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    viernes, 17 de agosto de 2018

    Clunia, una gran ciudad romana en una vitrina

    Las estelas funerarias, frisos y capiteles proceden de los lugares públicos como el foro o el teatro. - Santi Otero

    El Museo de Burgos dedica una sala a este yacimiento que permite conocer el modo de vida de sus habitantes y su influencia en el actual

    El Museo de Burgos, además de un bello desconocido, se dibuja como una chistera inagotable de tesoros que permiten acercarse a la provincia sin salir de la capital. Una sala de la Casa de Miranda, sede de su sección de Arqueología, abre una ventana al yacimiento romano de Clunia, situado en la Ribera del Duero, entre Peñalba de Castro y Coruña del Conde, que propicia un viaje en el tiempo hasta aquella época para ver el modo de vida de sus gentes y atisbar su influencia en la actualidad.

    «Toda nuestra cultura procede de la romana. No es que sus platos fueran como los nuestros, es que los que usamos hoy vienen de allí. Somos una civilización heredera y estamos fuertemente romanizados: en las monedas, las cerámicas, las formas de convivencia...», observa la directora del Museo de Burgos, Marta Negro, cicerone en esta visita.

    Los fondos que se exhiben proceden de la misión salvadora que lleva a cabo la Comisión Provincial de Monumentos a finales del siglo XIX ante el peligro de desaparición de los restos del yacimiento por el expolio y el comercio ilegal, de las piedras que han ido apareciendo en los pueblos de alrededor, que convierten a Clunia en una cantera tras su despoblación, y de parte de la excavación que el arqueólogo Blas de Taracena realiza en 1934, centrados, básicamente, en la denominada Casa número 1, que tras pasar por el Museo Numantino desembarcan en el burgalés en 1982. No hay nada referente a los hallazgos de las posteriores excavaciones, que se quedan en el Aula de Interpretación y en los almacenes del propio emplazamiento.

    El Museo de Burgos, a través del ajuar de esa Casa 1, permite acercarse al entorno doméstico, al día a día, de un familia de la alta sociedad. El visitante se sienta en su mesa, se cuela en su cocina y en los aposentos del servicio, conoce las herramientas de construcción y mantenimiento, observa la decoración de la vivienda, se mete en la alcoba de los señores y en su joyero, cuenta sus monedas...

    Se expone la vajilla de cerámica común de uso diario de los señores, platos y jarras idénticas a las de hoy, y la que se saca a los invitados, de Terra Sigilata, más fina que la anterior, además de otra más rústica que utilizaría la servidumbre. El menaje del hogar se completa con un trozo de un colador, tapas de cazuelas, jarras, ánforas, embudos...

    Pasmoso es igualmente el parecido de las joyas halladas con las de la actualidad. Pulseras, collares, anillos, pendientes, fíbulas, agujas de moño o anillos que bien podrían estar hoy en cualquier escaparate de una joyería o en los puestos de un mercadillo de bisutería.

    Hay piezas en hueso, en menor cantidad y peor conservadas debido a que es un material orgánico, como agujas de coser o unos objetos que en un principio se pensó que eran flautas, aunque no hubiera manera de sacarlas melodías, pero que últimamente se ha fijado que eran bisagras de mobiliario de distintos tamaños.

    La colección, curiosona, se inmiscuye en la vida más íntima de los señores, en sus desvelos espirituales. Aparecen aras que dan cuenta de la existencia de altares domésticos o capillas privadas para venerar a sus dioses o rezar a los antepasados y pequeños candiles que mantendrían iluminados estos lugares.

    De lo divino a lo terrenal. La casa disponía de una caja de herramientas para su mantenimiento con piezas de hierro como alicates, tijeras, bisagras, balanzas..., «prototipos de las que usamos en la actualidad».

    De bronce se conservan agujas, horquillas y otros objetos de tocador, además de restos de esculturas que pudieron adornar las casas, aunque, apostilla Negro, de este material se conservan menos piezas o fragmentadas debido a que en épocas posteriores mucho de lo que se encuentra se funde para munición.

    Se exhibe, sin embargo, una importante colección de monedas. Un texto a la vista del público explica que existen de tres series: denarios con letrero ibérico, monedas indígenas con caracteres latinos y las hispanorromanas de época imperial. Este último es el grupo más numeroso y están acuñadas en época de Tiberio, entre los años 14 y 37.

    Al final del recorrido, antes de iniciar un nuevo viaje a cualquier otro rincón de la provincia, el visitante puede tomar nota de los elementos constructivos de esa casa: llaves de la cerradura, baldosas, ladrillos de los zócalos, fragmentos de las paredes que estaban pintadas, acróteras o antefijas (decoraciones de las cabezas de viga) que representan caras...

    La mirada del Museo de Burgos a Clunia Sulpicia se completa con las piezas de piedra salvadas por la Comisión Provincial de Monumentos, precedente de este centro, y las que han ido apareciendo en las localidades de alrededor puesto que, una vez despoblada, se convierte en una suerte de cantera.

    El espacio expositivo está salpicado de frisos con escenas de distinta temática, sobre todo referentes a las batallas, estelas funerarias, capiteles y esculturas -destaca la diosa Isis y un retrato de Julia Titi- de los edificios públicos de la ciudad como el Foro, el templo o el teatro. Este recobrará vida este fin de semana y el siguiente con el festival de artes escénicas, cuatro representaciones que ya han colgado el cartel de entradas agotadas. Una reconstrucción de este auditorio y una maqueta del castro, que permite ubicar la Casa 1 o el Foro, completan la visita.

    Con todo, el Museo de Burgos brinda una mínima parte de la riqueza aflorada del yacimiento de Clunia. Hay que desplazarse hasta allí para apreciar el esplendor de esta ciudad que fue centro jurídico y religioso en época romana.

    PIEZAS ESCOGIDAS

    Vaso matemático
    Este vaso de cerámica es una de las piezas más interesantes de la colección. Se cree que pudiera pertenecer a un maestro que trabajara con los niños de la llamada Casa 1 porque en él se traza un problema matemático de trigonometría. «Demuestra que había material didáctico que llevaba el preceptor consigo», apunta Marta Negro.

    Estela ‘tuneada’
    Después de despoblarse, Clunia se convirtió en una cantera para la construcción de los pueblos de alrededor. Sus piedras levantaron casas y algunas se tunearon como esta estela funeraria que sirvió para poner el nombre de una plaza. «Puedes pensar que han hecho una barbaridad, pero no sabes si de no haberse aprovechado con este motivo hubiéramos perdido la pieza», aventura la directora.

    La diosa Isis
    La presencia de la diosa egipcia Isis revela, apostilla la responsable del centro, la existencia de comercio e intercambio de productos y también la sagacidad del pueblo romano, que, lejos de despreciar lo que procede de otras civilizaciones, lo hace suyo si cree que es bueno para su vida. Y, al parecer, así lo consideraron de la protección que les podía brindar Isis, diosa de la fertilidad y el hogar. Esta obra de mármol de espejuelo data del siglo II y está perfectamente conservada.

    Joyería del siglo XXI
    La sociedad del siglo XXI es heredera de la romana y la sala dedicada a Clunia en la Casa Miranda lo evidencia. El tocador de sus mujeres podría ser el de cualquiera de la actualidad. Pulseras, anillos, collares, agujas de moño, hebillas... lucen las mismas formas que las joyas más modernas de hoy.

    Fuente: El Correo de Burgos
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