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    lunes, 25 de febrero de 2019

    Las estructuras megalíticas de Europa podrían tener su origen en el noroeste de Francia

    El Dólmen de las Ruinas, en Vilajuïga, Gerona. (Bettina Schulz Paulssons).

    Hay una pregunta recurrente sobre los megalitos. ¿Cómo puede ser que hace miles de años, sin internet, sin televisión, ni móviles, ordenadores o tan siquiera una cámara de fotos, se construyeran monumentos similares en lugares separados por centenares de kilómetros? La respuesta está, según los investigadores de la Universidad de Gotemburgo, en el comercio marítimo.

    La arqueóloga Bettina Schulz Paulsson (izquierda) asegura, en un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Science (PNAS), que en plena Edad de Piedra había una movilidad mucho mayor de lo que se creía, con intercambios constantes entre diferentes partes de Europa, desde el noroeste de Francia (Carnac) hasta Gran Bretaña o la Península Ibérica.

    Actualmente ya se han descubierto alrededor de 35.000 megalitos, monumentos antiguos construidos por una o más rocas, en todo el continente europeo. La mayor parte de ellos se levantaron durante el Neolítico y la Edad del Cobre y se concentran especialmente en áreas costeras.

    Las primeras estructuras megalíticas se construyeron hace alrededor de 6.000 años y durante un período de entre 200 y 300 años. Se concentraron en el noroeste de Francia, a lo largo de la costa atlántica de la Península Ibérica y en el Mediterráneo. Durante más de cien años, los arqueólogos se han cuestionado si esta práctica se extendió desde un lugar de origen o si se originó en diferentes lugares de manera independiente.

    Mapa que muestra la ruta hipotética de la expansión megalítica en tres fases principales (Bettina Schulz Paulssons)

    Schulz Paulsson ha analizado con datación por radiocarbono hasta 2.400 objetos que proceden de sitios megalíticos, premegalíticos y no megalíticos contemporáneos de toda Europa, que ha recopilado durante diez años de viajes de investigación. Y su conclusión es que "los megalitos no se diseminaron y desarrollaron de manera independiente”.

    “Los resultados muestran que el noroeste de Francia fue el lugar donde se originaron las tumbas megalíticas europeas y que esta tradición megalítica se extendió gradualmente durante tres fases, coincidiendo con cambios sociales y económicos. En general, los resultados indican que había una gran movilidad a través de las vías marítimas”, indica la arqueóloga a La Vanguardia.

    Alineación de menhires en Le Ménec, Carnac, Bretaña (4500-2300 a. C.).

    El noroeste de Francia es la única de estas áreas que mostró evidencia de monumentos mortuorios que precedieron a los primeros megalitos, que se remontan a alrededor de 5000 a.C. Estas tumbas, en el área geológica conocida como la cuenca de París, indican los inicios de la construcción de monumentos que faltan en las otras áreas.

    Mientras que los diseños premegalíticos se encuentran solo en el noroeste de Francia, las tumbas megalíticas aparecen en la Península Ibérica, las islas británicas y Francia en la primera mitad del IV milenio a.C., mientras que a Escandinavia no llegaron hasta la segunda mitad del mismo milenio.

    Dolmen de Haväng, Suecia. Sorprendentemente, los conceptos arquitectónicos de los megalitos son similares o incluso idénticos en toda Europa. Foto cortesía de BSP.

    “A principios del siglo XX, investigadores como Oscar Montelius y Gordon Childe asumieron que los megalitos se desarrollaron en una región y luego se propagaron desde allí, pero aparte de ellos, la comunidad de investigadores creyó y asumió que la construcción de megalitos se había desarrollado de manera independiente en cinco regiones diferentes”, recuerda la experta.
    Bettina Schulz Paulsson destaca que su investigación “es la primera” que ha demostrado esta teoría. “La distribución de estas tumbas indica que la tradición megalítica se extendió a través de las vías marítimas. Las habilidades marítimas y la tecnología de las sociedades megalíticas parecen haber sido más avanzadas de lo que se pensaba anteriormente”, concluye.

    Si bien es posible que aún no tengamos una imagen completa en términos de ruinas y dataciones megalíticas en toda Europa, investigadores como el arqueólogo Chris Scarre (izquierda), de la Universidad de Durham, en el Reino Unido, afirman que el estudio es un caso sólido.

    "No está completamente centrado al cien por cien, y siempre hay alguna otra investigación que hacer, pero la nueva hipótesis parece ser un escenario muy plausible", dijo Scarre a Brian Handwerk en The Smithsonian.

    "Este estudio coincide con la idea más aceptada de que existen vínculos entre estas diferentes regiones con monumentos megalíticos. El desafío es comprender cómo funcionaron esos vínculos".

    Fuente: lavanguardia.es| sciencealert.com | 13 de febrero de 2019
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