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    lunes, 3 de septiembre de 2018

    "La cueva del Ángel es el gran archivo de los homínidos de la Península Ibérica"

    Cecilio Barroso, en la sede de la Fundación Instituto de Investigación de Prehistoria y Evolución Humana, en Lucena (Córdoba). / REPORTAJE GRÁFICO: JUAN AYALA

    Cecilio Barroso (Melilla, 1955) ahonda desde hace décadas en los orígenes de la evolución humana. En 1979 descubrió la cueva del Boquete de Zafarraya, en Málaga y, cuando todavía era estudiante en la Facultad de Letras de Málaga, halló las representaciones pictóricas de barcos más antiguas del Mediterráneo hasta la fecha, en un abrigo rocoso de Jimena de la Frontera (Cádiz). Desde mediados de la década de los 90, trabaja para desentrañar la cueva del Ángel, en Lucena (Córdoba), que describe como uno de los yacimientos más sorprendentes y valiosos de la Prehistoria y que equipara en trascendencia al de Atapuerca (Burgos).

    -¿Cómo se llega a la cueva del Ángel?
    -En torno a 1993, un grupo de lucentinos que forma parte de la Asociación Torre del Moral contactaron conmigo porque en los años 70 un vecino que paseaba por la vertiente Sur de la sierra de Araceli había encontrado unos huesos y una industria lítica muy antigua y querían saber si había posibilidad de excavar. Diversas universidades, entre ellas las de Córdoba y Sevilla, habían dicho que allí no había nada. Llegamos al acuerdo de que en el 95, cuando yo terminara las prospecciones en Zafarraya, en Málaga, generaríamos un proyecto de urgencias. En agosto de aquel año encontramos los primeros rellenos; fue un día feliz para todo el mundo. Hallamos un pozo circular de dos metros de diámetro, cosa que no comprendíamos en absoluto, y al final descubrimos que era del siglo XVIII excavado por mineros de la zona que buscaban travertino. Era la piedra más preciada y cara de las existentes en aquel momento, pues con ella se realizaban las columnas de las iglesias y los palacios barrocos. Encontraron travertino, pero aquello estaba lleno de quijadas y de dientes de animales y dieron por cerrada la explotación minera. La taparon con grandes bloques para evitar, supongo, que alguien se matara allí. En el año 96, en una segunda excavación, hicimos un informe para la Junta advirtiendo del yacimiento, pero hasta 2002 no llegó la primera autorización porque algunos investigadores ponían en duda que el yacimiento fuera real.

    -¿Qué ha pasado desde entonces?
    -La Junta nos obligó a hacer un retranqueo del pozo para comprobar si estaba lleno de piedra o eran rellenos, y evidentemente eran restos paleontológicos. Realmente, en un periodo de 24 años sólo hemos excavado seis veranos, mientras que en Atapuerca han excavado 30 veces en 30 años. Y encima nos dicen que hay pocos resultados.

    -En este tiempo, ¿cuáles han sido los principales hallazgos?
    -Hemos avanzado muchísimo a pesar de la escasez de permisos, pues el hecho de tener el pozo hecho por los mineros nos ha permitido tener toda una secuencia estratigráfica en profundidad y poseer un conocimiento de cinco metros. Esto ha sido importantísimo, pues en un mes de excavaciones apenas se bajan siete u ocho centímetros, así que se necesitarían 20 vidas para llegar a los cinco metros. En resumen, tenemos una datación muy fiable de algo más de 350.000 años de antigüedad, que son muchos años. En esa época, los homínidos que vivían aquí eran Homo erectus y no tenían nada que ver con nosotros. Procedían de África. De hecho, nosotros como especie no existíamos. Aunque hay otros análisis que han hecho miembros del CSIC que apuntan a que podemos irnos a algo más de 600.000 años en la parte más alta, por lo que en la parte más baja hablaríamos de un millón de años de antigüedad. Si esto se confirma, yacimientos de esta entidad sólo hay dos en el mundo. Son los orígenes de la humanidad, no lo olvidemos.


    -¿Cómo era el hombre entonces?
    -Los homínidos cazan y carroñean lo que pueden, pero ya vemos que tienen necesidades y ante retos nuevos en la cueva del Ángel se le dan soluciones. Pensamos en gente desnuda, pero aquí hemos encontrado tres útiles exclusivamente preparados para cortar y alisar la piel. Es la primera vez que esto aparece en el mundo, y nos indica que tienen la necesidad de cubrirse. Y que, posiblemente, sea la primera vez que manguen los objetos, es decir, que construyan un mango con resina para hacer la herramienta mucho más efectiva. Y otro hecho fundamental, el uso del fuego. En Europa y en Asia aparece en torno al 300.000 antes de Cristo, y en la cueva del Ángel, como mínimo, hay restos de 350.000 años, 50.000 años antes de lo que se pensaba. Es impresionante. Los homínidos de Atapuerca coinciden en el tiempo con los de la cueva del Ángel, pero allí no ha aparecido ni un gramo de carbón, no conocían el fuego. Y anda que allí hace frío. Y, encima, el fuego de aquí existe en una zona de cuatro metros de diámetro, y por ahora se han documentado más de tres metros de altura de acumulación de cenizas. Eso indica que durante 120.000 años hubo fuego. Planteamos la hipótesis de que en torno a 400.000 años, como mínimo, los primeros homínidos se asientan en la cueva. La teoría es que recolectaron fuego ocasionalmente por un rayo y lo llevaron allí. Era un lugar perfecto.

    -¿Lo puede describir?
    -Había abrigo contra la lluvia, una covacha para refugiarse, delante un llano con zonas lacustres y una gran cantidad de agua, lo que ahora es el campo de Aras y el arroyo Salado. Y el paisaje estaba lleno de manadas de elefantes, rinocerontes, bisontes, caballos, ciervos, jabalíes, la sierra llena de osos... Aquello para ellos era el paraíso. Posiblemente, las manadas no emigraban en verano porque el clima era mediterráneo y había agua todo el año. Lo que da cohesión a este grupo es el fuego, que es el mayor invento de la humanidad. Les permitía procesar los alimentos, destruir bacterias, calentarse y ahuyentar a las fieras. Este fuego, además, demuestra que eran sedentarios, porque no se interrumpió durante miles de años. En la cueva, los únicos carnívoros que se han encontrado son el lince, el gato salvaje y el lobo, y están allí porque ellos los mataban para comérselos. Este verano han venido colegas de Atapuerca. Y nos han dicho: allí hay diez yacimientos, pero son lugares adonde llegan los homídos, carroñean, dejan cuatro huesos y se van, no queda nada más. Nosotros aquí, menos los nombres, sabemos casi todo. Éste es el gran archivo de los homínidos de la Península Ibérica, y posiblemente de Europa y del mundo, al nivel de Atapuerca. Así que nadie comprende qué está ocurriendo, por qué no hay financiación ni apoyo institucional.

    -Pero aquí, hasta el momento, no han aparecido restos humanos...
    -Tenemos un fragmento de un fémur humano de más de 300.000 años (derecha). Lo arrancaron espeleólogos en la pared de la sima en los años 60, pero no sabemos exactamente dónde. Calculamos que en la cueva habrían nacido entre 60 y 80.000 homínidos. Posiblemente, arrojaban los muertos dentro de la sima, pero hay diez metros de profundidad hasta llegar al nivel de los homínidos, y sólo llevamos 2,80 metros. El próximo verano, esperamos llegar al menos a los ocho metros y, si se encuentran los homínidos, todo va a cambiar.

    -¿Hasta cuándo existen permisos de excavación?
    -Tenemos la palabra del director general de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía para prorrogarnos el permiso y excavar el próximo verano. Serán dos meses, con un presupuesto de 32.000 euros concedidos exclusivamente por el Ayuntamiento de Lucena. Desde 2012, la Fundación Instituto de Investigación de Prehistoria y Evolución Humana (Fipeh), que canaliza donaciones y ayudas de diversas administraciones, ha gestionado en conjunto 450.000 euros, para este proyecto y para el que desarrollamos en sierra Mágina, en Jaén.

    -Da la sensación de que las administraciones son reacias a invertir.
    -La única que apuesta, desafortunadamente, es el Ayuntamiento. La ahora vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, sí apostó en su etapa como consejera de Cultura y fue la única que otorgó una subvención, pero su marcha a Madrid como ministra paró en seco esa buena relación. En cambio, sí hay yacimientos a los que se les da dinero, como a Orce, en Granada. Han cambiado el cerramiento que tenían por otro psicodélico que ha costado 300.000 euros. Y por excavar 15 días, les dan 100.000 euros. Será la falta de conocimiento o de información, pero los expertos que llegan a Lucena no comprenden lo que pasa. Ésta es la joya del patrimonio de Córdoba.

    -Se ha llegado a hablar, incluso, de la declaración del yacimiento como Patrimonio Mundial, pero por el momento no existe ningún nivel de protección.
    -Ninguno. Además, el hecho de que fuera Bien de Interés Cultural (BIC), por ejemplo, no implicaría nada, ni que nos fueran a dar más dinero. Pero es cierto que tiene mucho más valor que otros sitios que sí son Patrimonio Mundial. Aparentemente, la evolución humana puede interesar poco cuando tenemos conjuntos monumentales como Medina Azahara, la Alhambra o el mundo íbero en Jaén. Eso sí, medio millón de personas visitan Atapuerca al año. La gente va a Burgos por Atapuerca, no por la catedral. Y el impacto económico es impresionante. Y la cueva del Ángel va a ser Patrimonio Mundial, como Atapuerca, que a nadie le quepa duda. Es excepcional y única, un archivo de la historia de la humanidad. Esto se lo planteamos a Rosa Aguilar cuando era consejera de Cultura y nos respondió que hablaríamos cuando lo lograra Medina Azahara. Creo que ha llegado el momento de retomar la conversación.

    -¿A qué otros yacimientos se puede equiparar?
    -Está al nivel de Atapuerca. Y, si afinamos con las dataciones, podríamos equipararnos con Dminisi, en Georgia.


    -¿Cuánto tiempo se necesitaría para conocer en profundidad la cueva del Ángel?
    -Se necesitarían dos o tres generaciones, esto no es algo coyuntural. He planteado al alcalde, Juan Pérez, que se redacte un plan estratégico, pues esto no puede seguir así. Por ejemplo, ahora estamos intentado cerrar la cueva y hemos pasado de un proyecto de 500.000 a 20.000 euros. Vamos de mal en peor, es paupérrimo. Y hemos pasado de hacer un centro de interpretación educativo y pedagógico a instalar un techo para tractores. Ahora trabajamos bajo unas chapas oxidadas que se pusieron en el año 95 y bajo las que la Junta no nos permite estar porque hace mucho calor. Aquello es patético. Cuando viene algún investigador de fuera, la situación me provoca bochorno.

    -Como experto en la evolución humana, ¿qué va a suponer para nuestra especie la revolución digital que se está produciendo? ¿Se puede equiparar de alguna manera al impacto del uso del fuego o el descubrimiento de la rueda?
    -Todo lo que somos, se lo debemos al pasado. Y el fuego nos permitió llegar hasta aquí. Respecto al impacto de lo digital, depende de hacia dónde nos dirijamos. Antes tenía que ir a París en verano y me recorría las grandes bibliotecas para sacar artículos, fotocopiaba como un loco y enviaba las sacas por tren. En España no había nada sobre Paleontología. Ahora das cuatro click y lo tienes todo. Las redes digitales significan la democratización del conocimiento, y eso puede dar unos logros impresionantes en múltiples aspectos, como la economía o la medicina. El problema de todo esto es la utilización espúrea que se le pueda dar. Lo digital es una de las grandes revoluciones de la humanidad, junto con el fuego, la agricultura, la máquina de vapor, la electricidad, la energía atómica... Las revoluciones ahora se acortan.

    Fuente: eldiariodecordoba.es | Ángel Robles | 2 de septiembre de 2018
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