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    miércoles, 19 de octubre de 2016

    La historiadora Mary Beard ve el yacimiento romano de Veranes (Gijón) como residencia de élites de época Flavia

    Mary Beard visitando la Villa Romana de Veranes | ANGEL GONZALEZ

    La historiadora británica Mary Beard, galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016, ha definido hoy el yacimiento arqueológico de Veranes, en Gijón, como la residencia de las élites de la época Flavia del Imperio Romano, durante el primer siglo de nuestra era.
    La catedrática de Clásicas en la Universidad de Cambridge, considerada por el jurado que le concedió el galardón como una de las figuras intelectuales europeas más influyentes de la actualidad, ha realizado esta tarde una visita a las ruinas reconstruidas de una villa romana que se mantuvo en actividad hasta entrada la Edad Media.

    Beard ha destacado la importancia del yacimiento para el conocimiento de la vida en esa época y se ha manifestado sorprendida por las grandes dimensiones de lo que era "el comedor, porque quedan muy pocos de ese tamaño en todo el mundo".

    Por la ubicación entre el grupo de construcciones y el tamaño, la científica ha considerado que se destinaba a los grandes acontecimientos, festejos y recepción de personalidades, lo que permite suponer la importancia del asentamiento en las relaciones con Roma.

    Beard ha dicho que, a pesar de los estudios que se han realizado sobre la época, "poco se sabe" de cómo vivían las mujeres y los niños, en un momento en que el imperio había entrado en un proceso de decadencia.

    La historiadora ha estado acompañada en la visita por la arqueóloga Carmen Fernandez Ochoa, que dirigió las excavaciones que pusieron al descubierto las ruinas de la villa romana de Veranes y de otros restos romanos como las termas y en el antiguo edificio de Tabacalera, en el barrio histórico gijonés de Cimadevilla.

    La Villa de Veranes está emplazada en la cumbre del Torrexon de San Pedro, a 150 metros sobre el nivel del mar, en la Ruta de la Plata a su paso por Gijón, pero alejada a varios kilómetros de la ciudad, donde se han descubierto otros asentamientos romanos.
    Beard ha dicho que la elección de ese lugar no fue casual, sino que obedeció a razones de salud y de alimentación, puesto que se han descubierto zonas de cultivo, como estratégicas para la defensa militar.

    La historiadora ha pedido a los visitantes que le acompañaron en la visita que "sintieran el lugar", porque aunque parece actualmente "muy abierto, era muy cerrado, muy exclusivo" y representativo de lo que es el poder. "No es un castillo pero era un lugar en el que se sentían seguros", ha asegurado.

    Fuente: lne.es | 18 de octubre de 2016

    Foto: Villa romana de Veranes (Gijón)

    La gran historiadora pone como ejemplo la villa romana gijonesa para justificar la necesidad de seguir estudiando la Roma antigua y sus obras


    A Mary Beard, que es capaz de filtrar sus muchas erudiciones mediante una campechanía sonriente y el aspecto de quien quiere seguir manteniéndose atenta y joven pese a la melena cana, la cátedra en Cambridge, los sillones en tres Academias (la estadounidense de las Artes y las Ciencias, la Británica y la Europea) y el flamante premio "Princesa de Asturias" de las Ciencias Sociales, lo que de verdad le gusta es hablar de la antigua Roma y que la interroguen por qué es aún importante -fundamental- leer a los clásicos y estudiar las vetustas piedras de una época que aún se transparenta en el presente.

    "¿Por qué todavía los romanos?", se preguntó ayer en Veranes, en Gijón, donde visitó durante una hora larga, en compañía de ciento quince invitados, el yacimiento de la villa romana y su museo, abiertos al público desde 2007 después de una serie de campañas arqueológicas que dirigieron, en su última etapa, Carmen Fernández Ochoa y Fernando Gil Sendino. "La villa de Veranes es una respuesta a esa pregunta de por qué seguimos estudiando todavía a los romanos", respondió Mary Beard.

    Es una de las preocupaciones de esta sabia comprometida con el humanismo, capaz de encontrar ángulos inéditos para volver a contar desde un renovado interés la historia de Roma. No la ocultó en Veranes. Tras recorrer las piedras rescatadas y el amplio espacio que ocupa la villa (una hectárea de extensión, aproximadamente), aseguró: "Aquí hay algo sustancioso". Poco antes había confesado una cierta envida por estos restos debido a que, según explicó, "en Gran Bretaña no hay nada si lo comparamos con la Hispania romana".



    Y ha insistido en esa idea que recorre todo su trabajo y está en todos sus libros, incluido el último y muy elogiado "SPQR". Escribe en su epílogo: "Flaco servicio hacemos a los romanos tanto si los convertimos en héroes como si los demonizamos. Y flaco servicio nos hacemos a nosotros mismos si no nos los tomamos en serio, y si damos por terminada la larga conversación que mantenemos con ellos".

    Beard recorrió Veranes, en la parroquia de Cenero, a doce kilómetros de Gijón y cerca de la antigua carretera con Oviedo, durante una hora larga en la que habló, pero durante la que también escuchó las fundadas explicaciones de Carmen Fernández Ochoa. El empeño de la arqueóloga naviega ha sido clave en la recuperación de parte de los dominios del antiguo "dominus" de lo que debió ser un "fundus" importante, situado a media ladera y en las proximidades de la Ruta de la Plata. También acompañaron a la galardonada el presidente de la Junta General del Principado, Pedro Sanjurjo; la alcadesa de Gijón, Carmen Moriyón, y el secretario general de la Fundación Princesa de Asturias, Adolfo Menéndez.



    Beard, a quien le puede el afán pedagógico, hizo parada en varios puntos del recorrido por la villa de Veranes para invitar a un ejercicio de imaginación. "Siempre que visito una edificación romana me pregunto cómo se entraba a ella; debemos pensar que aquí había un portón con un gran perro desagradable y un guardián al cargo", relató la historiadora, para quien el señor de Veranes era el representante de una clase pudiente, "aunque no la más rica". "En estos lugares debemos intentar sentir lo que sintieron los que habitaron en ellos", añadió.

    En la villa romana gijonesa hay que hacer lo mismo que cuando pisamos Pompeya, sugirió. Primer consejo a los visitantes de Veranes: "Hay que pensar que, entonces, esta villa no era un lugar tan abierto como nos puede parecer hoy, que la privacidad era mucho mayor". Las actuales estructuras son restos de la trama urbana de las edificaciones (logia, cocina, el triclinio, los baños o termas, la exedra, la diatea o el oecus). Mary Beard se mostró sorprendida, por ejemplo, por el tamaño del triclinio: "Es un comedor enorme, de los que nos quedan pocos con este tamaño en lo que fue el Imperio romano". Y explicó: "Es una estancia construida para disfrutar de las visitas, pero también para impresionar; hay que ver este tipo de construcciones como el resultado de un juego de relaciones sociales".

    Para Beard, en la villa romana de Veranes hay también una representación del poder. La zona que ocupa el triclinio se convirtió de hecho, en la Edad Media, en una iglesia dedicada a Santa María y San Pedro. Para los vecinos de la zona, el lugar fue siempre el Torrexón de San Pedro. "Lo que ocurrió en el siglo IV es que los ricos salen de las ciudades e invierten en este tipo de villas; no es aún un castillo, pero es un lugar en el que sentirse seguros", indicó. A juicio de la historiadora, Veranes era un lugar privado pero ofrecía una "imagen pública de poder".

    Fuente: lne.es | Fotos | 19 de octubre de 2016
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