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    lunes, 29 de octubre de 2012

    Los Australopithecus afarensis también se subían a los árboles

    Desde que en 1974 se desenterraran en Etiopía los restos de «Lucy», nuestra pequeña antepasada que ya caminaba erguida hace más de 3 millones de años, muchas han sido las incógnitas sobre la forma de vida de su especie, los Australopithecus afarensis. Una cuestión en la que los científicos parecen no ponerse de acuerdo se refiere, precisamente, a su forma de locomoción. ¿Vivían exclusivamente en el suelo y caminaban como cualquiera de nosotros o repartían su tiempo entre dos mundos y seguían trepando a los árboles como los monos? Un equipo de paleontólogos de la Universidad Midwestern y la Academia de Ciencias de California presenta en la revista Science el análisis de los omóplatos de otro conocido individuo de la especie, «Selam», la niña de Dikika, para intentar acabar con el debate. Según los investigadores, el fósil muestra rasgos muy simiescos, lo que sugiere que nuestros ancestros tardaron mucho más de lo que se creía en dejar de colgarse de las ramas.

    <<< Z. Alemseged
    Cráneo de «Selam»

    Los científicos examinaron a fondo los omóplatos de la pequeña «Selam», que murió probablemente en una inundación hace 3,3 millones de años cuando ella tenía solo 3, y cuyos restos fueron encontrados en el año 2000, en el yacimiento etíope de Dikika, en Hadar. La extracción de los huesos del resto del esqueleto, encerrado en un bloque de piedra arenisca, fue especialmente laboriosa. «Debido a que los omóplatos son finos como el papel, rara vez fosilizan, y cuando lo hacen, casi siempre se fragmentan», explica Zeresenay Alemseged, descubridor de «Selam» y conservador de antropología de la Academia de Ciencias de California. «Así que encontrar dos omóplatos completamente intactos y unidos a un esqueleto de una especie conocida y fundamental era como dar en la diana», añade.

    <<< Z. Alemseged
    Cráneo de «Selam»

    Los científicos compararon los fósiles con los de otros parientes humanos tempranos como el Homo ergaster (niño de Turkana), el Homo floresiensis (el Hobbit), el A. africanus, y dos ejemplares adultos de A. afarensis. También hicieron comparaciones con una amplia muestra moderna de ejemplares juveniles y adultos de chimpancé, gorila, orangután, y con el ser humano.

     

    Un ser humano en camino

    <<< Z. Alemseged
    Omóplato derecho de «Selam»

    El análisis de la forma y función de los huesos reveló que los omóplatos del A. afarensis tienen los rasgos de un escalador activo -el hueco de la articulación del hombro apunta hacia arriba-, rasgos que también se encuentran en los monos modernos, pero no en los seres humanos. Los investigadores observaron que los hombros de «Lucy» tienen la misma forma que los de la niña, lo que, según sus conclusiones, demuestra que trepar y balancearse en las ramas de los árboles seguían siendo una parte importante de su estrategia de supervivencia y, al mismo tiempo, desacredita la idea de que esos rasgos, en Lucy, fueran simplemente un reflejo de su pequeño tamaño corporal, como creen otros paleontólogos. La investigación contradice otra publicada en 2011 en la misma revista que decía que la especie, de un metro de altura, aspecto de chimpancé y un cerebro un tercio del nuestro, era exclusivamente caminante.

    «Este nuevo hallazgo confirma el lugar central que la especie de 'Lucy' y 'Selam' ocupó en la evolución humana», dice Alemseged. «Si bien bípedos como los seres humanos, los A. afarensis eran todavía trepadores capaces. Aunque no eran totalmente humanos, estaban claramente en camino». 

    Vía: www.abc.es
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