucesivos reclutamientos, hubiera variado la composición étnica inicial.

Era frecuente, en los comienzos del Imperio, que los componentes de estas tropas auxiliares fueran equipados con su armamento nacional. En ocasiones, incluso fueron reclutados por el valor en el manejo de una determinada arma. Paulatinamente, estas unidades se fueron homologando a las legiones y terminó incluso por haber unidades auxiliares de ciudadanos romanos como el ala II Flavia Hispanorum Civium Romanorum.

La historia de esta unidad no es excepcional y por ello puede servir para ilustrar la evolución de otras muchas. Por una parte, parece probable que recibieran sus componentes el derecho de ciudadanía en recompensa  de algún importante servicio prestado. El epíteto Flavia alude al momento de su reclutamiento.

Desconocemos donde estuvo estacionada inicialmente, aunque a finales del siglo I y comienzos del segundo se encontraba en Hispania. Fue trasladada a Lambaesis, África, para reforzar la defensa en años de inestabilidad, 145-152. Vuelve a estar documentada en Hispania al menos desde la época de Cómodo. Su campamento de Hispania, en Rosinos de Vidriales, ocupando parte del antiguo campamento de la Legio X Gemina.

Como sucedió a esa unidad, no era nada extraño que cambiaran de emplazamiento y, por lo mismo, pasaran a depender de la autoridad del legado legionario más próximo. La mayor parte de las mismas estaban asentadas en pequeños campamentos, castella, a lo largo de la frontera romana y generalmente formando la primera línea de choque delante de las legiones.

Cada unidad auxiliar estaba constituida, igual que las cohortes legionarias, por quinientos miembros y hubo algunas que llegaron a tener mil, miliarias; ello no modificaba el rango de su jefe, un prefecto de orden ecuestre. Desde el siglo II d. C. se llegó incluso a reclutar bárbaros como tropas auxiliares. Estas, llamadas numeri, tenían una organización y un número de componentes muy variados. Así Trajano se sirvió de numeri de la ciudad de Palmira para eliminar el bandolerismo que amenazaba la nueva vía del desierto arábigo.

Después de la dura lucha contra la piratería llevada a cabo por Roma en el último siglo de la República, el Mediterráneo circundado por territorio romano, encontró un largo período de tranquilidad. Sólo Sexto, el hijo de Pompeyo, controlando una parte de la flota había roto esa tranquilidad en un corto intervalo a fines de la República. De ahí que la armada tuviera asignada una función secundaria en el modelo defensivo de Roma. Con fines disuasivos, se mantuvo una armada romana en al Mediterráneo con puertos en Rávena y en Misena y con destacamentos menores en Selencia, Gades, Alejandría y Cartago. Eran mandadas por un prefecto de rango ecuestre y los marinos se reclutaban entre los esclavos y libertos. El mar Negro disponía de otra pequeña flota, así como el estrecho de Calais.

Las flotillas fluviales que surcaban el Rhin y el Danubio tenían un carácter diferente. Eran una parte del dispositivo defensivo de las fronteras y dependían de las legiones. Los componentes de las mismas eran soldados legionarios. Además de vigilancia de los pueblos exteriores, estas flotillas protegían a los comerciantes así como a los abastecedores del ejército.

El pago del ejército romano sigue aún siendo objeto de nuevas investigaciones, a pesar de los brillantes resultados obtenidos por Von Premerstein, Brunt, Watson y otros autores. Así, se va comprobando que las cantidades asignadas a un soldado no las recibía éste en su totalidad ya que se le descontaban, al menos, los gastos de alimentación, calzado y vestido. Se llevaba una contabilidad individualizada sobre los haberes de cada soldado.Cada campamento militar disponía de un territorio, continuo como ha demostrado Vittinghoff, conocido como prados, prata, que contribuía a su mantenimiento, pero que generalmente no cubría todas las necesidades de las tropas. La administración fiscal del emperador se responsabilizaba de suplir lo restante. De ahí que cada unidad militar dispusiera de un equipo de contables (horrearius, librarius, notarius, actor y otros) que se mantenían con estrechas relaciones con el fisco.

El sueldo regular de un soldado, stipendium, se incrementó considerablemente durante el Alto Imperio. He aquí un cuadro clásico sobre percepciones anuales dadas en denarios, tal como lo trazó L. Homo:

  Tipos de soldados           Augusto        Domiciano       Cómodo       S. Severo       Caracalla                           -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

  Pretoriano                                        500                       1.000                    1.250                  1.700                   2.500                            Cohortes urbanas                          250                           500                        625                      850                    1.250                          Legionarios                                      150                           300                        375                      500                       750                          Auxiliares                                           75                                                                                                                                                                              -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Aunque debe tenerse en cuenta la pérdida de poder adquisitivo del denario, ante todo a partir de  los Severos, las cifras reflejan una clara tendencia a mejorar los ingresos regulares de los soldados. Indican, por otra parte, que siempre se tuvo presente la consideración sobre los diversos cuerpos.

Por otra parte, los emperadores concedían pagas extraordinarias, donativa, a los soldados. Sólo Augusto hizo un donativo de 2.500 denarios a cada soldado en el año 43 a.C. Desde Tiberio, estos donativos extraordinarios comenzaron a ser regulares. En su asignación, se tenía igualmente presente el rango del soldado; así, en un donativo de Tiberio, se asignaron 250 denarios a los pretorianos, 125 a las cohortes urbanas, y 75 a los legionarios.

Con ocasión de alguna brillante campaña, las unidades militares que hubieran participado en la misma podían recibir recompensas económicas así como condecoraciones (coronas cívicas, torques, pulseras...).

Antes de Septimio Severo, estaba prohibido a los soldados organizarse en asociaciones. A su licenciamiento, el emperador se responsabilizaba de concederles tierras o dinero para que reorganizaran su nueva vida civil. Desde los Severos, los soldados podían formar asociaciones destinadas prioritariamente a servirse del ahorro de fondos personales que se percibían al ser licenciado. En esa época, el Estado ya disponía de menos tierras para repartir y comenzó una práctica consistente en emplear a muchos veteranos como funcionarios de la administración civil.

El ejército fue para muchos el único medio seguro de promoción social. Un ciudadano pobre que entrara a servir en una legión podía por sus méritos ascender a centurión; éstos a su vez estaban escalonados según sirvieran en la última o primera cohorte. Cada ascenso en la escala militar llevaba consigo una elevación del sueldo regular y de las pagas extraordinarias, donativa. Así, bajo Augusto, el sueldo regular de un centurión era de 2.500 denarios, el de un prefecto de cohorte de 10.000 denarios, el de un tribuno ecuestre de 12.500 denarios y de 20.000 si el tribuno era de rango senatorial.  

Las noticias sobre percepciones de un legado de legión dan cifras que oscilan entre los 75.000 y los 250.000 denarios. Si bien un simple soldado sólo podía aspirar a ser centurión, ello significaba una importante promoción y doblemente desde la época de los Severos.                                                              

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