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    jueves, 2 de enero de 2014

    Sobre Inciensos, Trances y (algunas diosas). Una perspectiva etnobotánica

    Por Carlos González Wagner

    (Publicado originalmente en: ILU. Revista de Ciencias de las Religiones,2010, 15, 91-103)

    1. ALGUNOS INCIENSOS Y SUS COMPONENTES.

    Del incienso se ha dicho que “sus aromas estimulan la mente de forma incosnciente mediante la imitación de las feromonas sexuales”1. En la Antigüedad algunos inciensos estaban preparados para ejercer un efecto determinado sobre el espíritu. Era creencia extendida entre los filosofos y hombres de ciencia que algunos inciensos poseían propiedades perturbadoras del ánimo y la mente. Tal parece haber sido el caso del kyphi, un compuesto psicoactivo que se utilizaba en ritos y ceremonias y que es mencionado en los papiros egipcios de magia de época helenística y romana. Es citado por Dioscórides2 y Plutarco3 (De Isis et Os.) nos habla de él con más detalle:
    “El Kyphi es perfume cuya mezcla está compuesta de diez y seis especies de substancias: miel, vino, pasas, juncia, resina, mirra, palo-rosa, seseli; se le añade lentisco, brea, junco oloroso, romaza, y, además de todo eso, enebro gigante y enano (porque ya sabéis que hay dos especies), cardamomo y cálamo. Estos diversos ingredientes no se mezclan al azar, sino, de acuerdo con fórmulas indicadas en los libros santos, que se leen a aquellos que preparan este perfume a medida que mezclan las substancias que lo componen. En cuanto al número diez y seis, parece haber sido adoptado a propósito, puesto que es el cuadrado y el único entre todos cuya figura, al tener todos sus lados iguales, ofrece un perímetro igual a su área, aunque esta propiedad desde luego no importa al efecto esperado. Pero, como la mayor parte de esas substancias mezcladas tienen virtud aromática, de ellas se desprende un soplo suave y salutífero. Bajo sus influencias, el estado del aire cambia, y el cuerpo, suave y agradablemente bañado por sus emanaciones, se deja caer en el sueño adquiriendo disposición evocadora. Las aflicciones y vehemencias producidas por las inquietudes cotidianas se debilitan como lazos que se aflojan, disipándose sin la ayuda de la embriaguez para recibir ensueños, se pulen y bruñen como un espejo. El efecto obtenido es tan purificador como el que alcanzaban, pulsando la lira, los pitagóricos antes entregarse al sueño, apaciguando y encauzando de este modo el elemento instintivo y apasionado de su alma”.
    Resulta claro que el ingrediente psicoactivo del kyphi no es otro que el aceite de los enebros, pincipalmente el Juniperus oxycedrus, que contiene una esencia similar al tanacetol, de gran potencial estimulante y psicoactivo. El tanacenol, tambien denominado thujol, es el principal componente del aceite del cedro blanco del norte (Thuja occidentalis) y del cedro rojo (Thuja plicata) y se encuentra también en el crisantemo vulgar (Tanacetum vulgare) o atanasia. Cualquier repertorio de farmacología botánica nos dirá que también se le conoce como thujol, thuyol, absinthol, thuyone, tanacetol, y tanacetona, por lo que forma parte de los aceites esenciales del ajenjo o artemisia y la sabina albar (Juniperus thurifera)4, y resulta un potente alucinógeno.
    Antes que nada, es necesario señalar que la denominación de "cedro" se aplicaba a una cierta variedad de árboles. Uno de ellos es el denominado en los textos cuneiformes erin-bad, cedro blanco o Junniperus Oxycedrus, tambien conocido como junipero, enebro albar o enebro de la nieve. Muchos de los inciensos elaborados en el Próximo Oriente y utilizados en celebraciones extáticas o rituales de adivinación, contenían, entre sus ingredientes, este aceite de cedro5. Su uso estaba muy desarrollado en la farmacopea mesopotámica6 y formaba parte de los inciensos que inspiraban los oráculos de los sacerdotes baru en Babilonia y de los inciensos utilizados por los cananeos y otros pueblos del Próximo Oriente Antiguo7. En este sentido, las palabras de K. Nielsen resultan muy ilustrativas: “The fragance of incense works like a drug which ensures the favorable disposition of the gods towards man. It make them give positive oracles, it makes them forgive sins. The fragance of incense purifies the mind of the gods as well as the mind of the man. It is the perfect medium for establishing communication between the divine and human sphere.”8
    Se decía, además, que algunos de estos árboles eran sagrados. Tal sucedía con los cedros de la Montaña, morada de los dioses, cuyo protector era Humbaba. En muchos mitos y leyendas de diferentes culturas, la montaña sagrada alberga en su cumbre un espacio propicio para la estancia de los dioses mientras que a sus pies se abre el oscuro mundo subterráneo poblado por seres monstruosos. Ya que el monstruoso Humbaba había sido engendrado en la Montaña, por el Sol, cabría preguntarse que clase de criatura era. Al parecer, su esencia era divina motivo por el cual ni los propios dioses podían hacerle frente. Pero un nacimiento en un montaña como consecuencia de la acción del sol puede estar evocando también su primitiva naturaleza botánica.
    En la versión sumeria del poema, Gilgamesh goza de la ayuda que le proporciona Utu en forma de "los Siete que brillan en el Cielo", lo que indica su naturaleza estelar, encargados de guiarle en su viaje. Se trata, en definitiva de las Pléyades que han de orientarle hasta alcanzar el Bosque de los Cedros, cuya localización resulta insegura9, aunque suele admitirse que se encontraba en las montañas del Líbano. Pero, ¿porqué eran sagrados estos árboles?. En el Libro de los Salmos10 aún se los denomina "divinos cedros" o "cedros de un dios". El aceite esencial de los cedros del Libáno era uno de los ingredientes fundamentales en las técnicas de momificación egipcias. Y en dosis elevadas resulta neurotóxico. “The Cedar of Lebanon is cited numerous times in religion and mythology. In addition to its significant role in the Epic of Gilgamesh, the Cedar of Lebanon is regarded as a world tree in several mythological passages”11. Según la mitología sumeria, Inanna, que en los himnos procedentes de Nipur es llamada “Señora del EDIN”, adquiere el conocimiento después de comer de uno de esos cedros. Así que el cedro es también el árbol del conocimiento.
    Asimismo, el ajenjo o artemisia (Artemisia absinthium), al que Dioscórides compara con la divina ambrosía12, fue ampliamente usado en los inciensos y en las pócimas (kispu) que se utilizaban en algunas ordalias. Su uso ritual no sólo está documentada en Mesopotamia desde tiempos sumerios y luego entre los babilonios y los asirios, sino también en Palestina e incluso entre los hebreos13. Contiene muchos aceites esenciales entre los que destaca la presencia de thujone14, muy similar al tanacetol, y ha sido muy utilizada en la farmacopea antigua, gozando luego de mucho aprecio en la medicina popular15 Esta era también la planta sammu ilu que aparece en los textos acadios de magia y brujería16, y que usada en muy pequeñas dosis produce parálisis sensorial, perdida de visión y de memoria, y alucinaciones terroríficas, mientras que en dosis más altas resulta un potente veneno que puede causar la muerte.
    Según estudios recientes realizados por investigadores de la John Hopkins University y de la Universidad de Jerusalem, la resina de Boswellia, uno de los ingredientes comunes del más famoso y difundido de todos los inciensos (frankincense), es psicoactiva y causa una serie de efectos sobre el cerebro como son aliviar la ansiedad y la depresión, facilitando la exaltación espiritual.17. Parece, por otro lado, que parte de la oposición de los profetas de Yavé a los inciensos utilizados en los cultos cananeos de los "lugares altos" puede proceder de su adversión hacia sus efectos narcóticos18.
    2. MITO, HISTORIA Y ECOLOGÍA.
    La documentación literaria más antigua procede del mismo Poema de Gilgamesh. Este, tras la muerte de Enkidu quiere llegar a los confines del mundo, donde reside Utanapishtim, conocedor del secreto de la inmortalidad. Ante la insistencia de Gilgamesh, Siduri-Sabitu, divinidad marítima sumeria, que según otra tradición mesopotámica era la protectora del Arbol de la Vida19, lo cual sugiere ciertas conotaciones botánicas y farmacológicas, y era tambián la divinidad dispensadora del Vino de la Vida Eterna y la protectora del Jardín de los Dioses20, le indica el camino, no recorrido por ningún mortal, para llegar hasta Utanapishtim "el lejano". Pero debe encontrar primero al barquero Urshanabi, que según ella, se encuentra en el bosque:
    "cortando ramas de cedro de pequeño tamaño"21
    para que le ayude a atravesar las "Aguas de la Muerte" y poder alcanzar su objetivo.
    El propio autor de la traducción del poema22 se pregunta acerca del sentido de esta recogida de ramas. La clave está, sin embargo, en la naturaleza de tal tipo de cedro. Puesto que el viaje de Gilgamesh le lleva a los confines orientales del mundo, podemos descartar el cedro del Líbano, árbol sagrado que poblaba la Montaña de los Dioses, en cuyo bosque Gilgamesh y Enkidu derrotaron y dieron muerte a su monstruoso protector, Humbaba. En efecto, este tipo de cedro, cuyo aceite esencial23 puede resultar neurotóxico en dosis elevadas, se daba sobre todo en los bosques de montaña de Libano, Turquía y Siria, siendo su ambiente ecológico óptimo entre los los 1300 y 1800 metros de altitud24.
    Pero Gilgamesh se encuentra a orillas del mar, por lo que los cedros cuyas pequeñas ramas recoge el barquero han de ser de otro tipo. Es mucho más probable que se trate del cedro blanco o junípero, una especie de muy amplia difusión por toda la región mediterránea y que a menudo se encuentra en bajas altitudes próximas al nivel del mar. Por el contrario, empieza a escasear a los 1000 metros de altura. Como se ha visto, los aceites esenciales del cedro blanco son muy similares al tanacetol, un potente neurotóxico capaz de producir en el sujeto un estado visionario y alucinatorio.
    Cuando le encuentra, Utanapishtin explica a Gilgamesh, que una vez terminado el Diluvio y después que el cuervo que había soltado ya no volvió, señal inequívoca de que había encontrado tierra:
    "Entonces, lo dispersé todo a los cuatro vientos.
    e hice un banquete para los dioses,
    poniendo los manjares
    en la cima de la montaña.
    Coloqué a cada lado
    siete vasos rituales,
    y más atrás en el quema-perfumes
    cimbo(pogon), cedro y mirto"25.
    Como vemos, el cedro forma parte del incienso y también la planta que el traductor del texto da como"cimbopogon", al parecer denominación erudita de una planta que podría ser cálamo o caña aromática (acorus calamus), cuyo rizoma contiene asarona, un éter fenólico cristalino, que se encuentra en aceites esenciales de plantas como la artemisa vulgar y que a dosis elevadas produce alucinaciones26, y b-asarona, susceptible de ser convertida en trimetilanfetamina, una sustancia con una potencia psicoactiva 10 veces superior a la de la mescalina27. Tras esto, no es raro que Utanapishtim tuviera una visión del propio dios Enlil subiendo a su barco para concederle la inmortalidad. Según J. Botteró28 estos versos parecen proceder de algún ritual o inspirarse en él. De ser cierto, estaríamos ante uno de los testimonios de la existencia de antiguos rituales sumerios en los que se empleaban plantas de efectos psicoactivos.
    3. ARTEMIS Y LAS PLANTAS MÁGICAS.
    Muy significativamente, el Juniperus oxycedrus, que en la antigua Grecia era también denominado kedros, cedro, se asociaba a la diosa Artemis, que recibía entre sus múltiples epítetos el de Kedreatis, "Señora del cedro", así como el de Orthia, "La elevada". En su templo de Orkómenos había una imagen de culto que la representaba sentada sobre el árbol29. En la cumbre del monte Lykone, en la Arcadia, densamente poblado de cipreses, árboles sagrados de Artemis y Apolo y que contienen una esencia psicoactiva similar a la del junípero o el tejo, había un santuario de Artemis Orthia. Era frecuente encontrar bosquecillos de cipreses junto a los templos de la diosa. Según una tradición el mismo Apolo había nacido en el sagrado bosque de cipreses de Ortigia, en Licia30.
    La diosa aparece también asociada a el ajenjo o artemisia, otra planta psicoactiva que curiosamente crece de una manera profusa en el monte Taygetos, en la Arcadia, su lugar de caza fovorito, y que desempañaba un papel importante en los ritos mágicos de Hécate. "The Greek identification of the worwood patroness with Artemis, whose festival was in the spring, suggests the babylonian moth Aiaru, Iyyar, the time of Istar`s return. The Greek associations, then, point to original Astarte connections"31.
    Fue el centauro Queirón quién dio el nombre de la diosa a la planta que había encontrado Artemis, la hermana del profético Apolo, que pasó a llamarse artemisia. Queirón, que pertenecía a una progenie distinta a la del resto de los centauros y era hermanastro de Zeus había nacido inmortal. Residía habitualmente en una cueva del monte Pelión en Tesalia, un lugar famoso en la Antigüedad por su abundancia en todo tipo de plantas medicinales y mágicas muchas de las cuales aún se dan en la actualidad32. Su propia madre ostenta una identidad botánica, ya que Filira, significa "árbol del tilo", que en la Antiguëdad era un árbol medicinal por excelencia. por lo que se sospecha que fue ella quién le proporcionó su conocimiento de las artes curativas y de las plantas medicinales33, que luego trasmitiría al propio Asclepio.
    En un conocido conjunto de papiros griegos sobre magia34, podemos encontrar la presencia de diversas plantas psicoactivas como el beleño y una variedad de vicia, sativa o tal vez ervilia, que resulta venenosa, pero que en pequeñas dosis produce alteraciones de la consciencia, en fórmulas en las que están asociadas con sus efectos pero cuyo uso no produciría ninguno de ellos35. En estos textos, el kyphi, de cuyas propiedades sobre la mente ya hemos hablado, es mencionado varias veces en su uso como incienso. Además, en al menos tres ocasiones36 se realizan fumigaciones de artemisia, cuyos vapores son inhalados y en otra37 el opio forma parte de otro incienso. En otra ocasión38, la artemisia o ajenjo es mencionada, junto con otras plantas tóxicas, como un ingrediente en una fórmula de conjuro para todo fin mágico, de la que también forma parte el kyphi:
    "Ofrenda de la práctica: cuatro dracmas de incienso, cuatro dracmas de mirra, una hoja de laurel, unas dos onzas de pimienta blanca, una dracma de gomorresina de bálsamo africano, una dracma de semilla de asfódelo, de amono, de azafrán, unas dos dracmas de trementina de teberinto, una dracma de artemisa, planta de katanánke, kyfi hierático, el cerebro completo de un carnero negro. Mézclalo con vino blanco mendesio y con miel y has con ello una pasta".
    El asfodelo (Asphodelus albus) tiene propiedades tóxicas debido a que contiene asfodelina39. La fermentación de sus tubérculos produce alcohol. Los griegos lo plantaban sobre las tumbas y se decía que cubría las praderas de los Campos Elíseos y la antesala del Hades. La planta llamada, katanánke, palabra que en griego significa "conmoción", se ha identificado con un tipo de arveja, y también con la llamada "hierba de Cupido" (catananche caerulea), de la que en la Antigüedad se decía que era estimulante y afrodisiaca y formaba parte de muchos filtros de amor.
    En un vaticinio a través de un medium que ha entrado en estado de trance y se ha desplomado, podemos leer como la artemisia es considerada una planta sagrada40:
    "Tú siéntate sobre los adobes y pregúntale; y te expondrá la verdad minuciosamente. Tienes que coronarlo con una guirnalda de artemisa amarilla, a él y también a tí. El dios se complace también con esta planta".
    Otras veces, la artemisia aparece ritualmente asociada a sueños inducidos para que se aparezca en ellos la divinidad, lo que nos recuerda una visión de Elio Aristídes41, retórico de la segunda sofística y seguidor de Asclepio, que permaneció en el asklepeión de Esmirna, uno de los tres principales centros de culto al dios, diecisiete años como paciente y devoto, famoso también por la facilidad con que entraba en trance para asombro de sus contemporáneos:
    "Era artemisia, clara de una cierta manera. Tan clara cuanto era posible, apenas como incontables otras cosas tenían claramente la presencia del dios. Era como si se tuviera la impresión de tocarlo y se percibiera que él mismo había venido en persona, como estar entre el sueño y el despertar.. y prestando oidos atentos oír algunas cosas tan en un sueño, otras como en un trance de despertar...".
    4. TRANCES, VISIONES Y ORÁCULOS DE ASTARTÉ.
    El repertorio iconográfico sobre plantas “mágicas” o “sagradas” es amplio y controvertido, pero una profunda revisión de la inconografía antigua, a la luz de nuestros conocimientos recientes de etnobotánica, es un trabajo que está aún por hacer. Aún así, algunos casos resultan claros. Tal es, la asociación de la adormidera con las divinidades de la fertilidad, como Afrodita o Demeter42.
    Por otra parte, en la tradición y la iconografía se asocia a Astarté con árboles como el junípero, el ciprés y el pino, además de la flor del loto y la adormidera. La diosa se vincula también en la iconografía al loto egipcio, al igual que la sumeria Inanna, la acadia Ishtar, la fenicia Anat y las egipcias Isis, Hathor y Nut, tal y como advierte J. A. McDonald43, para quién es la planta representada abundantemente como el "Arbol de la Vida", otro símbolo de Astarté.
    El loto (Nymphaea lotus) era considerada por los antiguos egipcios una planta sagrada que simbolizaba la inmortalidad y la resurrección. Durante mucho tiempo, primero los botánicos y luego los egiptólogos han ignorado sus propiedades farmacológicas, señaladas sin embargo en el Papiro Ebers, pero lo cierto es que contiene potentes alcaloides narcóticos, nympherina, nuciferina, nupharidina y alfa-nupharidina, tanto en las flores como en los rizomas, que no son disolubles en agua sino en alcohol. Dioscórides44 habla de sus efectos narcóticos como inductor de sueños. Los alcaloides del loto pueden llegar a tener propiedades psicoactivas para inducir alucinaciones o un tipo de sueño muy vívido45. De hecho se trata de una cuestión de dosis.
    La asociación del vino y del loto es particularmente frecuente en Egipto durante el Imperio Nuevo. La iconografía nos muestra las jarras de vino rodeadas de sus flores. En ocasiones la flor de loto se halla suspendida encima del recipiente y otras veces se encuentra en el cuello de este. Otras veces las escenas de banquetes muestran como jóvenes sirvientas mezclan el contenido de pequeñas jarritas en recipientes para beber mucho más grandes. Como ha sido observado46, esto podría ser un indicio de que los antiguos egipcios elaboraban un licor de propiedades narcóticas con los alcaloides del loto.
    Astarté, a menudo identificada con Anat la hermana y consorte de Baal, era la diosa cananeo-fenicia de la fecundidad y el amor, pero también de la justicia y el derecho, y ocupaba un lugar de privilegio en el panteón común. Su nombre, una forma femenina de un teónimo que designa una divinidad estelar, se documenta desde el tercer milenio a. C. en Ebla y Mari, por lo que la podemos considerar como una gran diosa semítico/occidental47. Se la relacionaba muy estrechamente con la estrella de la mañana, esto es: Venus, y como otras grandes divinidades oriantales recibía el epíteto de "Reina de los Cielos". Como advierte J. H. Stuckey48: "Like Sumerian Inanna, she embodies change. To enter into her realm is to undergo transformation, whether by dying on the battlefield, being born, falling in love, engaging in sexual activity, or leaving the ordinary and, through ritual, entering sacred time and space".
    Curiosamente, la utilización de inciensos capaces de provocar visiones en el transcurso de sus rituales había sido ya observado por alguno de los grandes orientalistas de la segunda mitad del siglo XIX, aunque luego el tema no volviera a ser muy tratado. Citando a J.P. Brown, autor del famoso The Dervishes or Oriental Spiritualism, publicado en Londres en 1868, Godbey dice: "Brown reminds us that the incense used in the worship of the paphian Venus and Syrian Astarte soothed the votary upon his temple couch and files him with visions of granted desires"49. La Venus o Afrodita de Pafos, ciudad chipriota, no es sino una representación local de la misma Astarté, venerada en un recinto del que los textos antiguos destacan su "altar fragante" y el "olor dulce de su templo", en clara relación a la utilización de inciensos y perfumes50.
    Los oráculos de Astarté estaban asociados, por un lado, a su culto en cuevas, en las que la presencia de thymiateria está sugirindo la utilización de inciensos y esencias olorosas, y por otro, desde època cananea con los rituales y danzas extáticas que acompañaban a la prostitución sagrada51 como parte de los cultos de fertilidad. Los klbm, hieródulos de la diosa eran poseídos por ella y bajo la exaltación religiosa proferían sus vaticinios al igual que las sirvientas de Astarté52.
    El pino, por otro lado, se asocia con la muerte de dioses como Attis o Adonis. En el mito, Astarté aparece vinculada precisamente a está ultima divinidad, durante cuyas celebraciones anuales se practicaban también rituales y trances extáticos. El fenicio Adón, un epíteo divino del Baal de Biblos, luego conocido por los griegos como Adonis, dios-espíritu de la vegetación nacido de un árbol y muerto mientras cazaba un jabalí. Astarté, diosa de la fecundidad y el amor, baja, como Inanna/Ishtar, al mundo subterráneo para buscarle y llevarle de nuevo entre los vivos, según un esquema muy difundido en los misterios de las religiones agrarias del mundo antiguo. Adonis, resucitado en la primavera, moría con el estío, y era lamentado por la diosa, que lo hacía revivir después del invierno. Era venerado en toda Fenicia, celebrándose en el verano fiestas con largas procesiones en su honor, pero particularmente en la ciudad de Biblos. También era venerado en Pafos, Chipre, en cuyo santuario de Astarté/Afrodita se celebraban según Luciano53 ritos sercretos en su honor.
    Según la versión oriental del mito, había sido gestado de forma incestuosa por Esmirna, enamorada de su propio padre, a la que los dioses luego convertirán en el árbol de la mirra, del cual terminó naciendo Adonis. Según una tradición griega, la madre de Esmirna habría sido Oritya que se hallaba ausente celebrando los misterios de Demeter. Como ha sido señalado: "El nombre de Oritya es un epíteto que claramente se aplica a una mujer que experimenta el éxtasis en una montaña"54. Así que la abuela de Adonis había experimentado un trance extático que otras versiones describen como un rapto por Boreas, el viento del Norte, mientras jugaba con su amiga Farmakeia, literalmente "el uso de las drogas".
    De acuerdo con otra tradición55, el nieto de Oritya, originalmente una jacíntide, no habría sido Adonis, sino Eumolpo, que fue el primer hierofante de Eleusis, así que para los antiguos griegos había cierta conexión entre estos últimos misterios y los de Adonis que se aprecia mejor en aquellas versiones del mito griego que hacen a Perséfone enamorarse de Adonis. Tambien resulta significativo que en otros relatos se relacione a Adonis con Orfeo, cuyos vínculos con el chamanismo ya habían sido observadas por Eliade56, ya que habría sido la madre de este último, Calíope, la que resolvió finalmente que cada una de las diosas, Perséfone y Afrodita, pasarán con Adonis la mitad del año. Ante el fallo, Afrodita actuó vengatívamente e incitó a las mujeres tracias a que mataran a Orfeo. Así que, aunque el Adonis griego resulte muy diferente del Adon oriental, como claramente ha demostrado S. Ribichini57 terminó siendo conectado, en la reinterpretación helénica del mito y la figura, con una serie de tradiciones vinculadas a cultos y rituales extáticos en los que intervenían plantas de propiedades psicoactivas.
    También Hefaistos, el consorte de la hermosa Afrodita, aparece asociado en el mito con la magia chamánica, las plantas de carácter mágico y los trances de éxtasis, a través de Dionisos, mediante el cual se produce la reconciliación con el Olimpo, y de su hijos, Erictonio, el hombre/serpiente, y Egipto58. Por cierto, que se decía que Dionisos había nacido de un rayo59, la misma forma en que se creía nacían los hongos. Tras este primer nacimiento, Zeus cobijó a Dionisos en su muslo, de igual forma que uno de los Upanishads védicos más antiguos recoge que los dioses tomaron a Soma y lo pusieron dentro del muslo de Indra, el supremo dios celeste. Agni, el dios de la iluminación mística y el fuego sagrado, que era también identificado con Soma, nació igualmente de un relámpago que Indra lanzó hacia la tierra. Por lo demás, Hefaistos es el herrero arquetípico. además de divinidad del fuego, y en todas partes herreros y chamanes han estado siempre estrechamente relacionados ya que, como señala también Eliade60: “el oficio de herrero viene, por su importancia, inmediatmente después de la vocación del chamám... su poder sobre el fuego, y especialmente la magia de los metales, les ha conseguido en todas partes a los herreros la reputación que tienen de temibles hechiceros.”
    Como ha señalado W. Burkert61 el incienso ocupaba un papel preeminente en los rituales de Adonis, que se celebraban de noche en los tejados de las casas en los que las mujeres danzaban y bebían en su honor. También había largas procesiones en las que mediante gritos, lamentos y apariencia desaliñada expresaban su dolor por la muerte del dios. Respecto a su famosos "jardines", la costumbre de sembrar plantas de corta duración en vasos o potes parece haber sido griega. En Oriente hay constancia de la existencia de jardines reales, como el mencionado en una inscripción de Laodicea, al norte de Siria. Otro tanto ocurría en Palmira y Belén. M. Detienne62 establece una clara relación con el mundo vegetal de las especias, que yo creo que habría que llevar, más bien, hacia los perfumes e inciensos. Al fin y al cabo, jardines situados en los recintos de los templos, en los que se cultivaban árboles y plantas sagradas que intervenían en el culto, los conocemos tanto en Oriente como en Egipto. Excavaciones arqueológicas han sacado a la luz en Emar (Siria) dos templos gemelos de Baal y Astarté datados en el siglo XIII a. C. que muestras vestigios de lo que podría haber sido una zona ajardinada63
    5. TANIT Y UN ÚLTIMO INTERROGANTE.
    Por su parte, la diosa Tanit, de origen oriental aunque durante mucho tiempo se creyó que era una divinidad exclusivamente africana, y considerada a veces como una de las manifestaciones de Astarté, alcanzó una gran popularidad en las colonias occidentales, particularmente en Cartago. Aunque no debemos confundir a Tanit con Astarté, lo cierto es que compartía con ella algunos rasgos, como el de protectora de la fertilidad y la fecundidad, debido a su carácter de divinidad ctónica, el de tributársele culto en cuevas y ser portadora de oráculos, entre otros. De hecho la función profética parce haber constituido uno de los atributos esenciales de la diosa punica, y así se conserva aún en el Africa romana bajo la advocación de Juno Caelestis64.
    Pero, ¿había en este caso, alguna relación entre cuevas, oráculos e inciensos?. Parece muy probable, como se desprende al menos de los testimonios arqueológicos encontrados en la cueva de Es Culleram, en Ibiza, un lugar dedicado al culto a Tanit en el que se han hallado un buen número de lo que los arqueólogos denominan "quemaperfumes" o pebeteros, unos objetos, normalmente de terracota, en forma de cabeza femenina rematada por una cazoleta. Muchos de ellos han aparecido también en otros lugares del Mediterráneo vinculados con el culto a la diosa.
    Lo que ya no parece tan claro es que fueran perfumes lo que se quemara en tales objetos. Puesto que la cazoleta, a veces en forma de kalathos sobre la que se depositan carbones o brasas, suele tener algunos orificios en su base a fin de facilitar la combustión, no podía contener ningún perfume líquido o aceite oloroso. En cualquier caso, se trataría de esencias o sustancias sólidas, como gomas o resinas. ¿Y por que no algún tipo de incienso psicoactivo?. Dado que este, sobre todo el elaborado con cedro o junípero, aparece bien relacionado con la tradición profética y oracular del Próximo Oriente Antiguo, de donde procedían precisamente los fenicios, no sería extraño imaginar que hayan podido ejercer en los oráculos de Astarté y en aquellos otros de Tanit una función similar.
    1 D. M. Stoddart, El mono perfumado. Biología y cultura del olor humano, Madrid, 1994, p. 261.
    2 De mat. med., I, 23.
    3 De Isis et Os., 80, 29.
    4 M. Albert-Puleo, “Mythobotany, Pharmacology and Chemistry of thujone-containing plants and derivates”, Economic Botany, 32 (1978), pp. 65-74.
    5A. E. Godbey, "Incense and Poison ordeals in the Ancient Orient", The American Journal of Semitic Languages and Literatures, 46, 4 (1930) pp. 217-238.
    6 G. Contenau, "Drogues de Canaan, d`Amurru et jardins botaniques", Mélanges Syriens offerts a René Dussaud, vol. 1, Paris, 1939, p. 12.
    7 A. E. Godbey, "Incense… (cit. n. 5), pp. 236 s; cfr: A. Goetze, “An old Prayer of the Divination Priest”, JCS, 22 (1968-9), p. 26.
    8 K. Nielsen, Incense in Ancient Israel, Leiden, 1986, p. 30
    9 T. Bilic, "A Note on the Celestial Orientation: Was Gilgamesh guided to the Cedar Forest by the Pleyades?"; VAMZ, 3. s, XL (2007) pp. 11-14
    10 80, 10.
    11 R. Masri,”The Cedars of the Lebanon: Culture, History and Ecology”: http://almashriq.hiof.no/lebanon/300/360/363/363.7/transcript.html#s1
    12 De mat. Med., III, 129.
    13 A. E. Godbey, loc. cit., (n. 5), pp. 225 ss.
    14 S. Nin et al., “Quantitative determination of some essential oil components of selected Artemisia absinthium plants”, Journal of essential oil research, 7, 3 (1995), pp. 271.277.
    15 J. OTT, Pharmakotheon. Drogas enteógenas, sus fuentes vegetales, Barcelona, 2000, pp. 385 ss.
    16 A. E. Godbey, loc. cit., (n. 5) p. 230.
    17 A. Moussaieff et al., “Incensole acetate, an incense component, elicits psychoactivity by activating TRPV3 channels in the brain”, The FASEB Journal, 22 (2008,) pp. 3024-3034.
    18 A. E. Godbey, loc. cit., (n. 5), pp. 219 s.
    19 W. F. Albrigth, "The Goddess of Life and Wisdom", The American Journal of Semitic Languages and Literatures, 36, 4 (1920), pp. 258-294
    20 R. S. Kluger, The Archetypal significance of Gilgamesh: a modern ancient hero, Einsiedeln, 1991pp. 171 ss.
    21 X, 29.
    22J. Bottero, La epopeya de Gilgamesh. El gran hombre que no quería morir, Madrid, 1998, p. 201, n. 223.
    23 K. H. C. Baser, B. Demirçakmak, “The essential oil of taurus cedar (Cedrus libani A. rich): Recent results”, Chemistry of Natural Compounds, 31, 1 (1995) pp. 16-20.
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    25 XI, 155 s.
    26 J. Ott, op. cit (n. 15) p. 359.
    27 R. A. Miller, El uso mágico y ritual de las hierbas, Santa Fe, 1995, p. 60
    28 Op cit. (n. 11), p. 228, n. 278.
    29 Pausanias, 8, 13, 1 ss
    30Estrabón, XIV, 1, 20.
    31 Godbey, loc. cit. (n. 5) p. 227 s.
    32 D. E. Brussel, "Medicinal Plants of Mt. Pelion, Greece", Economic Botany, 58, 1 (2005), pp. 174-202
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    37 IV, 1830
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    42 Carlos G. Wagner, “Psicoactivos, misticismo y religión en el mundo antiguo”, Gerión, 2 (1984) pp. 42 ss.
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    54 R. Gordon Wasson, A. Hoffman y C.A.P: Ruck, El camino a Elusis, Mexico, 1980, p. 141 ss
    55 Apolodoro, III, 15, 2.
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    57 Adonis. Aspetti «Orientali» di un mito greco, Roma 1981
    58C. G Wagner, loc. cit. (42) pp. 51 ss.
    59 Apolodoro, III, 4, 3
    60 M. Eliade, op. cit. (n. 53) pp. 361 s.
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    63 D. Beyer, “Jardins sacrés d'Emar au Bronze Récent”, Ktema, 15 (1990) pp. 123-131 
    64 G.-C. Picard, “Pertinax et les prophètes de Caelestis”, Revue d`Histoire des Religions, 155, 1 (1959) pp. 41-62.
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