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    miércoles, 14 de marzo de 2012

    Neandertales de Cantabria

    El yacimiento de la Cueva de Esquilleu acredita la perduración de grupos de aquella especie humana en el territorio hasta fechas muy recientes


    Un experto en la excavación del yacimiento de la Cueva de El Esquilleu (Cantabria)

    La región de Cantabria se ha convertido en una de las zonas de mayor interés en el estudio del final del Musteriense a escala europea. Las particularidades ecológicas y geográficas del ambiente montañoso de la Península Ibérica y en concreto de la comarca de la Liébana (Cantabria) ofrecen una imagen especialmente atractiva para el análisis de las últimas fases de perduración de grupos de neandertales, autores del tecnocomplejo Musteriense.
    El proyecto de investigación en la Cueva de El Esquilleu (Cantabria), liderado por un grupo de la Universidad Autónoma de Madrid ha desarrollado desde hace más de una década, con el fin de revelar las claves del final de estos grupos humanos en el norte peninsular.
    La Cueva de El Esquilleu ha proporcionado a lo largo de estos años una secuencia sedimentaria excepcionalmente bien conservada con una riqueza enorme en restos arqueológicos y faunísticos cuyo estudio, acometido por un conjunto amplio de investigadores de distintos países permite comprender la evolución de los grupos musterienses en los momentos de solapamiento entre ambas poblaciones. Un estudio detallado y analítico de los diferentes métodos de producción de utillaje lítico, de las especies animales cazadas, así como las evidencias de fuego y perduración en la ocupación de la cueva, acreditan la perduración los grupos neandertales en nuestro territorio hasta fechas muy recientes.
    El intervalo inferior y más antiguo, documenta una mayor complejidad funcional en la cueva. Los intervalos que denominamos Quina y Levallois, suponen el momento con más alta densidad de restos y una mayor organización en la explotación del entorno, dentro de un modelo de ocupación estructurado, en el que la Cueva representaría un espacio residencial de carácter relativamente duradero. La ocupación en estos niveles acredita el empleo de las zonas montañosas de Picos de Europa, como espacios de explotación ocupados de forma estacional en el que la ausencia de restos de carnívoros, acredita el carácter semipermanente en la ocupación de la cueva.
    Sin embargo, en el tramo superior de la secuencia, es decir, durante los últimos momentos de la pervivencia de los neandertales, la organización de estos grupos humanos sufrió cambios drásticos. Así, la explotación de materias primas líticas fue muy poco selectiva y extremadamente próxima. La producción se encontraba sobre todo dirigida a la elaboración de elementos apuntados, posiblemente destinados a la caza y su tratamiento, en lo que se configura como lo que definimos como un modelo de alta fragmentación de la cadena operativa. Este proceso de gradual desaparición de estos grupos, debió de producirse en cronologías que podrían llegar hasta hace 22.000 años, momento en el que los sapiens están plenamente implantados en nuestro territorio.
    En esos momentos finales, la Cueva de El Esquilleu dejó de funcionar como un lugar de integración de los grupos de neandertales dentro del territorio. Los cambios en las condiciones climáticas y la disponibilidad de recursos, produjeron transformaciones hacia patrones de mayor movilidad y menor carácter residencial. Sin embargo, estos últimos grupos musterienses no fueron capaces de innovar, y recurrieron a estrategias “clásicas” dentro de lo que habían sido los modos de vida que les habían permitido subsistir durante centenares de miles de años en nuestro continente.
    Las investigaciones han permitido concluir como son precisamente las pautas de tipo cultural y social de los neandertales, las que debieron contribuir de forma decisiva a la extinción de estos grupos. Las dataciones recientemente publicadas indican una estrecha correlación entre los eventos climáticos y los cambios en el comportamiento de estos grupos humanos, Este proceso confirma la existencia de un marcado aislamiento en el seno de los últimos grupos musterienses, tal y como recientemente se ha documentado a través de pruebas de tipo genético. Por ello, si quisiéramos analizar las causas de la extinción de nuestros parientes, tendríamos que examinar sus propios modelos socioculturales y en especial, aquellos que aplicaron en sus momentos finales. La falta de innovación y en especial, la ausencia de circuitos de comunicación fluidos debieron ser los elementos clave de la extinción.
    El proyecto de investigación en la Cueva de El Esquilleu (Cantabria) es fruto del apoyo de la Consejería de Cultura y Deporte de Cantabría y del Ministerio de Cultura a través de sus proyectos de I+D.
    Javier Baena y Felipe Cuartero son investigadores del departamento de Prehistoria y Arquelogía (Universidad Autónoma de Madrid), Elena Carrión es subdirectora general de Museos Estatales y Hannah Fluck es investigadora del Centre for the Archaeology of Human Origins (Universidad de Southampton, Reino Unido)

    Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/03/13/actualidad/1331672216_438116.html

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