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    jueves, 18 de enero de 2018

    La cueva escondida de los trepanadores del pelo rojo

    Los investigadores inspeccionan la cueva de Biniadrís, en la isla de Menorca. PROYECTO BINIADRÍS

    La arqueóloga Eva Alarcón (izquierda) recuerda perfectamente el día del verano de 2015 en el que entró por primera vez a aquel rincón olvidado durante milenios. “Sentí escalofríos”, rememora. La investigadora se había encaramado a la pared de un barranco, a 16 metros del suelo. Allí, en una cueva prácticamente inaccesible de apenas 10 metros cuadrados, había multitud de cráneos humanos cubiertos por una capa de lodo. Algunos de ellos mostraban un orificio perfecto: habían sido trepanados. “Es emocionante pensar que estás en un lugar donde parece que el tiempo se detuvo hace 3.000 años”, relata.

    Alarcón es la codirectora de las excavaciones en la cueva de Biniadrís, descubierta en 2013 en la isla de Menorca. Su equipo ha identificado huesos de alrededor de un centenar de personas, según sus cálculos preliminares. La gruta, explica, se usó desde hace unos 3.300 años hasta hace unos 2.600 como un lugar de enterramiento, “un espacio sagrado” en el que se llevaban a cabo enigmáticos rituales funerarios.


    Cráneos apiñados en el interior de la cueva de Biniadrís (Menorca). PROYECTO BINIADRÍS

    “No sabemos cómo llevaban los cadáveres hasta la cueva. Parece que los envolvían en una especie de sudario de lino y los transportaban a la espalda”, señala. “Colocaban el cadáver en el centro de la cueva, espolvoreaban ocre rojo por encima y lo dejaban allí, hasta que había que hacer sitio para otro cadáver. Entonces, apiñaban los restos antiguos en los laterales de la cueva”, detalla la arqueóloga, de la Universidad de Granada.

    Alarcón muestra fotografías de uno de los hallazgos más impactantes de Biniadrís: mechones perfectamente conservados de pelo coloreado por el ocre. “A las personas que morían les cortaban un mechón y lo metían en un tubito, de cuero, de madera o de otro material”, describe. En las tapas de estos recipientes, elaboradas con hueso, grababan series de círculos concéntricos casi perfectos (izquierda). Es imposible saber qué significaban estas ceremonias para ellos. En la misma época, los asirios alababan a Enki, el dios del agua dulce; y los egipcios adoraban a Osiris. Como otras miles de creencias que fueron la verdad revelada y motivo de guerras para generaciones enteras de seres humanos, hoy ya no significan nada.

    El equipo de la arqueóloga acaba de publicar los primeros resultados de sus investigaciones en la revista especializada Quaternary International. En Biniadrís han aparecido también botones de hueso, similares a los de una trenca actual, que indican que los cadáveres estaban vestidos. “Los botones eran piezas de artesanía, que quizá pasaban de generación en generación”, apunta el arqueólogo Manuel Altamirano (derecha), también de la Universidad de Granada.

    En su estudio, el grupo de Alarcón describe cinco cráneos trepanados, con agujeros prácticamente perfectos. En algunos de ellos apenas cabe un lápiz, pero otros orificios llegan a los tres centímetros. Sus rebordes indican que el hueso se regeneró tras la operación. Los individuos siguieron viviendo.

    “La trepanación era una operación médica habitual desde el Neolítico para aliviar la presión de las meninges, ante fuertes dolores de cabeza”, explica la arqueóloga Marta Díaz-Zorita (izquierda). Esta especialista de la Universidad de Tubinga (Alemania) lleva a cabo las investigaciones antropológicas de los restos hallados en Biniadrís, pertenecientes a la cultura talayótica, la Edad del Bronce de Menorca. “Las trepanaciones eran realizadas por personas que tenían un cierto conocimiento. Hacían los agujeros por abrasión, con una herramienta de piedra, como una lija, y luego con una punta. Tendrían algún tipo de analgésico para evitar el dolor”, especula.

    La cueva de Biniadrís es la última sorpresa del territorio funerario de Calescoves, en el término municipal de Alaior, donde desde la década de 1990 se han encontrado otras cavidades con inhumaciones similares, como las de Es Mussol, Es Càrritx y Es Pas. Pero, incluso en este marco extraordinario, Biniadrís es “excepcional” por la calidad de sus restos, según Díaz-Zorita. Las excavaciones, financiadas por la Fundació Rubió i Tudurí y el Consell Insular, continuarán el próximo verano. La cueva todavía esconde mucha información sobre los trepanadores del pelo rojo.

    Calescoves es una zona arqueológica ubicada en el municipio de Alaior. Se accede desde la carretera de Maó a Cala en Porter, a través del desvío hacia el camino rural de Biniadrís.

    CAMINO DE SER PATRIMONIO MUNDIAL

    La cueva de Biniadrís es la última joya de la Menorca talayótica, una cultura presente en más de 1.500 yacimientos en apenas 700 kilómetros cuadrados de isla, según las cifras del Consell Insular. La institución ha promovido en los últimos años la candidatura de una selección de estos lugares arqueológicos a entrar en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco. Sin embargo, tras un informe del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios que recomendaba reformular la propuesta, el Consell Insular anunció en mayo que retrasaba la candidatura. El documento reconocía el potencial de la Menorca talayótica, pero alertaba de algunas faltas, como pintadas y vegetación en algunos yacimientos.

    Fuente:elpais.com | 17 de enero de 2018
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