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    jueves, 3 de noviembre de 2016

    Los tesoros del Antiguo Egipto más difíciles de ver

    Un fotógrafo toma una imagen en el interior de la tumba de Seti I, reabierta recientemente en Egipto - REUTERS

    El Ministerio de Antigüedades ha reabierto las tumbas de Seti I y Nefertari, ejemplos de icónicos patrimonios a los que los turistas han tenido un acceso muy limitado

    ALICIA ALAMILLOS / ABC

    No todos los tesoros del Antiguo Egipto están a disposición de los ojos del turista. El Ministerio de Antigüedades egipcio ha anunciado esta semana la reapertura de las tumbas de Seti I y Nefertari, ejemplos de icónicos patrimonios del Antiguo Egipto a los que los turistas han tenido un acceso muy limitado.

    El sepulcro de Nefertari, cubierto de coloridas pinturas y escenas místicas, ha permanecido cerrado al público generalista durante años, para evitar su deterioro. Además de investigadores, arqueólogos y un puñado de periodistas especializados, muy pocos turistas han tenido la oportunidad de visitar una de las tumbas «más hermosas» del Antiguo Egipto. Sin embargo, el Ministerio de Antigüedades egipcio anunció ayer la reapertura del mausoleo, en Luxor, al precio de 1.000 libras egipcias (unos 100 euros) por persona.

    Descubierta en 1904 por el italiano Ernesto Schiapparelli, la QV66 de Nefertari es considerada una de las más bellas y decoradas tumbas del Antiguo Egipto. Sus paredes están cubiertas de pinturas de más de 3.000 años de antigüedad, que han superado el paso de los asaltantes de tumbas y los destrozos del tiempo. Sin embargo, el agua de algunas inundaciones en la zona, así como bacterias o incluso el sudor de los turistas que la visitaban amenazó la integridad de las pinturas y provocó el cierre del mausoleo. Entre 1988 y 1992, un equipo del Instituto de Conservación Getty restauró los murales y desde entonces se ha permitido el acceso en contadísimas ocasiones a grupos privados.

    Una segunda oportunidad para Seti I

    Junto a la de Nefertari, Egipto ha abierto también la tumba del faraón Seti I, una de las mayores del Valle de los Reyes, que había permanecido cerrada al público desde finales de la década de los ochenta, en un intento desesperado por protegerla de la inevitable destrucción del tiempo y los turistas. Preguntados por este periódico, el Ministerio no ha querido detallar durante cuánto tiempo permanecerá abierta, aunque sí ha señalado que sólo un pequeño número de visitantes (150) podrá visitarla al día. Si finalmente vuelve a clausurarse, la organización española Factum Arte está inmersa en pleno proceso de «digitalización» de la tumba, que primero fotografiará en 3D y recogerá con una resolución de micras cada grieta, cada poro y cada marca del cincel, para más tarde levantar un facsímil «indistinguible del original» permitirá a los visitantes y turistas poder acceder a una de las más hermosas tumbas del Valle de los Reyes.

    Tumba de Huy

    Los mausoleos de Seti I y Nefertari no son los únicos abiertos al público en los últimos meses. Con la intención de revitalizar el decaído turismo egipcio, el Ministerio de Antigüedades ha ido facilitando el acceso a un puñado de tumbas hasta ahora cerradas al público, algunas por primera vez en su historia.

    Poco después de que el terrorismo se cobrara las vidas de 224 turistas a bordo de un avión, a mayoría rusos que volaban de vuelta a San Petersburgo tras unas vacaciones en Egipto, el Ministerio abrió tres tumbas en el área de Luxor. La más conocida y hasta entonces jamás abierta al público fue la de Huy, virrey del «faraón niño» Tutankamón, en el Valle de los Monos. Sus paredes están decoradas con motivos históricos: un festival de nubios –pueblo de sur, cerca de lo que ahora sería Sudán- ofreciendo tributo a las autoridades locales. «La tumba de Huy nos ofrece una de los más detallados y coloridos visionados de las interacciones de los egipcios y los nubios durante el apogeo del Egipto imperial», declaró en el momento de la inauguración el arqueólogo John Darnell, de la Universidad de Yale.

    Además de la tumba de Huy, el Ministerio abrió también la tumba del faraón Horemheb, de la 18ª Dinastía, en el Valle de los Reyes, clausurada brevemente por motivos de conservación. El entonces ministro de Antigüedades, Mamdouh el Damaty, admitió que se trataba de un intento de atraer más turistas al país.

    Este mayo otras cuatro tumbas, pertenecientes a camareros reales de los faraones Hatseput y Ramsés II, con ricas decoraciones en las paredes, fueron abiertas también por primera vez, ofreciendo “nuevos motivos para repetir una visita a Egipto”, como sostuvo a ABC el director de Antigüedades del alto Egipto. Según el responsable, la apertura de tumbas ofrece a los visitantes que repiten oportunidades de descubrir nuevas tumbas. El Valle de los Reyes, además, sigue un calendario rotativo por el que cierra y abre tumbas durante algunos meses para después protegerlas de la degradación.

    Ciudades sumergidas en Alejandría

    La mayoría de los tesoros arqueológicos en Alejandría no se encuentran en la superficie, sino que descansan bajo las aguas del Mediterráneo. Una serie de terremotos hundieron templos, monumentos y parte de una ciudad vibrante y especialmente reconocida en el periodo final de las dinastías egipcias, los Ptolomeos, con Cleopatra como su último exponente. Arqueólogos como Frank Goddio, cabeza del Instituto Europeo para la Arqueología Subacuática, han investigado las más de 2.000 piezas sumergidas tan sólo en la bahía donde una vez se alzó el Faro. Destacan además los sitios arqueológicos subacuáticos de Thonis-Heracleion y Canopus, así como el conocido como «Palacio de Cleopatra», que presumiblemente perteneció a la famosa reina.

    Sin embargo, los turistas apenas pueden visitar un resquicio del palacio: tours autorizados ofrecen un pequeño viaje de buceo que, aunque no se acerca a las maravillas encontradas por Goddio y otros arqueólogos, permite al visitante observar algunas columnas, restos de vasijas, ánforas y otras construcciones hundidas por el terremoto. Siempre que las condiciones marítimas lo permitan: las corrientes del Mediterráneo y la ocasional turbidez de las aguas hacen a veces casi imposible disfrutar del yacimiento.

    Desde principios de 2016, museos europeos ofrecen completas exposiciones (vídeos, testimonios, algunas de piezas rescatadas más impresionantes) sobre estos «Misterios sumergidos» comisionados por el propio Goddio.

    Durante la última década, Egipto ha prometido en numerosas ocasiones la construcción de un museo submarino en Alejandría, una propuesta que no ha llegado a materializarse.

    La pirámide de Unas y la necrópolis de Abusir

    Más allá de las pirámides de Giza, el complejo de Saqara reabrió en mayo de 2016 la pirámide de Unas, faraón de la 5º Dinastía. Famosa por acoger algunos de los más antiguos textos religiosos del Antiguo Egipto, sus paredes están cubiertas de más de 230 «encantamientos» y otros sortilegios «mágicos» que ayudarían al faraón Unas en su vida en el más allá. Sobre su sepulcro, un techo cubierto de estrellas, que representarían –según teorías de los arqueólogos- su deseo de renacer como una estrella y ascender a los cielos.

    La pirámide –de más de 4.000 años de antigüedad- fue cerrada al público en 1996 por motivos de conservación, y hoy día sólo se abre durante tres horas (de 9 a 12) para tan sólo 15 personas al tiempo.

    Según declaró al portal «Middle East Eye» el director de los sitios arqueológicos de Saqara y la necrópolis de Abusir, Sabry Farag, se está «planeando abrir al público parte de la necrópolis de Abusir, como la tumba del visir Ptahshepses o las pirámides de Sahura y Neferirkare». La necrópolis, que acoge las tumbas de a los menos conocidos faraones de la 5ª Dinastía (frente a los de la 4ª) y un complejo de pirámides, ha permanecido cerrado al público durante la última década.

    Las momias de la KV21, en el Museo del Cairo

    El brazo izquierdo doblado sobre el pecho y el derecho a lo largo del costado, una postura en la que se colocaba a las reinas al morir, es uno de los aspectos en el que se está basando sus últimas teorías sobre la reina Nefertiti el egiptólogo Zahi Hawass. Según relató a este periódico, Hawass pretende reconstruir a partir de este año las secuencias de ADN de un par de momias encontradas en hace décadas en la tumba KV 21 en el Valle de las Reinas para demostrar su teoría de que una de ellas es la legendaria faraona Nefertiti, ya que el egiptólogo niega la teoría del sepulcro de Nefertiti tras la cámara de Tutankamón. Pruebas preliminares de ADN han demostrado -según este egiptólogo- que una de ellas, sin cabeza, podría ser Ankhesenamun. Es en la otra en la que centra sus esperanzas.

    Mientras tanto, estas momias descansan en el sótano del Museo del Cairo, según confirmaron a ABC fuentes oficiales del Museo, y sólo se pueden visitar con un permiso especial del Ministerio de Antigüedades. Precisamente, el Museo del Cairo cuenta con una grandísima colección de piezas del Antiguo Egipto que de momento no han llegado a exponerse públicamente o que lo hacen sólo como parte de exposiciones temporales. Muchas leyendas corren sobre «las maravillas» acumuladas en el sótano del Museo del Cairo aunque, según señala a ABC el arqueólogo Francesco Tiradritti «son sólo historias».

    Vista panorámica desde lo alto de las pirámides

    Tras una cabalgada por el desierto egipcio, la pareja protagonista de la icónica «Muerte en El Nilo», de Ágatha Christie, trepa hasta lo alto de una de las pirámides de Giza, desde donde observan el increíble panorama. La historia lo confirma: hasta hace pocos años, trepar los grandes bloques de las pirámides era un pasatiempo común entre los visitantes del país de los faraones, ahora terminantemente prohibido. Incluso en 2013, foros de información turística detallan cuáles eran las mejores pirámides para trepar, acompañadas de impactantes fotografías y consejos del tipo «no hay que olvidar un botellín de agua». Construidas hace más de 3000 años, las pirámides de Giza se alzan hasta los 139 metros de la pirámide de Keops.

    Hoy día, escalar las pirámides es ilegal. En enero de 2016, un turista alemán ignoró (según él mismo relata en su blog) los «gritos en árabe» de un guardia en las pirámides, y subió hasta la cima de la Gran Pirámide para hacerse unas fotografías, registrarlo en vídeo y subirlo a Instagram. El Gobierno egipcio no lo procesó, pero le ha prohibido volver a entrar en el país.

    Fuente: ABC
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