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    sábado, 12 de mayo de 2012

    ¿Por qué hay laberintos en algunas catedrales?





    Muchos de los turistas que penetran en la catedral de Chartres se plantean la misma pregunta: ¿qué hace un laberinto, un símbolo pagano, representado en el pavimento de un templo cristiano?



    Este peculiar elemento podría pasar por una excentricidad de los constructores si no fuera porque no se trata de un caso aislado. Decenas de templos de toda Europa poseen representaciones similares a las del laberinto de la catedral francesa; al igual que los turistas, los historiadores todavía se preguntan cuál fue el auténtico significado y función de estas enigmáticas representaciones.
    El laberinto de Chartres tiene un diámetro de 12,89 metros. Aquel que se aventuraba a recorrer su sinuoso trazado tenía que caminar unos 260 metros. Al alcanzar el centro —sin posibilidad de perderse, ya que hay un único camino—, se encontraba con una losa central en la que aparecían representados Teseo y el Minotauro, figuras hoy desaparecidas.
    En Amiens encontramos otro dédalo similar. El que puede contemplarse en la actualidad — fruto de una restauración del siglo XIX— tiene 14 metros de diámetro y posee un diseño octogonal. El centro del laberinto está ocupado por otro pequeño octógono, una losa con una cruz en su interior. En los extremos de ésta aparecen representados cuatro ángeles y, entre los brazos, se observan otras cuatro figuras.


    Una de ellas parece la de un obispo, mientras las otras representan a tres constructores: uno de ellos porta en la mano una regla, mientras los otros dos sujetan una escuadra, un compás y un nivel.
    En la actualidad, la hipótesis más aceptada entre los historiadores propone que estos laberintos cumplían una función muy concreta: servir de sustitución del peregrinaje a Jerusalén para aquellas personas que no pudieran recorrer el duro y peligroso camino que terminaba en Tierra Santa. De este modo, el feligrés debía recorrer el laberinto de rodillas, lo que en el caso de un laberinto como el de Chartres —con recorrido de unos 250 metros— se convertía en un trayecto de una hora y media.
    El "peregrino" debía acompañar su desplazamiento con rezos y meditaciones hasta que alcanzaba el ansiado centro, símbolo a la vez de Jerusalén (la terrena y la celestial) y de Dios. Además de esta función de 'pseudoperegrinaje'algunos autores proponen también un posible uso como penitencia. Así, el pecador podía purgar las faltas cometidas y, al igual que el auténtico peregrino que alcanzaba Jerusalén, obtenía el perdón. Los defensores de esta teoría se apoyan en que algunos de estos laberintos fueron conocidos también como 'Chemins de Jhérusalem' (Caminos de Jerusalén).
    Un detalle que podría servir para rechazar la hipótesis del 'peregrinaje' es el hecho de que la longitud de algunos de estos laberintos es muy reducida; ni siquiera recorriéndolos de rodillas resultarían lo suficientemente largos y duros como para justificar una 'pseudoperegrinación' o una penitencia.

    Además, no hay que olvidar que ya existían laberintos en iglesias cristianas en épocas muy tempranas, como el de la iglesia de Orléansville —siglo IV—, cuando todavía no había una fuerte tradición de peregrinaje a Tierra Santa que justificase el uso de estos diseños para tal fin. De todos modos, es innegable que algunos de ellos fueron utilizados con esa finalidad. Sin embargo, nada impide que estas figuras tuvieran un doble sentido.
    Para algunos autores, por otra parte, los laberintos serían una metáfora de las adversidades y pruebas de la vida —representadas mediante los giros y vueltas del dédalo— a las que se enfrenta el alma humana y que desaparecen al llegar al centro (Dios). Otra hipótesis sugerente propone que estos símbolos de origen pagano eran en realidad una especie de "firmas" de los maestros constructores, basándose en ejemplos en los que éstos aparecen representados. Por último, no faltan tampoco quienes defienden que los laberintos son símbolos alquímicos, una idea que se hizo muy popular después de que el enigmático Fulcanelli lo asegurara en su célebre obra 'El misterio de las catedrales', señalando que estos dédalos eran trazados iniciáticos que conducían a la iluminación.

    Fuente: Yahoo Noticias, artículo de Javier García Blanco. Imágenes, Wikipedia.




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