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    sábado, 7 de julio de 2012

    El aterrador juicio de la balanza.



    La visión de uno de los tímpanos de la basílica de Santa María Magdalena de Vézelay (Francia) debió causar pavor entre los hombres del medievo que la contemplaron.
    Incluso en nuestros días, esta magnífica representación del Juicio Final sigue inquietando al espectador. En especial por unas figuras alargadas e inquietantes que se encuentran a la izquierda del Cristo que preside la escena.
    Junto a él, un ángel pesa en una balanza a dos hombres, decidiendo su destino —¿sus actos en vida merecen el cielo o el infierno?—, mientras un demonio hace trampas e intenta inclinar el instrumento hacia su lado.
    Algo más a la izquierda están los condenados, que avanzan en fila con los rostros desencajados por el terror, en dirección a una criatura de grandes fauces y temibles colmillos que está devorando a los pecadores.



    La llamativa escena de la balanza no es exclusiva de esta iglesia. Está presente en muchos otros templos de toda Europa y, como es lógico, era comprendida por los fieles que acudían a los templos en la Edad Media.
    Lo más curioso es que si un ciudadano egipcio de hace 3.500 años hubiera tenido la ocasión de ver esta escena, es casi seguro que habría captado el mismo mensaje. ¿Cómo es posible?
    La escena del "pesaje de almas", denominada como 'psicostasis' o 'psicostasia', aparece en las representaciones del llamado 'Libro de los Muertos' egipcio, una especie de "manual" que servía a los difuntos para pasar con éxito las pruebas que le franquearían las puertas del más allá…
    Según el 'Libro de los Muertos', cuando el difunto completaba con éxito la travesía por el inframundo se encontraba con Osiris, el dios egipcio de los muertos.
    Aquí daba comienzo la escena de la 'psicostasis' o pesaje del alma. Ante la mirada atenta de 42 jueces divinos y del propio Osiris, el difunto era sometido a la prueba más dura, en la que el dios Anubisprocedía a pesar su corazón —para los egipcios un símbolo de la conciencia y sede del alma— en uno de los platos de la balanza.





    En el otro, se colocaba la 'Ma'at', la pluma símbolo de la justicia y la verdad. Otro dios, Thoth,actuaba como notario y dejaba constancia escrita del veredicto.
    Si el pesaje resultaba favorable al fallecido, este conseguía la vida eterna. Si la balanza se inclinaba del lado contrario, el difunto era arrojado a las fauces del temible Ammit, criatura de aspecto monstruoso, híbrido de león, cocodrilo e hipopótamo.
    El parecido con la escena representada en los templos cristianos es más que anecdótica, así que parece claro que la curiosa iconografía del 'Libro de los Muertos' sobrevivió y fue reutilizada siglos después por los artistas cristianos.
    La psicostasis no fue propiedad exclusiva de los egipcios. Hay relatos similares en el budismo, elmazdeísmo o el islam. Sin embargo, en ninguna otra fe tuvo tanta importancia como en la religión egipcia, y de ella parece haber pasado al cristianismo.
    En el periodo helenístico, el dios Hermes-Mercurio se convirtió en el encargado de ejecutar el pesaje de las almas. De este modo, Hermes se identificó con Thoth.
    En esta nueva divinidad, Hermes-Thoth se identificaba a su vez con la figura de Hermes Trismegisto, considerado fundador del hermetismo, y que en época cristiana terminaría por ser asimilado al arcángel san Miguel.
    Hoy los investigadores creen que la aparición del culto a san Miguel se produjo probablemente entre los egipcios coptos, por lo que la identificación entre ambos personajes resulta aún más comprensible.
    En uno de sus trabajos, el historiador del arte Joaquín Yarza Luaces, explica que la relación entre el dios clásico y el santo cristiano no fue una mera sustitución: "Miguel no sustituye a Hermes, sino que se identifica con él o se incorpora al complejo personaje Hermes-Thoth".
    Estas tres figuras cumplían una función de psicopompos —conductores de almas—, razón por la cual muchos de los santuarios del arcángel fueron erigidos en lugares elevados.
    Esta función de conductor de almas atribuida al arcángel cristiano aparece de forma abundante, según los historiadores, en varios textos apócrifos, algunos de ellos cargados de gnosticismo.
    La identificación entre estos personajes es tan evidente que, tal y como explica Yarza Luaces, se conservan algunas gemas y amuletos en las que aparece representado de forma inequívoca Hermes, aunque la inscripción presente menciona a san Miguel.
    Otros autores han sugerido que la razón de la rápida e importante expansión del culto al arcángel no fue otra que la de reemplazar al anterior culto pagano a Hermes-Mercurio, aunque no hay forma de demostrarlo.
    Fuente: yahoo.es
    Imágenes: Wikipedia.
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