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    martes, 28 de febrero de 2017

    Investigaciones del Museu d’Arqueologia de Catalunya afirman que la ciudadela ibérica de Ullastret tenía una hermana gemela

    Ullastret son dos. Las últimas investigaciones del Museu d’Arqueologia de Catalunya acaban de concluir que la ciudadela ibérica de Ullastret tenía una hermana gemela. Una auténtica ciudad, bien planificada y amurallada, de la misma época y, más sorprendente aún, a apenas 300 metros de distancia, en la llamada Illa d’en Reixac. En pleno corazón del Empordà. ¿Explicación? No hay, por ahora.

    El lugar se llama Illa y no hay ninguna isla, pero la toponimia nunca es inocente. El yacimiento ocupa lo que siempre, hasta hace apenas un siglo, estuvo rodeado de agua. Toda esta zona eran lagunas y marismas y hoy son campos de cultivo.

    Hasta ahora se sabía que en esta zona cercana al yacimiento de Ullastret –se ve desde la colina que ocupa, el Turó de Sant Andreu– había restos de época ibérica; la zona se había excavado desde 1947 y se habían detectado restos de construcciones. Había un yacimiento de unos 3.000 m2, una porción de muralla incluso. Lo que se ignoraba, y que ahora sorprende a los arqueólogos, es que la ciudad que hubo allí a partir de hace 2.500 años es quince veces mayor: una verdadera ciudad de 50.000 m2. Todo el terreno ha sido “radiografiado” mediante diversos sistemas de detección subterránea y ha aparecido la imagen de lo que existe ahí debajo. Una nueva ciudad fascinante y también un reto arqueológico, aunque por ahora no estén previstas nuevas actuaciones. El terreno es público.

    De manera que Ullastret era una dípolis, una ciudad con dos cabezas. “Siempre habíamos pensado que la Illa d’en Reixac era menos importante y ahora vemos que no, tenemos dos Ullastret”, valora Gabriel de Prado (izquierda), director del yacimiento y uno de los descubridores de la ciudad enterrada. La nueva aparición es una urbe altamente poblada, estructurada alrededor de una calle principal y ramificaciones diversas hacia el perímetro, completamente rodeado de una muralla; se sospecha que aquella muralla debía llegar hasta el límite de la islita, aunque quizá hubo una especie de camino de ronda alrededor.
    Dentro del perímetro urbano han aparecido tres edificios de gran tamaño, que sugieren la existencia de una aristocracia, o unas élites gobernativas, y también hay minipisos de 20 o 30 m2, con toda seguridad para las clases trabajadoras.

    Además de la densidad del terreno, los sistemas de detección desvelan dónde hubo focos de calor, de manera que se puede interpretar la ubicación de hornos u hogueras, cisternas, canalizaciones, restos animales, cerámicas... “Detectamos un horno que con toda seguridad fue de uso alimentario y no industrial, porque los íberos situaban las factorías fuera de las zonas habitadas”, explica Roger Sala (derecha), arqueólogo de la empresa SOT Prospecció Arqueològica, uno de los impulsores de la investigación.

    “Además, vemos que aquí adaptan el terreno a sus necesidades, cuando normalmente los íberos adaptan sus ciudades el terreno”, apunta Sala. Esta segunda ciudad de Ullastret ocupaba un pequeño montículo, de unos diez metros de altura máxima, completamente rodeado de un lago. Una pasarela artificial de tierra de unos 160 metros de largo unía la ciudad (a través de una puerta en la muralla) con la otra orilla, justo donde debían empezar las primeras casas del actual yacimiento de Ullastret. Todo el terreno fue nivelado para poder cultivarlo, de manera que hoy resulta difícil imaginarlo como un lago. Para ello, el Museu d’Arqueologia creó una “película” en 3D en la que exhibe cómo debió ser esta zona.

    La muralla que rodeaba la ciudad es uniforme, de alrededor de 3 metros de anchura; la del Turó de Sant Andreu es irregular: mucho más ancha en la parte más vulnerable (de hasta 12 metros entre muralla y foso) y más estrecha en los lados que dan a un barranco abrupto, por donde era más difícil recibir un ataque. Aunque los romanos conquistarían todo el territorio.


    Los arqueólogos saben que Ullastret está habitado desde el siglo VII a.C. Se trata por entonces de poblados de la cultura del hierro, asentamientos de cabañas precarias y poco estructurados. Los orígenes de la ciudad ahora descubierta se sitúan hacia el 550 a.C., y sabemos que los griegos fundan Emporion en el 575 a.C: son contemporáneas. “No podemos decir que los griegos vienen a iluminar a los íberos, pero con toda seguridad hay una influencia en la planificación urbanística”, explica De Prado. Aunque algunas estructuras urbanas recuerdan a las de Grecia, en esta ciudad no aparece nada comparable a un ágora, el lugar de reunión pública de la antigua Grecia.

    Estos resultados acaban de ser publicados en una monografía científica del Museu d’Arqueologia de Catalunya, que los presentó hace pocos días en una conferencia.

    Lo curioso es que los dos asentamientos se desarrollan en paralelo, con grandes edificios de mando (de hasta 1.000 metros cuadrados) y minúsculas viviendas para la plebe en ambos lugares. Hay una diferencia: en la Illa d’en Reixac no aparecen (por ahora) espacios que parezcan destinados al culto religioso. “Pero es que aquella parte es una isla y tiene el espacio limitado”, apunta De Prado. La ciudad de la isla ocupa unas 5 hectáreas y la del Turó, unas 15. Se calcula, en base a diferentes parámetros, que en el siglo IV aC, momento de apogeo del lugar, podían vivir aquí unas 6.000 personas, 4.000 en la ciudad de la colina y 2.000 en la de la Illa. En este momento, los arqueólogos detectan algunas reformas urbanísticas, y que algunos edificios grandes se apropian de zonas de uso público.

    No sabemos cómo se llamaba Ullastret, topónimo de origen posterior, medieval. La ciudad ibérica del Empordà aparece citada en textos de autores romanos como “la capital de los indiketas”. De Prado tiene una teoría acerca de la nomenclatura: “Algunos arqueólogos e historiadores no estarán de acuerdo, pero me aventuro a decir que seguramente Ullastret era Indika, porque este era el territorio de los indiketas o indigetas. Ausa era el de los ausetanos y Cesse o Kesse el de los cessetanos, de manera que si aplicamos la misma lógica, y dado el tamaño de esta ciudad, no podía ser otra cosa que su capital”.

    Las fuentes documentales –autores como Rufus Festus Avienus, Ptolomeo o Estrabón– señalan que la capital de los indiketas estaba cerca de Emporion, y ahí radica la controversia. ¿Cerca? ¿Qué distancia es “cerca”? Ullastret y Empúries están a unos 25 kilómetros de distancia, lo que en aquella época debía ser una jornada entera de viaje. Pero no existe “cerca” de Empúries otro yacimiento (conocido) que pudiera corresponder a Indika.

    No es extraño, en una civilización como la ibérica, cuya lengua no se ha conseguido descifrar, que se ignore el nombre o la ubicación del yacimiento. Ocurre con la capital de los cessetanos (el territorio que va del Garraf hasta el sur de Tarragona), cuya capital era Cesse, o Kisse, y se ignora a qué yacimiento corresponde; posiblemente estaba donde la actual Tarragona, y quedó en su subsuelo cuando los romanos fundan Tarraco. El momento es de gran importancia histórica, porque los íberos son la primera civilización propiamente dicha de la península. Cumplen tres requisitos: planifican el urbanismo de sus asentamientos, tienen escritura y se rigen mediante una estructura política y territorial. Siguen siendo, sin embargo, nuestros grandes desconocidos.


    Una excavación sin excavación

    El descubrimiento no procede en realidad de una excavación en el sentido tradicional del término, sino de un taller de trabajo. En el 2012, Ullastret acogió el 1st MAC International Workshop of Archaeological Geophysics, orientado a la formación de geofísicos y arqueólogos en técnicas de prospección aplicables a la arqueología: georadar, eléctrica, magnética y electromagnética. Bajo la dirección del Museu d’Arqueologia de Catalunya y la empresa SOT Prospecció Arqueològica, que dirige Roger Sala, intervinieron también expertos de las universidades de Barcelona y Gante y empresas de Francia, Estados Unidos, Alemania, Italia y Gran Bretaña. Todos ellos radiografiaron durante cuatro días la parcela donde se tenía constancia de viejos restos ibéricos.

    La fusión e interpretación de todos los datos ha costado cuatro años. Había muchísima información a procesar y obtenida por sistemas y expertos de lugares diversos; el Museu d’Arqueologia de Catalunya y SOT Prospecció centralizaron la información.

    Los datos se plasmaron en esa completa “radiografía”, sobre la que se ha hecho un amplio estudio interpretativo –130 páginas, editado sólo en inglés– sobre lo que esconde el subsuelo de la Illa d’en Reixac.


    Fuente: lavanguardia.com | 26 de febrero de 2017
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