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    jueves, 8 de octubre de 2020

    El primer horno metalúrgico del mundo podría tener su origen en Beersheva, Israel

    Excavaciones del horno de Bersheva, en Israel. Foto/ Facebook Israel Antiquities Authority

    Un nuevo estudio arqueológico muestra que hace unos 6.500 años Israel ya era una nación en marcha con un centro de I + D en metalurgia en Horvat Beter, Beersheba. Las excavaciones de rescate en la capital del desierto de Negev, realizadas en 2017, han puesto de relieve la existencia de talleres con hornos de fundición de cobre de 6.500 años de antigüedad (la evidencia más antigua) en lugar de simples y pequeños crisoles portátiles.

    “Esta era una alta tecnología para la época, no la había más sofisticada”, dice el profesor Erez Ben-Yosef, de la Universidad de Tel Aviv. "El paso del crisol al horno representó un avance tecnológico de vanguardia".

    La metalurgia surgió en el Levante meridional durante la segunda mitad del V milenio a.C. Según Ben-Yosef, el hallazgo realizado cerca de Beersheba indica una gran evolución tecnológica, que va desde el método anterior de fundición de mineral mediante pequeños crisoles de cerámica hasta estos grandes hornos enterrados y recién descubiertos.

    El profesor Erez Ben-Yosef en su laboratorio de la Universidad de Tel Aviv.

    "Tal innovación permitió un proceso de fundición en dos pasos (fundición primaria en horno seguida de fusión/refinación en crisoles) en los talleres industriales descubiertos en varios asentamientos del área de Beersheba. Estos talleres estaban a cargo de artesanos altamente especializados que producían lingotes de cobre puro y algunos objetos ceremoniales", dice Ben-Yosef.

    "No hay duda de que el antiguo emplazamiento de Beersheba jugó un papel muy importante en el avance de la revolución mundial del metal, y, por tanto, la ciudad fue en el V milenio a. C. una potencia tecnológica en toda esta región", dice Ben-Yosef en un comunicado de prensa de la Universidad de Tel Aviv.

    Los hallazgos realizados fueron publicados en el estudio "Encendiendo el horno: nuevos conocimientos sobre las prácticas metalúrgicas durante el Calcolítico en el sur del Levante a partir de un taller de fundición de cobre recientemente descubierto en Horvat Beter (Israel)", y publicado en Journal of Archaeological Science: Reports.

    El yacimiento de Horvat Beter fue excavado antes de que se expandiera una zona de viviendas en Beersheba. “Los sorprendentes hallazgos incluyen un pequeño taller para fundir cobre con restos de un horno, una pequeña instalación hecha de estaño en la que se fundía mineral de cobre, así como una gran cantidad de escoria”, detalla Talia Abulafia, directora de la excavación en nombre de la Autoridad de Antigüedades de Israel.

    Talia Abulafia, directora de excavaciones de la Autoridad de Antigüedades de Israel. Emil Aladjem.

    El asentamiento de Horvat Beter se identifica con la cultura Ghassuliana del período Calcolítico, la cual es conocida por su fina y elaborada cerámica. Allí, el mineral de cobre en bruto se obtenía a 100 kilómetros de distancia, en Wadi Faynan (un lugar rico en minerales en Jordania), y era refinado mediante un proceso que Ben-Yosef llama "mágico".

    "No consistía en arrojar, sin más, este mineral verde al fuego y esperar a que se convirtiera en cobre", explica Ben-Yosef a The Times of Israel. "La producción del mismo requería de un conocimiento sofisticado sobre el control de la temperatura, la mezcla de minerales y de muchos otros parámetros. El resultado final era como si fuera algo mágico: tomas una piedra y la conviertes en este maravilloso material brillante”, dice.

    El estudio incluyó un análisis de los elementos de las cerámicas y la escoria realizado principalmente con un instrumento portátil de fluorescencia de rayos X, según el artículo publicado. El equipo estudió 14 fragmentos de crisol, 18 presuntos fragmentos de un horno y 26 piezas de escoria.

    “Nuestros resultados demuestran claramente que el taller metalúrgico de Horvat Beter se dedicó únicamente a la fundición del cobre”, escriben los autores. Dicho estudio fue realizado por Ben-Yosef, Dana Ackerfeld y Omri Yagel, del Departamento de Arqueología y Civilizaciones del Antiguo Cercano Oriente Jacob M. Alkow, en la Universidad de Tel Aviv, junto con Talia Abulafia, de la Autoridad de Antigüedades de Israel, el Dr. Yael Abadi-Reiss, el profesor Dmitry Yegorov y el Dr. Yehudit Harlavan, del Servicio Geológico de Israel.

    Escoria de cobre encontrada en la excavación de Neveh Noy en Beersheba. (Anat Rasiuk / Autoridad de Antigüedades de Israel).

    Un mago nunca habla

    Las perlas de cobre y el uso del mineral de cobre como pigmento precedieron a su uso como metal purificado, cuya fabricación era "mágica". Ben-Yosef cree que los artesanos de Beersheba operaban en grupos similares a los gremios, los cuales guardaban cuidadosamente los secretos de sus talleres. Él cree que los artesanos eran un segmento de élite de la incipiente jerarquía social.

    Había cierta diferencia entre los diferentes talleres de la zona: “Los distintos tamaños de los crisoles indican competencia entre los mismos, intentos de exploración tecnológica”, escriben los autores. Según el comunicado de prensa de TAU, "Un análisis químico de los restos indica que cada taller tenía su propia 'receta' especial, que no compartía con sus competidores".

    Los artesanos comerciaban con las personas que vivían en el área jordana de las minas de cobre, a unos 100 kilómetros de distancia, a fin de obtener el mineral. Después de purificarlo en lingotes, es probable que el metal se llevara a otro lugar para moldearlo en objetos ceremoniales.

    Ben-Yosef dijo que la innovación tecnológica del horno se basó en el trabajo científico y la experiencia de los artesanos en la fundición de cobre. Durante los últimos veranos, estudiantes de posgrado han intentado reconstruir hornos como los de Beersheba con el fin de replicar el antiguo modo de producción de cobre.

    Experimento de la Universidad de Tel Aviv para recrear la tecnología de fundición de cobre de hace 6.500 años en Beersheba, 25 de junio de 2020 (Proyecto del Valle de Timna Central)

    "En el mes de junio pasado, en medio de los bloqueos derivados por la pandemia del coronavirus, el equipo finalmente pudo, tras varios intentos, producir cobre con las metodologías utilizadas en Beersheba", señala Ben-Yosef.

    Él mismo se maravilla de la capacidad que tenían los artesanos de Beersheba para producir el metal sin ayuda de conocimientos químicos o de herramientas modernas de medición. A este respecto, dijo que probablemente usaron "otras pistas", como el cambio en los colores de las llamas para saber cuándo se alcanzaba la temperatura perfecta.

    “Lo que hacemos en nuestro laboratorio de Tel Aviv es tratar de obtener una imagen detallada de los cambios producidos a través del tiempo, cómo se sucedieron los mismos y cómo llegamos a tener nuevas ideas, todo lo cual sigue siendo relevante hoy en día”, explica Ben-Yosef. En este sentido, añadió que su laboratorio invierte muchos recursos en replicar metodologías del pasado.

    “Ahora bien, a pesar de que lees artículos de investigación y crees que lo sabes casi todo, en una experiencia en tiempo real descubres que resulta muy diferente hacerlo”, y agregó que la metalurgia era la tecnología más exigente en aquella época.

    La curiosidad pudo haber matado al gato, pero nos proporcionó un buen cobre

    Ben-Yosef dice que, en contra de la opinión común, que mantiene que la innovación tecnológica es consecuencia de una necesidad y encontrar la forma de satisfacerla, es poco probable que los lingotes de cobre puro de Beersheba, así como los objetos hechos con ellos, se hayan empleado de manera utilitaria. El metal puro de cobre era demasiado blando y demasiado raro como para haber sido utilizado en la vida cotidiana, por ejemplo, hacer cuencos donde simplemente poner comida en la mesa.

    Incluso los artículos de cobre puro que parecen "utilitarios" probablemente no lo eran. En el estudio, los investigadores examinaron las hachas y azuelas de cobre puro en busca de desgaste, pero sus bordes limpios indican que nunca se usaron.

    Taller de fundición de cobre de hace 6.500 años en el barrio Neveh Noy de Beersheba. (Talia Abulafia / Autoridad de Antigüedades de Israel).

    Ben-Yosef cree que los prístinos objetos "utilitarios" eran imitaciones de las herramientas de piedra que todavía se usaban comúnmente durante esta época. Estas imitaciones se habrían utilizado en ceremonias o para exhibirlas como símbolos de estatus social (los ejemplos más famosos de estos objetos ceremoniales se encontraron en 1960, cuando se descubrió un gran tesoro de unos 400 objetos de metal en la cueva de Nahal Mishmar, en el desierto de Judea, y que se halla en exhibición permanente en el Museo de Israel de Jerusalén).

    “Yo encuentro todo esto bastante fascinante. La gente siempre piensa que la innovación viene por una necesidad, por ejemplo, crear herramientas para la agricultura o armas para ganar una guerra, pero aquí tenemos inventos tecnológicos relacionados con la curiosidad humana”, afirma.

    "La noción de que 'algunas sociedades permitían a la gente ensayar con determinados materiales y encontrar cosas nuevas sin la presión de poner comida en la mesa' crea una imagen más matizada de estas sociedades antiguas, con resonancias que van mucho más allá del estudio científico de la fundición de cobre".

    “La gente del pasado no era tan diferente de la actual, y lo vemos en la evolución tecnológica del metal”, concluye Ben-Yosef.

    Fuente: timesofisrael.com | 4 de octubre de 2020

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