ARQUEOLOGOS

Red Española de Historia y Arqueología

TEXTOS DE HISTORIA ANTIGUA DE ESPAÑA : EL CONFLICTO ENTRE CÁRTAGO Y ROMA,LA CONQUISTA ROMANA Y LAS GUERRAS CIVILES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA.

Fases de la conquista romana (según J.M. Roldán-J. Santos)

47.

El primer pacto entre romanos y cartagineses se concluye en tiempos de Lucio Junio Bruto

y Marco Horacio, los dos primeros cónsules nombrados después de la caída de los reyes.

Bajo su consulado tuvo lugar la consagración del templo de Júpiter Capitolino. Esto ocurrió

veintiocho años antes del paso de Jerjes a Grecia....

Que haya paz entre los romanos y sus

aliados y los cartagineses y sus aliados con las condiciones siguientes: prohibición a los

romanos y a sus aliados de navegar más allá de Kalón Akroterion, a no ser obligados por

una tempestad o por unos enemigos....

Después de éste, los cartagineses establecen otro

pacto... Que haya amistad entre los romanos y los aliados de los romanos por una parte y el

pueblo de los cartagineses, el de Tiro, el de Utica y sus aliados, por otra, bajo las siguientes

condiciones: que los romanos no recojan botín más allá de Kalón Akroterion, de Mastia ni

de Tarseyo, que no comercien en tales regiones ni fundan ciudades... Los romanos

establecieron todavía un tercer pacto en la época de invasión de Pirro, antes de que los

cartagineses iniciaran la guerra de Sicilia ...

Porque, acabada la guerra de Sicilia, los

romanos hacen unos pactos distintos, en los cuales las cláusulas contenidas eran las

siguientes: Los cartagineses evacuarán toda Sicilia y todas las islas entre Italia y Sicilia... Y

a todo lo dicho hay que añadir las últimas convenciones aceptadas por Asdrúbal en

Hispania, según las cuales los cartagineses no cruzarían el río Ebro en son de guerra...

POLIBIO, 3, 22

48.

Los saguntinos, al verse abrumados por este ataque inesperado y no anunciado por los

heraldos, enviaron una embajada a Roma... Los saguntinos, una vez perdida la esperanza de

ayuda de Roma, y como el hambre les acuciaba y Aníbal persistía en su asedio continua –

pues había oído que la ciudad era próspera y rica no relajaba el asedio-, reunieron el oro y

la plata, tanto público como privado, en la plaza pública, por medio de una proclama y lo

mezclaron con plomo y bronce fundido para que resultara inútil a Aníbal.

Y ellos mismos, prefiriendo morir en combate antes que por hambre, se lanzaron a la carrera, de noche

todavía, contra los puestos de guardia de los africanos, que aún dormían y no sospechaban

el ataque. Por lo cual, los mataron cuando se levantaban del lecho y se estaban armando a

duras penas en medio de la confusión y algunos, incluso, cuando ya estaban luchando.

El combate duró mucho tiempo y de los africanos murieron muchos, pero de los saguntinos

todos. Las mujeres, al ver desde las murallas el fin de sus hombres, se arrojaron unas desde

los tejados, otras se ahorcaron y otras, incluso, degollaron a sus propios hijos. Este fue el

final de Sagunto, una ciudad que había sido grande y poderosa.

Aníbal, tan pronto como se percató de lo que había sucedido con el oro, movido por la ira, dio muerte a aquellos

saguntinos que quedaban y eran adultos, después de torturarlos, pero viendo que la ciudad

estaba a orillas del mar y no lejos de Cartago y poseía una tierra buena, la pobló de nuevo e

hizo de ella una colonia cartaginesa. La cual creo que se llamó Cartago Espartaria.

APIANO, Sobre Iberia, 11, 12

49.

Parecía que el resto de la campaña había de ser tranquila y le hubiera sido por parte de los

cartagineses, pero, además de que el carácter de los hispanos es inquieto y ávido de

aventuras, Mandonio e Indíbil, que anteriormente habían sido reyezuelos de los ilergetes,

después que los romanos se retiraron del desfiladero (castulonenesis) a la costa, levantaron

a sus gentes y se lanzaron a destruir los campos pacíficos de los aliados de los romanos.

Envió contra ellos Escipión algunos tribunos militares con tropas ligeras, que, con

pequeños esfuerzos desbarataron aquellas bandas desordenadas, mataron o apresaron

algunos e hicieron perder las armas a una gran parte. Pero este movimiento atrajo a este

lado del Ebro, para defender a sus aliados, a Asdrúbal en marcha hacia el Océano.

El campamento cartaginés se estableció en el territorio de los ilergavonenses, el romano cerca

de Nova Clasis. De repente llegó la noticia de una nueva guerra. Los celtíberos que habían

sido los primeros de esta región en enviar legados y rehenes a los romanos, excitados por

un mensajero de Escipión, toman las armas e invaden los territorios cartagineses con un

fuerte ejército. Toman por asalto tres ciudades y entablen con insigne valor dos combates

con Asdrúbal, dando muerte a quine mil hombres y haciendo prisioneros a cuatro mil, junto

con muchas enseñas.

TITO LIVIO, 22, 21

50.

Durante este mismo verano estalló en Hispania una enconada guerra promovida por el

ilergete Indíbil....Con estas palabras y otras similares excita no solo a sus compatriotas sino

también al pueblo vecino de los ausetanos, y otros cercanos suyos y de éstos; de este modo,

a los pocos días, treinta mil infantes y casi cuatro mil jinetes se reunieron en el territorio de

los sedetanos, lugar fijado. También los generales romanos L. Léntulo y L. Malio Acidino...

atravesaron el país de ausetanos, a los que trataron con igual clemencia que si hubieran

permanecido sumisos, y llegaron cerca de los enemigos...

 

No habrían resistido los bárbaros

un ataque tan fuerte si el mismo reyezuelo Indíbil, en compañía de sus jinetes desmontados

no se hubiesen colocado al frente de las mismas tropas de infantería....herido y medio

muerto, el rey siguió resistiendo, pero finalmente clavado al suelo por un

pilum,

sucumbieron de igual forma cuantos estaban a su alrededor, y comenzó la huída por todas

partes. Mandonio y los demás príncipes, fueron hechos prisioneros y llevados al suplicio.

Se estableció la paz en Hispania, fijándose al año un estipendio doble, así como trigo para

seia meses, túnicas y togas para el ejército, y, además, se recibieron rehenes de cerca de

treinta pueblos.

TITO LIVIO, 29, 1-3

51.

Todos le enviaban emisarios y él (Catón) les exigió otros rehenes. Envió cartas selladas a

cada una de las ciudades y ordenó a sus portadores entregarlas todas el mismo día. El día lo

fijó calculando el tiempo que, aproximadamente, tardarían en llegar a la ciudad más

distante. Las cartas ordenaban a los magistrados de todas las ciudades que destruyesen sus

murallas en el mismo día que recibiesen la orden y, en el caso de que lo aplazaran, les

amenazaba con la esclavitud.

 

Estos, vencidos recientemente en una gran batalla y dado que

desconocían si estas ordenes se las habían dado a ellos solos o a todos, temían ser objeto de

desprecio, con toda razón si eran los únicos, pero si era a todos, los otros también tenían

miedo de ser los únicos en demorarse y, puesto que no había oportunidad de comunicarse

unos con otros por medio de emisarios y sentían preocupación por los soldados que habían

venido con las cartas y permanecían ante ellos, estimando cada uno su propia seguridad

como lo más ventajoso, destruyeron con prontitud las murallas.

 

Una vez que se decidieron

a obedecer pusieron el máximo celo en tener en su haber, además, una pronta ejecución. De

este modo y gracias a una sola estratagema, las ciudades ubicadas a lo largo del río Ebro

destruyeron sus murallas en un solo día, y en el futuro, al ser muy accesibles a los romanos,

permanecieron durante un largo tiempo de paz.

APIANO, Sobre Iberia, 41

52.

En dos batallas cerradas venció a los bárbaros y consiguió matar a cerca de treinta mil

hombres, según se cuenta, el éxito de esta expedición se logró gracias al aprovechamiento

de la situación geográfica del terreno y se vio facilitada la victoria mediante el paso de las

tropas por un río; sometió doscientas cincuenta ciudades que se le entregaron

voluntariamente. Una vez restablecida la paz y la fidelidad en la provincia, volvió a Roma,

sin que esta expedición le hubiese enriquecido en un dracma.

PLUTARCO, Emilio Paulo, 1

53.

Lucio Emilio, hijo de Lucio, imperator, decretó que los siervos de Hasta, que habitaban en

la Turris Lascutana, fueran libres y mandó poseyeran y conservaran ciudad y territorio

mientras el pueblo y el senado romano lo quisieran. Dado en el campamento el día

duodécimo antes de las calendas de febrero (19 de febrero del 189 a. C.).

CIL II, 5.041

54.

Cuatro Olimpiadas más tarde, en torno a la ciento cincuenta Olimpiada, muchos íberos se

sublevaron contra los romanos por carecer de tierra suficiente, entre otros , los lusones que

habitaban en las cercanías del río Ebro. Por consiguiente el cónsul Fulvio Flaco hizo una

expedición contra ellos, los venció en una batalla y muchos de ellos se desperdigaron por

las ciudades. Pero todos los que estaban especialmente faltos de tierra y obtenían su medio

de vida gracias a una existencia errabunda se congregaron en su huída , en la ciudad de

Complega, que era de fundación muy reciente, bien fortificada y que se había desarrollado

con rapidez.

 

Tomando a esta ciudad como base de sus operaciones, exigieron a Flaco que

les entregara un sagum, un caballo y una espada como compensación por cada uno de los

muertos, y que se marchara de Iberia antes de que le ocurriera una desgracia. Este les

respondió que les entregaría muchos sagos, y, siguiendo a sus emisarios, acampó junto a la

ciudad. Ellos, contrariamente a sus amenazas, huyeron en secreto de inmediato y se

dedicaron a devastar el territorio de los pueblos bárbaros de los alrededores. Estos pueblos

utilizan un manto doble y grueso que abrochan todo alrededor a la manera de una casaca

militar y lo llaman sagum.

APIANO, Sobre Iberia, 42

55.

.....Se hicieron muchos prisioneros de buena familia, entre los cuales contábanse dos hijos y

una hija de Thurro, que era el reyezuelo de aquellas gentes y, con mucho, uno de los

hispanos más poderosos. Enterado éste de la desgracia de sus hijos, envió legados para

pedirle a Graco que le fuera permitido entrar en el campamento. Llegó y preguntó en

primer lugar si se le respetaría la vida a él y a los suyos.

TITO LIVIO, 40, 49

56.

No muchos años después estalló en Iberia otra guerra, difícil a causa del siguiente motivo.

Segeda es una ciudad perteneciente a una tribu celtíbera llamada Belos, grande y poderosa,

y estaba inscrita en los tratados de Sempronio Graco. Esta ciudad forzó a otras más

pequeñas a establecerse junto a ella; se rodeó de unos muros de aproximadamente unos

cuarenta estadios de circunferencia y obligó también a unirse a los titos, otra tribu limítrofe.

 

 

Al enterarse de ello el Senado prohibió que fuera levantada la muralla, les reclamó los

tributos estipulados por Graco y les ordenó que proporcionaran ciertos contingentes de

tropas a los romanos. Esto último, en efecto, también estaba acordado en los tratados. Los

habitantes de Segeda con relación a la muralla, replicaron que Graco había prohibido crear

nuevas ciudades, pero no fortificar las ya existentes. Acerca del tributo de las tropas

mercenarias, manifestaron que habían sido eximidos por los propios romanos después de

Graco. La realidad era que estaban exentos, pero el Senado concede siempre estos

privilegios añadiendo que tendrán vigor en tanto lo decidan el Senado y el pueblo romano.

APIANO, Sobre Iberia, 44

57.

Llegó también de Hispania una embajada de nuevo estilo. Mas de cuatro mil hombres que

se decían hijos de soldados romanos y mujeres hispanas, con las cuales los soldados habían

contraído connubio, rogaban que se les concediera una ciudad donde habitar. El Senado

decretó .... que fuesen enviados a Carteia, junto al Océano.

TITO LIVIO, 64, 3

58.

No mucho tiempo después todos los que consiguieron escapar a la felonía de Lúculo y

Galba, lograron reunirse en número de diez mil e hicieron una incursión contra Turdetania.

Gayo Vetilio vino desde Roma contra ellos con otro ejército y asumió, además, el mando

de las tropas que estaban en Iberia, llegando a tener un total de diez mil hombres. Este

cayó sobre los que estaban buscando forraje y, después de dar muerte a muchos, obligó a

los restantes a replegarse hacia un lugar en el que, en el caso de permanecer, corrían el

riesgo seguro de morir de hambre, y, en caso de abandonarlo el de morir a manos de los

romanos.

Tal era, en efecto, la dificultad del lugar. Por este motivo enviaron emisarios a

Vetilio con ramas de suplicantes, pidiéndole tierra para habitarla como colonos y

prometiéndole que, desde ese momento, serían leales a los romanos en todo. El prometió

entregársela y se dispuso a firmar un acuerdo. Pero Viriato, que había escapado de la

perfidia de Galba y entonces estaba con ellos, les trajo a la memoria la falta de palabra de

los romanos y cuantas veces habían violado los juramentos que habían dado y como todo

aquel ejército estaba formado por hombres que habían escapado a tales perjurios de Galba

y Lúculo. Les dijo que no había que desesperar de salvarse en aquel lugar, si estaban

dispuestos a obedecerle.

Encendidos sus ánimos y recobradas las esperanzas, lo eligieron

general. Después de desplegar a todos en la línea de batalla como si fuera a presentar

combate, les dio la orden de que, cuando él montara a caballo, escaparan disgregándose en

tantas direcciones como pudiesen, por rutas muy distintas en dirección a la ciudad de

Tríbola, y que le aguardaran allí.

El eligió sólo a mil y les ordenó colocarse a su lado. Una

vez efectuadas disposiciones, escaparan al punto, tan pronto como Viriato montó a caballo,

y Vetilio, temeroso de perseguirles a ellos que habían escapado en numerosas direcciones,

dio la vuelta y se dispuso a luchar con Viriato, que permanecía quieto y aguardaba el

momento de atacar. Viriato, con caballos mucho más veloces, lo mantuvo en jaque,

huyendo a veces y otras parándose de nuevo y atacando, y consumió aquel día y el

siguiente completos en la misma llanura cabalgando alrededor.

 

Y cuando calculó que los

otros tenían ya preparada su huída, entonces partió por la noche por caminos no usados

habitualmente y, con caballos mucho más rápidos, llegó a Tríbola sin que los romanos

fueran capaces de perseguirlo a causa del peso de sus armas, de su conocimiento de los

caminos y la inferioridad de sus caballos. De esta manera, de modo inesperado, salvó a su

ejército de una situación desesperada. Cuando esta estratagema llegó al conocimiento de los

pueblos bárbaros de esta zona, le reportó un gran prestigio y se le unieron muchos de otros

lugares. Y durante ocho años sostuvo la guerra contra Roma.

APIANO, Sobre Iberia, 61-63

59.

Nada mas llegar expulsó a todos los mercaderes y prostitutas, así como a los adivinos y

sacrificadores, a quienes los soldados, atemorizados a causa de las derrotas, consultaban

continuamente. Asimismo les prohibió llevar en el futuro cualquier objeto superfluo,

incluso víctimas para sacrificios con propósitos adivinatorios. Ordenó, también, que fueran

vendidos todos los carros y la totalidad de los objetos innecesarios que contuvieran y las

bestias de tipo, salvo las que permitió que se quedaran.

 

A nadie le fue autorizado tener

utensilios para su vida cotidiana, exceptuando un asador, una marmita de bronce y una

sola taza. Les limitó la alimentación a carne hervida o asada. Prohibió que tuvieran camas y

él fue el primero que descansó sobre un lecho de hierba. Impidió también que cabalgaran

sobre mulas cuando iban de marcha, pues: ¿Qué se puede esperar, en la guerra –dijo- de un

hombre que es incapaz de ir a pie?

 

Tuvieron que lavarse y untarse con aceite por si solos,

diciendo en son de burla Escipión que únicamente las mulas al carecer de manos, tenían

necesidad de quienes las frotaran. De esta forma, los reintegró a la disciplina a todos en

conjunto y también los acostumbró a que le respetaran y temieran, mostrándose de difícil

acceso, parco a la hora de otorgar favores y, de modo especial, aquellos que iban contra las

ordenanzas. Repetía en numerosas ocasiones, que los generales estrictos y austeros en la

observancia de la ley eran útiles para sus propios hombres.... pero con todo no se atrevió a

entablar combate hasta que los ejercitó con muchos trabajos... recorriendo a diario las

llanuras mas cercanas...

 

Las marchas, con objeto de que nadie pudiera escaparse, como

sucedía antes, las llevaba siempre a cabo en formación cuadrada... Cuando calculó que el

ejército estaba presto, obediente a él y capaz de soportar el trabajo, trasladó su campamento

a las cercanías de los numantinos.

APIANO, Sobre Iberia, 85-87

60.

De este modo, Escipión fue el primero, según creo, que cercó con un muro a una ciudad

que no rehuía el combate. El río Duero fluía a lo largo del cinturón de fortificaciones y

resultaba de mucha utilidad a los numantinos para el transporte de víveres y para la entrada

y salida de sus hombres.

 

Estos, buceando o navegando por él, en pequeños botes, pasaban

inadvertidos o bien lograban romper el cerco con ayuda de la vela, cuando soplaba un

fuerte viento.... Cuando estuvo dispuesto y las catapultas, las ballestas y las máquinas para

lanzar piedras se hallaban apostadas sobre las torres, y estaban apilados junto a las almenas

piedras, dardos y jabalinas, y los arqueros y honderos ocupaban sus lugares respectivos en

los fuertes, colocó a lo largo de toda la obra de fortificación, numerosos mensajeros, que de

día y de noche debían comunicarle lo que ocurriera, transmitiéndose, unos a otros, las

noticias... El ejército estaba integrado por sesenta mil hombres, incluyendo fuerzas

indígenas...

 

Los numantinos agobiados por el hambre enviaron cinco hombres a Escipión,

con la consigna de enterarse de si los trataría con moderación, si se entregaban

voluntariamente. Y Avaro, su jefe, habló mucho y con aire solemne acerca del

comportamiento y valor de los numantinos, afirmó que ni siquiera en aquella ocasión

habían cometido ningún acto reprochable, sino que sufrían desgracias de tal magnitud por

salvar por la vida de sus hijos y esposas y la libertad de su patria. Por lo que muy en

especial –dijo- Escipión.

 

Es digno que tu, poseedor de una gran virtud, te muestres

generoso para con un pueblo tan lleno de ánimo y valor y nos ofrezcas, como alternativa de

nuestros males, condiciones mas humanas, que seamos capaces de sobrellevar, una vez que

acabamos de experimentar un cambio de fortuna. Así que no está ya en nuestras manos,

sino en las tuyas, o bien aceptar la rendición de la ciudad si concedes condiciones

mesuradas o consentir que perezca totalmente en la lucha.

 

Avaro habló de esta manera, y

Escipìón, que conocía la situación interna de la ciudad a través de los prisioneros, se limitó

a decir que debían ponerse en sus manos junto con las armas y entregarle la ciudad. Cuando

les fue comunicada la respuesta, los numantinos, que ya de siempre tenían un espíritu

salvaje debido a su absoluta libertad y a su falta de costumbre en recibir ordenes de nadie,

en aquella ocasión, aún más enojados por las desgracias y tras haber sufrido una mutación

radical en su carácter, dieron muerte a Avaro y a los cinco embajadores que le habían

acompañado, como portadores de malas nuevas y, porque pensaban que, tal vez, habían

negociado con Escipión su seguridad personal.

 

No mucho después, al faltarle la totalidad de

las cosas comestibles, sin trigo, sin ganados, sin hierba, comenzaron a lamer pieles cocidas,

como hacen algunos en situaciones extremas de guerra. Cuando también les faltaron las

pieles, comieron carne humana cocida, en primer lugar de aquellos que habían muerto... Al

encontrarse en una situación tal, se entregaron a Escipión. Este les ordenó que ese mismo

día llevaran las armas al lugar que habían designado y que al día siguiente acudieran a otro

lugar. Ellos, en cambio, dejaron transcurrir el día, pues acordaron que muchos gozaban aún

de libertad y querían poner fin a sus vidas. Por consiguiente, solicitaron un día para

disponerse a morir.

APIANO, Sobre Iberia. 91- 96

61.

Después de la expulsión de los cimbrios llegó Tito Didio y dio muerte hasta veinte mil

arévacos, A Termes, una ciudad grande y siempre insubordinada contra los romanos, la

trasladó, desde la posición sólida que ocupaba, a la llanura, y ordenó que sus habitantes

vivieran sin murallas. Después de poner sitio a Colenda, la tomó a los ocho meses de asedio

por rendición voluntaria, vendió a todos sus habitantes con los niños y las mujeres.

APIANO, Sobre Iberia, 99

62.

(Consulado) de Cayo Marío y Cayo Flavio. A Lucio Cesio, hijo de Cayo, imperator, el

pueblo de los Seanos se rindió. Lucio Cesio, hijo de Cayo, imperator, después que hubo

aceptado, preguntó al consejo lo que consideraba adecuado exigirles. A partir del dictamen

del consejo, exigió los prisioneros, los caballos y las yeguas que hubieran cogido. Lo

entregaron todo.

 

Después Lucio Cesio, hijo de Cayo, determinó que quedaran como estaban

los campos y las construcciones; las leyes y las demás cosas que hubieran tenido hasta el

día de la rendición se las devolvió para que siguieran en uso mientras el pueblo romano

quisiera. Y en relación a este asunto les ordenó a los legados que fueran (...?). Cren(o?) y

Arco, hijos de Cantono (actuaron como) legados.

BRONCE DE ALCÁNTARA

63.

Cn. Pompeyo, hijo de Sexto, imperator, acordó que, en premio a su valor, se concediera la

ciudadanía romana a los jinetes hispanos. Esta decisión fue tomada de acuerdo con la ley

Julia, en el campamento establecido junto a Ascoli el día XIV de las calendas de diciembre.

Asistieron a este consejo.... (siguen los nombres de los oficiales que formaban el consejo,

luego aparecen los de los jinetes hispanos)....

TURMA SALLUITANA, hijo de Adingibas;

Illurtias, hijo de Bilustibas; Estopeles, hijo de Ordennas... Sosinaden, hijo de

Sosinasae...Urgidar, hijo de Luspanar, Gurtano, hijo de Biurno... Ennegenses... Beles, hijo

de Umarbeles... Libenses,... Bastugitas, hijo de Adimeis; Umarillum, hijo de Tabbatu;

Suconenses, Belences, hijo de Albennes; Atullo, hijo de Tautidals; Illuersencis....

CIL I, 2, 709

64.

Sertorio era admirado y querido por los indígenas, porque, por medio de las armas,

formación y orden romanos, les había quitado aquel aspecto furioso y terrible, convirtiendo

sus fuerzas de grandes cuadrillas de bandoleros, en un ejército...

Pero principalmente lo que les ganó la voluntad fue lo que hizo con los jóvenes, reuniendo

en Osca, ciudad populosa, a los hijos de las personajes más principales, y poniéndoles

maestros de todas las ciencias y profesiones griegas y romanas, en realidad los tomaba

como rehenes, pero en apariencia los instruía para que al llegar a la edad varonil,

participasen del gobierno y de las magistraturas.

Los padres, en tanto, estaban muy engalanados y vestidos de púrpura, y Sertorio pagaba por ellos los honorarios. Losexaminaba por si mismo muchas veces, les distribuía permiso y les regalaba aquellos

collares que los romanos llamaban bulas, siendo costumbre entre los hispanos que los que

se formaban con el general perecieran con él, si este moría, a lo que los bárbaros llamaban

consagración, al lado de los demás generales sólo se ponían algunos asistentes y amigos,

pero a Sertorio lo seguían millares de hombres resueltos a hacer por él esta especie de

consagración.

PLUTARCO, Sertorio, 14

65.

Fabio Máximo, a quien César dejó encargo de estrechar el sitio de Munda, adelantaba

continuamente sus trabajos, de tal suerte que, estrechados los enemigos por todas partes,

trataron de pelear unos con otros; después que se ejecutó así una matanza cruel, hicieron

una salida. No perdieron los nuestros ocasión de apoderarse de la plaza, donde todos los

que se encontraban quedaron prisioneros.

Desde aquí marcharon a Osuna, ciudad defendida

con grandes fortificaciones, cuya situación, muy elevada, hacía enormemente dificultoso el

ataque, no sólo por las obras sino también por la naturaleza del terreno. Añadíase a esto el

no haber más agua que la de la propia ciudad, pues en todos los alrededores no se hallaba

un arroyo a más de ocho millas de distancia.

Favorecía éste mucho a los habitantes, y mas

el hecho de que en seis millas no se encontraba ni césped para levantar trincheras, ni

madera para la construcción de torres, ya que Pompeyo, para dejas la ciudad más segura de

sitio, había mandado cortar toda la leña del entorno y meterla en la plaza. Así se veían los

nuestros precisados a transportar los materiales de Munda, de la cual acababan de apoderarse.

 

Mientras pasaba esto en Munda y Osuna, habiendo pasado César de Gades a

Hispalis, el día siguiente tuvo una asamblea general, en la que les hizo ver que desde el

principio de su cuestura había tomado particular afecto a esta provincia entre todas y que le

hizo en aquel tiempo todos los beneficios que pudo; que después, siendo pretor, y con

algunas más dificultades por su empleo, había alcanzado del Senado que le perdonase los

impuestos que Metelo le había cargado, liberándola de la opresión de sus pagos; que al

mismo tiempo, tomándola bajo su protección introdujo muchas embajadas suyas en el

Senado y había defendido muchas causas públicas y privadas, acarreándole por ello no

pocos enemigos; que en su consulado, aún estando ausente, había hecho cuantos favores

había podido en la provincia, y que a todas estas buenas obras eran ingratos y

desconsiderados para consigo y el pueblo romano, tanto en la presente guerra como en las

pasadas.

CÉSAR, Guerra de Hispania, 41, 2

66.

Llegaron hasta allí arqueros procedentes de los rutenos, muchos jinetes de las Galias con

gran número de carros e impedimenta, según es costumbre entre ellos. Además había casi

seis mil hombres de toda condición social, acompañados de sus hijos y criados. Viajaban

sin mando ni orden preciso actuando cada cual a su antojo. Viajaban sin temores, dado su

costumbre a la libertad de los viajes en tiempos anteriores.

CÉSAR, Guerra Civil, 1, 51,1-2

67.

Asustándose con estas noticias, obligó a los ciudadanos romanos de esta provincia a que le

prometiesen para la administración pública una suma de dieciocho millones de sextercios,

más de veinte mil libras de plata y doce mil modios de trigo. A las comunidades que

consideraba partidarias de César las oprimía con mayores tributos y les imponía

guarniciones; a los particulares que pronunciaba palabras y sostenían conversaciones

contrarias a la República, les condenaban en juicio y les confiscaban los bienes. Exigió de

toda la provincia que prestase juramento de fidelidad a él y a Pompeyo.

Cuando llegó la noticia de lo sucedido en Hispania Citerior, se dispuso a preparar la guerra: su plan de

campaña consistía en retirarse a Gades con sus dos legiones y retener allí todas las naves y

todo el trigo, pues conocía que toda la provincia sentía inclinación por César; pensaba que

una vez reunidas en la isla las provisiones y las naves, no le sería difícil prolongar la

guerra.

CÉSAR, Guerra Civil, 2, 18, 1-6

68.

Devolvió César a los ciudadanos las sumas de dinero que había ofrecido a Varrón.

Restituyó los bienes a quienes supo que habían sido castigados por la liberalidad al hablar,

concedió recompensas en público y en privado a varias ciudades y dio esperanzas a las

demás... Partió para Gades, donde ordenó que las ofrendas y el dinero sacados del santuario

de Hércules y llevados a una casa particular fueran llevados de una casa particular, fueran

llevados al templo.

CÉSAR, Guerra Civil, II, 21, 2-3

69.

Estas actividades parecieron al Senado dignas del laurel y del carro triunfal, pero tan

grande era ya César que despreció encumbrarse más con otro triunfo. Durante esta misma

época, los astures, formando una enorme columna, habían bajado de sus nevadas montañas;

su ataque no se lanzó a la ligera, al menos para los bárbaros, sino que después de haber

establecido su campamento a orillas del río Astura y dividido sus fuerzas en tres grupos, se

disponían a atacar a un mismo tiempo los tres campamentos romanos.

 

La lucha contra enemigos tan valerosos, cuya llegada había sido tan rápida y bien concertada, habría sido

dudosa y sangrienta, si los brigecinos no les hubieran traicionado y hubieran avisado a

Carisio; supuso para nosotros una victoria el haber cumplido sus proyectos, sin poder

evitar, por lo tanto, una lucha sangrienta.

El resto del ejército, en retirada, fue acogido en la ciudad de Lancia, muy fortificada, donde la disposición de los lugares hizo la lucha tan encarnizada que, después de la toma de la ciudad, los soldados reclamaban antorchas para quemarla y su general, a duras penas, pudo salvarla, asegurándose que la ciudad acogería

manos la victoria romana si estaba intacta que si era incendiada.Tal fue el final de la campaña de Augusto y también de la revuelta de Hispania; su fidelidad fue asegurada al punto lo mismo que una paz eterna, gracias al cambio sobrevenido en el temperamento mismo de sus habitantes, desde entonces más dispuestos a llevar una vida pacífica, así como las medidas tomadas por Augusto; temiendo la confianza que les inspiraba sus montes, refugio seguro para ellos, les obligó a habitar y vivir en un emplazamiento de su campamento, puesto que estaba en el llano: allí se celebraría la asamblea de la nación y deberían conservar este lugar como capital.

Estas medidas se veían favorecidas por la naturales del país: toda la región vecina contenía, efectivamente, oro, malaquita, minio y abundancia de otros productos. En consecuencia. Augusto ordenó que se explotase el suelo.

Así, los astures, esforzándose en trabajar la tierra para el provecho de los otros, comenzaron a conocer sus propios recursos y riquezas.

FLORO, 2, 33

70.

Sin embargo, no se mostró como tal en los hechos, pues tras vencerlos a ambos los redujo a la esclavitud. No fueron hechos prisioneros muchos de los cántabros, puesto que, desesperando de su libertad, no estimaban en nada su vida y, uno de ellos, tras incendiar sus propias fortificaciones, se degollaron. Otros prefirieron perecer entre las llamas y otros, de común acuerdo, se envenenaron, de forma que pereció la mayor parte y la más salvaje de entre ellos. Los astures, por su parte, tan pronto como fueron rechazados de un lugar fortificado que está asediado y, posteriormente, fueron vencidos en un combate, no continuaron ya la sublevación y se sometieron rápidamente.

DION CASIO, 54, 5, 1-3

FUENTE:http://www.uv.es/girha/presentacion.htm

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