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    sábado, 17 de febrero de 2018

    Las implicaciones socioeconómicas del vino del Monte Kronio (Sicilia) de hace casi 6.000 años

    Monte de San Calogero o Kronios visto en la lejanía.

    Por Assistant Professor, Department of History and Center for Visualization and Applied Spatial Technologies (CVAST), University of South Florida

    Monte Kronio se eleva a 395 metros sobre el paisaje geotérmico activo del sudoeste de Sicilia. Oculto en sus entrañas hay un sistema laberíntico de cuevas, lleno de vapores sulfúricos calientes. En niveles más bajos, estas cuevas promedian 37 grados Celsius y un ciento por ciento de humedad. El sudor humano no se puede evaporar y el golpe de calor no permite más de 20 minutos de exposición a estas condiciones subterráneas.

    Sin embargo, la gente ha visitado las cuevas de Monte Kronio desde hace 8.000 años. Han dejado recipientes de la Edad del Cobre (principios del VI al comienzo del III milenio a.C.), así como varios tamaños de jarras de cerámica y cuencos. En las cavidades más profundas de la montaña estos artefactos a veces se encuentran con esqueletos humanos.

    Los arqueólogos debaten sobre prácticas religiosas desconocidas de las que estos artefactos podrían ser una evidencia. ¿Acaso los fieles sacrificaron sus vidas trayendo ofrendas para aplacar a una misteriosa deidad que inflaba gases dentro de Monte Kronio? ¿O estas personas enterraron a individuos de alto rango en ese lugar especial, cerca de lo que probablemente se consideró una fuente de poder mágico?

    Una de las preguntas más desconcertantes en torno a este sitio prehistórico ha sido lo que contenían esos recipientes. ¿Qué sustancia era tan apreciada que podría apaciguar a una deidad o acompañar adecuadamente a los jefes y guerreros muertos en su viaje al inframundo?

    Utilizando muestras diminutas, extraídas de estos artefactos antiguos, mi reciente análisis arrojó una respuesta sorprendente: el vino. Y ese descubrimiento tiene grandes implicaciones para la historia que los arqueólogos cuentan sobre las personas que vivieron en este tiempo y lugar.

    Analizando muestras raspadas

    En noviembre de 2012, un equipo de geógrafos y espeleólogos expertos se aventuraron una vez más en el peligroso complejo subterráneo de Monte Kronio. Escoltaron a los arqueólogos de la Superintendencia de Agrigento durante más de 90 metros para documentar artefactos y tomar muestras. Los científicos rasparon las paredes internas de cinco recipientes de cerámica, eliminando aproximadamente 100 mg de polvo de cada uno.

    Dirigí un equipo internacional de académicos que esperaban que el análisis de este residuo marrón oscuro pudiera arrojar algo de luz sobre lo que estos contenedores de la Edad del Cobre del Monte Kronio originalmente llevaban. Nuestro plan era utilizar técnicas químicas de vanguardia para caracterizar los residuos orgánicos.

    Decidimos usar tres enfoques diferentes:

    La espectroscopia de resonancia magnética nuclear (RMN) podría decirnos las propiedades físicas y químicas de los átomos y las moléculas presentes.
    La microscopía electrónica de barrido con espectroscopia de rayos X de energía dispersiva (SEM / EDX).
    La espectroscopía infrarroja transformada de Fourier de reflectancia total atenuada (ATR FT-IR) para el análisis elemental, la caracterización química de las muestras.

    No había segundas oportunidades con la pequeña cantidad de muestras que se habían extraído de las vasijas antiguas. Davide Tanasi , CC BY-ND

    Estos métodos de análisis son destructivos: la muestra se agota cuando ejecutamos las pruebas. Como teníamos tan solo 100 mg de polvo de cada recipiente, necesitábamos ser extremadamente cuidadosos al preparar las muestras. Si confundiamos el análisis, no podríamos simplemente ejecutarlo de nuevo.

    Encontramos que cuatro de las cinco vasijas de almacenamiento grandes de la Era del Cobre contenían un residuo orgánico. Dos contenían grasas animales y otro contenía residuos de plantas, gracias a lo cual inferimos que era un tipo de guiso semi-líquido parcialmente absorbido por las paredes de los recipientes. Pero la cuarta vasija tuvo la mayor sorpresa: vino de uva puro de hace 5.000 años.

    La presencia de vino implica mucho más

    Inicialmente no comprendí del todo la importancia de tal descubrimiento. Fue solo cuando investigué la literatura científica sobre bebidas alcohólicas en la prehistoria cuando me di cuenta de que las muestras de Monte Kronio representaban el vino más antiguo conocido hasta ahora para Europa y la región mediterránea. Una sorpresa increíble, teniendo presente que tradicionalmente se creía que la región del sur de Anatolia y Transcaucasia era la cuna de la domesticación de las uvas y la viticultura temprana. A fines de 2017, una investigación similar a la nuestra utilizó muestras de cerámica neolíticas de Georgia y retrasó aún más el descubrimiento de trazas de vino puro de uva, hasta 6.000-5.800 a.C.

    Esta idea del "vino más antiguo", transmitida en los titulares de las noticias captó la atención del público cuando publicamos nuestros resultados por primera vez.

    Pero lo que los medios no pudieron transmitir son las tremendas implicaciones históricas que tiene tal descubrimiento para la forma en que los arqueólogos entienden la cultura siciliana de la Edad del Cobre.

    Las vasijas de almacenamiento en las que se encontraron restos de residuos de vino. Fotografía: Cortesía de Davide Tanasi.

    Desde un punto de vista económico, la evidencia del vino implica que en ese momento y lugar ya se cultivaban vides. La viticultura requiere terrenos específicos, climas y sistemas de riego. Hasta el momento, los arqueólogos no habían incluido todas estas estrategias agrícolas en sus teorías sobre los patrones de asentamiento en estas comunidades sicilianas de la Edad del Cobre. Parece que los investigadores deben considerar más profundamente cómo estas personas pudieron haber transformado los paisajes en los que vivían.

    El descubrimiento del vino de este período de tiempo tiene un impacto aún mayor en lo que los arqueólogos pensaron que sabíamos sobre el comercio y el comercio de bienes en todo el Mediterráneo en ese momento. Por ejemplo, Sicilia carece completamente de minerales metálicos. Pero el descubrimiento de pequeños artefactos de cobre -cosas como dagas, cinceles y alfileres se han encontrado en varios sitios- muestra que los sicilianos de alguna modo desarrollaron la metalurgia en la Edad del Cobre.

    Foto: Otra vista del Monte Kronio.

    La explicación tradicional ha sido que Sicilia participó en una relación comercial embrionaria con gentes del Egeo, especialmente con las regiones del noroeste del Peloponeso. Pero eso no tiene mucho sentido porque las comunidades sicilianas no tenían mucho que ofrecer a cambio de los metales. El atractivo del vino, sin embargo, podría haber sido lo que llevó a los Egeos a Sicilia, especialmente si otros asentamientos no habían llegado tan lejos en el desarrollo de la viticultura.
    Finalmente, el descubrimiento de restos de vino cerca de grietas gaseosas en el interior de Monte Kronio agrega más apoyo a la hipótesis de que la montaña era una especie de santuario prehistórico donde se llevaban a cabo prácticas purificadoras u oraculares, aprovechando las características de limpieza y embriaguez del azufre.

    El vino ha sido conocido como una sustancia mágica desde sus aparición en los relatos homéricos. Tan rojo como la sangre, tenía el poder único de provocar euforia y un estado alterado de conciencia y percepción. Mezclado con el estrés físico increíble, debido al ambiente cálido y húmedo, es fácil imaginar el descenso a la oscuridad de Monte Kronio como un viaje trascendente hacia los dioses. El viaje probablemente terminaba con la muerte de los débiles, tal vez con la convicción de la inmortalidad para los sobrevivientes.

    Y todo esto fue escrito en los granos de 100 miligramos de polvo de unos 6.000 años de antigüedad.

    Fuente: theconversation.com| 13 de febrero de 2018
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