Red Española de Historia y Arqueología
(Según J. Alvar)
36.
Al septentrión del Tagos se extiende Lusitania, la más fuerte de las naciones iberas y a la
que durante más tiempo luchó contra los romanos. Limitan esta región; hacia el lado del
Sur, el Tagos, por el Oeste y el Norte, el Océano, y al Este, las tierras de los carpetanos,
vetones, vaceos y galaicos, por no citar sino los más conocidos.
ESTRABÓN, 3, 3, 3
37.
Dicen que los lusitanos son diestros en emboscadas y persecuciones. Ágiles, listos y
disimulados. Su escudo es pequeño, de dos pies de diámetro, cóncavo por su lado anterior;
lo llevan suspendido por delante con correas, y no tiene, al parecer, abrazaderas ni asas.
Van armados también de un puñal o cuchillo; la mayor parte llevan corazas de lino, y
algunos pocos cota de malla y cascos de tres cimeras. Otros cubren con cascos tejidos de
nervios; los infantes usan knemides y llevan varias jabalinas; algunos se sirven de lanzas
con punta de bronce.
Entre los pueblos que habitan sobre el río Douríos dicen que algunos
que viven al modo lacónico, y usan de aceite, calientan sus recipientes con piedras
enrojecidas al fuego, se bañan en agua fría y no hacen más que una comida, mesurada y
concisa. Los lusitanos hacen sacrificios y examinan las vísceras sin separarlos del cuerpo;
observan asimismo las venas del pecho y adivinan palpando. También auscultan las
vísceras de los prisioneros, cubriéndolas con sagos. Cuando la víctima cae por mano del hieroskopos
hacen su primera predicción por la caída del cadáver. Amputan las manos
derechas de los cautivos y las consagran los dioses.
ESTRABÓN, 3, 3, 6
38.
Hay una costumbre muy propia de los iberos, más sobre todo de los lusitanos, y es que
cuando alcanzan la edad adulta, aquellos que se encuentran más apurados de recursos, pero
destacan por el vigor de sus cuerpos y su denuedo, proveyéndose de su valor y de arma, van
a reunirse en la aspereza de los montes; allí forman bandas considerables que recorren
Iberia, acumulando riquezas con el robo, y ello lo hacen con el más completo desprecio.
DIODORO DE SICILIA, 5, 34, 6
39.
El cadáver del heroico caudillo, magníficamente vestigio, fue quemado en una altísima
pira. Mientras el cuerpo se consumía, tanto los soldados de a pie como los jinetes, todos
con armas dieron vueltas a su alrededor entonando sus glorias al modo bárbaro, y no se
apartaron del lugar hasta que el fuego se extinguió.
APIANO, Sobre Iberia, 71
40.
De las cuatro naciones en que están divididos los celtíberos, la más poderosa es la de los
arévacos, que habitan la región oriental y meridional y son limítrofes con los carpetanos y
vecinos de las fuentes del Tagos. La más famosa de sus ciudades es Numancia, cuya virtud
se mostró en la guerra de veinte años que sostuvieron los celtíberos contra los romanos;
luego de haber destruido varios ejércitos con sus jefes, los numantinos encerrados tras sus
murallas, terminaron por dejarse morir de hambre , a excepción de los pocos que rindieron
la plaza.
Los lusones, que pueblan la parte oriental, confinan también con las fuentes del
Tagos. De los arévacos son las ciudades de Segeda y Palantia. Numancia dista unos
ochocientos estadios de Caesaraugusta que, como hemos ya dicho, se alza en la orilla del
Iber. Tanto Segóbriga como Bílbilis, son ciudades de los celtíberos.
Polibio, al hablar de los pueblos vaceos y celtíberos y de las localidades que les pertenecen, cita entre otras
ciudades las de Segesama e Intercatia, pues la naturaleza del país no es apta para dar vida a
un gran número de ciudades, siendo como es sumamente mísera, de una situación
excéntrica y de un aspecto inculto; por otra parte, ni el género de vida de sus habitantes ni
sus actividades (excepto, naturalmente, las ciudades sitas sobre la costa de Nuestro Mar)
dan pié a ello. Los pobladores de las aldeas son salvajes y así con también la mayoría de los
iberos; las ciudades mismas no pueden ejercer su influjo civilizador cuando la mayor parte
de la población habita los bosques y amenaza la tranquilidad de sus vecinos.
ESTRABÓN, 3, 4, 13
41.
... los celtíberos suministraban para la lucha no sólo excelentes jinetes, sino también
infantes que destacaban por su valor y capacidad de sufrimiento. Están vestidos con ásperas
capas negras, cuya lana recuerda el fieltro. En cuanto a las armas, algunos de ellos llevan
escudos ligeros, similares a los de los celtas, y otros grandes escudos redondos del tamaño
del aspis griego.
En sus piernas y espinillas trenzan bandas de pelo y cubren sus cabezas
con cascos broncíneos, adornados con rojas cimeras. Llevan también espadas de doble filo,
forjadas con excelente acero, y puñales de una cuarta de largo para el combate cuerpo a
cuerpo.
Emplean una técnica peculiar en la fabricación de sus armas; entierran piezas de
hierro y las dejan oxidar durante algún tiempo, aprovechando sólo el núcleo, de forma que
obtienen , mediante nueva forja, espadas magníficas y otras armas. Un arma así fabricada
corta cualquier cosa que se encuentre en su camino, por lo que no hay escudo, casco o
cuerpo que se resiste a sus golpes, por la excepcional calidad del hierro. Son muy hábiles en
luchar de dos modos diferentes: primero atacan a caballo y, en caso de ser rechazados,
desmontan y atacan de nuevo como soldados de infantería.
Según sus normas habituales son extremadamente cueles con los criminales y enemigos, aunque con los forasteros son compasivos y honrados; los extranjeros que vinieron a vivir entre ellos, todos los invitaron
a parar en sus casas, rivalizando entre ellos para prodigarles hospitalidad, y los extranjeros
que fueron atendidos por éstos, los elogiaban y los consideraban amigos de los dioses.....
En cuanto a su alimentación, se sirven de toda clase de carnes, que abundan entre ellos, y
como bebida poseen una combinación de vino y miel...
DIODORO DE SICILIA, 5, 33-34
42.
Entre los pueblos limítrofes de los celtíberos, uno de los más adelantados es el de los
vaceos; estas gentes reparten anualmente las tierras que poseen entre sus miembros,
distribuyendo las cosechas de acuerdo con las necesidades de cada cual y condenando a
muerte a quienes ocultan o guardan para sí lo que no les corresponde......
DIODORO DE SICILIA, 5, 34
43.
Las raíces tintóreas abundan: el olivo, la vid, la higuera, y otras plantas semejantes crecen
cuantiosas en las costas ibéricas que bordean nuestro mar, y también en las del exterior. En
cambio, las costas septentrionales ribereñas al océano carecen de ellas a causa del frío; en el
resto del litoral, más que por negligencia de los hombres, que viven sin preocupaciones,
porque dejan transcurrir su vida sin más apetencia que lo imprescindible para la
satisfacción de sus instintos brutales.
Si no se quiere interpretar como régimen confortable
de vida el que se laven con los orines guardados durante algún tiempo en cisternas, y que
tanto los hombres como las mujeres de estos pueblos se froten los dientes con ellos, como
hacen, según dicen, los cántabros con sus vecinos.
Esto, y el dormir en el suelo, en común... Propio de los iberos y los celtas. Según ciertos autores, los galaicos son ateos, más no así los celtíberos y los otros pueblos que lindan con ellos por el Norte, todos los cuales
tienen cierta divinidad innominada a la que en las noches de luna llena, las familias rinden
culto danzando hasta el amanecer, ante las puertas de sus casas. Los vettones, que fueron
los primeros que compartieron con los romanos la vida de campamento, viendo una vez a
ciertos centuriones ir y venir en la guardia, paseándose, creyeron que se habían vuelto
locos y quisieron llevárselos a sus tiendas, pues no concebían otra actitud que la de estar
tranquilamente sentados o combatir.
ESTRABÓN, 3, 4, 16
44.
Se cuenta, por ejemplo que en las guerras de los cántabros, las madres mataron a sus hijos
antes de permitir que cayesen en manos de sus enemigos. Un muchacho cuyos padres y
hermanos habían sido hechos prisioneros y estaba atado, mató a todos por orden de su
padre con un hierro del que se había apoderado. Una mujer mató a sus compañeras de
prisión.
Un prisionero, que estaba entre los guardianes embriagados, precipitose en la
hoguera. Todos estos rasgos se cuentan también de los pueblos celtas, tracios y escitas;
como es cosa común entre ellos, la valentía, no sólo en los hombres, sino también en las
mujeres. Estas cultivan la tierra; apenas han dado a luz, ceden el lecho a sus maridos y los
cuidan. Con frecuencia paren en plena labor, y lavan al recién nacido inclinándose sobre la
corriente de un arroyo, envolviéndole luego...
Tales rasgos denotan cierto salvajismo en sus
costumbres; mas otros, sin ser propiamente civilizados, no son, sin embargo, salvajes. Así,
entre los cántabros es el hombre quien dota a la mujer, y son las mujeres las que heredan y
las que se preocupan de casar a sus hermanos; esto constituye una especie de ginecocracia,
régimen que no es ciertamente civilizado...
ESTRABÓN, 3, 4, 17-18
45.
Todos los habitantes de la montaña son sobrios; no beben sino agua, duermen en el suelo,
llevan cabellos largos al modo femenino, aunque para combatir se ciñen la frente con una
banda. Comen principalmente carne de cabrón; a Ares sacrifican cabrones, cautivos y
caballos; suelen hacer hecatombes de cada especie de víctima, al uso griego, y por decirlo
al modo de Píndaro inmolan un centenar.
Practican luchas gimnásticas y hoplíticas e hípicas, ejercitándose para el pugilato, la carrera, las escaramuzas y las batallas campales. En las tres cuartas partes del año no se nutren sino de bellotas, que, secas y trituradas, se
muelen para hacer pan, el cual puede guardarse durante mucho tiempo. Beben
zythos, y el vino, que escasea, cuando lo obtienen se consume enseguida en las grandes festines
familiares. En lugar de aceite usan manteca.
Comen sentados sobre bancos construidos alrededor de las paredes, alineándose en ellos según las edades y dignidades; los alimentos se hacen circular de mano en mano; mientras beben, danzan los hombres al son de flautas y trompetas, saltando en alto y cayendo en genuflexión....En el interior, en lugar de moneda
practican el intercambio de especies o dan pequeñas láminas de plata recortadas. A los
criminales se les despeña, a los parricidas se les lapida, sacándolos fuera de los límites de la
patria o ciudad.
Los enfermos, como se hacían en la Antigüedad entre los asirios, se
exponen en los caminos para ser curados por los que han sufrido la misma enfermedad.
Antes de la llegada de Bruto no tenían más que barcas de cuero para navegar por los
estuarios y lagunas del país.....
Así viven estos montañeses que, como dije, son los que
habitan el lado septentrional de Iberia; es decir: los galaicos, astures y cántabros, hasta los
vascones y el Pirineo, todos los cuales tienen la misma forma de vivir. Podría hacer la lista
de pueblos más larga, pero renuncio a una descripción aburrida, pues a nadie le agradaría
oír hablar de los pleatauros, bardietas, alotrigos, y otros nombres menos bellos y más
ignorados.
ESTRABÓN, 3, 3, 7
46.
En la misma Hispania hay un pueblo galaico y astur entre los que se engendra los caballos
llamados tieldones y asturcones, cuando son de talla menor; no tienen una marcha como es
corriente, sino que su paso es elástico y procede del movimiento simultáneo de las dos
patas de un mismo lado. Por ello se ha educado a los caballos a trote.
PLINIO, Historia Natural, 5, 3, 16

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© 2013 Creado por Aníbal Clemente Cristóbal.
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