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    lunes, 30 de enero de 2017

    LA CIUDAD ROMANA DE GIJÓN ERA UNA FANTASÍA



    DIARIO LA NUEVA ESPAÑA

    Gegio, el Gijón romano, en entredicho


    Los arqueólogos César García de Castro y Sergio Ríos afirman en un artículo que la imagen del Gijón romano "está sobredimensionada"


    M. S. MARQUÉS La historia romana de Gijón acaba de ser puesta en entredicho en un artículo que cuestiona los resultados del "Proyecto Gijón de excavaciones arqueológicas", dirigido durante las últimas tres décadas por Carmen Fernández Ochoa, catedrática de prehistoria de la Universidad Autónoma de Madrid.
    Los arqueólogos César García de Castro y Sergio Ríos sostienen, en contra de lo que defienden los estudios del equipo de Fernández Ochoa, que lo que hoy conocemos como Gijón no era un núcleo urbano en época romana, sino "un asentamiento privado, que arranca a finales del siglo I como villa marítima concentrando el poblamiento estable del Cerro de Santa Catalina". A su juicio, la visión histórica que se da de Gijón durante la etapa altoimperial esta sobredimensionada porque la vida de carácter doméstico del asentamiento se extendió hasta el siglo IV.
    El texto descalifica algunas de las conclusiones publicadas y sus autores afirman que su finalidad es dar una "imagen objetiva, no distorsionada", de la presencia romana en la ciudad costera. Entre los argumentos que reúnen para desmontar el modelo propuesto por los responsables de la excavación citan la abundante toponimia latina que se extiende por los alrededores, lo que interpretan como aval de la antigüedad del valle de Gijón, ya que muchos nombres de localidades del entorno se han mantenido desde entonces, lo que contrasta con la ausencia "de un inequívoco y seguro nombre latino del núcleo histórico de la ciudad", ya que Gegio, el término que después sería Gijón, aparece, según los autores del artículo, en el siglo IX. Esta circunstancia que les lleva a las fuentes para documentar que el núcleo de Gijón "no mereció ni una simple mención para los escritores grecolatinos del imperio, desde Estrabón a Ptolomeo, les sirve para apoyar su visión de un Gijón más doméstico que urbano. García de Castro y Ríos consideran que esta ausencia, "que debería ser explicada", es motivo suficiente de reflexión sobre algunas de las afirmaciones académicas.
    El Proyecto Gijón de Excavaciones Arqueológicas incluye los estudios de tres zonas relativamente próximas: la muralla, la plaza del Marqués (palacio Revillagigedo) y Cimadevilla, donde insisten en que únicamente se hallaron dos lugares con restos romanos, muros de mampostería próximos a Campo Valdés, que también les sirven para disentir de la interpretación que realiza el equipo de Fernández Ochoa, que considera que no hay relación entre ambas estructuras porque los muros de cada ambiente no guardan la misma alineación, mientras que los autores del escrito sostienen que esa conclusión no les parece argumento para descartar la vinculación.
    Las termas de Campo Valdés son uno de los puntos de desacuerdo más notorios entre las dos visiones en liza ya que frente a la de lugar público que plantea la tesis oficial, la de los críticos apuesta por un espacio privado vinculado a la residencia señorial de lo que a su entender fue probablemente una villa marinera, conclusión que nunca aceptó Carmen Fernández Ochoa, según escriben.
    Ambos insisten en su artículo en subrayar que en el registro estratigráfico de Cimadevilla y alrededores no aparece ninguno de los elementos que definen un núcleo urbano romano, y citan la ausencia de red viaria ortogonal, jerarquizada y planificada; pavimentos empedrados, red de alcantarillado y de suministro de agua potable y ausencia de un foro que no fue posible localizar en la zona de la plaza de El Lavaderu. Añaden que en Gijón tampoco se localiza una sola planta de vivienda inserta en manzana urbana, por la que tampoco aparecen ni muros, ni fosas, ni cimentación ni basureros, lo que les lleva a corroborar que no se puede hablar de ciudad sino de algo mucha más doméstico.
    Carmen Fernández Ochoa entiende como un "ataque personal" el escrito de los dos arqueólogos en el que ve "inexactitudes" y "argumentos faltos de rigor científico". Para la profesora que lleva tres décadas al frente del Gijón romano. los argumentos esgrimidos, además de "omitir datos y trabajos que no les interesan, manifiestan una gran ignorancia". Afirma que hay cientos de materiales que no están publicados y que por tanto hablan de datos que no conocen.
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