Grupos de neandertales habitaron Cova Eirós durante largos períodos de tiempo

Para el que todavía no conoce Cova Eirós, se trata del yacimiento arqueológico más importante de Galicia. Los hombres neandertales y después los humanos modernos dejaron en esta cueva de Triacastela numerosas rastros que permiten reconstruir sus respectivos modos de vida.

Ayer finalizó una de las campañas más productivas desde que esta cueva se empezó a excavar en el año 2008. Según indicó Ramón Fábregas (izquierda), el catedrático que lidera esta investigación, en esta campaña se logró excavar toda la extensión del nivel cuatro, que era la que concentraba una mayor densidad de restos. El resultado que se obtuvo fue que el nivel explorado se corresponde con un campamento residencial donde los neandertales pasaron largos períodos de tiempo.


Esto supone un tipo de ocupación que antes no estaba registrada en Cova Eirós, pues en el nivel tres trabajado en años anteriores la cueva presentaba asentamientos solamente temporales. «Los grupos de neandertales que se corresponden con el nivel 4, hace más de 45.000 años, sí que utilizaron Eirós como un campamento donde puede que estuvieran hasta meses explotando los recursos da su entorno», explicó el director de la excavación Arturo de Lombera.

Más de 2.500 piezas arqueológicas, que comprenden sobre todo restos líticos -herramientas- y huesos, aparecieron en esta campaña. La presencia de huesos quemados con marcas de corte y percusión sobre su superficie indican que cazaban animales para luego procesarlos dentro del yacimiento, tanto para su consumo como para el aprovechamiento de sus pieles.


Una de las piezas que se encontró recientemente fue una mandíbula de ciervo que, pese a que se halló muy fragmentada, los arqueólogos consiguieron reconstruir. «Al ser ocupaciones prolongadas, aprovechaban mucho la fauna, la cual está muy fragmentada. Esta mandíbula de ciervo presentaba cortes hechos con piedras sobre su superficie lo que indica que se rompían para aprovechar la médula».

Con motivo del cierre de esta campaña, el yacimiento acogió ayer la visita del rector de la USC, Antonio López (derecha). «La realidad supera lo que se esperaba encontrar en Cova Eirós, es espectacular. Es un proyecto muy interesante desde el punto de vista de investigación, es de un valor indudable para conocer una parte de nuestra prehistoria», sentenció el rector.

En el acto también se recordaron alguna de las características que hacen este yacimiento singular. Eirós es una de las pocas cavidades de toda la península que contiene restos de ocupación de dos especies distintas,: el Homo neanderthalensis y el Homo sapiens. En Eirós se registra su llegada al noroeste hace 38.000 años, hablando de un período de transición entre la extinción del neandertal y la llegada de la especie humana moderna. «Cova Eirós puede explicarnos los tiempos y las rutas por las que los primeros humanos modernos fueron avanzando a lo largo del territorio», explica el arqueólogo Arturo de Lombera (izquierda).

El segundo punto fuerte de Eirós es la existencia de pinturas paleolíticas encontradas en el año 2011. El interior de la cueva presenta varias pinturas rupestres que suponen las muestras pictóricas más antiguo de Galicia. «Es la única cavidad en Galicia que tiene pinturas de cazadores recolectores del paleolítico», explica Fábregas.

Durante la campaña, el trabajo realizado también permitió levantar la topografía tridimensional de la cavidad. Esto hizo posible identificar los puntos de contacto entre las galerías interiores y descubrir que tiene conexión con otra pequeña cavidad vecina llamada Cova das Cabras.


Otra de las iniciativas que se quiere poner en marcha es la creación de un campo de interpretación del yacimiento en la villa. «Este centro supone devolver estos materiales a Triacastela que es de donde salieron y poder explicar todos los descubrimentos para potenciar la riqueza patrimonial cultural y natural de esta zona», explica Arturo de Lombera. El arqueólogo también comentó que incluso una reconstrucción como la de Altamira para visitantes podría ser una opción para fomentar la divulgación cultural del yacimiento.

Fuente: lavozdegalicia.es | 28 de agosto de 2019

Arqueólogos encuentran al 'dominus' de la villa romana de Salar (Granada)

El 'dominus' de Salar, lanceando a un jabalí.


La villa romana de Salar está viviendo un verano de esplendor con la sucesión de descubrimientos durante la cuarta campaña de excavaciones. El último gran descubrimiento, quizás el más esperado, ha tenido lugar este misma mañana, cuando se ha desenterrado la parte del gran mosaico de cacería donde, por fin, aparece el rostro del dueño de la villa, el dominus, descabalgado y con una lanza apuntando a un jabalí y acompañado de un perro, según ha confirmado a este periódico el responsable de la excavación, Julio Román.

También se ha descubierto a un sirviente arrojando una piedra a un león, lo que en conjunto se une al hallazgo de la pasada excavación con un noble a caballo lanceando a un jabalí.
Pero ahora, por fin, ha aparecido el rostro del patricio romano dueño de la villa, que quiso aparecer como un héroe griego reflejando los valores que debía tener todo aristócrata, como valor y coraje.

Sirviente lanzando una piedra en el mosaico.

Este mosaico fue el suelo de la que sería pasillo del peristilo de esta lujosa casa de campo, y que sería la que repartiría el paso hacia las distintas estancias presentes en la casa.
De todas las catas en el terreno realizadas, destacan las de la gran casa central, la que estaría más cerca del arroyo de Salar y la que perteneció al dominus, el dueño y principal creador de la villa. Se cree que este terrateniente en la antigua Hispania romana fue quien mandó construir esta villa en las afueras del municipio de Salar.

Se han descubierto las que sería las termas privadas del dominus, y que estarían situadas en el complejo estructural número 3. Esta zona dispone de un mosaico en el suelo, aunque su estado de conservación sería peor al de otros encontrado en la villa.

Esta zona fue usada posteriormente para otros menesteres, según comenta el experto, y otras generaciones de pobladores de la zona se aprovecharon de ella para coger parte de su estructura y sus materiales y reutilizarlo para su vida cotidiana.

También se han encontrado lo que serían restos de capiteles, las partes superiores, y unas columnas muy altas, que conducirían el agua hasta la estancia.

Fuente: granadahoy.com | 28 de agosto de 2019

Descubren un cráneo del antepasado de ‘Lucy’ de 3,8 millones de años en Etiopía

El cráneo hallado junto al rostro que pudo tener. - CMNH / MattCrow

En el área de Woranso-Mille, situada en la región de Afar en Etiopía, a 550 km al noreste de la capital, Adís Abeba, y a 55 km al norte de Hadar (de donde proviene Lucy) se han descubierto desde 2004 unos 230 fósiles de homínidos. El paleoantropólogo etíope Yohannes Haile-Selassie, del Museo de Historia Natural de Cleveland y profesor de la Universidad Case Western Reserve (EE UU) es el principal impulsor de este trabajo, denominado proyecto WORMILL, que integra 85 yacimientos paleontológicos de vertebrados.

En un lugar remoto de esta zona, de la que no existían datos geológicos, se halló en 2016 un cráneo fósil identificado como MRD-VP-1/1. El primer fragmento –la mandíbula superior– fue encontrado por Ali Bereino (un trabajador local de Afar) el 10 de febrero de ese año en una localidad conocida como Miro Dora. Una investigación adicional del área propició la recuperación del resto del cráneo.
Para conocer la edad y el ambiente en el que vivió el homínido al que pertenecía esta calavera se realizaron dos campañas, una en 2017 y otra en 2018. Hoy, la revista Nature revela los resultados de esta investigación en dos estudios (aquí y aquí). uno sobre la descripción del fósil y otro sobre el contexto geológico y la edad del mismo. Los autores de ambos trabajos asignan el cráneo a Australopithecus anamensis, la especie de australopitecos más antigua conocida.

“El fósil representa el único cráneo conocido de la especie 'Australopithecus anamesis', por lo tanto permite caracterizar a esta especie mejor. La datación del fósil en 3,8 millones de años nos indica que Australopithecus afarensis convivió en el tiempo con el A. anamesis como mínimo durante 100.000 años. Por lo tanto el A. afarensis no es un descendiente directo del A. anamensis como se podría pensar”, explica a Sinc el geólogo Luis Gibert Beotas, investigador de la Universidad de Barcelona (UB) que participa en uno de los dos estudios y que se incorporó al proyecto WORMILL en el año 2010, cuando era investigador postdoctoral en el Berkeley Geochronology Center.

De esta forma, el hallazgo pone en duda las suposiciones sobre cómo evolucionaron estos antiguos parientes de los humanos y proporcionan nuevas ideas sobre los primeros australopitecos y sus orígenes. “Este nuevo fósil indica que el modo de evolución de los australopitecos fue por cladogénesis (división) y no por anagénesis (transformación lineal) como se pensaba anteriormente”, declara a Sinc Yohannes Haile-Selassie (derecha).

Stephanie Melillo (izquierda), del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Alemania y coautora de ambos artículos, explica: “Solíamos pensar que el A. anamensis se convirtió gradualmente en A. afarensis con el tiempo. Todavía pensamos que estas dos especies tenían una relación ancestrodescendiente, pero este nuevo descubrimiento sugiere que las dos especies realmente vivían juntas. Cambia nuestra comprensión del proceso evolutivo y plantea nuevas preguntas: ¿Competían estos animales por comida o espacio?”.

Un nuevo rostro entre los homínidos

Hasta ahora, los especímenes más antiguos de este género extinto de homínidos, A. anamesis, –que datan de hace entre 4,2 y 3,9 millones de años–, era conocidos principalmente por fósiles de mandíbulas y dientes, mientras que las especies más jóvenes, A. afarensis, –de hace 3,5 y 2 millones de años– estaban representadas por múltiples calaveras.

Australopithecus anamesis es el miembro más antiguo del género australopitecos. Las similitudes de la dentición del cráneo fósil encontrado con restos previos ya conocidos han permitido identificarlo como miembro de esta especie.

Además, gracias a que los restos cráneofaciales están casi completos se han podido identificar características que no habían sido observadas anteriormente en esta especie. Algunas eran compartidas con la especie descendiente A. afarensis, mientras que otras eran más propias de grupos ancestrales más primitivos como el Ardipithecus ramidus y el Sahelantropus tchadensis.
“MRD tiene una mezcla de rasgos faciales y craneales primitivos y derivados que no se esperaba ver en un solo individuo”, argumenta Haile-Selassie.

“Es bueno poder finalmente ponerle cara al nombre”, apunta Melillo. “Hasta ahora, teníamos una gran brecha entre los ancestros humanos más antiguos conocidos, de alrededor de seis millones de años y especies como Lucy, que tienen de dos a tres millones de años. Uno de los aspectos más emocionantes de este descubrimiento es cómo se une el espacio morfológico entre estos dos grupos”, enfatiza.


Hacer frente a la lluvia y a la orografía etíope

Durante la primera campaña para saber más acerca del cráneo, los investigadores tuvieron que hacer frente a una lluvia intensa que dificultó el acceso al yacimiento. Desde el campamento tenían que acceder al lugar cruzando el río Mille, que con la lluvia se complicó, ya que pasó de tener una anchura de 20 metros a más de 100 metros.

“En ese momento participamos cuatro geólogos con especialidades distintas. Mi trabajo consistió en situar en un contexto estratigráfico y sedimentológico el fósil y recoger muestras para hacer dataciones por paleomagnetismo”, dice Gibert Beotas.

Durante una segunda campaña en 2018, pudieron trabajar más intensamente durante 17 días, por lo que se recogieron multitud de muestras para estudios diversos y se completó el estudio estratigráfico y el muestreo paleomagnético. “En este caso, mi aportación consistió en contribuir a acotar la edad utilizando paleomagnetismo y a describir el contexto sedimentario donde apareció el fósil”, añade el geólogo de la UB.

Según Haile-Selassie, a pesar de su pequeño tamaño, “el cráneo pertenece a un macho adulto, basándose en los caracteres craneales y el tamaño de su canino. Todavía desconocemos cuál era su dieta, por lo que necesitamos hacer más análisis”.


Yohannes Haile-Selassie con el cráneo MRD / Museo de Historia Natural de Cleveland

Un hábitat rodeado por volcanes activos

Actualmente la región de Afar es una zona semidesértica, atravesada por varios ríos junto a los cuales hay mucha vida. Es una zona situada en la parte norte del Rift Valley africano, cerca de un punto triple donde se separan tres placas tectónicas. Como consecuencia de esto, la actividad geológica es elevada y hay mucho vulcanismo activo.

“Hace 3,8 millones de años, la situación tectónica pudo ser similar. Destaca la presencia de grandes erupciones volcánicas con la acumulación de varios niveles de cenizas volcánicas, alguno de ellos de más de dos metros de espesor. También destacan las diferentes coladas de basalto que fluían siguiendo la pendiente hacia el interior de valles y lagos”, argumenta el geólogo español.
Estas erupciones tenían la capacidad de modificar el paisaje, obstruir cauces de ríos y generar lagos efímeros, así como de destruir lagos someros al rellenarlos con piroclastos o coladas de basalto. “Sin duda esta actividad volcánica debió afectar a la fauna y flora que vivía en este entorno”, señala Gibert Beotas.

La gran actividad tectónica tenía la capacidad de generar nuevas zonas subsidentes que acomodaban nuevos lagos a medida que otros se rellenaban de sedimentos. También favoreció la presencia de lagos que perduraron más a lo largo tiempo en zonas situadas hacia el centro de la depresión de Afar.
Por otro lado, el contexto climático del Plioceno medio era algo diferente al actual. El clima en general era más cálido con alternancias de periodos húmedos y áridos. Los primeros favorecieron la expansión de lagos en el este de África.

“El yacimiento se encuentra en lo que fue un pequeño delta de un río parecido al actual río Mille, que también procedía del altiplano etíope, pero que desembocaba en un lago de unos cinco a ocho metros de profundidad, con una cierta salinidad. Los restos de polen y biomarcadores nos indican que la vegetación era variada en función de la proximidad al lago o al río”, asegura el experto. “También existirían hábitats abiertos lejos de los árboles”, continúa el paleoantropólogo etíope.

Vista lateral del cráneo / Museo de Historia Natural de Clevenland

Junto al cráneo aparecieron más de 20 especies de fauna de vertebrados que vivieron en ese mismo momento. También se ha recuperado polen, diatomeas (un grupo de algas) y biomarcadores que aportan más información sobre el ambiente en que vivió este homínido. “No se ha realizado ninguna excavación en el lugar, quizás en el futuro se realice y aparezcan más restos de este individuo”, predice Gibert Beotas.

En un artículo adjunto de News & Views de la misma revista, el profesor de Anatomía Evolutiva en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, Fred Spoor, que no participa en el estudio, enfatiza: “Parece que este cráneo se convertirá en otro célebre icono de la evolución humana. Afectará sustancialmente a nuestro pensamiento sobre el árbol genealógico evolutivo de los primeros homínidos”.

Gibert Beotas concluye: “Una vez más lo que muestra este descubrimiento es que la evolución humana fue un proceso complejo, no lineal. Hace años los arboles evolutivos eran muy simples, una especia antigua era sustituida por otra más moderna. A medida que tenemos más fósiles y dataciones más precisas el árbol evolutivo se ramifica y complica”.

Referencias bibliográficas:
Yohannes Haile-Selassie et al. "A 3.8-million-year-old hominincranium from Woranso-Mille, Ethiopia" Nature, 28 de agosto Doi 10.1038/s41586-019-1513-8
Beverly Z. Saylor et al. “Age and context of mid-Pliocene hominin cranium from Woranso-Mille,...”. Nature, 28 de agosto. Doi 10.1038/s41586-019-1514-7
Fuente: agenciasinc.es | 28 de agosto de 2019

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El cráneo que ha puesto cara al 'Australopithecus anamensis'


En 2016, un pastor de la tribu Afar llamado Ali Bereino encontró un hueso fosilizado en la región de Woranso-Mille, en Etiopía. Se lo enseñó al paleontólogo Yohannes Haile-Selassie, que estaba en plena campaña de excavación en el país africano. Es frecuente que los habitantes de la zona lleven a los científicos que trabajan en los yacimientos restos humanos que creen que pueden ser interesantes para que los analicen. En cuanto lo vio, Haile-Selassie le pidió que le enseñara el lugar exacto donde lo había recogido. Y fue allí donde descubrió el cráneo casi completo de un individuo que ha resultado ser un Australopithecus anamensis que vivió hace 3,8 millones de años.

Para el paleontólogo etíope Yohannes Haile-Selassie, el hallazgo fue un momento eureka y un sueño hecho realidad: "No podía creer lo que veían mis ojos", ha declarado el investigador del Museo de de Historia Nacional de Cleveland (EEUU). Y es que no todos los días uno se topa con un cráneo casi completo de un antepasado humano tan primitivo y del que se sabe tan poco como Australopithecus anamensis, la especie más antigua del género extinto Australopithecus.

Los científicos creen que muy probablemente alguna de las especies del género Australopithecus dio origen al género Homo, al que pertenecemos nosotros, aunque no descartan que la aparición de fósiles depare sorpresas.

Hasta ahora sólo se habían hallado algunos restos dentales y trozos de mandíbula de hace entre 4,2 y 3,9 millones de años que habían permitido describir a la especie A. anamensis pero que resultaban insuficientes para ponerle cara. Un rostro que ahora sí ha podido ser reconstruido gracias a este cráneo -denominado oficialmente MRD-VP-1/1- y que sus descubridores presentan esta semana en dos artículos publicados en la revista Nature.

El cráneo fosilizado. DALE OMORI / MUSEO DE HISTORIA NATURAL DE CLEVELAND

Los individuos del género Australopithecus medían menos de metro y medio (entre 1,2 y 1,4 metros aproximadamente), eran delgados y el tamaño de su cerebro era comparable al de un chimpancé (un tercio del de los humanos más o menos) pero tenían ya una característica muy importante para entender el complejo proceso de la evolución humana: caminaban erguidos.

Debido a su antigüedad, en torno a los cuatro millones de años, los fósiles de este género no abundan aunque los huesos descubiertos han ido permitiendo identificar varias especies de australopitecos. La más emblemática es Australopithecus afarensis, a la que pertenece la famosa Lucy, una homínida de 1,20 metros de altura cuyo esqueleto parcial fue descubierto en Etiopía en 1974. Lucy vivió hace unos 3,2 millones de años y fue bautizada con ese nombre porque la canción Lucy in the sky with diamonds de Los Beatles sonaba en el campamento donde trabajaba el equipo que la descubrió, liderado por el paleontólogo Donald Johanson.


Probable aspecto de 'A. Anamensis'MATT CROW / JOHN GURCHE / SUSAN Y GEORGE KLEIN

UN VARÓN ADULTO

En el territorio que hoy es Etiopía vivieron algunos de nuestros antepasados más antiguos por lo que este país es una mina de información para los paleontólogos. La Australopithecus afarensis Lucy fue descubierta en Hadar, a unos 55 kilómetros de distancia de la zona de Woranso-Mille en la que ha aparecido ahora el cráneo de este Australopithecus anamensis, que creen que era un varón adulto.

José María Bermúdez de Castro (izquierda), codirector de los yacimientos de Atapuerca y sin vinculación con este hallazgo, considera que gracias a este cráneo sabremos más sobre un periodo un tanto oscuro de la evolución humana, sobre el que hay muchas más hipótesis que fósiles: "Estamos hablando de una época (Plioceno) que debió tener una gran diversidad de homininos, de los que se han encontrado muy pocos fósiles. Cualquier hallazgo nos va desvelando el posible aspecto de nuestro antepasado común con la genealogía de los chimpancés", dice el paleontólogo, al que le parece acertada la clasificación del fósil: "El aspecto del cráneo es muy arcaico, pero parece más evolucionado que el de Ardipithecus ramidus y parece en la línea de los australopitecos. Pero, al mismo tiempo, su aspecto es ciertamente más arcaico que el de Australopithecus afarensis. Otro acierto de este trabajo", resume a través de un correo electrónico.

CONVIVIÓ CON LA ESPECIE DE LUCY

Una de las principales conclusiones que aporta el estudio de este cráneo de 3,8 millones de años de antigüedad es que las especies Australopithecus anamensis y Australopithecus afarensis tuvieron que convivir al menos durante 100.000 años. Que fueran contemporáneas descartaría las teorías que sostenían que A. afarensis habría surgido tras la desaparición de A. amanensis.
"Si la cronología del cráneo MRD-VP-1/1 es correcta, la evolución de este género no fue una simple secuencia de especies (evolución anagenética), una detrás de la otra, sino un abanico de ellas surgidas de un ancestro común, como sugieren los autores del trabajo. El género Australopithecus tendría así una cierta diversidad, con varias especies coexistiendo en el Plioceno y más tarde en el Pleistoceno Inferior", sostiene Bermúdez de Castro.

Desde que comenzó a excavar en Woranso-Mille en 2004, Yohannes Haile-Selassie y su equipo han sacado a la luz alrededor de 230 fósiles de homínidos, muchos de los cuales están pendientes de analizar y publicar. Según explica el geólogo de la Universidad de Barcelona (UB) Luis Gibert, coautor del artículo que contextualiza el hallazgo del cráneo, el yacimiento se encuentra en una zona remota y semidesértica de la región de Afar, en la parte norte del Valle del Rift africano. Para acceder a ella hay que cruzar el río Mille.

Los científicos cruzando el río Mille para acceder al lugar donde se encontró el fósil. U.B

Desde 2012 Gibert viaja cada año a Etiopía aunque, según recuerda en conversación telefónica desde California, el año pasado las abundantes lluvias durante la pasada campaña sólo les permitieron acceder durante tres días a la zona en la que había aparecido el cráneo y restos de decenas de especies animales. "El río creció mucho y tuvimos que trabajar la mayor parte del tiempo en una zona en el margen sur del río", explica este científico, encargado de reconstruir el ambiente en el que vivió este individuo hace 3,8 millones de años.

"Sabemos que existía un lago permanente con cierta salinidad y una profundidad de entre cinco y ocho metros que iba variando en función de las lluvias. A ese lago llegaba un río que bajaba del altiplano etíope y que debía ser muy parecido al río Mille actual", relata. Por lo que respecta a la vegetación, el entorno del lago tenía los típicos árboles que crecen junto a los ríos pero "en cuanto salías de esa zona, el entorno era más bien seco, dominado por arbustos y hierbas; no había bosques".

ERUPCIONES VOLCÁNICAS

Era también una zona con mucha actividad volcánica: "Había muchas erupciones espectaculares que generaban niveles de entre uno y tres metros de cenizas. Hemos encontrado muchas, lo que nos facilita el trabajo de datación pero debió afectar mucho a la vida de estos homínidos y de la fauna que vivía allí", añade.
Aunque la dieta que seguían los australopitecos que vivían en este enclave etíope es poco conocida, este lugar era rico en biodiversidad y su variada vegetación les habría suministrado frutos variados. Para profundizar en su alimentación, añade Gibert, habrá que esperar a que se estudie la composición isotópica del esmalte de los dientes, que todavía está pendiente.

El pastor Ali Bereino descubrió un maxilar que fue clave para encontrar el cráneo. Y. HAILE-SELASSIE

En un artículo en el que comenta la importancia del hallazgo y que acompaña los dos estudios publicados en Nature, el paleontólogo Fred Spoor, del Instituto Max Planck, opina que este fósil va camino de convertirse "en otro celebrado icono de la evolución humana".

Bermúdez de Castro coincide en que "será muy conocido y nombrado, sin duda, porque es un hallazgo excepcional", pero ve difícil que su fama pueda superar a la de Lucy. Esta homínida "se ha convertido en un verdadero mito, aunque su aportación científica pueda ser similar a la del cráneo MRD-VP-1/1 y otros ejemplares de otras especies arcaicas", reflexiona. Y es que, además de su importancia científica, añade, "Lucy aportó un aspecto emocional increíble".

Fuente: elmundo.es | 28 de agosto de 2019

Hallan moldes de madera de hace 60.000 años en el Abric Romaní (Capellades, Barcelona)

Al lado del punto verde se observa la huella de los restos de madera, uno de los casos registrados este verano en el Abric Romaní, con una antigüedad de 60.000 años / Palmira Saladié | IPHES

Desde el pasado 5 de agosto y hasta este miércoles, día 28, se desarrolla en el yacimiento Abric Romaní, en Capellades (Barcelona), la campaña de excavación arqueológica anual. Un grupo de 35 personas ha colaborado en las tareas de excavación bajo la coordinación de M. Gema Chacón, Josep Vallverdú y Palmira Saladié, los tres investigadores del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES).

Abric Romaní es un importante yacimiento con vestigios arqueológicos testigos de la vida neandertal, donde hasta el momento se han excavado completamente 16 niveles arqueológicos en una extensión de 300 m2. Se han documentado distintos tipos de ocupaciones que indican que se trataba de sociedades cazadoras y recolectoras altamente móviles, y con estructuras sociales complejas en las que el reparto de los alimentos era clave.

La base de la caza eran los animales ungulados como los ciervos, los caballos, uros, y rinocerontes. Las herramientas eran elaboradas principalmente con sílex y caliza, y probablemente con madera.
Este año se han cumplido 110 años desde el descubrimiento de la presencia de restos prehistóricos en este yacimiento y 36 desde que se reanudaron los trabajos programados en campaña anual. En esta ocasión los trabajos se han centrado en destapar el nivel R, de 60.000 años de antigüedad. Aunque se trabaja en el techo del nivel, y todavía no se pueden valorar con profundidad los restos de fauna y las herramientas de piedra que se ha encontrado, sí se han podido documentar abundantes negativos de madera o moldes.


Excavaciones en el Abric Romaní de Capellades.

En Abric Romaní se conservan las huellas de algunos vegetales, entre ellos la madera, mediante la precipitación de carbonatos sobre los mismos. Una vez desintegrado el contenido vegetal, se conserva su huella en forma de negativo. En este nivel destaca el volumen de restos de este tipo que se están encontrado.

Si se confirma la presencia de algún tipo de herramienta entre el conjunto excavado, se podrá profundizar en el estudio de la explotación de la producción de herramientas de madera durante el Paleolítico medio, un hecho extraordinario dado el carácter perecedero de la madera.
Futuras excavaciones, como la que continuará el próximo año al mismo nivel I, permitirán también el análisis del resto de materiales, entre ellos, los hogares conservados en la superficie del abrigo, lo que permitirá profundizar en el conocimiento del estilo de vida neandertal.

Fuente: agenciasinc.es | 26 de agosto de 2019

Vera se convierte en la primera niña neandertal de Ojo Guareña (Burgos)

Ha finalizado la cuarta campaña de excavación en la cueva de Prado Varga, situada en el complejo kárstico de Ojo Guareña (Burgos), que se inició el pasado 1 de agosto con un equipo de quince investigadores del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH), la Universidad de Burgos (UBU) y el Museo de la Evolución Humana (MEH) que ha recuperado 2.000 restos del Pleistoceno Superior.

La gran sorpresa de la campaña se produjo el 7 de agosto con el hallazgo de un diente de leche humano perteneciente a la especie Homo neanderthalensis. El diente, bautizado con el nombre de Vera, en honor a la nieta de Beni el dueño del prado donde se encuentra el yacimiento, se corresponde con un molar deciduo inferior que se le cayó a un niño o una niña de unos 8 años. Este diente es el primer resto de esta especie localizado en Ojo Guareña y verifica la ocupación de este territorio desde hace al menos 45.000 años.

Entre los huesos y dientes recuperados en el nivel 4 de este yacimientoen se han identificado restos de ciervo (Cervus elaphus), rebeco (Rupicapra rupicabra), corzo (Capreolus capreolus) caballo (Equus ferus), tejón (Meles meles), conejo (Oryctolagus sp.), oso (Ursus spelaeus), bisonte (Bos bison) y zorro (Vulpes vulpes) entre otros.

Los huesos aparecen muy fragmentados destacando la presencia de radios, húmeros, metatarsos y tibias, porque los grupos neandertales transportaron al interior de la cavidad las extremidades de los animales que cazaron para aprovechar su carne y fracturar las cañas de los huesos largos a fin de obtener y consumir su médula. Del resto del esqueleto se han descubierto varias vértebras, un par de fragmentos de cráneos, costillas, así como la roseta de un asta de ciervo y una cuerna de cabra.

Raedera de sílex.

Por lo que a las herramientas de piedra se refiere, se han encontrado medio millar de piezas destacando varias puntas, raederas, denticulados y muescas, realizadas tanto en sílex como en cuarcita recogidas en los alrededores de la cavidad. Una de las características de este yacimiento es la presencia destacada de retocadores de hueso. Estos instrumentos son fragmentos de huesos de las extremidades de animales, de unos 10 cm de longitud media, que fueron utilizados para golpear los bordes de las lascas y modificar sus filos tanto para reavivarlos, como para configurar herramientas.

Los neandertales se caracterizaron por ser la especie que generalizó el uso del fuego para cocinar, calentarse, tratar materiales como la madera y alargar sus días. En Prado Vargas una parte importante del material aparece quemado a lo que hay que unir el descubrimiento en esta campaña de los restos de la primera estructura de combustión. Se trata de un hogar de 25 cm de diámetro que evidencia el control del fuego por parte de los neandertales que ocuparon esta cueva hace más de 45.000 años.

Excavación en la cueva Prado Varga

Más que un proyecto de Investigación

Prado Vargas se localiza en el desfiladero configurado por el río Trema a su paso por Cornejo, localidad perteneciente al Ayuntamiento de la Merindad de Sotoscueva, en el norte de la provincia de Burgos. La historia de sus hallazgos arrancó en 1968 con el descubrimiento de un cráneo de oso de las cavernas (Ursus spelaeus). Este descubrimiento motivó que el científico Trino Torres llevara a cabo en 1986 una campaña de excavación donde ya verificó la existencia de una ocupación neandertal en esta cueva.

Desde 2016 un joven equipo codirigido por Marta Navazo Ruiz (UBU), Rodrigo Alonso Alcalde (MEH) y Alfonso Benito Calvo (CENIEH) ha retomado las excavaciones ampliándolas hasta más de 40 m2, lo que ha permitido recuperar más de 4.000 restos entre huesos, dientes, carbones y herramientas de piedra del mencionado nivel 4, gracias a la financiación de la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León y la colaboración del Ayuntamiento de la Merindad de Sotoscueva.
Una de las señas de identidad que ha marcado las excavaciones es la importancia que Navazo, Alonso y Benito han otorgado a la divulgación de los resultados de sus investigaciones entre los habitantes de la zona. Desde 2016 se han organizado una serie de conferencias, talleres y jornadas de puertas abiertas, en colaboración con la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León, la Casa de Parque del Monumento Natural de Ojo Guareña, el Ayuntamiento de la Merindad de Sotoscueva y las asociaciones la Escuela de Cornejo y Nabo-Qui de Quisiedo, que han permitido que todos los interesados pueda conoccer de primera mano los avances producidos en el yacimiento.

Lavado de sedimentos.

Junto a estas acciones, este año se ha desarrollado un programa de voluntariado ambiental que ha consistido en lavar y cribar las casi dos toneladas de sedimento provenientes de los trabajos de excavación. Este programa, desarrollado en colaboración con la Casa del Parque de Ojo Guareña y la empresa Ráspano Ecoturismo, ha dado la oportunidad de colaborar con el proyecto a más de 70 niños y adultos de la zona, los cuales han recuperado de los sedimento restos de roedores, topillos, conejos y murciélagos que entraron en la cavidad ocupada por los neandertales. El estudio de estos fósiles, junto a otros análisis de polen, permitirá en un futuro inmediato conocer que clima y paisaje existía cuando Vera y su grupo se establecieron en la Cueva de Prado Vargas.

Fuente: cenieh.es | ubu.es | 20 de agosto de 2019

Fallece Santiago Palomero, arqueólogo y director del Museo Sefardí de Toledo

(Foto Ví­ctor Ballesteros-La Tribuna de Toledo 23-03-2014 y 19-08-2019)

El que fue director del Museo Sefardí la última década y subdirector general de Museos Estatales en 2007, el historiador, arqueólogo y gestor cultural Santiago Palomero ha fallecido en Madrid a los 62 años. Tras conocer la muerte de Palomero, el ministro de Cultura y Deporte en funciones, José Guirao, ha destacado su altura humana y profesional.

​"España y su Cultura", ha dicho el ministro, pierden "a una auténtica referencia para el Museo Sefardí, a uno de sus mejores museólogos y a una de las personas más admiradas y queridas en el ámbito del patrimonio cultural".

Santiago Palomero, Licenciado en Historia y Doctor en Prehistoria y Arqueología por la Universidad Autónoma de Madrid, desarrolló su carrera profesional, su talento y su pasión en los Museos Estatales. Miembro del Cuerpo Facultativo de Conservadores de Museos, en 1985 ingresó en el Museo Sefardí de Toledo donde se especializó en el conocimiento y divulgación de la cultura judía como parte de la identidad histórica de España y de la ciudad de Toledo. "Se comprometió con la idea de Museo comunitario, abierto e inclusivo, cuya principal función es la justicia social", ha añadido Guirao.

En el año 2007, nombrado Subdirector General de Museos Estatales del Ministerio de Cultura, impulsó numerosos proyectos de gran importancia para el sector de los Museos en España como la creación en 2008 del Laboratorio Permanente de Público de Museos, un hito para los estudios de público y un instrumento fundamental para la mejora de la gestión; y el desarrollo en 2009 de la Red de Museos de España, plataforma de cooperación entre las Administraciones en materia museística.

Su actividad también fue muy intensa en el ámbito internacional y destaca su participación en la Declaración de San Salvador de Bahía en el 2007, una referencia mundial en materia de patrimonio histórico y el germen de la creación de Ibermuseos, programa intergubernamental dedicado al fortalecimiento de los museos iberoamericanos.

En el año 2010 volvió al Museo Sefardí, ahora ya como director, e impulsó la modernización e internacionalización del centro, situándolo como uno de los Museos Estatales más visitados en toda España.

Humanista y poeta militante, Palomero  acompañó su labor profesional con una fecunda reflexión intelectual. Sus diversas publicaciones, sus colaboraciones en medios de comunicación, cursos y programas de estudios, así como su contribución al debate académico le sitúan como uno de los autores clave para entender la museología en nuestro país.

Cueva Fantasma: un yacimiento para el siglo XXI

Excavación en la Cueva Fantasma. FUNDACIÓN ATAPUERCA

En el complejo arqueológico de Atapuerca, dirigido por Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell, están de estreno. La campaña de excavaciones de este verano ha iniciado la investigación de la Cueva Fantasma. Como otros yacimientos de Atapuerca se trata de una cueva que contiene sedimentos que se fueron acumulando en su interior, los restos fósiles que se encuentran son la base del trabajo de los arqueólogos. Tras la construcción de la cubierta, que protege el yacimiento de la lluvia, los expertos han iniciado su paciente búsqueda de nuestro pasado.

Durante la limpieza del yacimiento, previa al arranque de la excavación, apareció un parietal humano, que se cree que es de neandertal. Pero esto se tiene que determinar con el contexto de lo que aparezca en la excavación. “El yacimiento está dando mucho de sí. Confirma lo que que ya habíamos visto cuando se hizo la limpieza en este último nivel de la cueva, que es el primero que se está excavando, está completamente lleno de fósiles y ojalá podamos encontrar más restos humanos”, explica a El Independiente José María Bermúdez de Castro.

La campaña de excavaciones de este año ha contando con 283 personas de 22 nacionalidades distintas. “En esta primera excavación de la cueva ya estamos viendo que es un yacimiento riquísimo, contiene muchísimos restos de fauna. Ahora lo que tenemos que ver es si ese primer nivel que estamos analizando corresponde con el parietal que encontramos. Si coincide, ya tendremos una referencia en la fauna que acompaña a ese parietal humano y lo que queremos, y esperamos, es que aparezcan más restos humanos de este individuo”.

Bermúdez de Castro no duda en asegurar que la Cueva Fantasma es un “yacimiento para el siglo XXI”. “Va a dar para trabajar muchos años porque hemos hecho sondeos mecánicos y sabemos que a una profundidad de 15 metros, que es muchísimo ya que es la altura del edificio de tres plantas, apareció el resto de un herbívoro”.

La lógica del arqueólogo se traduce en que dado que los herbívoros no entran en las cuevas solos, o los meten los humanos o los meten los animales: “lo que quiere decir es que la cueva estaba abierta cuando entró ese herbívoro y hasta que podamos alcanzar esos 15 metros excavando pueden pasar varias décadas”.


Excavación en la Cueva Fantasma. FUNDACIÓN ATAPUERCA

Lo fascinante del complejo de Atapuerca es que la gran red de cuevas que sirvió de cobijo de nuestros antepasados, nos da información aun cuando no se encuentra nada. Es es caso del yacimiento de la Gran Dolina, que está en la fase final de su décimo nivel.

“Hemos descubierto que estuvo cerrada, ya lo teníamos previsto en hipótesis de algunos trabajos previos. Pero ya lo hemos confirmado, la cueva estuvo cerrada porque no se han encontrado restos de animales, ni de nada, incluso se formaron estalactitas y estalagmitas”.

Pero esa esterilidad, que no tiene información paleontológica o información arqueológica, posee “una historia muy interesante, sobre la formación de la cueva y sobre la evolución del yacimiento de la Gran Dolina. Información de cómo se formó la cueva, qué pasó, qué eventos ocurrieron dentro de la cueva. Sabemos que la cueva estuvo abierta en algunos momentos y cerrada en otros y eso explica la ausencia de homínidos en ese periodo, quizá no estaban aquí porque estaban en el Mediterráneo”, reflexiona De Castro. A pesar de no haber dado con ningún resto sin embargo aparecen nuevas nuevas y eso “es muy importante para conocer la historia de nuestro continente”.

Un agujero negro

De todas las preguntas que le rondan a Bermúdez de Castro, la que más ansía conocer su respuesta es saber qué pasaba en lo que hoy conocemos por Europa en la época que va desde el primer europeo que se encontró en Atapuerca, que tiene 1.200.000 años, hasta los 900.000 años que fue cuando apareció el Homo antecessor.

“Nuestra hipótesis de trabajo es que hay una discontinuidad en la población, es decir que esa mandíbula que apareció en Atapuerca [datando al primer europeo], pensamos que no está relacionada con el 'Homo antecessor', pensamos que el 'Homo antecessor' vino después. Es una especie de agujero negro del que no tenemos información. Es un vacío que tenemos en la secuencia de los siete millones de años, y hay más agujeros negros, pero éste es uno importante y ese agujero negro está en Atapuerca”, explica.

La clave que nos muestre la respuesta de ese agujero negro y que nos explique cómo fue el tránsito hacia el Homo erectus, puede estar en cualquiera de los yacimientos que hay abiertos por el mundo, o en España, o en Atapuerca. Quizá aparezca en la Cueva Fantasma.

Fuente: elindependiente.com | 18 de agosto de 20119

El dolmen de Bernardos (Segovia), una ventana de 6.000 años atrás en el tiempo

Hace seis mil años, en el Neolítico, la cultura megalítica imperaba en buena parte de Europa Occidental. De Inglaterra a Mallorca, de Bretaña a Galicia, son miles los vestigios de dólmenes, menhires y túmulos. Solo en la provincia de Burgos hay documentados sobre 200, en Segovia, en cambio, apenas hay dos documentados: uno en Castroserna, otro en Bernardos. Hay indicios de otros dos en La Cuesta, y otro en Sepúlveda. «No hay más porque no se han estudiado», explica el arqueólogo Raúl Martín Vela.

Al frente de Eresma Arqueólogica, Martín Vela ha dirigido en la presente campaña excavaciones en la Peña del Moro (Nava de la Asunción, Edad del Bronce), el Torrejón (Armuña, con ocupación celtíbera, romana y visigoda), la villa romana de Matabuey (Nava de la Asunción), y desde 2018, el dolmen de Santa Inés, en Bernardos, como decimos, el único dolmen segoviano en fase de estudio. Son excavaciones financiadas por el Ayuntamiento de Bernardos.

Organizada por la Asociación de Amigos de la Pizarra, el yacimiento recibió ayer una visita guiada. Al público en general la arqueología le pilla lejos. Es una disciplina muy técnica, poco espectacular visualmente (visto desde fuera, claro, una vez te pones…), son trabajos a largo plazo donde la paciencia no es una virtud sino condición de posibilidad. Así que sorprende sastisfactoriamente la multitudinaria aceptación de la propuesta. A las 10 de la mañana del sábado 17 de agosto, un centenar de vecinos se agolpaba por el camino a Santa Inés, dispuestos a saber de una vez por todas que están tramando en el fetosín. Hay que decir que quedaron encantados.

Pues lo que están tramando o destramando, más bien, es espectacular. Arrancando de la tierra datos de cómo eran los humanos del IV milenio a.C. Unos 4.000 años antes, en Oriente Próximo había surgido la agricultura y la ganadería, que gradualmente fue expandiéndose por Eurasia, se calcula que pastoreo y variedades de cebada ya modificadas por el hombre llegaron a la península sobre el VI-V milenio a.C. Así que lo que hay bajo el dolmen de Santa Inés son los restos de los primeros agricultores de la zona de Segovia.

Arriba, Vista desde el suelo. Sobre estas líneas, foto con dron.

Cómo reconocer un dolmen

¿Pero que es un dolmen? A grandes rasgos, el esqueleto de un túmulo. Lo que vemos en Bernardos es un círculo de unos 30 metros de diámetro poblado de grandes losas, piedras que en algunos casos rozan los mil kilos, junto a otras más pequeñas. Es los restos de un túmulo megalítico, es decir, un promontorio artificial que habitualmente se construía apilando losas encima de las cuales se iba acumulando tierra. El objetivo es doble, por un lado, construir una cámara subterránea que sirviera como cementerio colectivo, las piedras que vemos son las que a modo de vigas sustentaban y techaban la cámara y galería de acceso, así como las más pequeñas se disponían alrededor para fijar el suelo. En el centro, a modo de clave de bóveda, el dolmen en forma de mesa, sujetando todo el complejo. Visto desde fuera sería como una joroba horadada donde los coetáneos enterraban a sus muertos. Visto hoy, es como si todo el tejado de grandes piedras del túmulo se hubiera venido abajo (realmente fue así).


"Pensamos que lo que había por aquí eran pequeños asentamientos de ganaderos y agricultores de unas 20, 30 o 4o personas a lo sumo. Por entonces ya habían domesticado cerdos y ovejas y conocían la cebada", explica Martín Vela. Un primer dato que ya aporta información es el carácter colectivo del enterramiento. Todos los muertos en la misma fosa. ¿Qué quiere decir? Pues "que todavía no había jerarquías, todos cavaban, todos segaban, aunque sí que es cierto, tal como vemos en otros dolmenes, es que según pasan las generaciones se observa una cierta personalización de la sepultura", sigue el arqueólogo.

Sorprendentemente, sobre el 3.500 a.C. la cultura tumular megalítica se abandonó de golpe. Se supone que para entonces ya habían irrumpido las jerarquías guerreras, una organización de la producción basada en el caudillaje, que rompió con 2.000 años de enterramientos colectivos para entrar en la etapa de las sepulturas individuales, del cobre y del hierro, asociados a nuevas necesidades defensivas/ofensivas.

Notable participación popular en la visita.

Un mojón que sirve de calendario

Bien. Esta es la utilidad básica del dolmen, pero hay más. El dolmen de Santa Inés se ubica en el centro de un triángulo en el que destacan tres promontorios, San Isidro de Domingo García, el Tormejón de Armuña, y el castillo de Bernardos (hoy oculto por las escombreras de pizarra). ¿Qué quiere decir? Pues que era un punto de especial visibilidad. El túmulo no se hacía en cualquier parte, se levantaba en una zona visible desde muy lejos. Era una manera de decirle a nuestros vecinos: «Hey, aquí labramos nosotros». Era un enorme mojón.

Pero además con una orientación especial. Con la entrada de la galería en un eje de suroeste, noroeste, es decir apuntando a la salida del sol en los dos equinoccios, el de verano y el de invierno. Lo necesario para llevar la cuenta del calendario.

"Hay otros elementos que confirman esta hipótesis, por ejemplo, la disposición de piedras negras y grises con piedras blancas, en la zona que perimetraba el túmulo. Esto es, al incidir los rayos del sol, tenía que tener un efecto especial", explica Martín Vela. Así que el día que las piedras brillan al amanecer, las noches empiezan a menguar, y así hasta que vuelven a brillar, en que empiezan a crecer.

Posible menhir retirado de la zona por seguridad.

Grafitis neolíticos y un posible menhir

En 1992, una ortofotografía ponía sobre la pista a Cultura de la Junta de la posible existencia de un túmulo megalítico en la zona. Se puede aún ver por Googlemaps, junto a las escombreras de pizarra, a un centenar de metros de la barranca del Eresma, un promontorio circular con dos enormes piedras dispuestas en paralelo. Imposible que sea natural. Se daba la circunstancia de que el promontorio se enclava en medio de un fetosín, es decir, en terrenos municipales que desde tiempos inmemoriales se van asignando rotatoriamente entre los vecinos para su labranza (otro particularidad segoviana que pervive desde la reconquista y de las de quedarse ojiplático). Posiblemente este carácter público haya salvado el dolmen. En una explotación convencional, se pasa el tractor, se despejan los pedruscos y allá películas, porque lo cierto es que no siempre es fácil distinguir un vestigio megalítico de los restos de un chozo o una disposición aleatoria de piedras.

Ermita de Santa Inés.

Posible menhir retirado de la zona por seguridad.

En 2018 el Ayuntamiento de Bernardos financió la primera campaña. Ese año se decapó apenas el promontorio, confirmándose las sospechas, había indicios de galería, de cámara. A lo largo del verano de 2019 se ha seguido excavando hasta unos 40 o 50 cm. Ha aparecido la entrada a la cámara subterránea y losas totalmente características de un túmulo funerario. Huesos todavía no. Hay que llegar a una profundidad de 1,8o para llegar al nivel de enterramiento. Una de las grandes piedras tiene toda la pinta de haber sido un menhir, es decir, una gran piedra (una tonelada de peso) con carácter ornamental que se ponía encima del túmulo. Para prevenir actos vandálicos o robos, el consistorio retiró la piedra a principios de este verano para guardarla en almacenes municipales.

Pero la gran sorpresa fue el hallazgo de una losa en la que se encontraron petroglifos, círculos solares, algún animal, y un esquemático hombre con las manos alzadas en señal de ¿adoración? y con un gran falo. Bernardos linda con Domingo García, el gran museo al aire libre de petroglifos, y desde Santa Inés se divisa perfectamente San Isidro, donde se supone aguarda uno de los yacimientos del final del paleolítico más potentes de España. Los petroglifos de Domingo García podrían ser coetános del hallado en Bernardos, pero Martín Vela sugiere que no. «Son distintos, estos son totalmente esquemáticos, los de Domingo García son más realistas, más trabajados. Tenemos que hacer las pruebas y datarlos, ya veremos», dice.

Tanto Martín Vela como Jesús Pastor, de la asociación Amigos de la Pizarra, están convencidos de que Bernardos es el corazón de una zona dolménica, especialmente densa, que puede dar juego para dinamizar los atractivos de visita en la comarca. En septiembre se rematará la prospección 2019 del yacimiento de Santa Inés. Una lona verde tapará el conjunto para evitar que la maleza se instale y proseguir los trabajos en 2020. Vale la pena. En Bernardos justo acaban de abrir una ventana desde la que asomarse al principio de los tiempos, cuando se empezaron a arar los campos en Segovia, haces seis mil años.

Fuente: acueducto2.com | 18 de agosto de 2019

Mérida incorpora los restos del Templo de Culto Imperial romano a su circuito turístico

Cualquiera que pase por la calle Holguín puede descubrir el nuevo yacimiento arqueológico. J. M. Romero

El proyecto del recinto monumental que acoge un Templo de Culto Imperial en la calle Holguín fue, con 132 votos, el elegido por los Mecenas del Consorcio de la Ciudad Monumental para adecuar con la aportación de sus fondos. Lo prefirieron al arreglo de la casa romana de la Alcazaba o a la adecuación de la lavandería de Fernández López.
Ahora, año y medio después, los emeritenses y visitantes a la ciudad pueden disfrutar de este recinto monumental en todo su esplendor. Uno de los hallazgos arqueológicos más relevantes de Augusta Emerita que fue desmantelado, parcialmente, tras su abandono en el siglo V.
Con la apertura al público de este recinto, que integra los restos del templo de Culto Imperial en el urbanismo actual, se recupera uno de los símbolos del poder imperial. Constituyó un monumental edificio de 748 metros cuadrados de superficie y una longitud de 38 metros. Grandioso.

El recinto religioso en el que se enmarca el templo fue construido en un momento avanzado del mandato de Tiberio, que gobernó entre los años 14 y 37 de nuestra era. Su finalidad: el culto imperial. Un vehículo de propaganda para exaltar el poder del emperador y de su familia a través de la religión oficial romana. Era tan importante a nivel simbólico la creación de este espacio, que, para poder construir el recinto en el lugar elegido, los romanos no dudaron en derribar cuatro manzanas de viviendas.

Foto: La secretaria general de Cultura de la Junta de Extremadura, Miriam García Cabezas; el alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna, y el director del Consorcio de la Ciudad Monumental, Félix Palma, en la inauguración del recinto arqueológico.

Intervención de urgencia

Los restos del solar fueron descubiertos durante una intervención de urgencia a cargo de José María Álvarez Martínez, a principios de los años 80. Durante el año 2003, dentro de un proyecto de investigación en el que participaron varias instituciones, se documentó la secuencia estratigráfica del solar, la relación del templo con la plaza que presidía y se profundizó en el conocimiento de la arquitectura del edificio, visible desde la calle. Esta investigación culminó con la publicación, en 2007, del monográfico 'El Foro provincial de Augusta Emerita. Un conjunto monumental de culto imperial', editado por Pedro Mateos, investigador del CSIC en el Instituto de Arqueología de Mérida.

Con la adecuación que el Consorcio ha realizado en el solar, se recupera para la ciudad este testimonio de la ideología romana clásica.

Las estructuras conservadas forman parte del podio del templo, de más de 3 metros de altura, fabricado con hormigón y sillares de granito y revestido de mármol. Se conserva también el suelo de la plaza que presidía este templo, así como fragmentos de las cornisas y las columnas originales, que alcanzaron una altura de 14.25 metros.

El proyecto de adecuación integral, elaborado por la arquitecta Inocencia García Hidalgo y Emilio Ambrona Fernández-Tejada, museógrafo del Consorcio, contempla la consolidación de estructuras y la reintegración de piezas originales.

Foto: Imagen del Templo del Culto Imperial. - EFE

Se han adecentado medianeras, renovado el cierre, se ha ampliado el acerado para que los restos se contemplen desde la calle, se ha creado una pasarela para la visión detallada de los vestigios y se ha instalado un espacio interpretativo dedicado al Culto Imperial. Son algunos de los recursos empleados para garantizar la accesibilidad física y cognitiva a este lugar.

En total, 22 trabajadores del Consorcio han trabajado directamente en el proyecto. Concretamente han sido un museógrafo, una arqueóloga, un topógrafo, dos restauradoras, tres dibujantes, un encargado, un capataz, dos oficiales de mantenimiento, seis peones de mantenimiento y cuatro peones de arqueología, además de diversas empresas privadas especializadas.

La museografía se completa con paneles interpretativos, dotados de ilustraciones originales. Esto garantiza la comprensión del edificio en época romana y su evolución posterior.

El Departamento de Conservación ha llevado a cabo un trabajo global en los restos. La intervención comenzó con una limpieza general de las piezas localizadas en el solar, que han recuperado su posición inicial. También se limpiaron con agua a presión controlada los paramentos del podio.
La restauradora del Consorcio, Patricia Matamoros, ha coordinado los trabajos que garantizan el aislamiento y la protección de las superficies originales de manera previa a la colocación de recrecidos y réplicas. Esto facilita al público la lectura de este impresionante edificio.

Foto: Algunas personas observando el nuevo yacimiento arqueológico de la ciudad. Brígido

El suelo original

El suelo original de la plaza ha sido tratado mediante una limpieza mecánica y química antes de proceder a su consolidación. Se han utilizado refuerzos perimetrales de mortero de cal, ladrillo y terracota machacada que actuaba como solera de las placas de mármol que pavimentaban este espacio.

Estas placas, que se encontraban en algunas zonas muy fisuradas, han sido reintegradas en sus lugares originales. Para ello, se ha utilizado las fotografías de la excavación arqueológica de 2003, lo que garantiza la fidelidad de la correcta reubicación de estos fragmentos antes de su consolidación. Todos estos trabajos han tenido un coste de 104.620 euros. Algo más de la mitad ha sido financiado por las aportaciones de los mecenas. El resto lo sufragado el Consorcio.

El horario de apertura del recinto para la temporada estival será de 9 a 20.30 horas y se puede contemplar desde la calle en cualquier momento.

La adecuación del templo se ha completado con la iluminación, que facilita poder disfrutar de los detalles del edificio durante los paseos nocturnos por la zona.

Fuente: hoy.es | 18 de agosto de 2019

Los humanos modernos lograron llegar al norte de Asia (Mongolia) mucho antes de lo que se creía

Se hallaron herramientas líticas en el flanco occidental del valle de Tolbor (señalado por la flecha)

Herramientas de piedra descubiertas en Mongolia por un equipo internacional de arqueólogos indican que los humanos modernos viajaron a través de la estepa euroasiática hace unos 45.000 años, según un nuevo estudio de la Universidad de California, en Davis. Su datación es unos 10.000 años antes de lo que los arqueólogos creían anteriormente.

El yacimiento excavado también apunta a una nueva ubicación en la que los humanos modernos pudieron haberse encontrado por primera vez con sus misteriosos primos, ya extintos, denominados denisovanos, dijo Nicolas Zwyns (izquierda), profesor asociado de antropología y autor principal del estudio.

Zwyns dirigió excavaciones desde 2011 a 2016 en el enclave de Tolbor-16, junto al río Tolbor, en las montañas del norte de Hangai, entre Siberia y el norte de Mongolia.

Dichas excavaciones proporcionaron miles de artefactos de piedra: unos 826 asociados con la ocupación humana más antigua en el lugar. Constituyen cuchillas largas y regulares, las cuales se parecen a las que se han encontrado en otros sitios de Siberia y el noroeste de China, lo que indica una dispersión a gran escala de los humanos modernos en toda la región, señala Zwyns.

"Estas herramientas existían antes en Siberia, pero no con tal grado de estandarización", precisa Zwyns. "El aspecto más intrigante es que se realizaron de una manera complicada pero sistemática, y esa parece ser la firma de un grupo humano que comparte un fondo técnico y cultural común".

Tal tecnología, conocida en la región como correspondiente al Paleolítico Superior Inicial, llevó a los investigadores a descartar a los neandertales y a los denisovanos como los ocupantes del lugar. "Aunque no hemos encontrado restos humanos, las dataciones que obtuvimos coinciden en el tiempo con los primeros 'Homo sapiens' hallados en Siberia", dice Zwyns. "Después de considerar cuidadosamente otras opciones, sugerimos que este cambio en la tecnología ilustra los movimientos del 'Homo sapiens' en la región".


Mapa con la ubicación de los yacimientos del Paleolítico Superior Inicial en el Altai y el Baikal.
1. Kara-Bom, 2. Makarovo-4, 3. Khotyk, 4. Kamenka AC, 5. Podzvonkaya, 6. Dórólj-1, 7. Tolbor (T4, T15, T16, T21), 8. Orkhon (Orkhon-1, Orkhon-7), 9. Tsatsyn Ereg-2, 10. Tsagaan-Agui, 11. Chikhen-2, 12. Shuiddongou-1 y -2.

El resultado de su excavación ha sido publicado en un artículo en Scientific Reports.
La datación del yacimiento, determinada mediante luminiscencia de los sedimentos y mediante radiocarbono de los huesos de animales encontrados cerca de las herramientas, es aproximadamente 10.000 años anterior un trozo fósil craneal humano hallado en Mongolia, y aproximadamente 15.000 años después de que los humanos modernos abandonaran África.

Las evidencias sobre la evolución del suelo (hierba y otras materias orgánicas), asociada con las herramientas de piedra, sugiere que el clima se volvió más cálido y húmedo durante un determinado periodo de tiempo, haciendo que la región, normalmente fría y seca, se volviera más hospitalaria para el pastoreo de animales y para los humanos.

Una muestra de herramientas de piedra descubiertas en el sitio Tolbor-16 en Mongolia, con ejemplos de cuchillas triangulares largas (fila inferior, izquierda) y de doble filo (fila inferior, centro) que se parecen a las encontradas en otros sitios en Siberia y el noroeste de China. Las cuchillas más cortas, la fila superior, son ejemplos de tecnología de herramientas conocidas antes por los investigadores.

El análisis preliminar ha identificado fragmentos óseos de bóvidos grandes (ganado salvaje, bisontes) y medianos (ovejas, cabras salvajes) y caballos, los cuales frecuentaban la estepa abierta, los bosques y la tundra, durante el Pleistoceno, lo que es otro signo de ocupación humana del lugar.
Las dataciones de las herramientas de piedra también coinciden con las estimaciones obtenidas de los datos genéticos correspondientes al primer encuentro entre el Homo sapiens y los denisovanos.
"Aunque todavía no sabemos dónde pudo ocurrir tal hibridación, parece que los denisovanos transmitieron determinados genes que luego ayudarían al 'Homo sapiens' a poder establecerse a gran altitud y a sobrevivir la hipoxia en la meseta tibetana", dijo Zwyns.

"Desde este punto de vista, el yacimiento de Tolbor-16 es un importante enlace arqueológico que conecta Siberia con el noroeste de China, a través de una ruta donde el 'Homo sapiens' tenía múltiples posibilidades de conocer a poblaciones locales como los denisovanos".

Fuente: phys.org | 16 de agosto de 2019

Revelan que la población del sur peninsular casi no tiene ADN africano

Batalla de la Reconquista, miniatura de las Cantigas de Santa Maria - Wikipedia

Al-Ándalus nos ha dejado una gigantesca herencia cultural que pervive hasta nuestros días. Desde los miles de arabismos de la lengua española a la Alhambra de Granada, desde el gusto por las aceitunas o los escabeches al califato de Córdoba.

Sin embargo, poco corre en la sangre de los andaluces actuales de los árabes y africanos que ocuparon la Península ibérica durante más de 800 años. Un estudio genético realizado por investigadores de la Universidad de Granada ha demostrado que el legado genético de esos pobladores entre los habitantes del sur de la Península es comparable al de otras zonas donde su presencia fue menor, como Cantabria o Cataluña. Incluso al que existe hoy en día en otros países del Mediterráneo como Portugal o Italia.

La investigación, publicada en la prestigiosa revista Scientific Reports, se fija en los marcadores genéticos del cromosoma Y en individuos varones de las provincias de Granada, Málaga y Almería. El objetivo era determinar el posible legado genético de las poblaciones que formaron el antiguo Reino de Granada. Sin embargo, y en contra de lo que tradicionalmente se cree, los resultados muestran que los andaluces actuales tienen un componente muy bajo de ADN del norte de África, similar al que tiene un barcelonés o un romano. La población vasca, más aislada, recibió una herencia árabe ligeramente más pequeña.

El mapa de distancias genéticas entre la población de Granada, Málaga y Almería, y las poblaciones mediterráneas y del norte de África trazadas. El color azul oscuro corresponde a los valores más bajos de distancias genéticas y el rojo oscuro a valores más altos de distancias genéticas.

Una expulsión efectiva

¿Cuál es la razón? Parece difícil de creer si se compara con las grandes y vibrantes obras que en España ilustran el poderío de la cultura árabe. «La Reconquista fue muy efectiva. Las gentes del norte de África fueron expulsadas, no se las integró, y se repobló la zona con habitantes del resto de la Península», explica la autora principal del trabajo, María Saiz Guinaldo, del Laboratorio de Identificación Genética de la UGR. «Genéticamente, es difícil identificar algún trazo del legado genético dejado por los antiguos pobladores», dicen.

Las similitudes entre la población de Granada, Málaga y Almería y la del resto de poblaciones españolas y algunas europeas hacen que las posibles diferencias existentes sean muy difíciles de identificar, a pesar de que el cromosoma Y es uno de los más pequeños del genoma humano, con un tamaño de unos 60Mb (millones de bases), y se hereda de forma directa de padres a hijos.

Los investigadores de la UGR que han realizado este trabajo. De izquierda a derecha, Juan Carlos Álvarez Merino, Luis Javier Martínez González, María Jesús Álvarez Cubero, José Antonio Lorente Acosta y María Saiz Guinaldo.

«Nuestros resultados revelan que ningún componente africano ha permanecido en la población del sur de la península ibérica, a pesar de haber estado ocupada por éstos durante 800 años. La presencia de haplogrupos típicamente africanos en la población de Granada, Málaga y Almería no es significativa cuando se compara con las frecuencias de éstos en poblaciones europeas, tanto mediterráneas como del norte de Europa», señala María Saiz.

Otros estudios previos han indicado un gradiente mayor de este legado en el norte de España, por ejemplo en Galicia, «pero las diferencias son mínimas. No se puede decir que los gallegos sean más africanos que los andaluces, no es una diferencia significativa», explica la investigadora.

Fuente: abc.es | 6 de junio de 2019

Un investigador español usa inteligencia artificial para reconstruir los textos de la biblioteca de Asurbanipal

Cuando los arqueólogos encontraron la biblioteca de Asurbanipal descubrieron miles de tablillas de arcilla fragmentadas (Ludwig-Maximilians Universitat)

Esta historia comienza hace miles de años en la majestuosa biblioteca de Asurbanipal, el último gran rey de Asiria (669-627 a.C.). Dentro de su palacio en la ciudad de Nínive se alojaba una espectacular colección de más de 20.000 tablillas de arcilla entre las que se encontraba el Poema de Gilgamesh, la obra narrativa más antigua de la humanidad.


Plano del palacio de Senaquerib, en Nínive, donde se encontró la biblioteca de Asurbanipal. Wikipedia.
En el 612 antes de Cristo, las fuerzas babilonias arrasaron Nínive, y todos los conocimientos albergados en su biblioteca fueron destruidos. Textos de escritura cuneiforme sobre historia, arte, literatura, ciencias, religión, magia… quedaron hechos trizas. “Cuando los arqueólogos descubrieron el sitio (en 1847), había dos habitaciones repletas de fragmentos”, explica Enrique Jiménez, asiriólogo de la Ludwig-Maximilians Universitat de Múnich.

Decenas, centenares, miles de pequeños trozos de arcilla, rotos y esparcidos por todas partes. Algunos eran tan diminutos que, a pesar de contar con símbolos sumerios y acadios, se hacía prácticamente imposible para los humanos identificar su significado. De ahí nació la idea en la que está trabajando Jiménez desde hace ya un año.
“Este sistema de escritura es muy ambiguo”, explica el investigador español a La Vanguardia. “Hay hasta 30 formas distintas de leer un solo símbolo. Si tienes el contexto, todo resulta mucho más fácil”, indica. Por eso lleva meses construyendo una base de datos que cuenta ya con 11.000 fragmentos de tablillas “que no ha leído nunca nadie”.

Su objetivo es ambicioso: reconstruir los inicios de la literatura mundial con la ayuda de la inteligencia artificial (IA). Mientras indexa imágenes e información, Jiménez está desarrollando paralelamente un algoritmo para poder “llenar los vacíos”. Es decir, identificar exactamente aquellas piezas que van juntas.

”Es increíblemente irritante cuando tienes que dejar de traducir un texto porque falta un solo signo y sabes que hay un fragmento en algún lugar que encaja exactamente con esta brecha”, indica. Y no hay mejor forma de solucionar estas lagunas que empezar por el principio, por Mesopotamia, donde aproximadamente 2.500 años antes de Cristo se desarrolló una rica tradición literaria bilingüe (sumeria y acadia).


Enrique Jiménez fue galardonado con el Premio Sofja Kovalevskaja por este proyecto, que concluirá en 2023. “Esperamos tener una base de datos gigantesca. En apenas un año ya hemos superado las expectativas iniciales, que era de 100.000 líneas. La idea es centrarnos en textos literarios, aunque es difícil identificar según qué tablillas”, insiste.

Todos los fragmentos se digitalizan y se transcriben. “Queremos llegar a los 15.000 para finales de este año, lo que nos permitirá buscar todos los fragmentos inéditos de la biblioteca de Asurbanipal en un segundo”, afirma el asiriólogo español.

La mayoría de los fragmentos de arcilla encontrados en Nínive se almacenan hoy en día en el British Museum de Londres y la mitad de ellos aún no se han registrado. Además, desde el pasado mes de mayo, dos fotógrafos se encargan de registrar las grandes colecciones restantes de este museo, en especial la Babylon Collection. Son, más o menos, 40.000 tablillas más.

Ejemplo de tablilla cuneiforme en la que se registra una entrega de oro por el jefe eunuco de Nabocodonosor II. British Museum.

Cuanta más información tengan los investigadores –un equipo que empezó apenas con Jiménez y un informático, pero que recientemente se ha ampliado hasta seis personas- más fácil será enseñar a la IA el léxico acadio y todas las lecturas posibles de un signo.

“Nuestro objetivo es que el programa reconozca las secuencias de caracteres y las asocie automáticamente con las palabras apropiadas para completar un pasaje de texto. Una computadora puede considerar todas las lecturas al mismo tiempo y hacer coincidir automáticamente los nuevos fragmentos con los textos ya capturados”, indica Enrique Jiménez.
Las problemáticas que afrontan este equipo de expertos no son muy diferentes a las que se encuentran los bioinformáticos a la hora de secuenciar el ADN. Para completar los códigos genéticos, se utilizan algoritmos como BLAST (Basic Local Alignment Search Tool), que tiene en cuenta las pequeñas variaciones e incluso ha sido utilizado para descifrar papiros griegos.

Para demostrar la eficacia de su método, Jiménez lo ha estado probando con tablillas literarias procedentes de la famosa biblioteca de Sippar, una ciudad al noroeste de la antigua Babilonia, en lo que hoy en día es Irak. Dice el historiador Beroso el Caldeo (350-270 a.C.) que fue en esta ciudad donde Noé enterró todos los escritos de la tradición mesopotámica antes de que llegara el diluvio universal.
En colaboración con el doctor Anmar Fadhil (izquierda), de la Universidad de Bagdad, Enrique Jiménez ha podido estudiar el Enuma eliš, un poema babilonio que narra el origen del planeta, y completar un poco más la obra de El justo sufriente, un texto precursor del sueño de Job que aparece en la Biblia.

El poema habla de un hombre que es castigado por Dios y este, a través de un sueño, le anuncia que va a recuperarse de las desgracias. “Durante 3.000 años, nadie pudo leer esta obra. Ahora hemos podido decodificar el mensaje y restaurar el texto, que ya era un clásico en la antigüedad”, señala el asiriólogo español.

Otro texto, escrito en acadio, en el que ha estado trabajando Jiménez es un himno al dios babilónico Marduk (derecha), el soberano de los hombres y los países. Su traducción sería más o menos así (en negrita, las partes recién añadidas):


Marduk, tu ira es como una gran inundación,
Pero en la mañana, tu gracia consuela a los castigados,
El viento feroz y furioso se ha calmado,
Donde las olas jugaban, las costas ahora son pacíficas,
Has iluminado la oscuridad, la nube oscura.
Donde sopló el resplandor, despejaste el día.

Estas tablillas de escritura cuneiforme permiten a los investigadores aprender importantes detalles sobre la vida cotidiana en Mesopotamia. Con el poema de El justo sufriente, por ejemplo, se ha descubierto que el hombre se despierta y habla con un sirviente, cuya tarea era, entre horas, ayudarle a levantarse.

La cuestión ahora será desentrañar las piezas complementarias entre un sinfín de restos antiguos ya excavados. “Tenemos muchas copias de los mismos textos, pero todas están rotas”, lamenta Enrique Jiménez. Así que, hasta dentro de 40 o 50 años, “siendo muy optimistas”, la computadora no habrá podido reconstruir toda la literatura acadia. “Sin conocer los clásicos, no se puede entender una civilización”, concluye.

Fuente: lavanguardia.com | 19 de agosto de 2019