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    jueves, 27 de octubre de 2016

    El Museo del Prado y la Obra Social "la Caixa" presentan “Los objetos hablan” en Sevilla

    La Inmaculada Concepción. Bartolomé Esteban Murillo. Óleo sobre lienzo, 91 x 70 cm. Hacia 1665. Madrid, Museo Nacional del Prado.

    El Museo del Prado llega al Museo de Bellas Artes de Sevilla de la mano de la Obra Social “la Caixa” y la Fundación Cajasol para presentar una muestra que, en esta ocasión, plantea un diálogo entre sus visitantes y los objetos representados en las obras expuestas.

    “Los objetos hablan” reúne una selección de 58 pinturas y objetos de las principales escuelas representadas en el Prado entre los siglos XVI y XX de autores como Sofonisba Anguissola, Ribera, Goya, Vicente López, Raimundo de Madrazo y Sorolla, y entre los que se encuentran importantes pintores sevillanos como Velázquez, Murillo, Esquivel, García Romero y López, y Jiménez Aranda, sin olvidar a Francisco de Zurbarán, que desarrolló la mayor parte de su carrera en la capital andaluza. Además, por primera vez en el contexto de esta muestra ya que no ha podido ser contemplada en las sedes anteriores, el público sevillano podrá disfrutar de Hércules y la hidra de Lerna, una obra de Juan Bautista Martínez del Mazo que se incorpora a esta sede.

    Cada una de las piezas revela la importancia de un objeto para entender qué quiere transmitir el artista o bien su valor identificativo con el personaje representado: desde su estrato social, la iconografía de dioses y santos hasta la transformación del objeto como pieza de coleccionismo.

    26 de octubre de 2016.- Esta mañana se han presentado en Museo de Bellas Artes de Sevilla la exposición “Los objetos hablan. Colecciones del Museo del Prado” en presencia de Rosa Aguilar, consejera de cultura de la Junta de Andalucía; Valme Muñoz, directora del Museo de Bellas Artes de Sevilla; Elisa Durán, directora general adjunta de la Fundación Bancaria “La Caixa”; Rafael Chueca, director corporativo del Área de Territorio y Centros de la Fundación Bancaria “La Caixa”; Rafael Herrador, director territorial de CaixaBank en Andalucía; Antonio Pulido, presidente de la Fundación Cajasol; Miguel Zugaza, director del Museo del Prado; y Fernando Pérez, comisario de la exposición y jefe de Contenidos Didácticos del Área de Educación, Museo Nacional del Prado.

    El Museo Nacional del Prado y la Obra Social "la Caixa" firmaron un acuerdo de colaboración en 2011 por el que la entidad financiera se convirtió en benefactora de la pinacoteca. El acuerdo incluía la organización conjunta de exposiciones en toda España para acercar al público parte del rico legado artístico que custodia esa casi bicentenaria institución que es el Museo del Prado. Desde entonces, el Museo del Prado y la Obra Social ”la Caixa” han presentado conjuntamente diversas exposiciones: “Rubens, Brueghel, Lorena. El paisaje nórdico en el Prado” en las ciudades de Zaragoza,
    Valencia, Sevilla y Palma; y “Goya. Luces y sombras” y “La belleza cautiva. Pequeños tesoros del Museo Prado” en CaixaForum Barcelona.

    La muestra que ahora presentan en Sevilla llega después de su exhibición en los centros CaixaForum de Zaragoza, Lleida, Girona y Tarragona; la Casa de Iberoamérica en Cádiz; el Espacio Cultural Fundación CajaCanarias en Santa Cruz de Tenerife; el Palacio Municipal de Exposiciones Kiosco Alfonso en A Coruña; y el Centre del Carme en Valencia.

    La exposición es consecuencia del programa educativo «El arte de educar» que ha permitido, desde su puesta en marcha en 2009, que más de 278.00 niños y niñas en edad escolar hayan beneficiado de este proyecto educativo. También ha inspirado “Los objetos hablan”, una novedosa serie de exposiciones de orientación didáctica con una mirada transversal sobre las colecciones del Museo del Prado.

    Compuesta exclusivamente por obras del Museo del Prado, “Los objetos hablan” ofrece a sus visitantes la posibilidad de disfrutar de una cuidada selección de pinturas y también de objetos de artes decorativas, piezas de primer orden que tradicionalmente han quedado relegadas o ensombrecidas por las creaciones y los nombres de los principales pintores y escultores europeos de los siglos XVI al XX.

    Las obras seleccionadas, que van desde un San Jerónimo realizado en el taller de Jan Massys hacia 1530-40 hasta la figura de una mujer en la playa pintada por Cecilio Pla en la segunda década del siglo XX, plantean una visión sobre los objetos que acompañan a hombres y mujeres en su vida cotidiana o en momentos de especial significación, aquellos con los que quisieron o pidieron ser retratados. Desentrañar qué información nos dan los objetos sobre esos personajes, su época o su contexto geográfico, o qué significado oculto puede tener alguno de ellos es el principal cometido de esta muestra.

    Hombres y mujeres pueden reconocerse a través de ciertos objetos que les han acompañado a lo largo de los tiempos –a la hora de alimentarse, de vestirse, de desarrollar un trabajo o, simplemente, disfrutar de su ocio–, ya que esos objetos son depósitos de la memoria, tanto individual como colectiva. Nos informan sobre costumbres y creencias, y también sobre las circunstancias históricas y sociales del momento en que fueron utilizados. Pero al mismo tiempo sugieren ideas, permiten establecer relaciones entre conceptos muy diversos, despiertan en quienes los contemplan todo tipo de sentimientos e invitan a soñar, a imaginar y a evocar otros lugares o momentos.

    Bodegón. Tomás Hiepes. Óleo sobre lienzo, 102 x 157 cm. 1668. Madrid, Museo Nacional del Prado.

    Los cuadros del Museo del Prado –los bodegones, por ejemplo– muestran una gran cantidad de elementos simbólicos, que contribuyen a enriquecer el aspecto formal que ofrecen y nos permiten un acercamiento al mensaje que el artista o su mecenas o cliente quisieron transmitir. Pero también hay en ellos numerosos detalles escondidos que nos obligan a recorrer una y otra vez la superficie pictórica para aprehender su esencia y su valor.

    Los objetos hablan, y además –y esa es la clave– nos invitan a dialogar. Ese es el objetivo de la exposición: plantear un diálogo entre sus visitantes y los objetos del Museo del Prado, tanto los «reales» o tridimensionales como los representados en la cuidada selección de pinturas que forman parte de ella.

    ÁMBITOS DE LA EXPOSICIÓN

    La clave está en el objeto

    ¿Qué es lo más importante en un retrato?, ¿qué atrae nuestra atención?

    Indudablemente, el espectador debe fijarse en la persona retratada, en su rostro, su mirada, su indumentaria, su peinado…; pero también en los objetos que lleva consigo o que aparecen a su lado.

    El charlatán sacamuelas. Theodoor Rombouts. Óleo sobre lienzo, 118 x 223 cm. 1620 – 1625. Madrid, Museo Nacional del Prado.

    En ocasiones, los objetos de los cuadros se convierten en auténticos protagonistas de la composición y en elementos clave para reconocer la escena representada; y esa función desempeña el instrumental quirúrgico que ha desplegado sobre la mesa el charlatán sacamuelas pintado por Theodoor Rombouts, que además lleva colgado al cuello un largo collar de muelas para demostrar el éxito de intervenciones anteriores a la que está realizando. En esa misma línea, la paleta y los pinceles con los que se autorretrata Carlos María Esquivel nos ayudan a reconocer en él a un pintor. En esos objetos está la clave de todo.

    Los objetos nos retratan

    Los objetos que nos rodean definen quiénes y cómo somos, es decir, nos retratan. Los trajes y vestidos que llevan los personajes de los cuadros que integran esta exposición sirven para indicar su estatus. En el caso de los retratos femeninos son particularmente importantes las joyas y los accesorios que lucen las retratadas, como la reina Isabel de Borbón, esposa del rey Felipe IV, que con el gesto de la mano derecha lleva la mirada del espectador hacia el rico joyel y el collar de perlas que adornan su vestido en el espléndido retrato que le hizo Frans Pourbus.

    Vendedores de frutas. Jerónimo Jacinto Espinosa. Óleo sobre lienzo, 79,5 x 123 cm. h. 1650. Madrid, Museo Nacional del Prado.

    Por otro lado, los alimentos que muestran los ricos bodegones de cocina y de mesa hablan de costumbres gastronómicas y del contexto socioeconómico de la época en que fueron pintados estos cuadros, pero también del poder adquisitivo de quienes los encargaron.

    Un mensaje escondido

    Muchos cuadros encierran un mensaje oculto o simplemente ofrecen una información que el espectador no es capaz de percibir en un primer momento. En ocasiones, los objetos que acompañan a los protagonistas de algunas pinturas tienen un valor simbólico como las flores que san Diego de Alcalá esconde en el hábito (que hacen referencia al milagro del santo, que convirtió panes en rosas).

    El cardenal don Luis María de Borbón y Vallabriga. Francisco de Goya y Lucientes. Óleo sobre lienzo, 214 x 136 cm. Después de 1800. Madrid, Museo Nacional del Prado.

    Asimismo, los objetos con los que han sido representados diversos personajes pueden servir para vincularlos a sus familiares o amigos ausentes (el camafeo que muestra la infanta Isabel Clara Eugenia), para resaltar la dignidad del retratado (el Toisón de Oro que luce el rey Felipe II) o bien para indicar su profesión o actividad (libros, armas, adornos, etc.). Otros, como la carta que una joven acaba de recibir con motivo de su cumpleaños en el cuadro de Raimundo Madrazo, nos invitan a imaginar qué puede poner en ella y quién se la habrá enviado.

    El coleccionismo. De objeto de uso a objeto artístico

    Desde tiempos remotos el hombre ha sentido la necesidad de acumular objetos y, es más, de mostrarlos a otras personas para dejar patente su estatus social y su nivel adquisitivo.

    El pintor Ignacio León y Escosura, que a finales del siglo XIX compaginó la creación artística con su actividad como coleccionista y anticuario, nos muestra su estudio en París para dejar constancia de su interés por todo tipo de obras pictóricas, objetos decorativos, armas, libros y muebles.

    Puede decirse que la belleza de los objetos reside en la mente de quien los contempla. Por esa razón muchos objetos pueden perder en un momento determinado su carácter utilitario para convertirse en piezas de colección, ya sea por su propia historia, por su valor artístico o por su poder de evocación. Así ocurre, por ejemplo, con la escribanía de plata que usaba el director del Museo del Prado o con los sombreros que llevaban sus celadores, que hoy forman parte de las colecciones artísticas del Museo y están presentes en esta muestra.
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