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    lunes, 9 de julio de 2012

    Cuando viajar era una aventura.



    Hubo una época en la que un viaje era de verdad sinónimo de aventura. La puerta a lo desconocido. Un sueño de días de larga travesía, a veces más tortuosa que placentera, en busca de conocimiento, un encuentro humano o un simple hallazgo natural. Pura interacción con la vida. La era de las grandes expediciones y sus exploradores nos dejó un legado etnográfico que hoy se puede admirar en el Museo de las Culturas de Bale (Basilea), una vitrina con más de 500 objetos, huellas de otras culturas y modos de vida.



    "Estos objetos, referencias a la vida, son importantes porque marcaron y marcan, tanto ayer como hoy, la imagen que nos hacemos de los otros", explican los conservadores de la muestra, Gaby Fierz, Richard Kunz y Alexandre Wessel.
    El mundo descubierto en estas expediciones cabe en la maleta del centro artístico, puerta abierta a Sri Lanka, Vanuatu, Indonesia y Timor Oriental. Los maquinistas de esta máquina de regreso al pasado son los ojos que descubrieron estos lugares por primera vez. La exposición 'Expediciones, el mundo en nuestras maletas' es un viaje en el tiempo, primero hasta 1883, de la mano de Paul y Fritz Sarasin.
    Estos exploradores fueron en cinco ocasiones a la antigua Ceylan, hoy Sri Lanka, con el objetivo de estudiar los embriones de los elefantes de la zona. Su expedición fue el primer viaje de investigación científica del Museo Etnológico, fundado inmediatamente después. En la exposición suiza se pueden admirar ahora algunos de los objetos –fotografías y muestras de los animales- que estos expedicionarios se trajeron en su maleta, hoy nuestra vitrina fetichista.
    Entre los souvenir rescatados por los comisarios de la exposición también están los de Felix Speiser-Merian, que recorrió la isla de Vanuatu, en el Pacífico sur, entre 1910 y 1912. Su aventura dejó más de 3.000 objetos, 1.500 fotos e interesantes anotaciones en sus cuadernos de bitácora.
    A diferencia del dúo Sarasin, este explorador, sobrino de Paul Sarasin, buscaba el contacto humano, se interesaba por los grupos de población. "Este es el terreno ideal para explorar. Si quedan todavía restos de los indígenas serán sólo los vestigios y podremos salvar lo que debe ser salvado", dejó escrito el expedicionario.
    Le preocupaba la extinción de las culturas, que las costumbres se difuminaran con el paso del tiempo como una huella de viajero que desaparece en la arena. En la vitrina de Basilea se puede ver una selección de 120 objetos de los miles que se trajo consigo, entre ellos algunas muestras de peinados destinados a las danzas, objetos de ritual y joyas de las tribus de la zona.
    En 1935 el profesor Alfred Bühler partió junto con su amigo, el dentista Willy Louis Meyer, rumbo a Timor Oriental. El objetivo era traerse en el petate objetos para el Museo Etnológico que vieron nacer sus antecesores Paul y Fritz Sarasin.

    Voces de hace un siglo

    Volvieron con más de 3.000 objetos, que nutrieron sus estudios sobre las migraciones y los estilos artísticos regionales. Algunas de las piezas expuestas hoy –telas, cucharas de metal- muestran las técnicas de fabricación preindustrial, el 'savoir faire' de la mano de obra artesana de los pueblos de la época.
    Además de los tres viajes citados, en la maleta del museo de Bale cabe un cuarto más: el realizado por Paul Hinderling y René Gardi al norte de Camerún en 1953. Fueron enviados por el Museo de África para que estudiaranel modo de vida de las gentes de los montes Mandara.
    "He renunciado a mostrar fotos de la vida de los europeos en Moloko, porque para mí era mucho más importante enseñar el mayor número de imágenes posible de la vida de los indígenas." Dijo René Gardi.
    Ambos regresaron de su aventura con más de 500 objetos e imágenes. También varios vídeos y películas que dan fe de su aventura etnográfica y de los que hoy se exponen 70 en el centro artístico. Fotos inéditas y registros sonoros que muestran sus experiencias vitales únicas. Según los comisarios de la exposición, "sólo a través del conocimiento de la existencia de estos procesos de ayer es posible comprender las imágenes actuales de los otros". Un viaje al corazón de la Humanidad.
    Fuente: R. Villaécija.

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