El pasado martes se cumplió casi cuatro siglos (399 años). Una exposición del Ayuntamiento de la ciudad donde vino a morir tras una vida de letras y batallas, encarcelamientos y hasta excomuniones, lo sacará ese día "a la luz". Cervantes, en hueso vivo. Su testamento sigue desaparecido. Y no dejó, a diferencia de su coetáneo Shakespeare, un epitafio para su tumba: Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado. Bendito el hombre que respete estas piedras y maldito el que remueva mis huesos.
Colabora en éste reportaje www.historiayarqueologia.com

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