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    viernes, 2 de noviembre de 2018

    La Ruta de la Seda ya albergaba a pastores de alta montaña hace más de 4.000 años

    El valle de Ferganá, rodeado por altas montañas, es una de las regiones agrícolas más ricas de Asia Central. Foto de William Taylor.

    Al analizar proteínas antiguas y ADN recuperado de pequeñas piezas de hueso animal, arqueólogos del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana (MPI-SHH) y del Instituto de Arqueología y Etnografía (IAET) de la Academia Rusa de Ciencias-Siberia han descubierto evidencias de que animales domésticos -vacas, ovejas y cabras- se abrieron camino hacia los corredores de alta montaña del sur de Kirguistán hace más de cuatro milenios.

    Mucho antes de la creación formal de la Ruta de la Seda, los pastores que vivían en las montañas de Asia Central ayudaron a formar nuevos vínculos culturales y biológicos en toda la región, según se describe en un artículo sobre un estudio que se publica en la revista PLOS ONE.


    Sin embargo, en muchos de los canales más importantes de la Ruta de la Seda, incluido el Valle de Alay, en Kirguistán (un gran corredor de montaña que une el noroeste de China con las ciudades oasis de Bujara y Samarcanda), se sabe muy poco acerca de las formas de vida de los primeros habitantes en los siglos y milenios anteriores a la era de la Ruta de la Seda.


    En 2017, un equipo internacional de investigadores, dirigido por la Dra. Svetlana Shnaider (IAET), la Dra. Aida Abdykanova (Universidad Americana de Asia Central) y el Dr. William Taylor (MPI-SHH), identificaron una serie de enclaves nunca antes vistos habitados a lo largo de los márgenes de las montañas que forman la frontera sur de Kirguistán con Tayikistán. Las excavaciones de prueba y el estudio en estos sitios dieron como resultado huesos de animales que prometían arrojar luz sobre cómo los habitantes del valle de Alay habían gestionado la región en el pasado.

    Sin embargo, cuando Taylor y sus colegas analizaron los huesos que se habían recuperado, eran tan pequeños y se habían roto tanto que los investigadores ya no podían usar su tamaño y forma para identificar a qué especies pertenecían originalmente. «Llegar tan cerca de comprender la economía temprana de una de las vías más importantes de la Ruta de la Seda, y llegar con las manos vacías, fue increíblemente desalentador», dice Shnaider.

    La Dra. Svetlana Shnaider, el Dr. Andrei Krivoshapkin y el Dr. M Krajcarz analizan una capa cultural en la roca epipaleolítica de Obishir-V. Foto byM. Krajcarz.

    Pastoreo de ovejas, cabras y reses

    Taylor y sus colegas aplicaron entonces una técnica conocida como Zooarqueología por Espectrometría de Masas, o ZooMS. Se trata de un método que utiliza una espectrometría de masas basada en el láser para identificar los bloques péptidos que forman el colágeno dentro del propio hueso (los péptidos difieren entre los taxones animales y producen «huellas digitales» únicas que se pueden usar para identificar piezas de hueso que de otra manera no serían reconocibles).

    Con esta técnica, Taylor y sus colegas descubrieron que las personas que vivían en el Valle de Alay comenzaron a pastorear ovejas, cabras y reses hace al menos 4.300 años. Al combinar su trabajo con la investigación de ADN antiguo en la Universidad de Toulouse, Francia, también encontraron que, en los siglos posteriores, cuando el comercio de la Ruta de la Seda floreció en toda la región, el transporte de animales como caballos domésticos y camellos bactrianos se hizo cada vez más importante en el valle de Alay.


    Conducción de caballos a lo largo de una carretera que une el valle de Alay, una parte importante de la antigua Ruta de la Seda, con la ciudad de Osh, en el extremo oriental del valle de Ferganá. Crédito de la imagen: William Taylor.

    Para Taylor, esta investigación es especialmente importante debido a la variedad de posibilidades que apunta la investigación arqueológica en las altas montañas del interior de Asia. En muchas partes de la región, los conjuntos óseos fragmentados como los analizados en este estudio son comunes en el registro arqueológico. «Este estudio nos muestra que los métodos biomoleculares como el ZooMS y el ADN antiguo pueden analizar huesos fragmentados que casi no tienen valor para los arqueólogos y abrir un mundo completamente nuevo de ideas sobre la historia humana en Asia Central», concluye.


    Grabados de la Edad del Hierro en los que se muestra una cabra y un caballo en un sitio arqueológico cerca de la ciudad de Osh, en Kirguistán. Foto de William Taylor

    Fuentes: eurekalert.org | thediplomat.com | dailymail.co.uk| 31 de octubre de 2018
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