Red Española de Historia y Arqueología
Nacimiento de Jesús en los textos apócrifos
Algunos textos de origen gnóstico que hablan de la infancia del Mesías el escenario en que Jesús vine al mundo da la casualidad de que se parece mucho al de la versión parisina de “La virgen de las rocas”. Una posibilidad nada desdeñable si tenemos en cuenta algunos de los textos apócrifos de la infancia de Jesús que sitúan su nacimiento en una caverna, puesto que los dolores del parto sorprenden a María y a su esposo José de camino a Belén para ser censados. Un decorado ligeramente distinto al popular establo que todos tenemos en mente. Así se lee en el Evangelio del Pseudo Mateo donde dice:
Dichas estas palabras, el ángel hizo parar la bestia, por cuanto se acercaba el instante del alumbramiento, y dijo a María que se apease, y que entrase en una gruta subterránea en la que no había luz alguna, porque la claridad del día no penetraba nunca allí. Pero, al entrar María, toda la gruta se iluminó y resplandeció, como si el sol la hubiera invadido, y fuese la hora sexta del día, y, mientras María estuvo en la caverna, ésta permaneció iluminada, día y noche, por aquel resplandor divino.
Y el evangelio Armenio de la infancia sigue relatando los acontecimientos:
José condujo a ella a María. La introdujo en el interior, y colocó cerca de la Virgen a su hijo José, en el umbral de la entrada. Y él salió, para ir en busca de una partera.
La Virgen engendra al Salvador en la entrada de la cueva con el hijo de José a su lado. José había ido a buscar una partera y ello explicaría su ausencia en el cuadro. Incluso en la continuación del texto se menciona la presencia de un ángel en la cueva cuando el cabeza de familia regresa con dos parteras. Por su parte, la presencia de dos niños, uno de padre mortal y el otro de ascendencia divina, vuelve a conectarnos al mito de Leda cuyos hijos tienen una filiación semejante.
Otros artistas también han situado los primeros acontecimientos de la vida de Jesús precisamente en lugares abruptos que recuerdan a cavernas. Es el caso de Filippo Lippi en su Natividad o Mantegna en La adoración de los Magos.
Es indiscutible que la fuente en la que sustenta Leonardo la idea de su obra es de origen apócrifo, pero… ¿qué escena en concreto: la del viaje a Egipto o la de su nacimiento? La versión más aceptada como ya indicamos es que el cuadro es reflejo del viaje a Egipto. Sin embargo, con los nuevos datos que tenemos en mano, ¿alguien se atreve a descartar por completo la opción de la Natividad del Salvador?
Si la primera intención del florentino consistiera en mostrar en su obra una venida al mundo de Jesús un tanto heterodoxa, haciéndose receptor del “rumor” que le atribuía un gemelo, se encontraría en una situación un tanto comprometida. ¿Qué decir? Para ello, Leonardo, contaba con un salvoconducto: identificar la escena con la versión apócrifa de la huida de la Sagrada Familia a Egipto y el “inocente” encuentro entre el Mesías y su precursor.
Que un adepto de credos heterodoxos como De Conti realice esta asociación es un buen argumento para descartar por completo la posibilidad de que estas creencias heréticas asentaran alguna vez sus raíces en la existencia de un gemelo real de Jesús. La razón de su aparición, creación, invención… llámesele como se quiera, tendría más bien un fin similar al que buscaban los poetas griegos y latinos al transmitir las epopeyas de sus dioses, ¿pero cuál?
Los mitos clásicos en absoluto pretendían ser el reflejo de hechos históricos, sino ser el receptáculo de valiosas enseñanzas filosóficas, también morales, acordes al tiempo en que se crearon. La leyenda griega de los amores de Zeus y Leda era un ejemplo de ello. Ésta era interpretada por los platónicos como una alegoría de la influencia, de la manifestación, del espíritu divino en el mundo terrenal. Interpretación que profundiza en las interconexiones de la existencia divina y humana.
El huevo era la representación del origen primigenio y de la totalidad contenida en la unidad. Dios como origen de todo lo creado. Ya en el antiguo Egipto era símbolo del Universo como “el huevo concebido en la hora del Gran Uno con la fuerza doble”. Posteriormente esta creencia fue secundada por la mitología griega en leyendas como el nacimiento del huevo cósmico del dios Fanes.
El propio Leonardo para la producción escénica de un espectáculo teatral que iba a conmemorar las nupcias entre el duque Gian Galeazzo e Isabel de Aragón titulada Il Paradiso, piensa en la forma ovoide para representar el universo.
“Il Paradiso” tenía la forma de un huevo partido en dos, en cuyo interior, (…) había muchas luces, tantas como estrellas, así como una serie de hornacinas en las que se encontraban los siete planetas, ordenados de acuerdo con su categoría. En torno a la parte superior de este hemisferio se hallaban los doce signos, (…).
Estas constantes referencias a lo Uno y a la Dualidad (“la fuerza doble”, “partido en dos”, etc.) nos recuerdan la composición triangular con la que el filósofo griego Pitágoras concebía el Universo: la Tetraktys (que volveremos mencionar más adelante). Consiste ésta en diez puntos ordenados en forma de triángulo equilátero en cuyo vértice superior se sitúa la Unidad. Bajo ésta se desciende sucesivamente en filas de dos y tres puntos y la base con cuatro (símbolo de lo terrenal y de la materia). Así se entiende que si lo Uno, la divinidad se manifiesta en capas inferiores debe hacerlo en primer lugar mediante la Dualidad, ¿mediante gemelos? ¿Es ésta la enseñanza filosófica que hay que extraer de mitos como el de Leda y el cisne?
Por su parte, las menciones que se hacen en los textos cristianos apócrifos a los gemelos son muy escasas, pero parecen seguir los dogmas filosóficos griegos y precedentes.
En los Hechos de Tomás, en una invocación al Espíritu Santo, se proclama:
«Ven Espíritu Santo... Paloma Santa que llevas los jóvenes gemelos. Ven, Madre Oculta...»
El protagonista de la frase es el Espíritu Santo aunque se lo caracteriza de una forma poco convencional. Se le identifica como figura femenina (bajo el símbolo de la paloma, que también comparte con la virgen María) y a mayores como una Madre que parece “cuidar” a unos jóvenes gemelos.
Un paso más allá en esta personificación lo encontramos en un escueto comentario del Padre de la Iglesia, Orígenes, al Evangelio de Juan que instruye de la siguiente forma:
“Y si alguien acepta el Evangelio de los Hebreos,[1] donde el Salvador en persona dice: Poco ha me tomó mi madre, el Espíritu Santo, por uno de mis cabellos y me llevó al monte sublime del Tabor, se quedará perplejo al considerar cómo puede ser madre de Cristo el Espíritu Santo, engendrado por el Verbo. Pero tampoco esto le es a éste difícil de explicar”
Si en la anterior cita el Espíritu Santo era visto como Madre y se le asocia a gemelos, Orígenes lo presenta ahora directamente como madre de Cristo. ¿El Espíritu Santo es la madre de Jesús? ¡Vaya galimatías!
Lo que se quiere expresar en estos textos apócrifos es en cierta medida lo mismo que en las ideas filosóficas. El Verbo, la voluntad o deseo del Padre (la Unidad) se materializa en un plano inferior, terrenal, contando con la participación del Espíritu Santo, que es el vínculo, la conexión, entre los dos planos. Al descender del plano de la Unidad surge necesariamente la Dualidad.
Así, en el cristianismo, Dios Padre se vale de figuras aladas como el arcángel Gabriel (semejante a un Mercurio, mensajero de los dioses) y la paloma, esto es, la virgen María, (y por lo que parece también el Espíritu Santo) para formar un “tándem” en el momento de la Anunciación y dar origen al nacimiento de Jesús.
En el mito de Leda las cosas suceden de forma similar. Zeus adopta la forma de cisne (figura alada) para mantener relaciones con una mortal, fruto de lo cual engendra dos huevos de los que salen gemelos.
En ambos mitos el “producto” de la acción divina son, por un lado, los gemelos y por otro Jesús. Y aunque pueda parecer contradictorio son resultados equivalentes, es decir, la sola figura de Jesús es equiparable por sí misma a la dualidad de los gemelos.
Una noción religiosa difícil de explicar, sin duda, y que para captarlo en toda su extensión se debería abordar la figura de Jesús no tanto en su condición de hombre, sino, de forma simbólica, en las dos naturalezas del nazareno: una divina y otra humana (Jesucristo, Dios y hombre verdadero, reza una plegaria cristiana), como se desprende, entre otros, del Evangelio apócrifo de Felipe.
Como dicen que una imagen vale más que mil palabras es el momento de contemplar el posible origen de las leyendas de mellizos y de ver con nuestros propios ojos lo que podría ser un antecedente de La Virgen de las rocas de más de tres mil años de antigüedad.
Para ello desvelaremos el primero de los SECRETOS EGIPCIOS DE JESÚS oculto por el paso del tiempo en los colosales monumentos del valle del Nilo. El gran secreto era que el hijo de los dioses, el mediador entre el cielo y la tierra, siempre nacía gemelo (con independencia de que los mitos, a través de metáforas, lo recogiesen o no). Ese “hijo de los dioses” era el faraón, el rey de los egipcios, y su venida al mundo tenía lugar invariablemente en compañía de su gemelo-compañero, el ka. ¿No se tenía al nazareno por “hijo de dios” y rey de los judíos? Jesús no podía por tanto ser menos y debía contar con su “doble espiritual”.
Concepto del ka
Igual que en nuestras creencias religiosas actuales, en las que superponemos a nuestro cuerpo material una dimensión espiritual, también los antiguos egipcios consideraban que el hombre estaba compuesto por varios elementos además de lo físico.
En este convencimiento sin embargo nos superaban de largo ya que en su caso esta división posee un número de formas mucho mayor que nuestra tradicional separación entre el cuerpo material y el alma. Es por ello que estas nociones resultan tan difíciles de definir hoy en día al no encontrar los egiptólogos una figura equivalente para esos términos metafísicos.
Para los egipcios, aparte del cuerpo físico ja, cada ser humano poseía además un alma ba, doble ka, una forma sejem, sombra jaibit, inteligencia ju, corazón o mente ib, nombre ren, etc. A lo largo de tres mil años de religión egipcia estos conceptos fueron variando, adquiriendo o perdiendo protagonismo o cualidades según las preferencias religiosas dominantes en cada momento.
Uno de los elementos más transcendentales para alcanzar la tan deseada vida eterna era el ka. El ka se puede definir como la “fuerza vital”, el elemento espiritual que nace con el individuo y cuya existencia resultaba imprescindible para “resucitar” al Más Allá.
Una característica del ka es que necesita ser alimentado, con lo que era una práctica habitual que los familiares del difunto consagraran comida como ofrendas para que el ka pudiera subsistir extrayendo la energía de las mismas. El ka también necesitaba, tras la muerte, elementos materiales que reconocer, que le resultaran familiares, especialmente el cuerpo, por ello se momificaba o se esculpían estatuas que lo representaran. El signo jeroglífico que simboliza el ka está formado por dos brazos alzados simétricos formando un gesto semejante a una alabanza o plegaria.
Pero lo que realmente sorprende del ka, y es base de nuestra hipótesis, es la forma en que era mostrado en las salas dedicadas a dejar constancia del nacimiento del faraón: las llamadas “salas del nacimiento” o en los mammisi (edificios más que salas). Y es que el ka era creado por el dios Jnum en su torno de alfarero en el momento de la concepción del infante y consistía en la imagen de un “doble o compañero” del recién nacido. Idéntico físicamente.
La posibilidad es fascinante ya que no sólo son las representaciones de niños “gemelos” más antiguas que se conocen sino que además las imágenes sintetizan perfectamente la realidad compleja del cómo se crean los planos físico y espiritual del ser humano ¿Surge antes la “fuerza vital” y después el soporte físico o se materializa primero el cuerpo y después con el tiempo se adquiere el ka? La respuesta: los modela el dios Jnum al mismo tiempo y bajo figuras idénticas.
Soluciones tan imaginativas y a la vez tan tangibles como ésta quizá sólo podrían darse en una cultura acostumbrada por su particular escritura a trasladar todo tipo de ideas, ya sean concretas o abstractas, a un lenguaje jeroglífico.
Al antiguo egipcio no le supondría ningún esfuerzo ver esculpido al pequeño faraón y a una especie de clon suyo a su lado e interpretar que contemplaba a una única persona.
Sin embargo tratar de acomodar el original concepto del ka a otro escenario cultural-religioso resultaría un verdadero juego de malabares y puede que no fuese entendido de la misma forma. La imagen doble creada por el dios Jnum fácilmente se confundiría con un nacimiento de hermanos gemelos, siendo un efecto no deseado en religiones que esperasen al primogénito único del dios en la tierra. La existencia de dos ocupantes para este puesto sería complicarlo todo demasiado.
¿Se explicaría así que la Iglesia cristiana en sus orígenes haya optado por descartar esta idea y que sólo se mencione de forma residual en corrientes apócrifas? Desde este punto de vista resulta fácil hacernos una idea del por qué el mito del gemelo de Jesús no llegó a buen puerto.
Ahora sabemos que el rey egipcio no tenía un hermano gemelo físico pero sí nacía con un doble idéntico a él. ¿Debemos darle la misma respuesta al dilema de Jesús? Parece sin duda una posibilidad fundada.
Teogamia real egipcia
El documento físico más antiguo que poseemos de la Teogamia es el del nacimiento de los tres primeros reyes de la dinastía V, descritos en el Papiro Westcar, aunque los que se toman normalmente como modelos son los bajorrelieves que se esculpieron en tres templos de la XVIII dinastía: el de Hatshepsut en Deir el Bahari que es el más completo, el de Amenofis III en Luxor y el de Muy en Karnak.
Se puede resumir brevemente la sucesión de los acontecimientos de la Teogamia en las “salas del nacimiento” en los siguientes puntos:
- En una primera intervención el dios Amón anuncia su propósito de ser el padre del nuevo rey. Para ello envía a Thot, dios del conocimiento, a buscar entre los seres humanos una mujer adecuada para ser la madre de su hijo y futuro rey que ha de ser procreado.
- Amón toma la forma del rey y se une a la reina e impone el nombre del niño.
- Jnum, el dios creador con cabeza de carnero, da forma al niño y a su ka en su torno de alfarero.
- La reina da a luz rodeada de dioses que alejan a malos espíritus y es asistida, en especial, por Isis y Neftis, diosas del parto.
- Amón toma al niño en sus brazos, lo abraza y lo bendice.
- El niño real es amamantado por distintas diosas, tanto con forma humana, como bajo la apariencia del animal sagrado: la vaca.
- Posteriormente será circuncidado y presentado a distintos dioses quienes reconocían la divinidad del recién nacido.
El objetivo fundamental de la Teogamia era dar legitimación al monarca en aquellos casos en que los méritos del nuevo aspirante al trono egipcio no contaban con todas las garantías esperadas, se producía en circunstancias inhabituales o simplemente surgía un deseo de recalcarlos. La razón es que en el antiguo Egipto cuando un faraón moría alcanzaba la inmortalidad y se convertía en un dios, en Osiris, el legendario primer rey de Egipto. Su heredero conseguía la legitimidad para reinar como hijo del dios (su padre muerto) en una revisión cíclica del mito de Osiris y su hijo Horus que reina tras su muerte. Es decir, la legitimación se trasmitía por filiación. Pero cuando algo fallaba y el nuevo aspirante no podía alegar ser descendiente del dios anterior, ¿qué mejor que echar mano de la Teogamia? Gracias a ello se conseguía que nadie pusiera en duda la ascendencia divina del nuevo rey ya que, independientemente de si su predecesor había reinado o no, aquel no era hijo de un mortal sino del mismo dios Amón.
Esta concepción divina diferente a la del resto de los mortales se hizo muy popular entre los monarcas y grandes mandatarios no sólo en Egipto sino también en otras culturas.
La Teogamia cristiana
Es difícil no apreciar, por ejemplo, las semejanzas existentes entre el envío de Thot por parte de Amón en busca de la que ha de ser la madre de su hijo, el futuro ocupante del trono de Egipto, al cual impone de paso el nombre, con el pasaje de Lucas:
En el sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón, de nombre José, de la casa de David; la virgen se llamaba María. Entrando el ángel donde ella estaba, dijo: ¡Salve, llena de gracia, el Señor es contigo¡ Ella se turbó por estas palabras, y pensaba qué podría significar este saludo. El ángel le dijo: No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios, y vas a concebir en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob para siempre, y su reinado no tendrá fin.[2]
A dar la bienvenida al futuro rey egipcio acudían una gran cantidad de dioses para bendecirlo y protegerlo de posibles amenazas contra su vida. Quizá por eso no nos sorprenda tanto la adoración que le profesan pastores y los magos. Curiosamente, estos últimos lo que pretendían era dar la bendición también a un rey, el que podría ser el sucesor de Herodes el Grande: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?[3] Incluso gráficamente los relieves de las diosas egipcias amamantando al faraón podrían explicar, que pasados los siglos, existan tallas y cuadros de la Virgen dando de mamar a Jesús.
Posteriormente en los distintos textos gnósticos se hace referencia que Jesús es amamantado, circuncidado y presentado en el templo (presentado a Dios). Como hemos visto anteriormente todas estas escenas son compartidas por el faraón en el proceso de su nacimiento.
Parece por tanto que el modo en que nace el Mesías no es un hecho tan inusual tal como lo presentan los autores evangélicos. Unos 1500 años antes de la aparición del cristianismo ya había constancia gráfica de mujeres que tienen descendencia sin intervención masculina.
La Teogamia en Augusto y Alejandro Magno
También relatos de nacimientos de los que no se duda su historicidad están tentados a adornarse con insinuaciones de intervenciones divinas. Así sucede con el emperador romano Augusto.
La divinización de los hombres de Estado romanos no era común durante la República, pero a partir de Julio Cesar las cosas cambiaron. La acumulación de poder cada vez mayor a partir de la etapa del Principado y la equiparación con el trato dado al monarca en nuevas incorporaciones territoriales por el imperio pudieron influir en ello. No hay que olvidar tampoco que con Augusto Egipto pasa a considerarse una provincia más al servicio de Roma.
La biografía del sucesor de Julio Cesar está trufada de hitos prodigiosos que nos ponen sobre aviso de la intención de confeccionar una narración vital orientada a darle ese carácter divino del que ya gozaba su predecesor en el cargo. Especialmente los hechos que componían su nacimiento eran los más apropiados para hacer propaganda del carácter sobrehumano el emperador. Su ascendencia divina se sugiere por ejemplo en Suetonio: Leo en Asclepiades Mendetos, en sus tratados “Sobre lo divino”, que Acia, la madre de Augusto, había acudido a medianoche al templo de Apolo para un sacrificio solemne, quedando dormida en la litera mientras se iban las otras mujeres; dice aún que se deslizó a su lado una serpiente, retirándose poco después; que al despertar, se purificó como si hubiese salido de los brazos de su esposo, y que desde aquel momento le quedó siempre en el cuerpo la imagen de una serpiente, imagen que nunca pudo borrar, por lo cual no quiso mostrarse nunca en los baños públicos; Augusto nació diez meses después, y por esta razón pasó por hijo de Apolo.
Recuerda mucho el estilo de las fábulas clásicas del encuentro de la mortal y el ser supremo. La dama que entra en un contacto inesperado con el dios, del que tiene lugar un alumbramiento del niño sobrehumano.
La fábula especialmente recordada en Roma era el nacimiento de Rómulo y Remo. Una descendiente de Eneas, Rea Silvia, fue obligada a convertirse en una Virgen Vestal. El dios Marte la secuestró y violó en un bosque. Del encuentro nacieron los futuros fundadores romanos Rómulo y Remo. Este nacimiento era contrario a los intereses de Amulio, tío de Silvia y rey del Alba Longa, que cuando se enteró de lo ocurrido ordenó enterrarla viva y matar a los gemelos (evoca a otras órdenes infanticidas como la del rey Herodes o la que puso en peligro la vida del joven Moisés).
De la insinuación hecha por Asclepiades Mendetos y que recoge Suetonio sobre una concepción sagrada y mística se desprende la intención evidente de igualar el nacimiento de Augusto al sobrenatural de los héroes que se relataban en los textos clásicos. No hay que olvidar que en muchos casos los historiadores romanos que las elaboran están bajo el protectorado del propio endiosado o el de su familia y sucesores.
Otro tanto podemos decir de algunas versiones acerca del nacimiento del gran Alejandro Magno. Ésta se produjo cuando el mismo Zeus durmió con Olimpia bajo la forma de serpiente. Plutarco cuenta incluso que Olimpia vio un fuego en su noche de bodas y que Filipo vio en sueños que en el cuerpo de su mujer quedaba grabada la figura de un león.
Tanto Julio Cesar como Augusto admiraban profundamente a Alejandro Magno. Su obsesión por imitarlo en todo fue también un poderoso acicate para encumbrarse a los altares.
Rómulo y Remo y el faraón y su ka
Esto explica que se entienda especialmente bien la fábula del fratricidio de Rómulo bajo el prisma del ka. Y es que los héroes gemelos pueden ser complementarios pero siempre existe alguna incompatibilidad que los va a distanciar (empezando por el hecho de que uno solía ser inmortal y el otro mortal). El desenlace que suele repetirse es que uno de los dos muere irremisiblemente consiguiendo de esta forma el oponente derecho a reinar en la tierra.
En Egipto el ka podría estar simplificándole al futuro rey de Egipto este trance puesto que el faraón nunca nacería solo sino que lo haría gemelo con su ka. Pero este no pertenece al plano real en el que reina el faraón sino a una esfera espiritual, al “Más Allá”. Ambos debían por tanto separarse, lo que equivale en el mito de los gemelos con su separación a través del momento trágico de la muerte de uno de ellos.
Las dos ideas parecen reflejar los distintos planos del ser humano, uno real y el otro espiritual. En el caso de los gemelos divinos esta dualidad se representa a través de dos personas, dos gemelos o hermanos; uno de ellos abandona el plano real fruto del fratricidio dando a su ejecutor la legitimidad para reinar.
En el caso del ka egipcio esta dualidad personal del ser humano es más evidente desde el principio. No es presentado como un ente real sino espiritual, es la parte del faraón que está en contacto con el Más Allá. Nacen juntos, uno reina en la tierra y el otro en el cielo, y en el momento de la muerte volverán a encontrarse para alcanzar así la vida eterna, la inmortalidad.
Un mammisi en suelo romano. El Ara Pacis.
La imagen más repetida de los gemelos fundadores de Roma, es la de los dos siendo amamantados por la loba Luperca (especialmente famosa es la loba capitolina). En esta acción es como aparecen también en uno de los relieves frontales de un monumento típicamente romano, el Ara Pacis de Augusto. En él, Rómulo y Remo, alimentados por la loba en presencia de Fáustulo, pastor que los recoge y educa, a la derecha, y del dios Marte, que los había engendrado, a la izquierda. En el centro, debajo de una higuera en una especie de cueva, se encuentran los gemelos y el animal sagrado.
Pues bien, esta composición recuerda mucho a escenas de las “salas del nacimiento” egipcias en las que el faraón y su ka también son amamantados, en este caso por el animal sagrado de Hathor, la vaca. Incluso gestos del animal romano tan discretos como el giro de su cabeza volviéndose hacia los pequeños se repite en algunos bajorrelieves egipcios. En otros el joven faraón y su ka están en medio de la presencia del Dios Amón, su padre, y del Dios Thot, el dios de la sabiduría, que les dan la bendición en una distribución similar a la que forman Marte y Fáustulo en Roma.
El Ara Pacis no pretendió ser sin embargo una “sala del nacimiento” al estilo egipcio. Es un monumento construido en el Campo de Marte entre el 13 y el 9 a.C. por decisión del Senado y cuyo cometido era conmemorar el regreso triunfal del emperador Augusto de sus campañas en Hispania y Galia. Lo que se sabe de él, por tanto, es que estaba dedicado a la paz que Augusto había fomentado con sus victorias militares.
Independientemente de este deseo inicial, de la temática desarrollada en sus relieves se pueden sacar nuevos programas propagandísticos: la ascendencia divina de la familia Julia, a la que Augusto pertenecía, y el nacimiento del propio emperador.
La ascendencia divina de Augusto se pone de manifiesto al concentrarse en los paneles del Ara Pacis escenas del héroe troyano Eneas (hijo de Venus) y de su hijo Iulo-Ascanio, el antecesor de la Gens Iulia, con los relieves laterales del Ara en los que se veía a Augusto acompañado de toda su familia. El pasado y el presente de un linaje emparentado con los dioses.
A este puede sumarse un nuevo tema: la conmemoración del nacimiento de Augusto. En puridad, los relieves de Rómulo y Remo y el de Eneas ya están haciendo referencia a un nacimiento: el nacimiento de Roma, es decir la fundación de la ciudad imperial. Pero aparte de ésta hay otras razones de peso para considerar al Ara como monumento dedicado al natalicio del emperador Augusto. Debemos fijarnos en primer lugar en que su emplazamiento originario no era casual. Estaba situado en una posición estratégica, en una gran explanada del Campo de Marte, perfectamente orientado hacia un enorme obelisco formando parte del llamado Horologium Augusti. Este enorme reloj de sol estaba compuesto por el imponente obelisco egipcio llevado a Roma por Augusto desde Heliópolis (fue construido por el faraón Psamético II) y una plaza a sus pies en la que aquel proyectaba su sombra, pudiendo leer con ello el paso de las horas, el día del mes, las estaciones, etc.
¿Cuál era esta posición del Ara tan cuidadosamente estudiada? Cada año el obelisco proyectaba su sombra a las puertas del Ara Pacis coincidiendo con una fecha muy especial: el 23 de septiembre, el día del nacimiento de Augusto. No cabe duda que el altar fue construido y situado concienzudamente con una motivación muy concreta: conseguir que este fenómeno fuese posible.
La identificación del Ara Pacis como construcción adecuada para conmemorar el nacimiento de la máxima autoridad del Imperio romano no acaba ahí. Por increíble que parezca la “dedicatio” de este monumento se realizó curiosamente un 30 de enero del año 9 a.C., y el 30 de enero era la fecha de nacimiento de Livia Drusila, la esposa de Agusto. La relación del Ara con los natalicios es asombrosa.
Juntando la idea de la ascendencia divina de la gens Iulia y de que este monumento parece tener una clara conexión con las fechas de nacimiento tanto del Príncipe como de Drusila, podemos decir que éste está realizando, intencionadamente o no, la misma función que una “sala de nacimiento” egipcia: celebrar el nacimiento y la ascendencia divina del faraón. Curioso, ¿verdad?
Junto con el Ara Pacis y el Horologium, a unos metros, se encontraba el Mausoleo de Augusto, el cual, según se piensa, estaba inspirado en la tumba de un faraón de Egipto: Alejandro Magno. Sin duda estos dos monumentos, el Mausoleo y el Ara, parecen ser contrapuntos el uno del otro. El Mausoleo como recuerdo de su muerte y el Ara Pacis conmemorando su nacimiento.
Representa una diosa sentada en un rústico trono de rocas con dos pequeños en sus rodillas. Se la identificó desde un principio como Tellus la diosa que personificaba la Terra Mater en la mitología romana equivalente de Gea para los griegos, aunque su verdadera identidad sigue siendo discutida. Su porte majestuoso y su actitud reposada, distendida, la equiparan a Venus, la Aeneadum genetrix romana. Está rodeada de los dos niños, frutos, flores y animales. Dos ninfas nimbadas por suaves velos, una de ellas a caballo de un animal marino (como personificación del mar) y otra de un cisne (como surgida de los ríos y las fuentes) la flanquean como las alas de un tríptico. Tampoco la identidad de las ninfas y de los infantes está clara. ¿Podrían ser estos pequeños los gemelos fundadores de Roma (ya que también aparecen en el otro relieve)?
El relieve de Tellus ha sido interpretado como alegoría de los elementos agua, tierra y aire.
No sería algo excepcional. Algunos expertos afirman que los gestos de los pequeños que aparecen en versiones de Leda y el cisne de Leonardo fueron tomados de un grupo escultórico clásico, el Nilo, descubierto en Roma en el año 1512.
Lo cierto es que la mirada de la diosa que se dirige a uno de los dos niños y su mano sobre la espalda del de la izquierda protegiéndolo, recuerdan mucho a la Virgen leonardina.
¿Y qué decir de los niños? Su colocación y movimientos encuentran también su correspondencia en la obra de Milán. A la diestra de la joven está sentado de perfil el pequeño que levanta su brazo derecho ofreciéndole una fruta a ésta. Jesús en la pintura de Leonardo también levanta su brazo aunque con intenciones distintas. Al otro lado de Tellus, el segundo niño intenta captar su atención. Llega a ponerse para ello en una posición semejante a la genuflexión que realiza Juan el Bautista. ¿Condicionaron de alguna forma estas figuras de mármol las pinceladas de artista florentino?
Las dos ninfas a cada lado de la diosa representan conceptos opuestos (los cielos y las profundidades). No se sabe con certeza sus identidades pero sería sugerente, ya que hablamos de gemelos, que se trataran de Leda y Clito, ambas seducidas por dioses (por Zeus dios del cielo una y por su hermano, Poseidón dios de los mares, la otra) y ambas también madres de varias parejas de gemelos, los Dioscuros y los Atlantes.
Todos estos personajes, el sosiego y la ternura que desprende la composición romana sin duda parecen haber encontrado una digna continuación, un renacimiento, en la obra de Leonardo.
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Muchas gracias por los comentarios. Creo que estudios como el de Llogari Pujol (aunque se pueda no estar de acuerdo con todas sus conclusiones) son, en mi opinión, tanto necesarios como de sentido común. Estudiar las religiones (también la filosofía, el arte y demás manifestaciones humanas) de una manera completamente estanca, creo es un error.
Saludos
Comentario por Paco Aceitero Sac el mayo 2, 2012 a las 9:47pm Es verdaderamente interesante. Y lo es, además, por el detalle de citar un trabajo como el del ex-jesuita Llogari Pujol y su mujer MªBriggitte Carcenac que merece todos los respetos como trabajo de investigación sobre la Teogonía de los dioses en Egipto para entender la figura de Jesus.
Excelente artículo.
Comentario por Georgeos Díaz-Montexano el abril 28, 2012 a las 1:05am Le felicito, Sr. Villa (y sin ninguna mala envidia) por la enorme suerte que tiene de que a usted no le denieguen la posibilidad de publicar en su propio Blog sobre esoterismo y simbología oculta en las obras de Leonardo Da Vinci, entre otros asuntos relacionados. Tiene usted mucha suerte de que sus investigaciones no sean consideradas (como lo han sido las mías sobre la Atlántida y Tartessos) material que daña la buena imagen y seriedad científica de la REHA. Le felicito y le animo a seguir aprovechando ese buen status de privilegio, que desgraciadamente otros no tenemos.
Saludos cordiales,
Georgeos

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© 2013 Creado por Aníbal Clemente Cristóbal.
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