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    viernes, 22 de septiembre de 2017

    Así crecía el cerebro de un niño neandertal

    Antonio Rosas posa junto a los restos del niño neandertal ANDRÉS DÍAZ / CSIC

    Cada vez sabemos más sobre cómo eran los neandertales. Vivieron en Europa hace entre 250.000 y 40.000 años, pero, a diferencia de nuestra especie, no lograron sobrevivir y se extinguieron. Sin embargo, durante milenios el Homo neanderthalensis convivió con el Homo sapiens, mantuvieron relaciones sexuales y tuvieron descendencia, de modo que los humanos hemos heredado parte de sus genes.
    El hallazgo de herramientas y restos fósiles neandertales, y la mejora de las tecnologías para analizarlos, está permitiendo a los científicos averiguar aspectos sobre su desarrollo cultural y su fisiología, y compararlos con los de los humanos. Así, el estudio del material genético ha permitido determinar que los genomas de los europeos y asiáticos que viven en la actualidad tienen entre un 1% y un 3% de ADN neandertal, fruto de la hibridación. Esta semana nos llega un nuevo estudio comparativo entre ambas especies de homínidos.

    En este trabajo, publicado en la revista Science y liderado por investigadores españoles, se han analizado fósiles de neandertales hallados en la cueva asturiana de El Sidrón, en concreto, los pertenecientes a un niño que vivió hace 49.000 años. En este yacimiento del norte de España se han encontrado más de 2.500 restos pertenecientes a siete adultos y seis individuos jóvenes, todos de la misma familia (lo saben por el análisis del ADN mitocondrial). Ahora, el patrón de crecimiento del esqueleto de uno de estos niños (conocido como El Sidrón J1) ha sido comparado con el de los Homo sapiens.

    Durante las campañas de excavación realizadas entre 2009 y 2011 se encontraron 138 restos fósiles pertenecientes a este pequeño, que al morir tenía 7,69 años. Su edad ha podido determinarse con semejante exactitud gracias a la histología dental: «Los dientes crecen en ciclos circadianos, es decir, todos los días crece un poco el diente, y esto deja su huella. Con un microscopio o con las técnicas adecuadas se pueden contar esas huellas y así determinar con gran precisión la edad», explica a este diario Antonio Rosas (izquierda), investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y autor principal del estudio.

    Un cerebro más grande

    El asunto del crecimiento de los neandertales, recuerda Rosas, había suscitado un debate científico: «Se decía que crecían antes que los Homo sapiens, pero hemos demostrado que realmente compartimos un mismo patrón de crecimiento con algunas diferencias. Las más importantes son la maduración de la columna vertebral y el crecimiento del cerebro», detalla el científico.

    Ese patrón de crecimiento que compartimos, explica, probablemente ha sido heredado de un antepasado común. Ese ancestro compartido de neandertales y sapiens pudo haber sido el Homo antecessor, una especie que vivió hace entre 1,2 millones de años y 800.000 años.

    Foto: Reconstrucción de un niño neandertal a partir de los restos hallados en Roc de Marsal, Francia.

    «Las vértebras terminaban de crecer más tarde en los neandertales, con un desfase de unos dos años», señala. Así, el niño analizado tendría un desarrollo vertebral equivalente al de un humano moderno de algo más de cinco años. «Probablemente esas modulaciones de la columna vertebral están en relación con la forma del tórax de los neandertales, que era más ancho que el nuestro», apunta.

    El cerebro de los neandertales era, además, de mayor tamaño que el del Homo sapiens y, según Rosas, «posiblemente ese periodo más largo de su crecimiento explica que sea más grande que el nuestro, pues la energía metabólica que supone mantener un cerebro grande se reparte en el tiempo. Es como pagar un crédito en cinco años en lugar de en dos años», compara.
    Aunque por los análisis de ADN no pudieron determinar el sexo de este individuo, han llegado a la conclusión de que «se trataba de un varón por el tamaño de los caninos y la robustez de la mandíbula», dice Rosas. También han podido estimar que era diestro, medía 1,11 metros de altura y pesaba 26 kilogramos: «Pensamos que era un aprendiz y comenzaba a hacer tareas propias de los adultos».

    El estudio del esqueleto no ha mostrado indicios de que padeciera alguna patología, aunque Rosas admite que desconocen la causa de su muerte a tan temprana edad. «En los huesos hay marcas de cortes, posiblemente hechas por otros neandertales» tras su muerte.

    Un adulto de esta especie de homínido, señala, podía llegar a vivir entre 40 y 50 años, aunque había una mortalidad grande entre adultos jóvenes, es decir, los que tenían en torno a los 20 años. Por ello, no descarta que el niño de El Sidrón tuviera una muerte traumática.

    Los trabajos de excavación en la cueva de El Sidrón ya han concluido y los restos de la familia neandertal descubierta allí se encuentran en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, en Madrid, donde están siendo estudiados.

    UNA SOCIEDAD MÁS AVANZADA DE LO QUE SE CREÍA

    Durante muchos años, nuestros primos los neandertales fueron considerados una especie de homínido inferior, con un escaso grado de desarrollo. Pero los hallazgos realizados recientemente han mostrado que se trataba, en realidad de una sociedad bastante avanzada. Así lo reflejan sus herramientas o, en el caso de la cueva asturiana de El Sidrón, el análisis de sus dientes, que ha revelado que para paliar el dolor usaban antibióticos naturales como el hongo Penicillium, manzanilla o plantas con propiedades analgésicas como la corteza de álamo.

    «Sabemos que se automedicaban y, aunque no eran vegetarianos, la base de su dieta eran los vegetales y las setas», dice Antonio Rosas. Los paleontólogos creen que cazaban animales como el ciervo, la cabra montés o el rebeco. «También sabemos que usaban fuego y respiraban mucho humo», añade.

    «El Sidrón es un yacimiento muy peculiar porque lo normal es que haya muchos restos de animales, de industria lítica y herramientas, y que no haya restos humanos. Sin embargo, en la cueva de Asturias aparecen sólo restos neandertales», explica Rosas.

    El paleoantropólogo estadounidense Erik Trinkaus (izquierda), de la Universidad Washington en San Luis (EE UU), aplaude el nuevo estudio, en el que no ha participado. “Es un trabajo muy bonito en un importante fósil neandertal, que refuerza lo que ya debería ser obvio desde hace tiempo: que las tasas y patrones de crecimiento neandertal rara vez difieren de las de los humanos modernos”, apunta.

    Fuentes: elmundo.es | elpais.com | 21 de septiembre de 2017
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