El Santuario de la Algaida, llamado el Tesorillo por la boca del pueblo, es una parte imborrable en mi memoria y en la de muchos, pero además es una realidad que hoy sigue estimulando la mente (menos ingenua) de cualquiera que se acerque a ella, especialmente ahora que el Dr. D. Ramón Corzo Sánchez hablará en Sanlúcar de las excavaciones que hizo en el lugar en la década de 1980, el próximo día 3 de mayo, en el marco de las I Jornadas de Patrimonio.1
Lo básico que hay que saber sobre el Santuario de la Algaida es lo siguiente. Se trata de un yacimiento situado a orillas del antiguo lago Ligustino, actualmente colmatado, que en origen estaba en el extremo de una alargada península, que al parecer se convirtió en una isla tras el tsumani ocurrido entre el 218 y el 210 a. de C.2 El yacimiento parece haber estado en uso desde fines del siglo VI o principios del siglo V hasta el siglo I a. C. Tiene cinco niveles, existiendo en el nivel IV un santuario portuario prerromano, al que acudían los navegantes, comerciantes y viajeros para invocar la protección de una diosa astral, como indica el hallazgo de monedas de Cástulo, Obulco, Córduba, Itálica, Gadir, Carteia, Málaka, Lixus, Cartago, Kese, Ampurias y Massalia, así como de discos de plata sin acuñar.

Piezas del santuario de la Algaida en el Museo de Cádiz
Comprendido el carácter emblemático que el santuario de la Algaida tiene para Sanlúcar,4 sorprende negativamente que ninguna corporación municipal desde el momento de su excavación haya mostrado interés suficiente por él como para protegerlo adecuadamente, difundirlo entre la población local y posibilitar un adecuado régimen de visitas guiadas con cierta periodicidad. En definitiva, nadie hasta ahora lo ha “puesto en valor” (según expresión moderna y frecuentemente vacía de contenido). Tan sólo unas pocas pero claras voces que se han pronunciado al respecto, porque este artículo no plasma nada que otras plumas no hayan escrito antes y mejor.5

Escudo de Sanlúcar
¿Por qué el Tesorillo, por no hablar ya de la fábrica de salazones ni del pozo romano de la Algaida, no está recogido ni en el PORN ni en el PRUG de Doñana?7 ¿Por qué se ha construido en el pinar de la Algaida un carril bici tan inadecuado? ¿Acaso no era lógico recuperar, como propuso Ecologistas en Acción,8 la vía pecuaria llamada colada de Bonanza al Pozo de la Viuda, completamente invadida por fincas particulares, que une el puerto de Bonanza con el pinar de Monte Algaida, bordeando la marisma y que discurre circularmente por todo el pinar? Quizá esto último esté contemplado en el POT de la Costa Noroeste recientemente aprobado y que, dicho sea de paso, ni siquiera ahora que es firme soy capaz de consultar a través de Internet, en plena era de la información, la comunicación, la participación ciudadana y demás lugares comunes.
Éstas son preguntas que deberían resonar en la cabeza de cualquiera que conociendo el tema haya desarrollado algún tipo de conciencia. Preguntas que deberían responder las personas que en base a sus cargos tienen la responsabilidad de hacerlo. Personalmente me resulta ofensivo que “las personas en las que se ha delegado el ejercicio del poder”, conocidas llanamente como políticos, se vanaglorien (sólo de boquilla) de la herencia cultural de este municipio, en una constante declaración de buenas intenciones, que rara vez afecta a sus acciones en la protección y en la difusión del patrimonio de todos que ellos ¿gestionan?
Al menos, en su descargo, el yacimiento del Tesorillo está contemplado en el PGOU, cosa que no puede decirse de otros importantes yacimientos arqueológicos del término municipal, aunque esa es otra historia.













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