Red Española de Historia y Arqueología
Entre descubridores y saqueadores
Escribe: ADEL HURTADO VERA* | Cultural
Machu Picchu es uno de los más famosos monumentos arqueológicos en el mundo. Sumergido en un silencio sagrado que el tiempo no puede apagar, atestigua lo que un día fue el poderío del Imperio de los Incas. Como auténtico tesoro de piedra –inmerso en el valle de los Incas- concentra la mitología andina, la realidad y la leyenda.
En Machu Picchu, el ser humano se convierte en un ente de los dioses; se siente transportado a un lugar mágico donde la naturaleza y el tiempo no han perdido su misterio.
MACHU PICCHU EN LA HISTORIA
Machu Picchu fue una región colonizada por etnias originarias asentadas en el Cusco, que trataron de expandir sus fronteras agrarias. Ann Kendall (1994) en el “Proyecto Arqueológico Cusichaca. Cusco”, describe que en esta región se practica la agricultura desde 760 años antes de nuestra era. Esta población posiblemente perteneció a la etnia Tampu del Urubamba. Podrían haber formado parte de la federación Ayarmaca, guerreros antagonistas de los Incas antes de la llegada de Pachacútec.
Martín de Murúa y Miguel Cabello Valvoa -en sus crónicas del siglo XVI- relatan que la quebrada de Picchu fue conquistada por Pachacútec, primer Emperador del Tahuantinsuyo, con el fin de edificar un complejo urbano, teniendo como fondo escénico la montaña de Huayna Picchu.
Machu Picchu fue construida en la mayor dificultad topográfica entre los años 1400-1500 durante el reynado del Inca Pachacútec. En esta joya arquitectónica y arqueológica observamos que el trabajo del hombre y su relación con la naturaleza es el resultado de la cosmovisión andina. Los conquistadores españoles nunca encontraron esta ciudadela colgada sobre el cañón del Urubamba.
HIRAM BINGHAM. UN DESCUBRIDOR TARDÍO
Son múltiples los estudios que se han hecho sobre quién o quiénes fueron los descubridores de Machu Picchu, e innumerables las referencias sobre cómo se mostró al mundo esta majestuosa construcción incaica.
Han tenido que pasar casi 100 años para revisar crónicas, reinterpretar la historia de los Incas, visualizar restos arqueológicos y hacer uso de la ciencia y la tecnología de la posmodernidad, para concluir que no fue Hiram Bingham el ‘descubridor’ de esta señorial obra de ingeniería, sino que las primeras referencias directas sobre los primeros visitantes que arribaron a Machu Picchu un 14 de julio de 1902, fue don Agustín Lizárraga un arrendatario de tierras, acompañado de los cuzqueños Gabino Sánchez, Enrique Palma y Justo Ochoa, tal como escribiera Federico Kauffman (2006) en el libro “Machu Picchu. Tesoro Inca”.
Enrique Palma rememoraba que en aquel tiempo encontraron un arrendatario de apellido Meza sembrando en chacras y algunos andenes de Machu Picchu, y que por el uso de estas tierras pagaba 12 soles mensuales a la hacienda ‘Cutija’. Estos primeros visitantes –aquel 14 de julio de 1902- dejaron un graffiti con sus nombres en uno de los muros del ‘Templo de las Tres Ventanas’, el cual fue verificada por el norteamericano Hiram Bingham.
Bingham (2007), en su libro “Inca Land. Exploration in the highlands of Perú. The Riverside Press, Cambrigde. EE.UU.” escribe que guiado por Melchor Arteaga -un arrendatario de tierras y acompañado por un sargento de la Guardia Civil-, arriba a Machu Picchu un 24 de julio de 1911.
Es más, Bingham testimonia que “...Agustín Lizárraga es el descubridor de Machu Picchu y vive en el Pueblo de San Miguel”.
Este testimonio de Hiram Bingham se encuentra en las memorias relatadas por Alfred M. Bingham (hijo) en su libro “Retrato de un Explorador: Hiram Bingham descubridor de Machu Picchu”.
Estas situaciones histórico-sociales prueban que Hiram Bingham no fue el descubridor de la ciudadela de Machu Picchu.
LA ‘VIDA PÚBLICA’ DE MACHU PICCHU.
Bingham, impresionado por lo que vio en la ciudadela de Machu Picchu, gestiona los auspicios de la Universidad de Yale (EE.UU.), la National Geographic Society y el Gobierno Peruano para explorar científicamente el más famoso Monumento Arqueológico del Perú como escribe Luis Valcárcel.
Acompañado del ingeniero Ellwood Erdis, el Osteólogo George Eaton y la participación de un grupo de trabajadores de la zona, Hiram Bingham dirigió la excavación de tumbas y restos arqueológicos de la ciudadela entre los años 1912 hasta 1915. Con estos sucesos se inicia la ‘vida pública’ de Machu Picchu.
Si bien Hiram Bingham no descubre Machu Picchu, es honesto reconocer que fue la primera persona en llevar a cabo estudios multidisciplinarios y divulgar sus hallazgos ante el mundo.
MACHU PICCHU. UNA CIUDADELA MUTILADA.
Desde aquel 24 de julio de 1911 en que arribaron Bingham y sus acompañantes a Machu Picchu hasta hoy, se han tejido innumerables versiones sobre hallazgos, historia, descubrimientos, redescubrimientos, silencios cómplices, piratería arqueológica y tergiversaciones sobre nuestro Imperio Incaico y Machu Picchu.
Es lógico que esto suceda entre historiadores, antropólogos, arqueólogos, sociólogos, etc., en una sociedad como el Perú tan dividida en sus segmentos e imaginarios sociales, y un Estado que no prioriza el cuidado y protección de nuestra riqueza nacional.
Javier Campos, en una crónica periodística “Desde Machu Picchu a Bagdad”, escribe que siempre se aceptaron tres interpretaciones para explicar el destino pasado de nuestras ruinas. Primero, que Machu Picchu fue el lugar originario donde nacieron los primeros Incas; segundo, fue el lugar que sirvió como último refugio de los Incas en su lucha contra los españoles en el siglo XVI; y, tercero, que fue un centro espiritual sagrado para mujeres que serían sacrificadas.
La ciudadela era el centro de las ‘Vírgenes del Sol’ –se decía-, donde se llevaban a cabo ceremonias dirigidas por un sacerdote que ofrecía al dios Inti el corazón inmolado de las ‘ñustas’ o jóvenes vírgenes.
Más la reciente exhibición del Museo Peabody de Historia Natural de la Universidad de Yale, nos ha demostrado que aquellas tres interpretaciones propuestas por Bingham -y aceptadas desde 1915 por académicos e historiadores en el Perú-, estaban erradas.
Machu Picchu fue un lugar de recreo de los Incas. Esta interpretación se basa en documentos legales españoles del siglo XVI e, históricamente, producto de estudios y análisis detallados de la cerámica encontrada, joyas de cobre y bronce, instrumentos diversos, objetos de las residencias y restos de fósiles.
Lo paradójico es que la mayor parte de la información existente, para llegar a esta nueva interpretación socio-histórica, proviene de los mismos objetos que Bingham había llevado desde el Perú hacia EE.UU. entre 1912 a 1915. Incluso –relata Campos-, muchas de las piezas arqueológicas permanecieron en el sótano del museo de la Universidad de Yale como ‘tesoros olvidados’. ‘Allí seguían esos objetos empaquetados en las cajas originales y envueltos en papel de periódicos del ¡New York Time de los años 20!’, dijeron, la arqueóloga peruana Dra. Lucy Salazar y el arqueólogo norteamericano Dr. Richard Burger, ambos curadores de la exhibición mencionada y especialistas en la arqueología Inca.
La doctora Salazar examinó minuciosamente la cerámica que yacían en esas cajas olvidadas en el sótano y contradijo la especulación de Bingham de que Machu Picchu estaba asociada con los Incas originarios.
Toda la cerámica -dijo la arqueóloga peruana- viene del siglo XV. La ciudadela se comenzó a construir, entonces, alrededor de 1450 durante el reino de Pachacuti (1438-1461). Junto a otras investigaciones, la doctora Salazar y el doctor Burger concluyen que la ciudad fue abandonada 80 años después de su construcción. Probablemente en los mismos años que los españoles derrotaban a los Incas en 1532. Con esas nuevas investigaciones se demuestra que Machu Picchu no fue un refugio secreto de los Incas para esconderse de los conquistadores.
Ahora, que Machu Picchu fue un santuario para inmolar a las jóvenes ‘vírgenes del sol’ porque se encontraron allí esqueletos de mujeres, no era cierto. Un estudio de la Universidad de Tulane mostró que la proporción de esqueletos masculinos y femeninos era semejante. Como Machu Picchu fue una especie de lugar de recreo de los Incas, la mayoría de la gente que vivía allí (750 aproximadamente) eran sirvientes, artesanos y trabajadores que mantenían la residencia imperial. Además, no se encontraron entierros fastuosos pertenecientes a la elite Inca, sino todas las tumbas eran de gente común.
A casi cien años de la ‘vida pública’ de Machu Picchu, no cabe duda que esta maravilla del mundo está mutilada.
Son alrededor de 46,332 piezas arqueológicas de Machu Picchu que se encuentran en el ‘Museo Peabody de Historia Natural’ de la Universidad de Yale.
El Presidente Leguía permitió, a través del Decreto Supremo n° 1529 del 31 de octubre de 1912 y por Decreto Supremo n° 31 del 27 de enero de 1916 -los cuales contravenían la legislación peruana vigente-, que esta riqueza Inca fuera exportada con fines de estudio a cambio de ser divulgadas en nuestro país.
A casi 100 años de este silencio sepulcral, nuestro Presidente de turno siempre ha entibiado su voz y endulzado sus palabras ante la Universidad de Yale, cuando hace alusión a la recuperación de nuestro patrimonio nacional.
Como advertía Marx en el ‘El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte’ “…la historia se repite una vez como tragedia y luego como farsa.”
Leguía -que entregó nuestra riqueza Inca- fue una ‘tragedia’ para el Perú y terminó como un delincuente en la cárcel. La ‘farsa’ palaciega, en cambio, está en las calles limeñas embaucando a peruanos y extranjeros sobre nuestra Heredad Nacional que nunca supieron defender.
(*) Sociólogo y Periodista; tiene estudios de Doctorado en Sociología en la Universidad Nacional Mayor de “San Marcos”. Lima, Perú. Mail: adelperu@hotmail.com
Vía: www.losandes.com.pe
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Comentario por Wilfred Blummer el julio 8, 2011 a las 6:58pm El día de ayer se presentó en la TV peruana una dama peruana del INC, por desgracia no pude obtener su nombre por pillar solo la mitad de la entrevista, pero se expresó tan claramente cobre el problema que es repatriar piezas arqueológicas y no contar con los ambientes apropiados para albergar textiles y piezas de metal o cerámica muy delicadas. Entonces nos queda un poco de materia grís disponible para ver el modo de hacer que se deje de enseñar en las escuelas toda clase de patrañas sobre la história de los Incas. Como un pequeño Ejemplo, Al lado de la Imagen física del Sol estaba la de Wiracocha, y al otro lado la de Chuqui Illa (El trueno) . El Sol era la representación física del creador, y Chuqui illa no se le podía representar fisicamente, pero era la mas venerada. Esto lo afirman Pedro Sarmiento de Gamboa, Fray martín de Murúa y otros cronistas. Las otras deidades como Mama Quilla, Los Apus, Pacha mama, Mama Cocha, etc. eran también importantes pero en un nivel secundario. Esa parte de la historia desapareció, reemplazandose por el Dios Sol y la Pachamama.
Comentario por Wilfred Blummer el julio 7, 2011 a las 2:58am Me llama la atención que se fijen en 300 piezas entregadas con fines de divulgación cultural, y que rindieron sus frutos al hacer conocer nuestra cultura en USA. Mas triste es que a nuestros escolares se les siga enseñando falsedades como la bandera Inca, (Leer a Bernabé Cobo, y hasta el diario El Comercio afirma que es falsa) que el imperio tenía un sistema legal de tres leyes y una sola pena. (Leer a Garcilaso de la Vega y otros) Los Incas tenían un sofisticado sistema legal. La ceremonia del Inti Raymi, es una farsa para gringos mal informados completamente alejada de la realidad. Eso es culpa directa de nuestros "historiadores" que no leyeron a los cronistas dela época, o no les importa que el pueblo siga ignorante. Leer este libro "Nuevas Revelaciones Sobre los Incas" para ver los "olvidos" de la historia, todo respectivamente documentado.

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© 2013 Creado por Aníbal Clemente Cristóbal.
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