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    martes, 22 de enero de 2013

    El «Retrato de Duquesnoy» de Van Dyck podría ser una falsificación


    Un programa de investigación de la televisión pública belga pone en duda la autenticidad de la obra «Retrato de Duquesnoy»

    ¿Verdadero o falso? Un programa de investigación de la televisión pública belga se ha atrevido a poner en duda la autenticidad de una de las obras mas emblemáticas del Museo de Bellas Artes de Bruselas, el «Retrato de Duquesnoy» del genio flamenco Van Dyck. De paso, se acusa al Rey Leopoldo II, de haber estafado con esta supuesta falsificación al patrimonio belga, puesto que la pintura original pudo haber sido vendida al mismo tiempo a un marchante francés que a su vez la llevó al mercado norteamericano donde se le perdió la pista.
    El cuadro se considera uno de los emblemas del patrimonio artístico belga. Pintado en 1623 por Anton Van Dyck, representa al escultor francés Francois Duquesnoy y es una de las obras mas conocidas de este prolífico retratista, asegurada por el museo en 13 milones de euros. Sin embargo, la historiadora del arte Genevieve Tellier asegura que lo que se expone en el museo de Bruselas no es más que una copia de un cuadro cuyo original se encuentra en paradero desconocido, probablemente desde 1890, fecha en la que se produjo un devastador incendio en el palacio de Laeken de Bruselas. El director de museo, Michel Dreguet, insiste en la autenticidad del cuadro y afirma que en cualquier caso correspondería a los que afirman lo contrario demostrar la veracidad de sus tesis.

    La autenticidad

    Lo único cierto es que el fuego consumió una parte de la colección de obras de arte de aquel monarca que ha pasado a la historia comopropietario de la inmensa colonia africana que luego sería el Congo Belga. Según lo que se publicó entonces, el retrato de Duquesnoy estaría entre las víctimas del accidente. Sin embargo, poco tiempo después, en 1909, figuraba entre la lista del lote de obras de arte que Leopoldo II vendió al marchante francés Francis Kleinberguer para recomponer su fortuna.
    La prensa belga se indignó ante tamaño expolio artístico y logró que el estado comprase al monarca el cuadro en cuestión, considerado como un símbolo del patrimonio artístico del país. Sin embargo, ese mismo año el marchante se anotó la venta de este cuatro a un millonario norteamericano que lo mantuvo en su casa de Nueva York al menos hasta 1929 cuando fue prestado para una exposición dedicada al gran maestro flamenco.
    Tellier insiste en que el cuadro que cuelga en el museo de Bellas Artesmide siete centímetros menos de lo que figura en la documentación histórica, mientras que el catálogo de la exposición donde se vio por última vez el otro, figuran las medidas exactas. De todos modos, la investigadora ha contactado con los descendientes del comprador y los actuales propietarios del apartamento neoyorkino y nadie sabe nada de la obra, de modo que solo es posible realizar comparaciones indirectas.

    Las sospechas

    La historia se complica por las sospechas de que detrás de la confusión puede estar la mano del mayor especialista en copias de pintura flamenca de todos los tiempos, nacido en Amberes como Van Dyck, aunque casi tres siglos más tarde. Jef Vanderveken era capaz de hacer copias de tal calidad que hasta ahora se siguen descubriendo falsificaciones suyas, aunque son de tal naturaleza que en muchos casos siguen expuestas por su valor artístico y porque en la mayoría de los casos utilizaba lienzos y tablas del siglo XVII imitando meticulosamente a los grandes pintores de la época como Breughel el viejo o Memling.
    Vanderveken se dió a conocer precisamente haciendo por su cuenta una copia del fragmento «Los jueces Justos» del tríptico de Van Eyk «El Cordero Místico», considerada como una de las pinturas más importantes de Europa. Esa parte de la obra fue robada en 1934 y nunca ha sido recuperada. Se llegó a decir que la había robado el propio Vanderverken para poder lucir sus habilidades, pero los análisis científicos han demostrado que realmente fue pintada por el copista, aunque de forma tan admirable que sería difícil distinguirlo si no la hubiera firmado o sin tener encuenta que introdujo algunas sutilezas, como el perfil del entonces monarca de los belgas, Leopoldo III, entre los personajes.
    ¿Es el «retrato de Duquesnoy» obra de Van Dyck o de Vanderveken? ¿Es auténtico el que cuelga en el museo de Bellas Artes de Bruselas o lo es el que se volatilizó en Estados Unidos? ¿son ambos falsos puesto que el auténtico fue pasto de las llamas ? Por ahora el museo se niega a someter a la obra a pruebas agresivas que pudieran dañarlo. Al fin y al cabo, mientras no aparezca otro cuadro con el que compararlo, sería inútil. Y si fue obra de Vanderveken, este murió en 1964, a los 92 años, llevándose el secreto consigo.
    Vía: www.abc.es
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