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    miércoles, 18 de octubre de 2017

    Analizan el ADN de la Feixa del Moro (Andorra) para determinar el parentesco entre tres difuntos de hace 6.000 años

    Restos hallados en la cista 3 realizada en la fase inicial del descubrimiento. Fotografía depositada en el Patrimonio Cultural de Andorra (Llovera and Colomer, 1989).

    La Feixa del Moro (Andorra), otra vez. Probablemente, el yacimiento más rentable de nuestra prehistoria. Como mínimo, del Neolítico medio, pongamos que entre el 4500 y el 3900 antes de Cristo. Seguro que lo recuerdan, porque hemos hablado otras veces: el servicio de Patrimonio, con Xavier Llovera al frente, lo excavó entre 1983 y 1985, y los resultados fueron espectaculares, con tres enterramientos. Cistas, por decirlo técnicamente, dos de los cuales, intactos, con los restos de dos adultos y un bebé, que conservaban el ajuar funerario y, de regalo, un conjunto de estructuras domésticas adyacentes. Todo ello lo convirtió en un yacimiento excepcional que los últimos años no ha dejado de hablar. Y tanto como debe hablar, todavía.

    En el Congreso de historia de los Pirineos, en junio en el Centro de Congresos, el equipo que lidera el arqueólogo Gerard Remolinos presentó una primera batería de conclusiones en el que ajustaba un poco más la datación de los enterramientos -una horquilla que va del 3975 al 3711, que ya es precisar y poniendo sexo, edad e incluso estatura a los tres inquilinos: dos mujeres adultas, y no un hombre y una mujer, como se había propuesto inicialmente: la que apareció sola tenía entre 20 y 23 años, y hacía entre 163 y 167 centímetros; la otra mujer, y eso seguro que también lo recuerdan, hacía entre 150 y 156 centímetros, tenía entre 15 y 17 años y, atención, apareció con los restos de un bebé, de quien no sabemos nada más: ni el edad aproximada, ni si era niño o niña. Ni siquiera si era el hijo, o tal vez el hermano.

    Localización del yacimiento en Andorra

    Pues precisamente eso, cuál era el parentesco de estos tres protolauredians, es el objetivo del Grupo de Genética Forense y de Genética de Poblaciones de la Universidad Complutense de Madrid, que las próximas semanas analizará muestras óseas de nuestros tres difuntos de hoy para extraer el ADN y determinar si son la primera familia andorrana de quien tenemos noticia. Quién lo sabe. Las muestras serán extraídas (y enviadas) por el mismo Remolinos, que tanto levanta un dolmen prehistórico -el de Bescaran- como excava en Soldeu detrás del sargento Peacock, o corta con una miniradial un fragmento de fémur neolítico: esto es lo que hace exactamente aquí arriba, y el fémur pertenece a la mujer sola.

    A los investigadores de la Complutense, dice, les interesa exclusivamente el parentesco que podrían tener (o no) estos tres individuos, y la ocurrencia forma parte de un estudio impulsado en 2010 por el Centro Superior de Investigaciones Científicas español (CSIC) que pretende radiografiar de forma exhaustiva las necrópolis del neolítico medio del nordeste de la península Ibérica. Incluidas nuestras humildes valles, que participan gracias a los yacimientos de la Feixa del Moro y de Segudet: ya saben, donde en 2001 apareció el primer andorrano. O andorrana, para ser exactos, que vivió y murió entre 4300 y el 4050 antes de Cristo. Así es como meses atrás, ya partir del análisis de los isótopos estables -sea esto lo que sea- de las dos mujeres, se pudo reconstruir de forma aproximada la paleodieta de aquellas dos lauredianas. Fuerza aburrida, la verdad, a base de carne de herbívoros -ovejas, cabra, cabirol- y cereales -trigo, básicamente-, con una aparente ausencia de peces: no ya de mar, lo que ya nos podíamos esperar, sino también de río. Ni una triste tortilla.

    Extracción de un diente de los restos de una de las mujeres enterradas en el yacimiento de la Feixa del Moro. (Foto: Regirarocs).

    La monografía sobre el yacimiento, en diciembre

    Con el ADN, dice Remolinos, se podrían determinar otros detalles interesantes, como el color de los ojos, de la piel y del cabello, incluso qué patologías sufrieron. Pero todo esto tendrá que esperar. Al CSIC, volvemos a decirlo, le interesa exclusivamente si las tres fallecidas son abuela, madre e hija. Y es esto lo que investigarán. Una oportunidad única -dice Remolinos, que heredó de Llovera el liderazgo en la investigación de la Feixa del moro- porque el análisis de ADN, que para muestras actuales puede subir a 1.000 euros, se dispara cuando trabajamos con muestras prehistóricas. Por si acaso, les ha pedido de preservar el ADN que se pueda extraer para una hipotética análisis ulterior que permita determinar todos estos extremos, de modo que no tengan que preparar más muestras óseas, que son por definición destructivas.

    En este caso le han pedido dos muestras por individuo. De unos 300 miligramos de peso cada una. Preferentemente, de huesos densos y cuanto menos esponjosos, mejor, donde se ve que hay más probabilidades de que se haya conservado el ADN: fémur, tibia y húmero, para hacernos una idea. O dientes, siempre que no sea carcomidas ni tengan fisuras ... ni sean de leche. Por eso del bebé se ha tenido que enviar una clavícula y una costilla. Que acabarán destruidos sin ninguna garantía de que puedan extraer el ADN. Pero esto, dice Remolinos, sólo se sabe hasta que se intenta. Los resultados, en fin, en dos meses. Y luego, a esperar la monografía que bajo el título Las valles andorranos al neolítico medio: un cruce de caminos se publicará antes de fin de año y que pretende poner los estudios sobre este periodo histórico, incorporando las últimas hipótesis y las últimas excavaciones.
    Todo ello, a partir de la convicción de que, lejos de ser un rincón marginal, durante este momento de esplendor que fue el Neolítico en Andorra -lo que hace seis milenios era Andorra, claro- participó activamente en las dinámicas de circulación de personas y de intercambio comercial. Por eso, de los ajuares de la Feixa del Moro, se recuperaron herramientas de sílex provenientes de la Provenza, hachas pulidas de origen alpino y, naturalmente, cuentas de collar hechas de variscita, la piedra verde que se extraía de las célebres minas prehistóricas de Gavà.

    Fuente: bondiad.ad | 10 de septiembre de 2017
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    1 comentarios:

    1. Donde dice "tortilla" debería decir trucha (en catalán, "truita" es polisémica. Y la expresión "Força..." debe ser traducida como "bastante..."

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