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    miércoles, 25 de mayo de 2016

    El origen ibérico de los cartagineses, los enemigos de Roma

    El hombre de Birsa, recontruido por expertos a partir de un esqueleto - Wikimedia Commons

    En 1994 unos jardineros estaban plantando árboles en el monte Birsa (Túnez), muy cerca del lugar donde se levantó Cartago y una imponente ciudadela del Imperio Cartaginés. Sin quererlo, dieron con un sarcófago dejado allí por los antiguos pobladores, siglos antes de que en el año 146 a. C., el romano Escipión el Africano arrasara la ciudad y acabara con la Tercera Guerra Púnica.

    Este pequeño accidente llevó a un importante descubrimiento. En el interior del sarcófago encontraron un esqueleto (izquierda) de más de 2.500 años de antigüedad que perteneció a un joven cartaginés. Se le llamó «El joven de Birsa» o «Ariche» (que significa «el hombre deseado», por la voluntad de las autoridades tunecinas de tenerlo en su territorio) y se comenzó a estudiar sus restos. Gracias a esto, los expertos reconstruyeron sus facciones y le dieron un rostro. Años después de que ocurriera todo esto, un estudio publicado en PLOS ONE este miércoles ha concluído que aquel cartaginés tenía raíces europeas, y que probablemente sus antepasados vivieron en la Península Ibérica.

    El hallazgo se ha producido después de secuenciar (leer) el ADN mitocondrial, un material genético que está presente en las mitocondrias, las fábricas de energía de las células, y que se hereda exclusivamente de las madres. Este análisis ha permitido revelar que «Ariche» perteneció a una «rara familia» europea. Se trata del haplogrupo U5b2cl, un conjunto de individuos que comparten una serie de rasgos genéticos y un ancestro común a todos ellos.

    «Se cree que U5b2cl es uno de los haplogrupos más antiguos de Europa y que está asociado a poblaciones de cazadores-recolectores. Es bastante raro en las poblaciones actuales, y apenas aparece en Europa en el uno por ciento de la población», ha explicado Lisa Matisoo-Smith (derecha), investigadora en el Departamento de Anatomía de la Universidad de Otago y primera autora del estudio. Esto indica, en su opinión, «que las ciudades cartaginesas eran bastante cosmopolitas».

    La odisea de los genes «primitivos»

    La historia de U5b2cl es compleja y convulsa. En anteriores investigaciones se comprobó que estos genes «primitivos» quedaron relegados a algunos refugios. Por ejemplo, Matisoo-Smith ha recordado en el artículo que en anteriores investigaciones se ha informado de la presencia de U5b2c1 en poblaciones de cazadores recolectores hallados en el yacimiento de La Braña, en León, y en otras zonas del noreste de Europa.

    Pero en realidad, U5b2cl estuvo a punto de desaparecer: «Una oleada de granjeros del Próximo Oriente reemplazó a los cazadores-recolectores, aunque algunos de sus linajes pudieron persistir más tiempo», ha explicado Matisoo-Smith. En opinión de esta investigadora, fueron las rutas comerciales las que permitieron que «estos genes fueran trasladados desde la Península Ibérica y algunas islas, hasta el crisol de Cartago, en el Norte de África».

    ¿Fue esta la historia del joven fenicio? Podría ser. Se sabe que los fenicios proceden de la zona del actual Líbano y que su influencia se expandió como la pólvora gracias al comercio en el Mediterráneo. Así es como comenzaron a fundar asentamientos y puestos comerciales que luego se convertirían en ciudades como Cádiz, Cartagena, Barcelona o la propia Cartago, en el actual Túnez, conectadas con las importantes ciudades de Tiro o Sidón.

    Gracias a esto, la cultura fenicia y el comercio tuvieron un fuerte impacto en la civilización occidental. Por ejemplo, tal como ha recorado la autora del estudio, fueron ellos los que introdujeron el primer alfabeto.

    Parte del alfabeto fenicio- LUCA/WIKIPEDIA

    «Sin embargo, aún sabemos muy poco sobre los fenicios, excepto por las referencias de romanos y griegos. Esperamos que nuestros resultados y otras investigaciones aclaren los orígenes y el impacto de los fenicios y de su cultura», ha concluido la investigadora. Por ello, los científicos tratarán de buscar este material genético mitocondrial en otros asentamientos fenicios, y al final «recrar la mobilidad humana en el pasado para entender las variaciones que vemos hoy en día», ha dicho la científica. Y además, hacer estos análisis con el ADN nuclear, que puede proporcionar mucha más información.

    La historia de los navegantes

    De momento, al menos sí se sabe algo acerca del «Joven de Birsa». Gracias al trabajo de expertos en reconstrucción dermoplástica, se puede intuir qué aspecto tenía. Gracias a un estudio antropológico, se concluyó que aquel hombre medía 1,70 metros, que era bastante robusto y que frisaba los 19 o 24 años. Estaba enterrado junto a dos ánforas, una lámpara y una caja de marfil cargada de ricos amuletos y ofrendas de comida, por lo que se cree que formaba parte de las élites de Cartago.
    Los fenicios suelen ser reconocidos como una de las más grandes civilizaciones del mediterráneo. Descendían de los cananeos, habitantes de las costas del Mediteráneo, y fueron los creadores del primer alfabeto. Documentaban su historia en papiros, pero el tiempo los desintegró y las guerras y conquistas en sus ciudades principales, como Tiro, Sidón o Biblos, hoy en Siria y Líbano, dificultaron que fueran exploradas en profundidad por los científicos.

    Conocidos por sus capacidad para viajar, comerciar y construir barcos, se ganaron su nombre de los griegos por ser los únicos capaces de acceder al tinte púrpura en el Mediterráneo. Sea como sea, sus viajes les llevaron desde Líbano hasta España y Marruecos, y algunos han sugerido que incluso circunnavegaron Africa o que llegaron al sur de Gran Bretaña. Por todo eso, su herencia parece estar profundamente sumergida en las raíces de Europa.

    Fuente: ABC.es | 25 de mayo de 2016
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