Marcas de corte en huesos de animales muestran que nuestros antepasados ​​sí comenzaron a cazar hace dos millones de años

Ejemplos de muescas o marcas de percusión en un húmero de un bovino.

Nuestros ancestros lejanos habrían comenzado a cazar hace dos millones de años, en lugar de hurgar en las sobras de carroña que dejaban los carnívoros como los grandes felinos, según un estudio.

Investigadores de la Universidad de San Diego han estudiado huesos de animales recuperados en Kanjera Sur, un sitio arqueológico cerca del lago Victoria, en el oeste de Kenia, y han encontrado rastros de marcas de corte en huesos de gacelas y ñus en lugares donde solo se producirían si los humanos hubieran sido los primeros en llegar a los cadáveres.

Los restos analizados, dijo el equipo de investigadores, representan algunas de las evidencias sólidas más antiguas de la práctica de la caza por parte de los humanos antiguos. En este sentido, hay que recordar que ya se habían encontrado huesos con dichas marcas de corte con una datación de hace unos 3,4 millones de años, pero no estaba claro si estas marcas fueron realizadas por homínidos u otros animales.

Industria Olduvayense

La industria o utillaje denominado Olduvayense (también conocido como Modo I) es el nombre dado a la cultura lítica que los homínidos usaron durante el Paleolítico Inferior arcaico desde hace alrededor de 2,6 a 1,7 millones de años en gran parte de África, Europa, Oriente Medio y el sur de Asia. Estas herramientas generalmente se elaboraban golpeando lascas de una piedra contra otra, y su nombre deriva del sitio donde se descubrieron en la década de 1930: el desfiladero de Olduvai, en Tanzania.

El estudio fue realizado por la zooarqueóloga y paleoantropóloga, Jennifer Parkinson (izquierda), de la Universidad de San Diego, California, y sus colegas. «El cambio hacia un mayor consumo de carne es uno de los principales cambios adaptativos en la evolución de la dieta de los homínidos», escribió el equipo en su artículo.

"El consumo de carne por parte de los homínidos de Olduvai está bien evidenciado en los sitios arqueológicos del Pleistoceno en el este de África por las marcas de carnicería halladas en los restos óseos de animales. Sin embargo, los métodos a través de los cuales se adquirieron los cadáveres (es decir, la caza frente al carroñeo) y el grado de su integridad (con carne o descarnados) es menos seguro".

Los huesos de animales hallados en el área de Kanjera Sur, que, hace dos milenios era de pastizales abiertos, permitieron a los investigadores abrir una ventana para indagar sobre estas distinciones.

Los huesos de gacela y ñu, que eran comunes en la zona, se sabe, desde hace mucho tiempo, que tienen marcas de carnicería. Ahora bien, hasta ahora no ha estado claro si los homínidos se hicieron con las presas o si las mismas fueron muertas por otros depredadores que acabaron abandonando los restos o fueron ahuyentados por nuestros antepasados.

Al volver a examinar las marcas de corte, el equipo comparó los restos óseos antiguos con huesos modernos usados experimentalmente por otros investigadores o que habían sido consumidos por carnívoros modernos como las hienas.

Rastros de marcas de matanza en varios huesos de gacelas y ñus (en la foto) en lugares donde solo se dejarían si los humanos hubieran sido los primeros en llegar a los cadáveres.

Descubrieron que los huesos de los animales de presa de Kanjera Sur habían sido cazados en la zona y que probablemente ya habrían sido despojados de carne si hubieran sido capturados por los depredadores, tal como los grandes felinos.

"Esto sugiere que los antiguos seres humanos fueron los primeros en cortar la carne, dado que, muy probablemente, fueron ellos mismos quienes cazaban las presas. Los homínidos no se alimentaban de los restos de animales capturados por los grandes felinos, porque eran lugares de matanza donde no habrían encontrado apenas carne", dijo la profesora Parkinson a New Scientist.

El zooarqueólogo Geoffey Smith (izquierda), del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, y que no participó en el estudio, dijo a New Scientist que el mismo "proporciona más evidencias del consumo humano de carne en ese momento".

No obstante, algunas cosas siguen sin estar claras sobre las actividades de caza en Kanjera Sur, la más obvia de las cuales es que no se sabe todavía qué tipo de homínidos vivían allí, ya que no se han encontrado fósiles humanos en el lugar. "Tenemos miles de herramientas de piedra, y por ello sabemos que los homínidos estaban allí, pero no disponemos de restos de homínidos en Kanjera Sur", explica la profesora Parkinson. "Sin embargo, un posible candidato es el 'Homo habilis', cuyos restos se han encontrado en otros sitios cercanos".

El Paranthropus es otro homínido conocido que vivió en el este de África en esa época, pero sus grandes dientes posteriores indican que probablemente comía, de modo principal, vegetales duros, si bien es posible que también tuviera cierta capacidad de caza.

Tampoco se sabe exactamente cómo cazaban los homínidos, quienesquiera que fueran. Según el profesor Smith, se pueden concebir que existirían varias estrategias, desde emboscadas hasta lanzar lanzas de madera rudimentarias.

El equipo comparó las marcas en los huesos antiguos (a la izquierda) con huesos modernos que fueron consumidos por carnívoros actuales como las hienas (arriba a la derecha), o marcados experimentalmente por investigadores o una combinación de ambos (abajo a la derecha).

Los resultados completos del estudio se publicaron en la revista Quaternary Science Reviews.

Fuente: dailymail.co.uk | 13 de enero de 2022

Los Millares fue un centro innovador del megalitismo desde donde se expandieron las sepulturas tipo tholos al resto de la península ibérica

Reconstrucción del interior de la cámara funeraria de un tholos en Los Millares (Almería). Ilustración de Iñaki Diéguez Uribeondo.

Un estudio realizado por un equipo de investigación de la Universidad de Granada (UGR) ha demostrado que Los Millares, uno de los sitios arqueológicos más importantes de Europa Occidental, ubicado en Santa Fe de Modújar (Almería), a escasos kilómetros de la costa mediterránea, fue un gran centro innovador del megalitismo, donde por primera vez aparecieron las sepulturas tipo tholos y desde donde se expandieron al resto de la península ibérica. El motivo de esta expansión pudo estar en que este tipo de enterramientos se ajustaba a las necesidades planteadas por las sociedades de aquel momento, hace unos 50 siglos.

El yacimiento de Los Millares es considerado como la primera ciudad de la Prehistoria en la península ibérica, y se estableció hace más de 5.000 años junto a los monumentos funerarios del mismo nombre.

Reconstrucción de la necrópolis y poblado de Los Millares. Ilustración de Iñaki Diéguez Uribeondo.

Los investigadores de la UGR han llevado a cabo un análisis estadístico y espacial de 193 dataciones radio-carbónicas de toda la península ibérica, que ha permitido demostrar que uno de los principales monumentos megalíticos de la península ibérica y de Europa apareció por primera vez en el yacimiento de Los Millares. Estas dataciones proceden, casi en su totalidad, de individuos, explica el investigador del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, y autor principal del estudio, Gonzalo Aranda Jiménez (izquierda), quien señala que "aunque lo deseable es que haya más elementos para estudiar, esta cifra de 193 dataciones es muy significativa, pues hace unos años apenas había 20 dataciones y ahora la base documental con la que se trabaja se ha multiplicado por diez".

Hace aproximadamente 5.200 años se produjo una innovación de enorme relevancia en el desarrollo de las sociedades prehistóricas. Se trataba de un nuevo tipo de sepultura megalítica completamente diferente a los por aquellos entonces característicos dólmenes. Ahora, las sepulturas presentaban cámaras funerarias de planta circular de entre 2 y 5 metros de diámetro que en ocasiones presenta pequeños nichos laterales cuyo uso fue también funerario.

Mapas con la distribución temporal de las dataciones radio-carbónicas peninsulares. / R. G.

“Al interior de estas cámaras se accedía por un pasillo que aparecía compartimentado por losas de piedra perforadas para facilitar el paso. El rasgo arquitectónico más característico de estos nuevos monumentos fue la forma en que se cubrían las cámaras funerarias mediante falsas cúpulas que se conseguían mediante anillos de piedras sucesivamente más pequeños. Este tipo de monumentos, conocidos como 'tholoi', supusieron una nueva concepción ritual y funeraria que claramente se alejaba de los tradicionales dólmenes”, explica Gonzalo Aranda.

Los thóloi más antiguos surgen por primera vez en torno al 3200 a.C. en el sureste peninsular, en concreto en Los Millares. Desde aquí, los nuevos monumentos megalíticos se extendieron de forma progresiva en primer lugar por el valle del Guadalquivir, luego por el valle del Guadiana hasta alcanzar por último la península de Lisboa. Varios siglos después de las primeras construcciones, en torno al 2900 a.C., los thóloi alcanzaron su máxima expansión territorial desde el sureste de la península ibérica hasta la actual Lisboa, esto es, desde la costa mediterránea hasta la fachada atlántica.

Se extendieron, añade Aranda, gracias a que se ajustaban posiblemente a las necesidades sociales de los grupos humanos. Éstos mantenían entre sí contactos, como demuestran los elementos culturales similares. "El contacto cultural era estrecho y recurrente".

Planta y sección del tholos de El Romeral (Antequera, Málaga). Fotografías de Javier Coca.

Un nuevo tipo de monumento funerario

De esta forma, las sociedades prehistóricas del sur España y el centro y sur de Portugal introdujeron en sus formas de vida este nuevo tipo de monumento funerario que tuvo un intenso desarrollo durante varios siglos. Solo a partir del 2.200 a.C. se produjo un claro abandono de las prácticas funerarias que venían desarrollándose en estos monumentos, excepto en el sureste peninsular.

“De nuevo las necrópolis de estas comarcas como Los Millares, y muy especialmente El Barranquete, mantuvieron una importante actividad ritual y funeraria hasta finales del II milenio a.C. La reutilización de viejos monumentos megalíticos durante generaciones puede considerarse como una característica particular de los 'thóloi' del sureste”, apunta Margarita Sánchez Romero (izquierda), otra de las autoras del trabajo.

Durante más de un milenio, los thóloi se convirtieron en los monumentos funerarios colectivos de tipo familiar donde, junto a restos humanos, se depositaron objetos finamente elaborados en materiales valiosos como oro, marfil, ámbar, piedras verdes, cristal de roca y huevos de avestruz, algunos de ellos procedentes de diferentes regiones del mediterráneo y África. Los thóloi pueden considerarse como el tipo de monumento funerario característico de sociedades de agricultores y ganaderos que, por primera vez, se establecieron en poblados permanentes, desarrollaron la metalurgia del cobre y se integraron en redes de intercambio a larga distancia.

Yacimiento arqueológico de el Barranquete (Níjar, Almería)

En este contexto, “Los Millares destaca por su excepcionalidad, dado que alcanzó unas dimensiones, concentración poblacional y monumentalidad completamente desconocidas, lo que ha llevado a considerarlo como la primera ciudad de la península ibérica. Pero la importancia de Los Millares trascendió la escala regional para convertirse en el lugar de referencia donde se desarrolló una original innovación en la arquitectura monumental megalítica y cuya influencia se extendió por otras regiones peninsulares”, apuntan los autores.

Referencia bibliográfica:

Aranda Jiménez, G., Milesi García, L., Díaz-Zorita Bonilla, M., Sánchez Romero, M. 2021. The radiocarbon chronology of the tholos-type megalithic tombs in Iberia: exploring diverse social trajectories. Trabajos de Prehistoria 78(2)

Fuente: canal.ugr.es | 14 de enero de 2022

¿El canibalismo propició la extinción de los neandertales?

Ilustración de una escena caníbal en la Prehistoria realizada por Arturo Asensio Moruno en el Museo Arqueológico Nacional.

Si hay un pecado que, a nuestros ojos modernos y puramente occidentales parece imperdonable, ese es el canibalismo. Una práctica tabú. Tanto es así que cuando escuchamos extrañas historias sobre individuos que han tenido que probar la carne humana (el ejemplo más famoso es el del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya que sirvió de inspiración para la película Viven) nos producen un morboso interés, pese al sensacionalismo terrible en el que se ven envueltas. Recientemente, la historia del actor Armie Hammer, con supuestas tendencias caníbales según sus propios mensajes, también se ha hecho muy famosa.

Quizá porque está fuera de toda humanidad corromper la carne del prójimo. Por supuesto, las razones del canibalismo son muy diferentes y la necesidad parece excusable, mientras que el ritual no lo es. Sea como fuere, y aunque hay muchas leyendas al respecto, razón por la cual en algunas ocasiones resulta difícil distinguir entre la realidad y el mito (Cristobal Colón regresó a Europa contando historias increíbles sobre esta práctica), es una práctica que ha acompañado al ser humano desde que pisó la Tierra. Es difícil enorgullecerse de ello, pero es así: se ha demostrado que el Homo antecessor lo practicaba, siendo la referencia sobre canibalismo más antigua de nuestro continente.

Una de las cuestiones que más ha preocupado a los arqueólogos es por qué nuestra especie logró sobrevivir mientras que los neandertales, nuestros parientes cercanos, no lo lograron. En los primeros momentos de su estudio, con ignorancia y soberbia, solíamos representarlos como seres brutos y completamente cavernícolas, en el sentido literal de la palabra, mucho menos avanzados que el Homo sapiens. Hoy en día, gracias a las nuevas investigaciones, sabemos que esto no se correspondía con la realidad: enterraban a sus muertos, tenían herramientas y, quizá, hacían las cosas que a nosotros nos señalan como seres superiores. Es decir, probablemente hablaban y tal vez representaban la realidad mediante pinturas. Pero también practicaban el canibalismo, según los signos hallados en zonas como Krapina, en Croacia, en 1899.

Fragmentos de hueso de Gough's Cave en Inglaterra. Las pruebas de este yacimiento que data del Paleolítico Superior sugieren que las personas que lo habitaban practicaban canibalismo y quizá empleaban calaveras humanas para propósitos rituales. FOTOGRAFÍA DE DEREK ADAMS, NATURAL HISTORY MUSEUM.

Por qué desaparecieron ellos y nosotros no

¿Tuvo algo que ver el canibalismo en la desaparición de nuestros parientes los neandertales? Un reciente artículo publicado en Psychology Today se centra en ello con la idea de encontrar respuestas. Algunos antropólogos señalan que no hubo competencia directa entre Homo sapiens y neandertales, sino más bien que los primeros fueron más astutos a la hora de hacerse con los recursos pertinentes para sobrevivir. Los antropólogos españoles Jordi Augustí y Xavier Rubio-Campillo (2016) realizaron un experimento virtual para estudiar los factores subyacentes a la extinción de los neandertales. En su modelo experimental, incluyeron la ubicación del grupo con un rango de hogar definitivo (donde se recolectan los recursos), el tamaño del grupo, el canibalismo (para eliminar la competencia y obtener recursos adicionales) y la posibilidad de que un grupo se fracturará en dos (fisión).

Desde el punto de vista de la teoría de juegos, el canibalismo parece ser una forma óptima de obtener recursos. Es importante, no obstante, distinguir entre dos tipos de canibalismo: endocanibalismo y exocanibalismo. Con el primero, el grupo se come a sus propios miembros. Puede darse por razones puramente funcionales, es decir, cuando el grupo está hambriento y tiene que sobrevivir. También se puede practicar por razones religiosas o simbólicas tras la muerte de alguien del grupo y, por tanto, no sería un asesinato. El exocanibalismo, sin embargo, implica comerse a miembros de otros grupos.

Augustí y Rubio-Campillo descubrieron que, cuando los recursos eran abundantes, ninguna de estas prácticas era necesaria para sobrevivir. Pero cuando los recursos son escasos puede ser una medida óptima. Los grupos que favorecían el exocanibalismo podían prevenir su propia extinción. Sin embargo, en el modelo virtual final añadieron humanos anatómicamente modernos y no caníbales. Al final de la simulación, los que se dedicaban al exocanibalismo se habían extinguido, lo que les hizo concluir que aunque los individuos pudieran beneficiarse de la práctica, la especie en conjunto no. (Es importante señalar que el modelo asumió que los neandertales practicaban el canibalismo solo con otros grupos de neandertales).

Un científico trabaja en Caune de l'Arago en Francia, otro yacimiento en el que se habría dado canibalismo prehistórico. FOTOGRAFÍA DE RAYMOND ROIG, AFP, GETTY IMAGES.

La antropóloga de California Hélène Rougier (2016) y sus colegas analizaron 99 restos neandertales de una cueva en Goyet, Bélgica, que datan de hace unos 45.000 a 40.000 años. Su análisis mostró evidencias muy claras de canibalismo, junto a huesos de animales. No es una casualidad, otras revisiones han descubierto lo mismo. La cuestión entonces es por qué los neandertales se comían a otros 'colegas' si es que los animales parecían suficientes y abundantes. La conclusión es que quizá lo hicieran para obtener recursos o reducir la competencia, pues parece poco probable que comenzase en cada grupo de manera aislada o que se tratase de una tradición transmitida de generación en generación.

Una última teoría se adentra en algo más: la importancia del olfato. Al parecer, no tenían un sentido tan evolucionado como el nuestro, por lo que es posible que tuvieran una menor capacidad para diferenciar olores (particularmente el olor a carne humana quemada, que los bomberos describen como horrible). La extinción de nuestros 'primos' sigue siendo un misterio, pero esto podría ser una señal de la importancia que tiene el olfato en la evolución humana y si podremos ser reemplazados en el futuro por otros humanos más avanzados que nosotros, según las decisiones que tomemos en busca de nuestra propia supervivencia.

Fuente: elconfidencial.com | 2 de enero de 2022

Hallan un cráneo ritual seccionado íbero en el yacimiento de Olérdola (Barcelona)

El cráneo ritual íbero hallado en Olérdola. Cristóbal Castro. El País.

Tenía entre 18 y 25 años y vivió hace alrededor de 2.300 años, en el siglo III a. C. Su cráneo fue colgado de una fachada en la ciudadela íbera de Olérdola (Alto Panedés, Barcelona) a modo de trofeo, y acaba de aparecer en una excavación.

No es la primera cabeza cortada y clavada que aparece en un yacimiento catalán, pero sí la que se encuentra más al sur, lo cual abre grandes interrogantes entre los arqueólogos.

Los restos de este cráneo, fragmentado en cinco pedazos, se exponen de urgencia en el Museo de Arqueología de Cataluña (MAC) durante apenas cuatro días, desde hoy y hasta el domingo, aprovechando los últimos días de la exposición “El enigma íbero. Arqueología de una civilización” (que ya era fabulosa antes de esta aportación final).

El cráneo, aparte de su vistosidad, tiene el interés arqueológico de que es el primero que aparece en un poblado de la tribu de los cosetanos. En este caso, los restos son de la cara. Los cráneos cortados -que merecieron una exposición específica en el MAC a finales de 2015- eran hasta ahora vestigios exclusivos de las tribus de los indigetes y de los layetanos. Fueron hallados en yacimientos de Ullastret, Santa Coloma de Gramenet y Cerdanyola del Vallès; existen restos de alrededor de 30, 12 y 2 individuos. Se cree que es una costumbre que los íberos adoptaron por influencia celta. Los clavaban a la pared con punzones de hasta 23 centímetros, como triunfos bélicos. "Los íberos tenían buenos conocimientos de antropología como para saber dónde poner ese tipo de clavo sin destruir el cráneo. Seguramente lo tenían expuesto en la entrada del recinto amurallado, para que todo el mundo lo viera, era un símbolo de poder» ", explica Núria Molist, codirectora de la excavación.

La conservación de alguna pieza dental del cráneo recién encontrado permitirá además abordar estudios genéticos de las poblaciones de aquel momento; los íberos incineraban a sus difuntos, lo que eliminaba toda esa información. Los análisis realizados hasta ahora indican que los individuos así expuestos eran de las mismas zonas, lo que permite especular con que fueran líderes de tribus rivales vecinas o jefes depuestos. La del yacimiento de Olérdola estaba en un lugar bien visible en la zona de acceso.

La civilización ibérica se compuso de decenas de tribus dispersas por la zona mediterránea y sur de la península ibérica entre el siglo VI y hasta poco antes de nuestra era, cuando fueron absorbidos por la romanización. Su lengua escrita sigue siendo un enigma.

Un enclave fabuloso

El cráneo apareció durante las excavaciones que el MAC ha desarrollado entre el 29 de noviembre y el 3 de diciembre en el yacimiento de Olérdola, que en 2021 ha conmemorado cien años de trabajos arqueológicos. El lugar ha tenido ocupación humana durante cuatro mil años, con sucesivas culturas.

La excavación de este invierno investigaba precisamente la transición entre íberos y romanos, dado que estos conquistaron el lugar y lo adaptaron a sus necesidades. Se centró en la torre 2 de la muralla romana, en el flanco oriental de la puerta de entrada al recinto fortificado. Esta torre también fue reconstruida en época medieval y había sido objeto de excavaciones y obras de restauración en 1987, 2013 y 2016. En esos trabajos se determinó que la torre fue abandonada (con toda seguridad, todo el emplazamiento) hacia el año 75 a. C., lo que coincide con las fuentes escritas, que datan entre los años 80 y 72 la Guerra de Sertorio, que llenó la península ibérica de inestabilidad. Por ello es seguro que el lugar, punto estratégico y de control, se viera afectado por ese conflicto en ese momento.

Vista de perfil del cráneo localizado. Manolo García.

La torre romana se asienta sobre otra anterior, ibérica, aunque el trazado de la muralla fue redefinido por los romanos. La excavación no ha llegado todavía al nivel de roca madre, con lo que es muy posible que nuevas campañas deparen nuevas sorpresas. "Es como una matrioska, con una torre dentro de una torre dentro de una torre", ha ilustrado el otro codirector de los trabajos, Jordi Principal.

La investigación ha desvelado, aparte del cráneo, que la torre sufrió graves daños en aquel momento en que los romanos se hicieron con el lugar. Han aparecido restos de vigas caídas y carbonizadas, y también elementos de mobiliario y abundante vajilla, con cerámicas y ánforas en buen estado, así como restos de armamento romano. Todo ello denota un abandono precipitado del enclave. La estructura colapsó (con el cráneo posiblemente clavado en la pared) y el espacio quedó sellado. Por suerte.

Fuentes: lavanguardia.com | abc.es | ara.cat | 13 de enero de 2022

El ‘Homo sapiens’ más antiguo del este de África vivió hace unos 230.000 años

Reconstrucción de los restos 'Omo I' hallados en Etiopía.

En 1987, Rebecca Cann, Mark Stoneking y Allan Wilson publicaron en la revista Nature un estudio sobre el ADN mitocondrial que indicaba que la población ancestral del Homo sapiens actual probablemente procedía de África oriental.

Además de las pruebas indirectas, esto se explica porque los fósiles de los primeros Homo sapiens más convincentes (es decir, Omo I u Omo Kibish y los homínidos de Herto), también se han encontrado en esta región.

Sin embargo, estudios recientes, tanto en genética como en paleoantropología, han empezado a cuestionar este punto de vista. De esta forma, el consenso emergente en cuanto a la localización del origen de nuestra especie se inclina hacia procesos evolutivos más complejos, que incluyen la mezcla entre diferentes poblaciones, procedentes de distintas regiones de África, por ejemplo, las poblaciones del sur y del este del continente.

El fósil del Omo I, descubierto por el paleoantropólogo keniano Richard Leakey (derecha, recientemente fallecido), posee las principales características morfológicas específicas del Homo sapiens –es decir, una bóveda craneal alta y globular, un mentón en la mandíbula–, lo que convierte al espécimen en un miembro incuestionable de nuestra especie.

Un equipo de científicos, liderados por la Universidad de Cambridge (Reino Unido), ha datado una enorme erupción volcánica en Etiopía que revela ahora que este individuo vivió mucho antes de lo que se pensaba.

“Antes de este estudio, se creía que estos fósiles podían tener una antigüedad de 198.000 años. Las nuevas estimaciones son de más de 200.000 años y posiblemente más de 230.000, con lo que se retrasa la primera aparición incuestionable de un miembro de nuestra especie en el registro fósil”, apunta Aurélien Mounier (izquierda), científico del Museo del Hombre de París y coautor del estudio que publica la revista Nature.

Omo I se encontró bajo una capa de ceniza muy gruesa que es demasiado fina como para obtener datos mediante técnicas de datación directa. “La única manera que había era analizar su composición química para obtener su huella dactilar y luego tratar de correlacionarla con otras capas de ceniza de la región e, idealmente, con el volcán que produjo la erupción. Algo muy complejo, porque Etiopía alberga numerosos volcanes. Cada erupción tiene una huella química única”, apunta Celine Vidal (derecha), autora principal del trabajo e investigadora de la Universidad de Cambridge.

Una colosal erupción fue la clave

Hasta el presente, varios estudios que habían intentado esta datación anteriormente, habían sugerido algunas correlaciones, pero había mucha incertidumbre. Lo que ha logrado este equipo ahora, al estudiar las grandes erupciones que se produjeron en Etiopía durante el periodo de tiempo considerado (hace entre 300.000 y 60.000 años), es identificar una que fue colosal, la del volcán Shala hace 233.000 años, localizado a 400 kilómetros de la región donde se halló Omo I.

El equipo toma muestras de los depósitos de ceniza que limitan la edad del fósil más antiguo de Homo Sapiens en la formación Omo Kibish. / Alan Deino 2018.

La localización de las excavaciones es muy importante. El yacimiento del que hablábamos al principio del artículo, denominado Omo I, se encuentra en la formación geológica Omo Kibish, creada por el río Omo, que cruza el sudeste de Etiopía. Si miramos un mapa físico de la región, observaremos que nos encontramos dentro del Gran Valle del Rift de África Oriental. Este valle es una enorme fractura geológica que comenzó a formarse durante los últimos 30 millones de años cuando, debido a las corrientes de magma del interior del planeta, empezaron a separarse las placas continentales africana y somalí. Toda esta actividad tectónica da como resultado una zona con alta concentración de terremotos y volcanes, y son estos últimos, los volcanes, los que tienen una cualidad muy importante: sus erupciones poseen una firma química única.

Los investigadores recogieron muestras de roca de los depósitos volcánicos y las molieron hasta un tamaño submilimétrico. “Una vez que se ha triturado la roca, se liberan los minerales de su interior, y entonces se puede datar e identificar la firma química del vidrio volcánico que mantiene unidos a los minerales”, explica Vidal.

La huella de esta erupción resultó ser idéntica a la de la ceniza encontrada sobre el fósil Omo I, en la formación Omo Kibish. Esto implica que los fósiles son más antiguos que 233.000 años.

Imagen de satélite de los Lagos Shala FOTO: NASA. Este volcán entró en erupción hace más de 230 000 años, formando lo que hoy conocemos como los Lagos Shala, los más profundos del Valle del Rift de Etiopía. Actualmente, los manantiales de aguas sulfurosas que expulsan aguas termales recuerdan que la actividad volcánica no ha cesado, pero sí que se encuentra mucho más calmada que cuando envió las cenizas hacia la región de Omo Kibish. Esta actividad residual no supuso un impedimento para el equipo de la Dra. Vidal, que se acercó a la zona para tomar muestras de las rocas y sedimentos de alrededor del antiguo volcán para poder datarlos y confirmar su antigüedad.

El valle que revela el pasado de la evolución humana

Esta región de Etiopía es una zona de gran actividad volcánica y una rica fuente de restos humanos primitivos y artefactos como herramientas de piedra.

“Como paleoantropólogo que trabaja en África oriental, veo lo mucho que me baso en los logros y el legado de Leakey para llevar a cabo mis propias investigaciones. África oriental sigue proporcionando numerosos fósiles extremadamente importantes. Pero no son tanto los fósiles en sí, como las particularidades de esta zona lo que la hacen importante, ya que los restos se conservan mejor que en otras regiones y, en concreto, el Valle del Rift ofrece una oportunidad única al dejar al descubierto sedimentos más antiguos y hacerlos más fácilmente accesibles a los arqueólogos”, reflexiona Mounier.

Este estudio es especialmente importante porque apoya la hipótesis de las investigaciones genéticas que señalan que la divergencia de genes de las primeras poblaciones de Homo sapiens podría haber ocurrido hace unos 300.000 años.

"Hay muchas otras capas de ceniza que estamos tratando de correlacionar con las erupciones del Rift etíope y con los depósitos de ceniza de otras formaciones sedimentarias. Con el tiempo, esperamos acotar mejor la edad de otros fósiles de la región", afirma Vidal.

Para lograr su objetivo los científicos dataron las capas de ceniza volcánica donde quedó enterrado "Omo I", una zona del valle del Rift (foto) de gran actividad volcánica y rica en restos de los primeros humanos.

En busca de la edad tope de nuestra especie

Los investigadores afirman que, aunque este estudio muestra una nueva edad mínima para el Homo sapiens en el este de África, es posible que nuevos hallazgos y estudios amplíen la edad aún más atrás en el tiempo.

“Solo podemos datar a la humanidad basándonos en los fósiles que tenemos, así que es imposible decir que esta es la antigüedad definitiva de nuestra especie. El estudio de la evolución humana está siempre en movimiento: los límites y las líneas de tiempo cambian a medida que mejora nuestra comprensión. Pero estos fósiles muestran lo resistentes que son los humanos: que sobrevivimos, prosperamos y emigramos en una zona tan propensa a los desastres naturales", continúa la investigadora.

“Nuestro enfoque forense proporciona una nueva antigüedad mínima para el 'Homo sapiens' en el este de África, pero el reto sigue siendo aportar un límite, una antigüedad máxima, para su aparición”, concluye la coautora Christine Lane (izquierda), directora del Laboratorio de Tefra de la Universidad de Cambridge.

Habilidades cognitivas

Probablemente no sea una coincidencia que nuestros primeros ancestros vivieran en un valle geológicamente activo: "Recogía lluvia en los lagos, ofrecía agua dulce y atraía animales, y servía como un corredor de migración natural que se extendía miles de kilómetros», describe Clive Oppenheimer (derecha), director del proyecto que fecha la erupciones volcánicas. Al mismo tiempo, los volcanes proporcionaron «materiales fantásticos para fabricar herramientas de piedra y, de vez en cuando, teníamos que desarrollar nuestras habilidades cognitivas cuando las grandes erupciones transformaban el paisaje".

El equipo de investigación tomando muestras de los sustratos en Kibish. Céline Vidal.

Al paleoantropólogo y codirector de los yacimientos de Atapuerca, Bermúdez de Castro (izquierda), no le ha sorprendido que esta nueva datación retrase la formación del yacimiento de Etiopía: "Hace 230.000 años nuestra especie, conformada casi como la conocemos hoy en día, salvando matices de una mayor robustez en los rasgos faciales y craneales, se paseaba ya por África. De esa misma antigüedad es el cráneo de Florisbad, en Sudáfrica, asignado por su descubridor, Thomas Dreyer, a 'Homo helmei', pero en la actualidad incluido en 'Homo sapiens'. Así que podemos seguir afirmando que los primeros homininos con un aspecto inequívocamente como el nuestro se encuentran en África hace entre 300.000 y 200.000 años, un dato esperable que no cambia nada más que la datación de ese yacimiento", sostiene.

El paleontólogo español, sin relación con el estudio de Nature, recuerda que "las dataciones de los yacimientos, aunque son meritorias, no son una verdad absoluta ni deben darse nunca como un asunto zanjado, dado que las técnicas mejoran y siempre se encuentran nuevos métodos de datación, que deben ser empleados en todos los yacimientos".

Desde su punto de vista, "con esta evaluación continua nos podemos ir acercando a la realidad del tiempo en el que se depositaron los sedimentos y los fósiles. Si se realiza una batería de dataciones con diferentes métodos en cualquier yacimiento se obtiene un rango de edades, con un valor mínimo y un valor máximo. Cuando hay otros elementos a considerar en el yacimiento, como la fauna, el paleomagnetismo, etc., se puede debatir entonces cual podría ser la cronología más probable".

Fuentes: agenciasinc.es | larazon.es | elmundo.es | 12 de enero de 2022

Turquía abre una nueva ventana sobre la interpretación del inicio de la civilización neolítica

Vista aérea de las excavaciones de Karahan Tepe, en la provincia de Sanliurfa y dentro del Parque Nacional de las Montañas Tek Tek, al este de la llanura de Harran. ARCHIVO DE DE EXCAVACIONES DE KARAHAN TEPE.

Figuras talladas de humanos y animales, grandes obeliscos en forma de T, enterramientos, estructuras domésticas y rituales... Los artefactos y asentamientos que, en los últimos años, los arqueólogos han sacado a la luz en las áridas tierras del sudeste de Turquía abren una nueva ventana a los inicios del sedentarismo en Anatolia y la alta Mesopotamia. En opinión de los investigadores turcos, estos hallazgos pueden servir para reescribir la historia de los inicios de la civilización humana. Otros son más cautos.

El descubrimiento de Göbekli Tepe —datado en torno a 9.600 a. C. y considerado “el templo más antiguo del mundo”— y su excavación bajo la dirección del arqueólogo alemán Klaus Schmidt entre 1994 y 2014 han supuesto un antes y un después en las investigaciones sobre las primeras etapas del Neolítico en Turquía. Promocionado como reclamo turístico por el Ministerio de Cultura, incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, e incluso objeto de una serie en Netflix, Göbekli Tepe ha servido para impulsar los trabajos arqueológicos en la zona.

La teoría que manejan los investigadores es que lo que hasta hace poco se consideraba un templo solitario en medio de las rutas de comunidades nómadas que vivieron hace casi 12.000 años —”Una catedral solitaria en una colina”, en palabras de Schmidt— podría haber sido en realidad el núcleo de una constelación de asentamientos sedentarios con una estructura social más especializada y estratificada de lo que se pensaba. De hecho, las excavaciones hechas desde la muerte del arqueólogo alemán en 2014 han revelado la existencia en Göbekli Tepe de viviendas alrededor de las estructuras religiosas, lo que sugiere la presencia de un asentamiento estable, una especie de villa.

Imagen de las monumentales construcciones megalçiticas en Göbekli Tepe, Turquía. DAI.

Unos 35 kilómetros al este de Göbekli Tepe se ha excavado otra colina, Karahan Tepe, que también ha ofrecido importantes hallazgos arqueológicos. Los resultados de los estudios de carbono-14, aún por publicar, sitúan este yacimiento en un periodo entre el X y el IX milenio antes de Cristo, es decir, en los albores del Neolítico (en las fases A y B del Neolítico precerámico) y en la misma época en que estuvo ocupada Göbekli Tepe.

También se ha puesto en marcha el proyecto de las Colinas de Piedra (Tas Tepeler en turco), por el que se ha identificado una docena de sitios alrededor de Göbekli Tepe, en la llanura de Harran (provincia de Sanliurfa), y en siete han comenzado las excavaciones este año.

“Se trata de lugares datados entre el 9.600 y el 8.200 a. C. Son de diferentes tamaños, lo que sugiere una jerarquía entre asentamientos. La mayoría están situados en colinas y lo suficientemente cerca como para poder verse y en todos hemos descubierto artefactos únicos pero similares entre sí. Es decir, eran gentes que habitaban un mismo mundo”, explica el jefe de las excavaciones en Karahan Tepe, el catedrático de arqueología Necmi Karul (izquierda). “Aunque las monumentales ruinas que conocemos de Göbekli Tepe y Karahan Tepe son impresionantes, sólo suponen una parte de todo lo que hay por descubrir”, agrega.

En ninguna de estas excavaciones se han hallado pruebas de domesticación de plantas o animales, sino que se han encontrado miles de huesos de animales salvajes, lo que probaría que se trataba todavía de sociedades cazadoras-recolectoras. Era una época en que las temperaturas comenzaban a aumentar tras las glaciaciones, lo que llevó a una mayor disponibilidad de caza y plantas comestibles.

Los obeliscos hallados en el interior de Karahan Tepe representan figuras humanas. ARCHIVO DE DE EXCAVACIONES DE KARAHAN TEPE / BEKİR KÖŞKER

“La sedentarización llegó de la abundancia y no de la escasez”, subraya Karul: “Dadas las nuevas condiciones climáticas, desarrollaron nuevas técnicas de caza y comenzaron a controlar animales que en el futuro serían domesticados”. Este ecosistema más fértil debió de llevar a un mayor número de población a dicha región, abriendo la vía a la ocupación de asentamientos de forma sedentaria. “Creemos también que fue esa prosperidad la causa del establecimiento de lugares monumentales con aspectos fuertemente simbólicos. Las construcciones de Karahan Tepe se han preservado en muy buenas condiciones, y ofrecen muestras de muchos fenómenos: una vida organizada, un cierto orden social distintivo de comunidades amplias... No sólo por las estructuras, sino también por los hallazgos de esculturas animales y humanas en tres dimensiones, lo que refleja bien las habilidades y el mundo simbólico de las gentes prehistóricas que vivían allí. Contrariamente a lo que se creía antes, la transición a una vida sedentaria y los cambios sociales que conllevó no fueron causados por la producción de alimento, sino que la producción de alimento fue una consecuencia de esta transición”.

Croquis de los asentamientos en torno a Göbekli Tepe. ARCHIVO DE DE EXCAVACIONES DE KARAHAN TEPE

Hasta finales del siglo pasado, la historia de la sedentarización humana estaba escrita en claras etapas y se tenía a la agricultura y, posteriormente, la ganadería como causas principales del fin del nomadismo. Es lo que se conoce como la “revolución neolítica” y que daría lugar a los inicios de la civilización humana. Sin embargo, los estudios publicados desde finales de los noventa, las nuevas técnicas científicas de investigación y datación y hallazgos arqueológicos en diversos puntos del planeta llevan varias décadas desdibujando esos límites.

Dentro de Karahan Tepe, excavado en la roca, hay una figura de cabeza humana y frente a ella figuras fálicas. ARCHIVO DE DE EXCAVACIONES DE KARAHAN TEPE.

“Tenemos pruebas de que las diversas etapas de sedentarización, agricultura, ganadería y desarrollo de la cerámica se dan en un orden diferente en distintas partes del mundo. En Oriente Próximo hace tiempo que tenemos evidencias de que la sedentarización precedió a la agricultura”, asegura Amaia Arranz-Otaegui (izquierda), arqueobotánica del Instituto de Historia del CSIC. También establece una diferencia clave entre los cultivos de plantas silvestres y su domesticación, la cual hizo posible el posterior desarrollo de la agricultura y de la que las pruebas más antiguas se retrotraen al sur de Siria, hacia el 8.700 a. C., una época en la que los habitantes de Göbekli Tepe y su área eran todavía cazadores recolectores.

De ahí que, sin desmerecer la importancia de los hallazgos en Sanliurfa para la arqueología de Turquía, sostenga que, a nivel de historia global, los mismos no modifican lo que se había descubierto en otros puntos del Creciente Fértil, por ejemplo en Jordania o Israel. “Ahí tenemos yacimientos de la cultura natufiense (datada del 13.000 al 9.500 a.C.) en los que hay evidencias de asentamientos sedentarios, ocupaciones de larga estancia, edificios de piedra destinados a zonas mortuorias y simbólicas, incluso con uso de cal para enlucir”, afirma Arranz: “Muchos de los procesos que vemos en el Neolítico de mayor complejidad social ya se empiezan a desarrollar antes y tienen sus raíces en el periodo Epipaleolítico”.

Escultura 'Persona transportando un leopardo', tallada en piedra caliza. El leopardo representa un animal vivo y el hecho de que muestre los dientes muestra que trata de provocar temor. ARCHIVO DE DE EXCAVACIONES DE KARAHAN TEPE / BEKİR KÖŞKER

Fuente: elpais.com | 7 de enero de 2021