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    lunes, 5 de septiembre de 2016

    Un nuevo estudio sugiere que la cantidad de sangre que llega al cerebro fue la clave en la evolución de la inteligencia humana

    Orificios craneales de los humanos actuales

    Que el aumento de tamaño del cerebro humano en algún punto remoto de nuestra evolución tiene que ver con el desarrollo de la inteligencia es algo comunmente aceptado. Pero ahora un equipo de investigadores de Sudáfrica y Australia lo cuestionan. Según explican, la auténtica clave para la evolución de la inteligencia fue el aumento del suministro de sangre al cerebro.

    Según explican en el artículo publicado en Royal Society Open Science, para demostrar su hipótesis calcularon como había ido variando la cantidad de sangre suministrada al cerebro de nuestros ancestros a lo largo del tiempo. Encontraron que el cerebro humano no solo evolucionó en tamaño, sino que también pasó a consumir mayores cantidades de sangre.

    Foto: De izquierda a derecha: Australopithecus afarensis, Homo habilis, Homo ergaster, Homo erectus y Homo neanderthalensis. Crédito: Roger Seymour.

    El profesor Roger Seymour (izquierda), un biólogo evolutivo de la Universidad de Adelaida, dijo: "El tamaño del cerebro ha aumentado alrededor de un 350 por ciento más a lo largo de la evolución humana, pero hemos hallado que el flujo de sangre al cerebro se incrementó un increíble 600 por ciento".

    Para ello estudiaron fósiles de 11 especies de homínidos, desde el Australopithecus hasta los primeros Homo Sapiens.

    Según Roger, esto se debió a la necesidad progresiva de energía del cerebro para establecer conexiones entre las neuronas que permitieron la evolución del pensamiento complejo y el aprendizaje.

    "Creemos que esto está posiblemente relacionado con la necesidad que tiene el cerebro de satisfacer cada vez más las conexiones energéticas entre las células nerviosas, las cuales capacitan la evolución del pensamiento y el aprendizaje complejo. Para permitir que nuestro cerebro sea tan inteligente, debe ser alimentado constantemente con oxígeno y nutrientes de la sangre".

    Los investigadores analizaron el tamaño de dos agujeros de la base del cráneo en los fósiles de los primeros humanos. Estos agujeros están donde las principales arterias se dirigen al cerebro. Encontraron que, con el tiempo, tales agujeros aumentaron de tamaño desde hace unos tres millones de años, cuando el Australopithecus vagaba por África.

    Gráfico: Tasa de flujo sanguíneo cerebral en relación con la antigüedad estimada en 12 especies de homínidos.

    Cuantas más neuronas y conexiones desarrollaba el cerebro, la actividad metabólica se incrementaba, lo que requería una mayor demanda del oxígeno y los nutrientes aportados por la sangre.

    Dos orificios en la base del cráneo humano permiten a las arterias llevar sangre al cerebro. El diámetro de estos orificios está en relación con la capacidad de las arterias para suministrar sangre. Por tanto, midiendo los cambios de tamaño de estos orificios en nuestros ancestros los investigadores han sido capaces de determinar su aumento progresivo y ponerlo en relación con la evolución de la inteligencia.

    No solo eso, los mismos investigadores afirman, en otro estudio publicado el pasado año, que la inteligencia de los animales se puede predecir midiendo el tamaño de sus orificios craneales.

    Sin embargo, el profesor Darren Curnoe (derecha), director de Paleontología y Geobiología en la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia), es más cauteloso y dice que "el estudio es demasiado especulativo".

    "No creo que sea una pieza innovadora de la ciencia o que suponga un cambio de juego en nuestra comprensión de la evolución del cerebro humano", dijo a SBS Science en un correo electrónico.

    Argumenta que una de las limitaciones más importantes del estudio es que hace una serie de hipótesis acerca de cómo evolucionó el cerebro humano, tal como considerar la evolución de una forma lineal respecto a los cambios anteriores, cuando esto puede no haber sido el caso, así como sobre el aumento de la complejidad y organización del cerebro.

    "Mi principal preocupación es que sabemos muy poco acerca de la variación en la organización del cerebro entre las diferentes especies humanas y no es razonable suponer que en realidad existían grandes diferencias", concluye.

    Fuente: La Brújula Verde |  Mail Online | SBS Science
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