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    miércoles, 3 de diciembre de 2014

    ¿Existió la figura histórica de Moisés?

    Captura de la película «Exodus: Dioses y Reyes», con Christian Bale en el papel de Moisés

    La Biblia mezcla mitos y hechos para relatar, en muchos casos, situaciones históricas que realmente ocurrieron. Un documento imprescindible sobre la Edad Antigua, donde es difícil separar los hechos mitológicos de la realidad. La película «Exodus: Dioses y Reyes», que Ridley Scott estrena esta semana, se sostiene en el personaje bíblico de Moisés para narrar un drama épico que muestra la faceta más guerrera del profeta.

    Mucho se ha hablado sobre la polémica elección de un actor anglosajón para interpretar a un personaje de Oriente Próximo o sobre si esta nueva revisión de la narración bíblica puede ser excesivamente bélica, pero en realidad poco se sabe sobre la existencia del auténtico Moisés como para entretenerse en la superficie. Los historiadores destacan que no existen documentos en la época donde la Biblia sitúa a Moisés -el Egipto del siglo XIV antes de Cristo- que aporten pruebas de su existencia y todas las referencias sobre el personaje datan de muchos siglos después de su muerte. Algunas teorías han sostenido incluso que Moisés no era de origen hebreo, sino un príncipe del rey de Egipto que abandonó su tierra cuando las reformas monoteístas de Akenatón fueron rechazadas violentamente.

    No en vano, algunos de los elementos biográficos de Moisés, interpretado por Christian Bale en la cinta, proceden de leyendas clásicas anteriores a la tradición hebrea. Así, según la historia narrada por la Biblia, el nacimiento de Moisés coincidió con una orden del faraón para que todo varón hebreo recién nacido fuese ahogado en el Nilo. Una medida que nunca se dio en la historia de Egipto, y menos en el periodo de Seti I, un rey con fama de compasivo. El miedo a que los egipcios capturaran a su bebé llevó a la madre a esconder a su hijo en una cesta y enviarlo río abajo para salvarlo. La cesta con el bebé tuvo la suerte de llegar a la zona donde la hija del faraón se estaba bañando, la cual adoptó a Moisés como un miembro más de la realeza. Un episodio similar al que Sargón de Acad, un importante rey de Mesopotamia, sufrió en su infancia cuando su madre le arrojó al río en una cesta, o al mito griego de Edipo, el hijo del rey de Tebas que fue entregado por sus padres a un pastor para evitar la predicción del Oráculo de que «cuando fuera adulto el vástago daría muerte a su progenitor».

    Un Moisés de sangre egipcia

    Pero incluso hay quienes han llegado a cuestionar que Moisés fuera de origen hebreo. El primero en hacerlo fue Manetón, un historiador egipcio de procedencia griega, que ya en el siglo III a. C. defendió que el profeta no era judío, sino un sacerdote egipcio próximo al poder y seguidor de las ideas monoteístas del faraón Akenatón. Según el relato de Manetón, durante una rebelión de 80.000 leprosos que trabajaban bajo duras condiciones en las canteras del este del Nilo, a finales del reinado de Amenhotep III, los enfermos nombraron como su caudillo al mencionado sacerdote, llamado Osarseph, y juraron obedecerle en todo. «Lo primero que éste hizo fue promulgar una ley en el sentido que no debían adorar a más de un dios». El monoteísmo, un elemento fundamental de la religión judía, confluye con un intento en Egipto de imponer el culto a un único dios, Atón.

    Osarseph, educado supuestamente en la casa del faraón como hijo adoptivo de una princesa de Egipto, envió una embajada a los Reyes Pastores (los hicsos) que habían sido expulsados de Egipto a la ciudad de Jerusalén y les pidió que apoyaran su causa contra el faraón. Cuando los solimitanos (habitantes de Jerusalén) se unieron a los leprosos, Osarseph cambió su nombre por Moises y ayudó a los hebreos a conquistar las tierras de Siria. Unos acontecimientos históricos que explicarían la conquista de tierras que vivió el pueblo judío en ese periodo. También cabe mencionar como vínculo con la versión de Manetón que, según el texto bíblico, Moisés exhibía como un prodigio voluntario una mano con lepra como signo de identidad con los impuros.

    La historiografía que no considera a Moisés hebreo fue recogida a principios del siglo XX por el célebre Sigmund Freud, siempre atento a la fascinación del hombre por los mitos. En su libro «Moisés y la Religión Monoteísta», Freud comienza recordando que «Mosés» significa «hijo» en egipcio para defender que el profeta hebreo pudo ser Turth-Moses, hijo primogénito del faraón Amenhotep III, que fue privado de reinar por algún presagio negativo, como pudo haber sido contraer la lepra de joven. Según su hipótesis, Turth-Moses sería un fiel seguidor de la religión monoteísta que había impuesto su hermano Akenatón.

    El violento rechazo del monoteísmo a la muerte de Akenatón provocó un éxodo poblacional encabezado por Tuth-Moses. Como gobernador de la provincia limítrofe de Gozen, donde se habían asentado tribus semíticas, Moses habría convencido al grupo de hebreos y a los últimos seguidores de Atón para que viajaran hacia una comunidad monoteísta ya establecida anteriormente en Canaán, también partidarios de Akenatón. En consecuencia, Freud señala que «Moisés transmitió a los judíos su propia religión, la religión de Atón».

    No obstante, la crítica que desmonta parcialmente la hipótesis de Freud se centra en que la religión de Akenatón no era realmente monoteísta, puesto que admitía la existencia de otros dioses y Atón era una divinidad solar, condición de la que carece Yahvé.

    La tradición bíblica, sin embargo, emplaza la existencia de Moisés y del Éxodo en el reinado de Ramsés II, el antagonista en la película de «Exodus: Dioses y reyes». Así, las tribus semitas de carácter nómada se desplazaron a Egipto donde fueron esclavizadas pocos siglos antes del periodo del faraón Ramsés II, interpretado en la producción por Joel Edgerton, quien utilizó a los hebreos para levantar la ciudad de Rameses. Hacia el 1.250 a.C., según las fechas que permiten vislumbrar las escrituras sagradas, el faraón habría liberado a este grupo de la población. No en vano, ni Ramsés -que vivió casi cien años- ni su sucesor, Merenptah -también considerado el «faraón del éxodo»- murieron de forma violente y mucho menos ahogados en el Mar Rojo.

    La expulsión de los hicsos: ¿El Éxodo?

    Si bien es complicado encontrar un personaje histórico que cumpla con las características del Moisés bíblico, si es más sencillo hallar un proceso parecido al Éxodo pero que no tuvo lugar en el reinado de Ramsés II ni en el de Merenptah. Así, para muchos autores el Éxodo al que se refiere la Biblia fue la expulsión de los hicsos, que según esta teoría tendrían origen semítico, en 1550 (los mismos Reyes Pastores expulsados a los que se refiere Manetón cuando habla de la rebelión de los leprosos). Este grupo de personajes barbudos de túnicas coloridas, como son literalmente descritos los nómadas hebreos en la Biblia, migraron a Egipto a causa de las sequías y no tardaron en ser identificados por las autoridades como una grave amenaza debido a sus más avanzadas tácticas militares.

    Asentados profundamente en Avaris, que por su cercanía con la ciudad de Rameses pudo ser confundida en la Biblia, los hicsos fueron expulsados por Ahmosis en 1550 de esta región y otros puntos del imperio. La estela de este faraón fue hallada en 1947 y menciona tormentas y plagas durante su convulso reinado. Un faraón cuyo nombre, paradójicamente, se podría traducir como «el hermano de Moisés», aunque no se puede descartar que solo sea una coincidencia lingüística. Durante su enfrentamiento contra los hicsos, Ahmosis luchó contra los semitas que estaban asentados en Egipto, los cuales se consideraban cautivos, y los persiguió hasta los confines del imperio.

    Tras la expulsión de los hicsos, Ahmosis reinaría otros 25 años más hasta 1526 a.C, siendo sucedido por su hijo Amenofis. Así y todo, tampoco esta teoría cuenta con el respaldo general de la comunidad de historiadores, donde muchos niegan el origen semítico de los hicsos y siguen considerando un enigma su procedencia.

    Fuente: www.abc.es
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