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    sábado, 11 de febrero de 2012

    Nacho Ares: 'Solo conocemos una quinta parte de lo que debió de haber en Egipto'

    En 1922, Howard Carter protagonizó uno de los más grandes hallazgos de la Historia al abrir la tumba de Tuntankhamón, aunque otro enterramiento, cuya ubicación marcaba un extraño y ansiado jeroglífico, preocupaba sobremanera al arqueólogo. Así arranca ‘La tumba perdida’, nueva novela del leonés Nacho Ares.

    e. gancedo | león 29/01/2012
    Su rostro nos es familiar por aparecer en programas como Cuarto Milenio y su voz la escuchamos en espacios radiofónicos como Ser Historia —entre otros—, pero es en la escritura donde Nacho Ares (León, 1970) revela con más amplitud y profundidad su pulso como egiptólogo y divulgador, por un lado, y como novelista por otro. Ares dirige la Revista de Arqueología que desde hace casi tres décadas constituye un referente del estudio de la Antigüedad en España, y ahora ahonda en el misterio que siempre ha rodeado al faraón Tutankhamón con La tumba perdida (ed. Grijalbo).
    —En esta novela aúnas dos momentos de la historia de Egipto, la época faraónica y el siglo XX, ambos convulsos pero al mismo tiempo muy diferentes. ¿Cuál sería el hilo conductor entre ambos?
    —La clave de todo es una lasca de piedra, un ostracon, grabado con misteriosos jeroglíficos que marcan la posición de tumbas desconocidas en el Valle de los Reyes. El ostracon es real y existe: está en los almacenes del Museo de El Cairo. Eso me ha servido para recrear una historia que une pasado y presente.
    —El faraón Tutankhamón, Howard Carter, Lord Carnarvon... nos encontramos en este libro a personajes reales junto a hechos imaginarios... ¿qué papeles asignas a la historia y a la ficción en esta nueva novela?
    —El ostracon me dio la clave para imaginar una historia que, quizá, haya sido real, no lo sabemos... Todos los personajes, salvo contadas excepciones, así como los lugares, son reales. He tenido la fortuna, en los últimos años, de poder conocerlos in situ, lo que me ha ayudado a presentar descripciones muy reales. Como decía antes, el ostracon y los problemas que tuvo Carter con las autoridades egipcias después del descubrimiento de la tumba son también reales. En muchas ocasiones vemos el hallazgo de la tumba de Tutankhamón como lo que realmente fue, un hito único en la historia de la arqueología, pero la verdad es que estuvo rodeado de infinidad de contratiempos y problemas que en muchas ocasiones han pasado desapercibidos.
    —Se ha hablado mucho de la maldición de la tumba y aquí ofreces una posibilidad alternativa y sugerente pero, ¿cuál es tu opinión personal sobre esos extraños sucesos?
    —La maldición fue algo real, me refiero a las muertes de las personas que de una forma u otra estuvieron vinculadas con la tumba. Además, cuando la propia ciencia intenta explicar de forma lógica esas muertes lo único que hace es reconocer la maldición. Estas maldiciones son tan antiguas como el hombre. Conservamos textos legados por los antiguos egipcios que nos hablan de ello y amenazan a las personas que se acerquen de manera impía a una tumba con que van a ser devorados por un cocodrilo o aplastados por un hipopótamo. Mi opinión personal es que las muertes existieron. Eso es algo evidente. Lo que no puedo aportar es una teoría que lo explique. Es un misterio más de la cultura faraónica.
    —¿Cuál ha sido, a tu juicio, el mayor de los descubrimientos producidos en Egipto? ¿Crees que aún podremos asistir a ‘sorpresas’ similares?
    —Solamente conocemos una quinta parte de lo que debió de haber en Egipto. Nos faltan incluso ciudades enteras que sabemos de su existencia por los documentos epigráficos pero que no han aparecido todavía. La tumba de Tutankhamón es la punta del iceberg de la historia de la arqueología, no solo en Egipto sino en todo el planeta. Ahora bien, eso no quita para que en un futuro aparezca un hallazgo similar. No obstante, no creo que su importancia mediática supere a la de Tutankhamón del año 1922, época en la que n había ni Internet, ni radio, ni televisión.
    —¿Por qué nos sigue fascinando tanto, siglo tras siglo, el Antiguo Egipto?
    —La egiptomanía siempre ha estado presente desde la Antigüedad. Roma y Grecia se vieron fascinadas e imitaron las formas egipcias, al igual que sucedió en el Románico, Gótico, Renacimiento.... hasta nuestros días. Es una cultura singular, nuestro verdadero origen de la cultura moderna. Somos en gran parte Egipto y eso está grabado a fuego en nuestro subconsciente.
    —¿Qué te queda por investigar en ese país? ¿Cuál sería tu sueño, tu objetivo, tu meta, como egiptólogo?
    —Si desconocemos casi el 80% de lo que hubo, imagínate lo que me queda. Egipto me sorprenderá siempre, pero no solo el Egipto faraónico sino también el medieval y el contemporáneo. Es un paraíso para los sentidos en donde la gente es especialmente hospitalaria. Tenemos que evitar los estereotipos que nos venden en la televisión.
    —¿Cómo ves la evolución de la revolución egipcia? ¿Hacia dónde crees que camina?
    —Egipto será lo que quieran los propios egipcios. No tenemos que interferir en sus decisiones, nos gusten o no. Lamentablemente no creo que cambie nada. Acabamos de celebrar el primer año de la revolución del 25 de enero y absolutamente todo sigue funcionando como antes, o incluso peor. Hay que tener paciencia y delegar en ellos muchos de los poderes que por desgracia se manejaban desde fuera. Quizá al principio no lo hagan bien, nadie nace sabiendo, pero el paso del tiempo les hará madurar y crecer.
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