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    miércoles, 16 de agosto de 2017

    La mina de silex de Treviño (Burgos) tiene, al menos, 6.000 años de antigüedad

    Andoni Tarriño, en el yacimiento arqueológico de Pozarrate, en la sierra Araico-Cucho. / FOTOS: SERGIO CARRACEDO

    La excavación arqueológica de Pozarrate, en Treviño (Burgos), que se enmarca en el complejo minero de Araico-Cucho, sigue aportando datos de gran interés sobre el pasado más remoto de la zona. Los encargados de la excavación, con el geoarqueólogo Andoni Tarriño a la cabeza, han hallado en la escombrera de la explotación minera un cuerno de ciervo, empleado para picar en la cantera, y varios carbones, resultado del fuego que los hombres del neolítico utilizaron para ‘ablandar’ la roca y extraer los nódulos de sílex con mayor facilidad.

    Los análisis de Carbono-14 a los que han sido sometidos estos restos han arrojado datos que permiten conocer la antigüedad de esta cantera que aportó sílex a los humanos que habitaron en un amplio arco que va, al menos, desde Asturias hasta Aquitania, en Francia. «Igual hasta Galicia, no hemos mirado», explica este experto que asegura que el sílex de esta zona es único porque se generó en un área pantanosa o de lagos, por lo que «tiene algas o caracolillos fosilizados. No hay otro sílex parecido en todo el Cantábrico».

    La movilidad de este mineral se explica por sus «intercambios comerciales» en una época en la que «el sílex era sinónimo de subsistencia, fundamental para tener buenas armas y, por lo tanto, para comer».
    El asta de ciervo, según los datos del análisis, data de hace 5.700 años y los carbones de hace 6.000, lo que certifica la antigüedad de la más baja de las canteras, ya que hay otras siete, a mayor cota, que son más antiguas y una gran zanja también explotada. A pesar de ello, el sílex de la zona se conocía con anterioridad al Neolítico. «Los hombres cazadores del Paleolítico no lo explotaron en cantera, pero sí recogían el que aparecía en superficie para hacer sus herramientas», aclara Tarriño. Con la llegada del Neolítico «generan una economía de stock, de ganado y cereales, y con las piedras hacen lo mismo, se dotan de una explotación de buen sílex para hacer sus herramientas».

    En esta excavación arqueológica de Pozarrate, que se encuentra entre los municipios de Treviño (Burgos) y Berantevilla (Álava), ha trabajado durante el mes de julio un equipo de 30 investigadores, procedentes de diversas universidades españolas, dirigido desde el Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (Cenieh) por Andoni Tarriño. En ella han procesado unas 50 toneladas de escombros mineros y han recuperado unos doce mil fragmentos de sílex entre residuos y herramientas, producto de la actividad extractiva minera.
    Entre los hallazgos cabe destacar dos mazas de ofita –material volcánico de gran dureza– de 9 y 4,5 kilos de peso, respectivamente; así como diversos percutores de sílex. Y no descartan que puedan salir nuevos hallazgos, «hasta restos humanos». También aparece sílex de no muy buena calidad, ya que «los buenos se los llevaron» para trabajarlos y afilarlos en los poblados de la zona, explica el responsable de la excavación. Con ellos construían puntas de flecha, hachas y otras herramientas.

    Un nódulo de sílex junto a otro que se comenzó a afilar (arriba), el asta de ciervo hallada en la cantera prehistórica y parte del equipo de investigación, en el proceso de triple cribado del material. / S. CARRACEDO.

    Con el objetivo de dar a conocer las estrategias de explotación y abastecimiento del sílex como recurso mineral en la prehistoria, hasta finales de julio, han perseguido el reto de estudiar «al máximo» la explotación minera. Hasta la última piedra. De hecho, han medido con meticulosidad cada una, la han pesado y dejan constancia de su orientación y grados de inclinación para determinar cómo está construida la cantera, «ya que cuando creas una avalancha, las piedras se orientan, así podemos sacar el máximo de información».

    La materia de la Prehistoria

    Los integrantes de la excavación han rebajado el suelo del yacimiento 1,5 metros, a un ritmo de 25 centímetros cada día. Junto con el volumen analizado en campañas anteriores, se ha alcanzado en esta campaña una superficie total excavada de 116 m2. Asimismo, se ha continuado delimitado el frente de explotación, que en su parte más profunda tendrá un relleno de unos 5-6 metros, y se ha profundizado en otros 41 m2. «El mayor problema son las toneladas de escombros antes de llegar a las estructuras de la cantera. Y esos restos también hay que analizarlos despacio, lo que ralentiza mucho toda la labor», comentó el director de la excavación, que tiene previsto seguir excavando el próximo año «hasta llegar a la roca base de la cantera, al menos en una zanja de 3 metros de anchura y 20 metros de longitud, para descubrir una de las mayores estructuras realizadas por las poblaciones neolíticas en la Península Ibérica».

    Pozarrate no es un yacimiento más. «Es muy especial», subraya Tarriño. Se trata de una de las dos minas prehistóricas de sílex de la Península Ibérica y la tercera cantera más antigua de Europa. También se considera la más extensa.

    La piedra ha sido el principal y más importante recurso mineral utilizado por los humanos. De entre todas las variedades de materiales líticos, las rocas silíceas de origen sedimentario han sido por sus cualidades para la talla y su abundancia las que han constituido, señala Tarriño, «la materia prima básica de la Prehistoria». Este geoarqueólogo vitoriano es responsable del Grupo de Materias Primas y Materiales Antrópicos y Arqueológicos del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) con sede en Burgos, y lleva años estudiando las cualidades de los pedernales de esta excavación, unas veces en solitario y otras en colaboración con la Universidad del País Vasco y el Instituto Alavés de Arqueología. Por ello, asegura que este sílex era utilizado por comunidades de hombres prehistóricos tan alejadas de la zona como las cuevas asturianas, las cántabras de Altamira o Brassempouy, en Francia.

    Parte del equipo, en pleno trabajo. / S. CARRACEDO


    Proyecto nacional

    Esta campaña forma parte del segundo año de un proyecto de investigación financiado por el MEIC bajo el título 'El complejo minero prehistórico de sílex de Araico-Cucho (Cuenca Vasco-Cantábrica). Los sílex, sus labores extractivas y su difusión en el Pleistoceno superior y Holoceno', dotado con 59.290 euros.

    Este año ha contado con financiación del Servicio de Planificación y Estudios de la Consejería de Cultura y Turismo de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León, del Departamento de Euskera, Cultura y Deporte de la Diputación Foral de Álava y del Ayuntamiento de Treviño.

    Fuente: elcorreo.com | 15 de agosto de 2017
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