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    sábado, 18 de abril de 2020

    Los residentes del asentamiento prehistórico de Çatalhöyük (Turquía) eran enterrados dentro de sus propios hogares

    Foto: Jason Quinlan

    Los residentes de la protociudad prehistórica de Çatalhöyük, de 8.000 años de antigüedad, eran enterrados en las casas donde vivían, según una investigación realizada por la Dra. Katarzyna Harabasz, profesora asistente en el Departamento de Arqueología de la Universidad de Szczecin (Polonia).
    Çatalhöyük es uno de los enclaves arqueológicos más famosos del mundo. Ubicado en la parte sur de Anatolia, en el centro de Turquía, estuvo habitado sin interrupción durante más de mil años entre 7.100 y 6.000 a. C., y se cree que, durante su período de mayor prosperidad, miles de personas vivieron en este asentamiento, densamente construido en varias docenas de hectáreas.

    Como regla general, los investigadores epecializados se centran en un tema específico y rara vez intentan obtener una visión más amplia de las gentes prehistóricas y su forma de vida. Pero en este caso, la Dra. Harabasz y su equipo llevaron a cabo no solo el análisis de huesos de esqueletos particulares, sino que también analizaron el lugar de sus entierros.


    Algunos de los restos estudiados fueron descubiertos en una casa que se utilizó entre 6.700-6.500 a. C. En ese periodo temporal, los muertos eran enterrados en muchos hogares, pues esa era la costumbre. Sin embargo, hasta ahora no estaba claro si los restos hallados pertenecían a personas que habían vivído en las mismas casas en que fueron encontrados, o si eran casas destinadas específicamente como lugares de enterramientos para un número adecuado de residentes de otros hogares cercanos.

    Los investigadores encontraron que en los restos de una mujer fallecida (entre los 35 y 50 años de edad en el momento de su muerte) había rastros de hollín orgánico.

    La Dra. Harabasz (izquierda) dijo: “Tal circunstancia sugiere que durante su vida la mujer inhaló los humos de la cocina del hogar, lo que le causó una carbonosis. La exposición a largo plazo a los humos le pudo haber provocado trastornos en el tejido pulmonar, lo que habría derivado en una insuficiencia respiratoria".

    Estas condiciones ambientales de la casas probablemente no eran una excepción en el asentamiento de Çhatalhöyük, ya que los hogares estaban pegados unos con otros, y, por ello, la comunicación tenía lugar sobre los tejados. A vista de pájaro, el asentamiento parecía un panal. Por lo tanto, una ventilación eficiente de las habitaciones no era posible.

    Harabasz añade: “En la casa donde descubrimos los restos, la disposición de la cocina impedía una buena ventilación. Por lo tanto, la inhalación de humos puede indicar que la fallecida vivía en esa casa y que fue enterrada en la misma".

    Agregó que los muertos eran colocados en cavidades poco profundas, que luego se cubrían y sus superficies se enlucían.


    Los arqueólogos a menudo encuentran cadáveres encogidos de modo antinatural, lo que, en su opinión, puede estar relacionado con la manipulación de los restos después de la muerte. Los cuerpos, además, probablemente eran sometidos a procedimientos no conocidos antes de ser colocados en las cavidades funerarias.

    La Dra. Harabasz dijo: “Hay casos conocidos de que se volvía a abrir una tumba para recuperar algunas partes del esqueleto. Y en algunos edificios, las actividades funerarias se repetían regularmente, lo que daba como resultado la reubicación de personas anteriormente fallecidas".



    También se descubrió que la mujer enterrada en el edificio tenía una estatura de 154 centímetros, y que sus ocupaciones principales giraban en torno a la elaboración de cestas y esteras.

    "Este aspecto fue confirmado por el análisis antropológico, el cual mostró que había un desgaste de los dientes superiores frontales, con rastros de sostener cuerdas, cordeles, o materiales orgánicos con la mandíbula superior", explica, y agregó que la mujer había sufrido un traumatismo a lo largo de su vida, y que el mismo, que se había curado, era visible en su frente.

    Durante el período en que vivió la mujer, el asentamiento estuvo habitado por la población más grande de su historia. Se sabe por otros estudios que el entorno natural alrededor de Çhatalköyük fue sobreexplotado, y que ello probablemente causó una escasez de alimentos, dado que algunos de los cadáveres analizados sufrían de escorbuto u osteoporosis.

    Al mismo tiempo, los estudios óseos muestran que los hombres eran más móviles, que viajaban a distancias más largas y pastaban animales,pues ostentaban un mayor número de lesiones en las articulaciones en comparación con las mujeres.


    El enclave arqueológico de Çatalhöyük fue inscrito a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2012, y el primer trabajo de excavación realizado en él fue llevado a cabo por el arqueólogo británico James Mellaart en la década de 1960.

    Las investigaciones en el asentamiento no se reanudaron hasta 1993, y desde entonces hasta 2017 un equipo internacional de especialistas ha estado dirigido por el profesor Ian Hodder, de la Universidad de Stanford. Una misión polaca de la Universidad de Adam Mickiewicz, en Poznań, ha estado activa allí desde 2001, y actualmente coopera con el Museo Arqueológico de Konya, donde se exhiben los esqueletos hallados en Çatalhöyük.

    Fuente: scienceinpoland.pap.pl | 25 de marzo de 2020
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