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    jueves, 15 de septiembre de 2011

    Una explicación científica para las experiencias cercanas a la muerte

    Los túneles y las luces blancas, lejos de ser vivencias paranormales, aparecen como jugarretas del cerebro y el flujo sanguíneo ante la enfermedad o el miedo extremo

    Algunos de aquellos que han estado a punto de dejar este mundo o que incluso han pasado por una muerte clínica y han sobrevivido relatan una serie de experiencias comunes que la fantasía y la irresistible atracción por lo paranormal se han encargado de popularizar. Sentir que el alma abandona el cuerpo, ver pasar tu vida ante tus ojos y descubrir una luz cegadora al final de un túnel son algunas de las vivencias más repetidas, pero, ¿ocurren de verdad? Lejos de aceptar la idea de que se trata de algo paranormal, la ciencia ha encontrado una explicación neurológica en la que no caben los fantasmas ni el más allá. Se trata de una jugarreta del cerebro durante un suceso traumático, en el que está involucrado un funcionamiento anormal de la dopamina y del flujo sanguíneo.
    Un 3% de los ciudadanos americanos dicen haber tenido una experiencia cercana a la muerte. Sin tener en cuenta a quien miente, exagera, se engaña a sí mismo en una profecía autocumplida o ha tenido una ensoñación, parecen muchos para sentir todos lo mismo. Además, los mismos testimonios de desprenderse del cuerpo y alcanzar un estado de plenitud, paz y amor se repiten por todo el mundo desde que se tiene memoria. La nueva investigación, llevada a cabo por científicos de las universidades de Cambridge y Edimburgo y publicada en la revista científica Trends in Cognitive Sciences, sugiere que, como era de esperar, muchos de estos fenómenos pueden explicarse biológicamente. Además, algunas personas que creen haberlos vivido ni siquiera estaban en peligro de muerte, aunque ellas creyeran que sí.
    Por ejemplo, según explican los investigadores a Scientific American, la sensación de estar muerto no se limita a las experiencias cercanas a la muerte. Los pacientes con el síndrome de Cotard o del «cadáver ambulante» tienen la ilusión de que han fallecido después de un trauma muy fuerte o en etapas muy avanzadas de algunas enfermedades, debido a cambios en la corteza parietal y prefrontal, la primera relacionada con los procesos de atención y la segunda con los delirios observados en males psiquiátricos como la esquizofrenia.

    Por encima del cuerpo

    Las experiencias extracorpóreas, la sensación de dejar el propio cuerpo y flotar sobre el mismo en la habitación, son comunes al despertar o cuando se tiene una parálisis del sueño, en la que uno se siente paralizado al mismo tiempo que es consciente del mundo exterior. Un estudio de 2005, dice Scientific American, encontró que estas experiencias pueden inducirse artificialmente estimulando áreas concretas del cerebro. En cuanto a la revisión de la propia vida, el culpable puede ser una región cerebral que libera noradrenalina, una hormona del estrés que se libera sin control durante un trauma.
    Los investigadores creen que algunos medicamentos y drogas, como la ketamina, pueden desencadenar euforia, experiencias extracorpóreas y alucinaciones. Esta ketamina afecta al sistema opioide del cerebro, que puede activarse de forma natural cuando los animales son atacados. Un gran trauma lo provocaría en el ser humano. Y sobre el famoso túnel de luz, puede suceder que el flujo sanguíneo y de oxígeno se agote en el ojo, algo que podría producirse ante una situación extrema cercana a la muerte.

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