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    jueves, 24 de noviembre de 2016

    Españoles tras el misterio de las manos del Homo sapiens

    Las manos de las cuevas son el vínculo entre la prehistoria y nuestra era. Un proyecto español ha digitalizado las huellas de 33 cavernas europeas para entender el misterio.

    En el simple gesto de estampar una mano en la pared puede estar la llave que permita adentrarnos en grandes cuestiones del pasado. ¿Convivieron los neandertales con los Homo sapiens? ¿Tenían las mujeres y los niños en la Prehistoria un rol protagonista? ¿Fueron los cromañones los primeros en expresarse artísticamente? Es probable que las respuestas todavía tarden en conocerse, pero el proyecto HandPas, impulsado por la Unión Europea y liderado por la Junta de Extremadura, aspira a acortar ese plazo tras digitalizar las huellas de 33 cuevas de Francia, Italia y España en tres dimensiones para estudiar su significado.

    «Cada vez que veo una mano entiendo que me saluda. Y que quien la plasmó quería comunicarse con la eternidad», razona Hipólito Collado (izquierda), arqueólogo experto en Arte Rupestre y uno de los responsables de HandPas. Lo hace en las profundidades de la Extremadura profunda, como les gusta referirse a los parroquianos. Exactamente en el subsuelo de Fuentes de León, un pueblo de Badajoz de menos de 2.500 habitantes volcado en la actividad que generan sus grutas, donde se han encontrado restos de hace más de 10.000 años. «Aquí la paleontología es un motor económico. Es nuestro petróleo», explica el especialista en un discurso en el que enhebra lo terrenal y lo místico.

    Con ejemplos procedentes de las francesas Trois Frères o Chauvet (inmortalizada por el cineasta Werner Herzog en su Cueva de los sueños olvidados), la italiana Paglicci o las autóctonas El Castillo (Cantabria) o Maltravieso (Cáceres), que Collado califica como «santuario de manos», el estudio pretende conocer el porqué de estas impresiones de manos y, al mismo tiempo. contribuir a su divulgación. Para ello se ha rodado un documental precisamente en Fuentes de León. En él se explican los tres tipos de muestras catalogadas: la mano en positivo, impresa con la palma pintada; en negativo, marcando el perfil; o la unión de ambas, utilizando una técnica mixta. Todas, primeras manifestaciones artísticas del ser humano.

    Hasta el cine del municipio pacense se trasladó hace unas semanas parte del equipo europeo que trabaja en HandPas. En la pantalla miraban con delectación sus descubrimientos sobre el terreno. «Tenemos que volver la vista a la gran discusión de los últimos 15 años acerca de la relación entre los primeros hombres modernos que llegaron a la península y los últimos neandertales. Es prácticamente imposible pensar que no se cruzaron», explica en el vídeo Luiz Oosterbeek (derecha), doctor del Instituto Politécnico de Tomar (Portugal).

    La posibilidad de que hubiera comunidades de neandertales contemporáneas a los cromañones -y que tuvieran hábitos culturales propios del paleolítico superior- es uno de los enigmas que sobrevuela la interpretación del pasado. Alistair Pike (izquierda), profesor de Arqueología Científica de la Universidad de Southampton (Reino Unido) lo plantea así: «Nuestros resultados revelan que las pinturas rupestres más antiguas tienen alrededor de 41.000 años de antigüedad. Es la edad mínima. Podría ser mayor. Justo en esa época llegaron los primeros Homo sapiens al norte de España, pero también coincide con la desaparición de los neandertales. Si tienen más tiempo, y sería una hipótesis interesante, tendremos que concluir que estos fueron los primeros humanos que pintaron en cuevas».
    «Sabiendo esto», continúa su colega Oosterbeek, «podemos pensar que el periodo de hace 45.000 ó 35.000 años es de transición. Pero no de los neandertales al hombre moderno, sino de la evolución de la especie humana a un grado de complejidad mayor a partir del cual comenzamos sistemáticamente a tener expresiones simbólicas más complejas».



    A juicio de estos especialistas, dilucidar a qué tipo de homínido pertenecen las huellas resulta prácticamente imposible. «No podemos distinguir de quiénes eran, pero sí si participaron niños o mujeres y por qué lo hacían», apunta Collado. «A lo mejor eran ellas las que instruían a la comunidad», elucubra. También se podría adelantar si el pensamiento simbólico y las expresiones materiales eran patrimonio de los hombres anatómicamente modernos o de especies anteriores.


    Foto: Analizando plantillas de manos que datan de hace 28.000 años en la cueva de El Castillo, España, el arqueólogo Dean Snow concluyó que muchos de los artistas habían sido mujeres. En esta imagen el largo dedo anular de la mano que está a la izquierda es un claro indicativo de que pertenece a un hombre. En cambio, la mano que está a la derecha tiene largo el dedo índice y el meñique corto, y, por tanto, es una mano muy femenina. Los hallazgos del profesor Snow sugieren que el papel de las mujeres en la cultura prehistórica pudo haber sido mayor de lo que se pensaba.


    Marc Groenen, catedrático de Prehistoria de la Universidad libre de Bruselas, acentúa la importancia del procedimiento y del soporte. Este, indica, interviene en otras pinturas para conferirles relieve. Así, utilizaban la concavidad o la convexidad de la roca para otorgarles un papel diferente.

    «La imagen de la mano, aparentemente, no significa nada por sí misma. Lo crucial es el propio acto de pintarla. Elegían la ubicación, que estaba relacionada directamente con ciertos aspectos, con una morfología en concreto de la pared o de la gruta, y una vez habían decidido el lugar, llevaban a cabo la imagen. Y entonces cobraba importancia», alega el experto, definiendo cómo esos puntos elegidos podrían ser una forma de contacto con los espíritus que habitaban detrás de las paredes.


    «¿Por qué la gente iba a las cuevas, hace tantos miles de años, para hacer sus dibujos?», se pregunta Jean Clottes (derecha), prehistoriador y uno de los mayores responsables de la cueva Chauvet (Francia), que alberga una de las colecciones de pinturas rupestres más importantes del mundo. «Una de las interpretaciones más plausibles es que lo hacían en el marco de una religión de tipo chamánico. Es decir, que creían que había espíritus, y que eran particularmente poderosos en las cuevas y por ello acudían a su encuentro. Para captar su poder y utilizarlo para sus problemas cotidianos: tener salud, conseguir una caza fructuosa, obtener el amor de la mujer que amaban... Y entraban en contacto sobre todo a través de los chamanes, que eran los intermediarios», se responde.

    El simbolismo que se les atribuye corresponde, tal y como barajan los especialistas, al nacimiento del pensamiento abstracto. «Estamos convencidos de que el arte prehistórico de las manos era una referencia a un significado subyacente. ¿Y por qué a menudo no están extendidas, sino que tienen los dedos cerrados e incluso mutilados? No lo sabemos. Podemos suponer que estas manos se pintaban con motivo de las ceremonias de ritos primerizos. O para transmitir secretos de madre a hija, secretos que representaban la continuidad de una especie de iniciación. Todo esto se nos escapa porque las manos del pasado son mudas y no podemos hacerlas hablar», sonríe Dario Seglie, director del Centro de Estudios y Museo de Arte Prehistórico de Pinerolo, en Turín.

    Sigilosas, expectantes, indescifrables. Las manos pintadas son un punto de referencia para escudriñar nuestro pasado. Para predecirlo, aunque dé pie a un oxímoron. Impertérritas, esperando a ese dueño que duerme en su alma y que nos dice, desde las inmensidad de las profundidades, que, quizás, no fuimos los únicos ni los primeros y que el arte, en suma, es nuestro gran potencial como humanos. «La sociedad se mueve porque tenemos memoria», resume Collado.

    Fuente: elmundo.es | 23 de noviembre de 2016
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