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El hallazgo de restos cerámicos de más de 2.000 años de antigüedad cuestiona que aborígenes australianos aprendieran alfarería tras la llegada de los colonos europeos

Selección de restos cerámicos hallados en la isla de Jgurru / isla Lagarto.

El descubrimiento de la cerámica más antigua jamás encontrada en Australia, en Jiigurru / Isla Lagarto, frente a la costa de Queensland, desafía la idea de que las comunidades aborígenes australianas desconocían la fabricación de cerámica antes de la colonización europea.

Sean Ulm (izquierda), profesor de la Universidad James Cook, e investigador jefe del Centro de Excelencia para la Biodiversidad y el Patrimonio Australiano del Consejo Australiano de Investigación (CABAH), dijo: "Las cerámicas fueron descubiertas en una excavación arqueológica realizada en Jiigurru por el CABAH en asociación con las comunidades aborígenes Dingaal y Ngurrumungu, para las cuales Jiigurru tiene una fuerte importancia cultural.

“Los arqueólogos excavaron un basurero de 2,4 metros de profundidad en Jiigurru durante un período de dos años para descubrir evidencias de ocupación, como restos de mariscos y peces recolectados y consumidos por la gente de la isla, que tienen más de 6.000 años.

"A menos de un metro bajo la superficie, el equipo encontró docenas de fragmentos de cerámica que tienen entre 2.000 y 3.000 años de antigüedad, y es, por tanto, la cerámica más antigua jamás descubierta en Australia" .

El profesor Ulm dijo que el descubrimiento, publicado en Quaternary Science Reviews, desafía las nociones previas de que las comunidades aborígenes australianas desconocían la fabricación de cerámica antes de la colonización europea, sugiriendo en cambio una rica historia de intercambios culturales a larga distancia e innovación tecnológica mucho antes de la llegada británica.

El sitio de excavación en isla de Jiigurru (Isla Lagarto).

“El análisis geológico de la cerámica indica que se produjo localmente utilizando arcillas y temples procedentes de Jiigurru. La edad de la cerámica se superpone con un período en el que se sabía que el pueblo lapita del sur de Papúa Nueva Guinea producía cerámica”, dijo el profesor Ulm.

Kenneth McLean (derecha), miembro del clan Dingaal y presidente de la Corporación Aborigen Walmbaar, declaró: “Trabajar en colaboración arqueólogos y propietarios tradicionales del país es algo que nunca antes se había hecho con mi gente, la cual no solo ha compartido cada uno su historia personal, sino también colaborado desde el punto de vista arqueológico con la historia de nuestro antiguo pueblo, lo que ha proporcionado un buen resultado. Resulta claro que podemos cuidar el país juntos”.

El miembro de la comunidad Ngurrumungu, Brian Cobus (izquierda), dijo: “Cada conocimiento que adquirimos nos ayuda a contar la historia del país. Proyectos de investigación como este nos ayudan a todos a comprender mejor el país y a comprender cómo cuidarlo”.

El profesor Ulm señala que el descubrimiento revela que las comunidades aborígenes del norte de Queensland tenían conexiones con las comunidades alfareras de Nueva Guinea.

"El descubrimiento nos brinda información sobre las sofisticadas capacidades marítimas de las comunidades de las primeras naciones de esta región, y estos restos cerámicos son cruciales para comprender los intercambios culturales que ocurrieron en Jiigurru hace miles de años", subraya el profesor Ulm.

Un escáner láser terrestre en acción en la isla Jiigurru/Isla Lagarto. Crédito: Ian McNiven

“Creemos que los antepasados ​​de los propietarios tradicionales participaban en un sistema comercial muy extendido. Es decir, comerciaban con tecnología, bienes e ideas, sabían cómo hacer cerámica y la hacían localmente”.

El investigador jefe de el CABAH, el profesor Ian McNiven (derecha), de la Universidad de Monash, dijo que "las evidencias apuntan a una historia de conexiones profundas a través del Mar del Coral, facilitadas por tecnología avanzada de viajes en canoa y habilidades de navegación en mar abierto, lo que contradice la noción obsoleta del aislamiento indígena.

Estos hallazgos no sólo abren un nuevo capítulo en la arqueología australiana, melanesia y del Pacífico, sino que también desafían los estereotipos colonialistas al resaltar la complejidad y la innovación de las comunidades aborígenes. El descubrimiento de restos cerámicos añade una nueva capa a nuestra comprensión del papel de la comunidad de los Jiigurru y los australianos indígenas en la red más amplia de intercambio marítimo e interacción cultural a través del Mar del Coral".

Según el profesor McNiven, la isla de Jiigurru marca el límite sur de antiguas redes marítimas internacionales que unían el este del norte de Queensland, el sur de Nueva Guinea y el Estrecho de Torres, formando la 'Esfera de Interacción Cultural del Mar del Coral'.

Conexiones culturales a través del Mar del Coral. Ulm et al. Quaternary Science Review, 2024.

“Estas redes facilitaron el intercambio de objetos e ideas entre las comunidades costeras de Australia y Nueva Guinea durante los últimos 3.000 años. Mientras que algunos objetos, como los adornos corporales de conchas cónicas y las pipas de bambú, indican un intercambio generalizado de cultura e ideas, otros, como la cerámica, también sugieren el intercambio de tecnología”, concluye el profesor McNiven.

Notas adicionales

La investigación de el CABAH, realizada en colaboración con las comunidades aborígenes Dingaal y Ngurrumungu, formó la base de la exposición del Museo de Queensland Conexiones a través del Mar del Coral: una historia de movimiento. Lea más aquí al respecto, y explore en un recorrido virtual la exposición aquí y explore los objetos de la exposición en este enlace.

Esta investigación fue realizada por el Centro de Excelencia para la Biodiversidad y el Patrimonio Australiano del Consejo Australiano de Investigación (número de proyecto CE170100015) con las comunidades aborígenes Dingaal y Ngurrumungu como socios. El equipo de investigación está compuesto por 40 investigadores de 26 instituciones y está dirigido por los investigadores jefes del CABAH, el distinguido profesor Sean Ulm (Universidad James Cook) y el profesor Ian McNiven (Universidad de Monash).

Fuentes: James Cook University | sciencealert.com | 10 de abril de 2024

Ötzi, el 'Hombre de Hielo', utilizó una técnica sorprendentemente moderna para hacer sus tatuajes hace 5.300 años

Recreación de cómo pudo haber sido el aspecto de Ötzi, el hombre del hielo. South Tyrol Museum of Archaeology / Ochsenreiter

Cuando en el mes de septiembre del año 1991 Helmut y Erika Simon, un par de experimentados montañeros alemanes, se toparon con lo que parecían la cabeza y los hombros de un cadáver humano, mientras iniciaban el complicado descenso desde los Alpes de Ötztal, a 3.600 metros de altitud, no podían imaginar que, en realidad, acababan de descubrir el cuerpo de un ser humano que murió cinco mil años atrás, hacia 3.255 a.C.

El cadáver localizado pertenecía a un varón que fue bautizado por los expertos como Ötzi en referencia al lugar en el que había sido encontrado, el recóndito rincón de los Alpes que fue su lugar de reposo durante cinco milenios. Trasladado para su estudio al Museo de Arqueología del Tirol del Sur, en la ciudad italiana de Bolzano, las sucesivas pruebas forenses llevadas a cabo sobre el también conocido como 'Hombre del Hielo' no han dejado de proporcionar informaciones sorprendentes.

Esto muestra al coautor Danny Riday tatuándose su propia pierna usando un punzón hecho con hueso de un venado de cola blanca. Las comparaciones indican que esta fue la técnica utilizada para los 61 tatuajes de Otzi. (Crédito de la imagen: Danny Riday).

Los primeros estudios revelaron, entre otras cosas, que en el momento de su muerte Ötzi tenía cuatro costillas rotas y un corte en la mano derecha que estaba empezando a cicatrizar. Pero, tal vez, uno de los aspectos que más llamaron la atención de los investigadores fue la gran cantidad de tatuajes que lucía su cuerpo, concretamente 61. Hasta ahora se creía que estos tatuajes se habían realizado mediante pequeños cortes en la piel que más tarde se frotaban con hollín, pero ahora un nuevo estudio propone otra explicación.

Esto muestra a Danny Riday tatuándose su propia pierna usando una aguja hecha de un hueso de alcatraz (pájaro) para tirar de un hilo con pigmento debajo de la piel. Esta técnica fue utilizada comúnmente por los inuit y la gente del extremo sur de América del Sur. (Crédito de la imagen: Danny Riday).

TÉCNICAS "MODERNAS"

Según Aaron Deter-Wolf (izquierda), un experto en tatuajes antiguos que trabaja para el Departamento de Medio Ambiente y Conservación de Tennessee, y que es uno de los autores del estudio, publicado en European Journal of Archaeology, los tatuajes de Ötzi se habrían realizado con algún tipo de punzón o aguja muy similares a los que se emplean en la actualidad. "Pinchar implica perforar la piel con un punzón o una aguja y tiene algunas similitudes con los artilugios de tatuar modernos", comenta el investigador.

En el estudio se han comparado los tatuajes de Ötzi con los tatuajes modernos hechos en piel humana que un grupo de investigadores hicieron en 2022 como parte de un estudio que tenía como objetivo analizar las técnicas de tatuaje premodernas. Entre ellos se incluyen tatuajes realizados con incisiones, golpeando puntos con un mazo (tradicionalmente utilizados en toda la región del Pacífico) y subdérmicos, que pueden utilizar un hilo pigmentado para "coser" la piel y que han sido tradicionalmente elaborados por los pueblos inuit.

La pierna de Danny Riday tatuada por otro tatuador usando un peine de colmillo de jabalí; ésta es la técnica utilizada tradicionalmente en Austronesia.(Crédito de la imagen: Aaron Deter-Wolf, Danny Riday).

SIN CORTES

Para llevar a cabo el estudio de 2022, el tatuador neozelandés Danny Riday (derecha), que también ha participado en el estudio actual, se tatuó la pierna utilizando una gran variedad de herramientas y técnicas: agujas de hueso para tatuajes subdérmicos, la punta de una fina lasca de obsidiana para realizar tatuajes por punción e incisión, y punzones de cobre y hueso de una sola punta para tatuar mediante punciones. Posteriormente, los tatuajes se documentaron con un microscopio digital para examinar el proceso de cicatrización y así poder compararlos con los tatuajes cicatrizados de Ötzi.

Finalmente, los análisis revelaron que ninguno de los tatuajes de Ötzi se hizo mediante incisiones, ya que forman líneas estrechas en los extremos donde la piel empieza a cicatrizarse. Sin embargo, sí coincidían con "los realizados con un punzón (una herramienta para perforar agujeros en el cuero, generalmente un poco más grandes que los agujeros hechos por una aguja) en los que un pigmento (hollín negro, en el caso de Ötzi) se retiene dentro de las diminutas perforaciones de la piel", ha explicado Deter-Wolf.

Los investigadores sugieren que los tatuajes de Ötzi fueron realizados con un punzón de hueso similar a este, encontrado cerca de su cuerpo. Aaron Deter-Wolf et al.

Dibujo que muestra la localización de los tatuajes encontrados en el cuerpo de Ötzi. South Tyrol Museum of Archaeology/Ochsenreiter

¿CARENTES DE SIMBOLOGÍA?

En cuanto a su significado, según el experto, a diferencia de los tatuajes observados en las momias peruanas o escitas, los tatuajes de Ötzi carecen de simbolismo e, incluso, según estudios anteriores, muchos de los tatuajes de Ötzi podrían haber sido sido realizados con fines terapéuticos, para tratar algún tipo de herida. En realidad, todos ellos, a excepción de uno que representa un brazalete en su muñeca izquierda, no habrían sido visibles.

Esto muestra a Danny Riday tatuándose su propia pierna usando una hojuela de obsidiana para hacerle un corte o una incisión antes de frotarla con pigmento. Así es como algunos estudios anteriores habían sugerido que se hizo los tatuajes Otzi, pero el último estudio indica que este no parece ser el caso.(Crédito de la imagen: Aaron Deter-Wolf, Danny Riday)

Por su parte, Marco Samadelli (izquierda), que estudia los restos de Ötzi en el Instituto para Estudios de Momias en Bolzano, pero que no ha participado en esta última investigación, ha declarado que "el nuevo estudio es de un alto nivel científico, y aunque los autores no afirman con absoluta certeza que la técnica utilizada en Özi fuera la del tatuaje por punción con un instrumento de una sola punta, dan explicaciones extensas y plausibles al respecto".

Samadelli, que está de acuerdo en que la mayoría de los tatuajes de Ötzi se realizaron con fines terapéuticos, afirma también que "el hecho de que no todos los tatuajes estén colocados en lugares de heridas o enfermedades no significa que deban tener un significado simbólico, sino que su correlación probablemente aún no ha sido identificada", concluye el experto.

Fuentes: nationalgeographic.com.es | livescience.com | 3 de abril de 2024

¿Por qué los humanos modernos reemplazaron a los neandertales? La clave podría estar en nuestras estructuras sociales

Arte rupestre que muestra una danza ritual de cazadores-recolectores; Kondoa, Tanzania. Nick Longrich.

¿Por qué los humanos modernos se apoderaron del mundo mientras nuestros parientes más cercanos, los neandertales se extinguieron? Es posible que simplemente ocurrió porque eramos más inteligentes, pero sorprendentemente hay poca evidencia de que ello sea cierto.

Los neandertales tenían grandes cerebros, lenguaje y herramientas sofisticadas. Realizaron manifestaciones artística y adornos corporales. Fueron inteligentes y sugirieron una curiosa posibilidad. Quizás las diferencias cruciales no estaban a nivel individual, sino en nuestras sociedades.

Hace 250.000 años, Europa y Asia occidental eran tierras de neandertales. El Homo sapiens habitó el sur de África. Las estimaciones varían, pero quizás hace 100.000 años, los humanos modernos emigraron fuera de África. Pero Hace 40.000 años los neandertales desaparecieron de Asia y Europa, siendo reemplazados por los humanos modernos. Su lento e inevitable reemplazo sugiere que los humanos tenían alguna ventaja, pero no fácil saber cuál era.

Los antropólogos alguna vez vieron a los neandertales como brutos tontos. Pero recientes hallazgos arqueológicos muestran que rivalizan con nosotros en inteligencia. Los neandertales dominaron el fuego antes que lo hiciera el Homo sapiens. Eran cazadores mortales, realizaban caza mayor como mamuts y rinocerontes lanudos, y animales pequeños como conejos y pájaros. Recogían plantas, semillas y capturaban mariscos. Cazar y buscar alimento de todas esas especies exigía un conocimiento profundo de la naturaleza.

Los neandertales también tenían un sentido de la belleza, fabricaban cuentas y realizaban pinturas rupestres. Eran personas espirituales que enterraban a sus muertos con flores. Los círculos de piedra encontrados dentro de las cuevas pueden ser santuarios neandertales. Y, al igual que los cazadores-recolectores modernos, la vida de los neandertales probablemente estuvo impregnada de superstición y magia; sus cielos llenos de dioses y las cuevas habitadas por espíritus ancestrales.

Luego está el hecho de que el Homo sapiens y los neandertales tuvieron hijos juntos. No éramos tan diferentes. Pero nos encontramos con los neandertales muchas veces, durante muchos milenios, y siempre con el mismo resultado. Ellos desaparecieron y nosotros nos quedamos.

Hachas de mano de neandertales, Aisne, Francia. Museo Metropolitano de Arte

La sociedad cazadora-recolectora

Puede ser que las diferencias clave fueran menos a nivel individual que a nivel social. Es imposible entender a los humanos de forma aislada, como tampoco se puede entender a una abeja sin considerar su colonia. Valoramos nuestra individualidad, pero nuestra supervivencia está ligada a grupos sociales más grandes, como el destino de una abeja depende de la supervivencia de la colonia.

Los cazadores-recolectores modernos proporcionan nuestra mejor suposición sobre cómo vivieron los primeros humanos y neandertales. Personas como los Khoisan de Namibia y los Hadzabe de Tanzania reúnen a sus familias en grupos errantes de entre diez y sesenta personas. Las bandas se combinan en una tribu poco organizada de mil personas o más.

Estas tribus carecen de estructuras jerárquicas, pero están unidas por un idioma y una religión compartidos, matrimonios, parentescos y amistades. Las sociedades neandertales pueden haber sido similares, pero con una diferencia crucial: grupos sociales más pequeños.

Los neandertales vivían en grupos más pequeños. Esteban De Armas/Shutterstock

Tribus muy unidas

Lo que apunta a esto es la evidencia de que los neandertales tenían una menor diversidad genética.

En poblaciones pequeñas, los genes se pierden fácilmente. Si una persona de cada diez es portadora del gen del pelo rizado, entonces, en un grupo de diez personas, una muerte podría eliminar ese gen de la población. En un grupo de cincuenta, cinco personas portarían el gen: múltiples copias de seguridad. Entonces, con el tiempo, los grupos pequeños tienden a perder variación genética y terminan con menos genes.

En 2022, se recuperó ADN de huesos y dientes de 11 neandertales encontrados en una cueva en las montañas de Altai, en Siberia. Varios individuos estaban relacionados, entre ellos un padre y una hija; eran de una sola banda. Y mostraron una baja diversidad genética.

Como heredamos dos conjuntos de cromosomas (uno de nuestra madre y otro de nuestro padre), portamos dos copias de cada gen. A menudo tenemos dos versiones diferentes de un gen. Es posible que obtengas un gen para los ojos azules de tu madre y uno para los ojos marrones de tu padre.

Pero los neandertales de Altai a menudo tenían una sola versión de cada gen. Como informa el estudio, esa baja diversidad sugiere que vivían en grupos pequeños, probablemente con un promedio de sólo unas 20 personas.

Es posible que la anatomía neandertal favoreciera a los grupos pequeños. Al ser robustos y musculosos, los neandertales eran más pesados ​​que nosotros. Así que cada neandertal necesitaba más alimento, lo que significaba que el medio ecológico en que se desenvolvían solo podía sustentar a menos neandertales que a Homo sapiens.

Y es posible que los neandertales comieran principalmente carne. Los sujetos carnívoros obtendrían menos calorías de la tierra que las personas que comieran carne y plantas, lo que nuevamente conduciría a poblaciones más pequeñas.

La ley de Metcalfe. Nick Longrich.

El tamaño del grupo importa

Si los humanos modernos vivíamos en grupos más grandes que los neandertales esto nos habría aportado ventajas.

Los neandertales, fuertes y hábiles con las lanzas, probablemente eran buenos luchadores. Los humanos modernos, de complexión ligera probablemente, contrarrestaron dicha circunstancia usando arcos para atacar a distancia.

Pero incluso si los neandertales y los humanos modernos fueran igualmente peligrosos en la batalla, si los humanos también tuvieran una ventaja numérica podrían traer más combatientes y absorber más pérdidas en la lucha.

Las grandes sociedades tienen otras ventajas más sutiles. Las bandas más grandes tienen más cerebros. Es decor, más cerebros para resolver problemas, recordar tradiciones sobre animales y plantas, y técnicas para fabricar herramientas y coser vestimentas. Así como los grupos grandes tienen una mayor diversidad genética, tendrán también una mayor diversidad de ideas.

Y más gente significa más conexiones. Las conexiones de red aumentan exponencialmente con el tamaño de la red, siguiendo la Ley de Metcalfe. Una banda de 20 personas tiene 190 conexiones posibles entre sus miembros, mientras que una banda de 60 personas tiene 1770 conexiones posibles.

La información fluye a través de estas conexiones: noticias sobre personas y movimientos de animales; técnicas de fabricación de herramientas; y palabras, canciones y mitos. Además, el comportamiento del grupo se vuelve cada vez más complejo.

Consideremos las hormigas. Individualmente, las hormigas no son inteligentes. Pero las interacciones entre millones de hormigas permiten a las colonias construir nidos elaborados, buscar comida y matar animales muchas veces más grandes que una hormiga. Del mismo modo, los grupos humanos hacen cosas que ninguna persona puede hacer: diseñar edificios y automóviles, escribir elaborados programas informáticos, librar guerras, dirigir empresas y países.

Los humanos no son los únicos que tienen cerebros grandes (las ballenas y los elefantes los tienen) o que tienen grandes grupos sociales (las cebras y los ñus forman enormes manadas). Pero somos únicos al combinarlos.

Parafraseando al poeta John Dunne, ningún hombre –ni ningún neandertal– es una isla. Todos somos parte de algo más grande. Y a lo largo de la historia, los humanos formaron grupos sociales cada vez más grandes: bandas, tribus, ciudades, estados nacionales, alianzas internacionales.

Puede ser entonces que la capacidad de construir grandes estructuras sociales le diera al Homo sapiens una ventaja frente a la naturaleza y otras especies de homínidos.

Fuente: theconversation.com | 26 de marzo de 2024

Por

Profesor titular de Paleontología y Biología Evolutiva, Ciencias de la Vida en la Universidad de Bath, Universidad de Bath

Vinculan a los esquivos denisovanos de Altai (Siberia) con el 'Homo longi', de hace 150.000 años hallado en China

Foto: Reconstrucción del rostro de 'Homo longi'. Tenía el cráneo más grandes de todos los homínidos. Su enorme tamaño podría explicarse como una consecuencia para poder adaptarse y sobrevivir a las gélidas temperaturas de Harbin. Imagen: Ciceron Moraes.

Siguen siendo uno de los grupos de humanos más esquivos que han caminado sobre la Tierra. La evidencia de los rastros de ADN dejados por los denisovanos muestra que vivieron en la meseta tibetana, probablemente viajaron a Filipinas y Laos en el sur de Asia y podrían haber llegado al norte de China hace más de 100.000 años. También se cruzaron con los humanos modernos.

Sin embargo, el aspecto de los denisovanos, o cómo vivían, sigue siendo un misterio. Sólo un fragmento de mandíbula, algunos trozos de hueso y uno o dos dientes proporcionan alguna evidencia de sus características físicas. Su ADN, que se encontró por primera vez en muestras halladas en la cueva de Denísova, en Siberia, en 2010, proporciona la mayor parte de nuestra información sobre su existencia.

Pero recientemente los científicos han identificado un fuerte candidato a la especie a la que podrían haber pertenecido los denisovanos. Este es el Homo longi – o “hombre dragón” – de Harbin, en el noreste de China. Este fósil clave está formado por un cráneo casi completo con un cráneo tan grande como el de un humano moderno y una cara plana con pómulos delicados. La datación sugiere que tiene al menos 150.000 años.

"Ahora creemos que los denisovanos eran miembros de la especie 'Homo longi'", dijo la semana pasada el profesor Xijun Ni (izquierda), de la Academia China de Ciencias en Beijing. "Este último se caracteriza por una nariz ancha, cejas gruesas sobre los ojos y cuencas dentales grandes".

El posible vínculo de los denisovanos con el Homo longi es uno de los varios descubrimientos recientes de los investigadores que trabajan con estos humanos con quienes el Homo sapiens compartió el planeta durante cientos de miles de años. Incluso se piensa que podrían haber jugado un papel clave en nuestra propia evolución.

Científicos del Tíbet han descubierto un gen denisovano en la población local, resultado del cruce entre las dos especies en un pasado lejano. Fundamentalmente, se ha demostrado que este gen ayuda a los hombres y mujeres modernos a sobrevivir en altitudes elevadas.

Además, también se ha encontrado evidencias que respaldan el vínculo denisovanos-Homo longi hasta la meseta tibetana, donde los científicos comenzaron a estudiar una mandíbula encontrada inicialmente en una cueva remota a 3.000 metros sobre el nivel del mar por un monje budista, que la conservaba. como una reliquia.

Recreación artística de la especie 'Homo Longi', descrita a partir del cráneo de Harbin hallado en China. Chuang Zhao.

Se descubrió que el hueso no provenía de un humano moderno. Pero sólo cuando los investigadores comenzaron a estudiar la cueva donde se había descubierto originalmente la mandíbula hallaron que sus sedimentos eran ricos en ADN denisovano. Además, se descubrió que el fósil contenía proteínas que indicaban orígenes denisovanos.

"Era la primera vez que se hacía un hallazgo de un fósil denisovano fuera de Siberia y eso era muy importante", dice Janet Kelso (derecha), del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania. “Igualmente intrigante fue el hecho de que la mandíbula tiene dientes similares a los encontrados en el 'Homo longi' . Así que creo que la evidencia sugiere un vínculo estrecho entre el cráneo de 'Homo longi' y los denisovanos”.

Esta opinión fue respaldada por el profesor Chris Stringer (izquierda), del Museo de Historia Natural de Londres. “Las evidencias respaldan la idea de que los denisovanos eran miembros de la especie 'Homo longi', pero aún nos faltan pruebas absolutas. Sin embargo, creo que eso llegará con el tiempo”.

"Un gran problema para los investigadores ha sido el hecho de que todavía no se ha encontrado ADN en fósiles chinos como el 'Homo longi'", añade Stringer. “Sus genes no han sobrevivido al paso del tiempo. Sin embargo, el uso de técnicas de proteómica puede proporcionar nuevos datos clave al respecto. Estos se centran en las proteínas de un fósil, que sobreviven mucho más tiempo que su ADN y podrían decirnos mucho más sobre esta especie”.

Foto: El cráneo hallado en Harbin (China) perteneciente al denominado 'Homo longi' (Hombre dragón). CELL

Investigaciones recientes también sugieren que los denisovanos podrían haber desempeñado un papel clave en la evolución de nuestra propia especie. El impacto del gen denisovano EPAS1, que se encuentra hoy en los tibetanos y les permite adaptarse a las grandes alturas, es un ejemplo. Pero también se ha encontrado ADN denisovano en otras poblaciones modernas, incluidas personas de Nueva Guinea, el norte de Australia y Filipinas, y parece haberles ayudado a combatir infecciones causadas por enfermedades como la malaria.

Los denisovanos se asentaron en áreas que cubrían una geografía muy variada, dijo Stringer. “Algunas eran calurosas y bajas, otras frías y montañosas. Representaban hábitats muy diversos, desde la meseta tibetana hasta islas como Sulawesi, en Indonesia”.

Por el contrario, los neandertales, el tercer gran grupo de humanos que evolucionó durante los últimos cientos de miles de años, se limitaron a los climas más fríos de una región que se extendía hacia el este, desde Europa hasta el sur de Siberia.

No se expandieron desde este entorno relativamente uniforme. Entonces, ¿la rica variedad de tierras adoptadas por los denisovanos es una señal de que eran capaces de tener un comportamiento mucho más diverso y adaptativo que los neandertales?, se preguntan ahora los científicos?

El Homo sapiens también parece haberse cruzado con los denisovanos en más de una ocasión. "De hecho, existe buena evidencia de que algunos humanos modernos se cruzaron con los denisovanos genéticamente distintos en múltiples ocasiones", dijo Kelso. "Esto sugiere que los dos grupos coexistieron durante un tiempo prolongado, y algunos estudios sugieren un último contacto hace tan sólo 25.000 años".

Lo más importante es que en aquella época los neandertales ya estaban extintos.

La investigación llevada a cabo por los arqueólogos Ni y Stringer también sugiere que de los tres grupos principales de humanos que evolucionaron en esta época, el Homo sapiens y el grupo Homo longi fueron los últimos en divergir en diferentes vías evolutivas, posiblemente hace un millón de años, con los neandertales. ramificándose incluso antes.

Sin embargo, Stringer asevera: "Los análisis de ADN han sugerido fechas de divergencia más recientes, siendo el 'Homo sapiens' el primero en separarse, por lo que esta es una cuestión crucial para futuras investigaciones".

"La frecuencia con la que nuestros caminos se cruzaron después de esa separación también es ahora un tema de intenso interés científico", añadió. "Tenemos mucho que aprender", concluye Stringer.

Fuente: theguardian.com | 30 de marzo de 2024

La meseta persa se revela como un centro crucial en la migración humana temprana fuera de África

La meseta persa, el lugar más probable donde vivieron los antepasados ​​de todos los no africanos actuales durante los 20.000 años que siguieron a su migración fuera de África. Un periodo en el que también mezclaron sus genes con los de los neandertales.

Un nuevo estudio que combina evidencia genética, paleoecológica y arqueológica, ha revelado que la meseta persa es una ubicación geográfica fundamental que sirvió como centro para el Homo sapiens durante las primeras etapas de su migración fuera de África.

Esta revelación arroja nueva luz sobre el complejo viaje de las poblaciones humanas, desafiando la comprensión previa sobre la expansión de nuestra especie en Eurasia. Los antepasados ​​de todos los euroasiáticos, americanos y oceánicos actuales salieron de África hace entre 70.000 y 60.000 años.

Después de llegar a Eurasia, estos primeros colonos permanecieron inactivos durante algunos milenios como una población homogénea, en un área presumiblemente localizada, antes de expandirse fuera de la misma por todo el continente y más allá. Este evento sentó las bases para la divergencia genética entre los europeos actuales y los asiáticos orientales y puede datarse hace unos 45.000 años.

Cueva Pebdeh ubicada en el sur de las montañas Zagros. Pebdeh estuvo ocupada por cazadores-recolectores hace ya 42.000 años. Crédito: Mohammad Javad Shoaee

Por un lado, la dinámica que condujo a una colonización más amplia de Eurasia ya fue reconstruida por algunos de los autores en una publicación anterior de 2022, y se produjo a través de una serie de expansiones cronológica, genética y culturalmente distintas. Por otro lado, el área geográfica donde vivieron los antepasados ​​de todos los no africanos después de su salida de África, y que actuó como “centro” para los movimientos posteriores del Homo sapiens, ha sido objeto de un debate de larga duración, con la mayor parte de Occidente, Asia, el norte de África, el sur de Asia o incluso el sudeste asiático figurando entre los lugares potencialmente adecuados.

El estudio, "La meseta persa sirvió como centro para el 'Homo sapiens' después de la principal dispersión fuera de África", se publicó en Nature Communications y destaca un período crucial entre hace aproximadamente 70.000 y 45.000 años, cuando las poblaciones humanas no se extendieron uniformemente por Eurasia, dejando una brecha en nuestra comprensión de su paradero durante este período de tiempo.

Los hallazgos clave de la investigación incluyen:

1- La meseta persa como centro de asentamientos humanos tempranos: mediante la utilización de un enfoque genético novedoso, combinado con modelos paleoecológicos, el estudio reveló que la meseta persa es la región donde se originaron las oleadas de población que se asentaron en toda Eurasia.

2- Esta región surgió como un hábitat adecuado capaz de sustentar una población mayor en comparación con otras áreas de Asia occidental.

Combinación de análisis paleoecológicos y genéticos. En amarillo claro, dentro del marco negro, se encuentran las ubicaciones geográficas que son supuestas áreas focales de un centro poblacional y áreas habitables previstas. Las áreas se compilan sobre la base de al menos el 90% de los intervalos de tiempo inspeccionados por nuestros análisis paleoclimáticos o aquellos ubicados a lo largo de los ríos principales. En verde están las áreas habitables que podrían haber albergado a la población euroasiática basal.

3- Semejanza genética en poblaciones antiguas y modernas: El componente genético identificado en poblaciones de la meseta persa subraya su diferenciación duradera en el área, compatible con la naturaleza central de la región y es ancestral a los componentes genéticos ya conocidos que habitaron en la meseta persa.

4- Esta firma genética se detectó gracias a un nuevo enfoque que desentraña 40.000 años de mezcla de poblaciones y otros eventos confusos. Esta conexión genética subraya la importancia de la meseta persa como un lugar fundamental para los primeros asentamientos humanos y las migraciones posteriores.

Periferia de la meseta central iraní donde los humanos pueden haberse concentrado durante decenas de miles de años antes de dispersarse a otras partes de Asia. Foto de : Mohammad Javad Shoaee

El coautor del estudio, el profesor Michael Petraglia (izquierda), director del Centro Australiano de Investigación para la Evolución Humana de la Universidad Griffith, proporcionó una imagen mucho más clara de estos primeros movimientos humanos.

"Nuestro estudio multidisciplinario proporciona una visión más coherente del pasado antiguo, ofreciendo información sobre el período crítico entre la expansión Fuera de África y la diferenciación de las poblaciones euroasiáticas", dice el profesor Petraglia. "La meseta persa emerge como una región clave, lo que subraya la necesidad de realizar más exploraciones arqueológicas".

El primer autor, Leonardo Vallini (derecha), de la Universidad de Padua, Italia, dijo: "El descubrimiento aclara una parte de 20.000 años de la historia del 'Homo sapiens' fuera de África, un período de tiempo durante el cual interactuamos con poblaciones de neandertales, y arroja luz sobre las relaciones entre varias poblaciones euroasiáticas, al tiempo que proporciona pistas cruciales para comprender la historia demográfica de nuestra especie en Europa, Asia Oriental y Oceanía".

El autor principal, el profesor Luca Pagani (izquierda) añadió: "La revelación de la meseta persa como un centro de migración humana temprana abre nuevas puertas para la exploración arqueológica, lo que enriquece nuestra comprensión del viaje de nuestra especie a través de los continentes a la vez que destaca el papel fundamental de esta región en la configuración de la historia humana".

Fuentes: Universidad Griffith | eurekalert! | 25 de marzo de 2024

Descubren herramientas líticas del 'Homo sapiens' más antiguo que pobló la península ibérica en Guadalajara

Recreación de 'Homo sapiens'. SHUTTERSTOCK.

En la Serranía de Guadalajara, a una altitud de que supera por poco los 1.000 metros sobre el nivel del mar, se encuentra el municipio de Tamajón, en el que actualmente viven poco más de 100 habitantes, en eso que llaman la España vaciada. Pues bien, en ese mismo lugar es en el que hace más de 27.000 años vivieron los que ahora se ha descubierto fueron los Homo sapiens más antiguos del interior de la península ibérica.

Así lo han demostrado y los resultados de una investigación desarrollada en el yacimiento de Los Enebrales, dentro del término municipal de Tamajón. Allí, desvela a ABC David Álvarez Alonso, uno de los miembros del equipo de investigadores y profesor del departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), han excavado en varios niveles con restos de ocupación que muestran actividad humana (industria lítica y restos de fauna) correspondiente con grupos de cazadores-recolectores del Paleolítico superior (industria lítica y restos de fauna).

«Este estudio aporta nuevos datos sobre el poblamiento humano en una zona que tradicionalmente se ha pensado que estuvo deshabitada durante miles de años, desde la desaparición de los neandertales hasta la expansión del poblamiento por parte de los humanos anatómicamente modernos», destaca David Álvarez Alonso (izquierda), el cual ha participado en este proyecto dirigido por Jesús F. Jordá Pardo (UNED) y Juan Carlos Díez Fernández-Lomana (Universidad de Burgos).

Según explica, «los primeros 'Homo sapiens' en llegar a la Península son bastante anteriores a las fechas obtenidas en Los Enebrales, pero lo que conocemos de esas poblaciones se limita a las zonas periféricas de la Península, fundamentalmente el Cantábrico, la fachada mediterránea y la fachada atlántica. El interior peninsular siempre ha reflejado un aparente vacío entre las últimas ocupaciones neandertales, hace 41.000 años hasta hace unos 25-26.000 años, durante el periodo Solutrense, al que hasta ahora se adscribían las primeras ocupaciones de 'sapiens' en estas zonas interiores peninsulares».

Fotografías y dibujos de una plaqueta decorada hallada en Los Enebrales.

En su opinión, «esto seguramente es debido a un poblamiento de tipo diferente a lo largo de la Península y a cuestiones derivadas de la propia investigación que se ha realizado, y que puede generar vacíos de ocupación sobre los que hay que realizar comprobaciones». Por eso, indica, «los datos obtenidos en Los Enebrales confirman la existencia de un horizonte anterior al periodo Solutrense en el interior peninsular, adscrito al Gravetiense y datado en torno a 27.000, retrasando el comienzo de la primera presencia humana en los territorios interiores hasta ese momento y contribuyendo a ir desterrando poco a poco la idea de un interior peninsular vacío de población».

Restos líticos hallados en Los Enebrales: Buriles (1-3), Rascador (4), Punta gravetiense (5).

En el estudio, apunta Álvarez Alonso, se ha realizado un análisis cronoestratigráfico detallado que, junto con las dataciones realizadas, han servido para contextualizar los restos de fauna, industria lítica y arte mobiliar obtenidos en las excavaciones de los años 90. De este modo, se ha podido obtener una novedosa información acerca del primer poblamiento por parte del Homo sapiens en el interior peninsular. Por ejemplo, los restos de fauna, que proceden del consumo humano, revelan un predominio de equinos, seguidos de ciervos.

Los descubrimientos realizados han sido publicados en Journal of Archaeological Science: Reports, donde aparecen los resultados del análisis de los materiales extraídos del yacimiento ya en los años 90. Sin embargo, la falta de financiación frenó la investigación y ahora, gracias a los resultados de las analíticas de Carbono 14, se ha confirmado la cronología y la antigüedad de las ocupaciones humanas. «Esta publicación es una revista de gran difusión y prestigio, con un proceso de revisión por pares que asegura la calidad del trabajo», subraya el investigador de la UCM, que afirma que «siempre que se publica en medios como este, supone una garantía y un aval para la investigación realizada».

Restos faunísticos de niveles paleolíticos de Los Enebrales. a: dientes premolares de Bos sp.; b molar deciduo de caballo; c: incisivo de caballo; d: primera falange de asno con alteración de fuego; e: astrágalo del cerf; f mamífero de tamaño mediano con diáfisis y marcas de corte; g: retoque óseo en diáfisis: h: cerf metatarso con marcas de corte; i: diáfisis de mamífero de pequeño tamaño con marcas de corte; j: escama de hueso con ocre rojo.

«Este trabajo, junto con otras investigaciones similares en la zona, sirve para poner en relieve la necesidad de intensificar el estudio del territorio interior y la investigación sobre el primer poblamiento humano moderno en la zona. Dicho trabajo, como todas las investigaciones arqueológicas tiene un alto valor patrimonial identificando un yacimiento con evidencias de actividad humana que, actualmente, es único en la zona interior de la península», concluye Álvarez Alonso.

Fuente: abc.es | 23 de marzo de 2024

Material vegetal en herramientas de obsidiana halladas en Rapa Nui sugiere que sus primeros pobladores visitaron América del Sur y regresaron

Sitio de Anakena, tal como luce hoy en día después de las excavaciones y restauración. Crédito: Andrea Seelenfreund, CC BY

Un equipo de arqueólogos afiliados a varias instituciones de Chile informa que los primeros pobladores de la isla de Rapa Nui navegaron hacia América del Sur, interactuaron con las personas que vivían allí y luego regresaron. En su estudio, publicado en PLOS ONE, el grupo analizó el material vegetal encontrado en hojas de obsidiana fabricadas por los primeros pobladores de la isla.

Investigaciones anteriores han demostrado que hubo personas que vivieron en Rapa Nui durante los años 1000 a 1300, aunque aún se desconoce su origen; esos primeros colonos son más famosos por sus gigantescas tallas de piedra de figuras humanas los llamados moái.

Mapa de Isla de Pascua (Rapa Nui) que muestra la ubicación de Anakena y el sitio arqueológico.

En este nuevo estudio, el equipo de investigación encontró evidencia de que algunos de esos primeros colonos navegaron hasta la costa de América del Sur y regresaron. Un viaje de este tipo habría implicado navegar de ida durante 3.700 kilómetros y probablemente habría tardado entre uno y dos meses en llegar, dependiendo del clima.

Investigaciones anteriores han encontrado que la historia oral del pueblo Rapu Nui incluye informes de al menos un viaje realizado por los primeros colonos a América del Sur. En este nuevo esfuerzo, el equipo de investigación dio seguimiento a dichos informes desenterrando y estudiando hojas de obsidiana en un sitio llamado Anakena, el asentamiento más antiguo conocido en la isla. Los investigadores encontraron cantidades muy pequeñas de materia vegetal en 20 hojas de obsidiana, lo que constituye una evidencia clara de que se utilizaban para procesar alimentos de este origen.

Sección transversal longitudinal del perfil de la Zanja C1. Se recuperaron artefactos de la capa marcada en rojo. (Extracto de figura original en Skjølsvold, 1994 reimpreso bajo licencia CC BY, con autorización del Museo Kon Tiki).

Artefactos de obsidiana muestreados para este estudio.

Un análisis de este material vegetal mostró que procedía de la yuca, la batata, el árbol del pan, del ñame morado, del taro, la achira, el jengibre y la manzana de Tahití. De ellos, la manzana de Tahití y el árbol del pan se destacaban, dado que ninguno de los dos crece naturalmente en Rapa Nui, y el jengibre nunca antes se había visto en partes remotas de Oceanía.

La yuca, la batata y la achira también se destacaban, pero por una razón diferente: los tres son alimentos sudamericanos. También notaron que los restos de camote se encontraron en las partes más profundas del sitio de excavación, lo que sugiere que llegaron a la isla durante los primeros años de la colonización de la misma.

Los investigadores concluyen que los primeros colonos Rapu Nui se aventuraron en un viaje Sudamérica y regresaron, y quizás lo realizaron varias veces. Sugieren además que parte de los alimentos que trajeron consigo fueron plantados y utilizados para su cultivo durante los años siguientes.

Fuente: phys.org | 21 de marzo de 2024

Descubren restos neandertales de hace 100.000 años en el yacimiento vasco de Axlor (Vizcaya)

Restos neandertales de hace 100.000 años hallados en el yacimiento de Axlor de Dima (Vizcaya). UC.

Investigadores del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC) han descubierto restos neandertales de hace unos 100.000 años en el yacimiento de Axlor (Dima, Vizcaya), un periodo en el que los vestigios humanos conservados en Europa son especialmente escasos.

"Los restos recuperados en Axlor representan las evidencias más antiguas conocidas en norte de la península ibérica, concretamente piezas dentarias correspondientes a dos niños de entre 10 y 12 años y a un adulto joven", según explicó el director y arqueólogo del IIIPC, Jesús González-Urquijo (izquierda), catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria (UC).

“Los rasgos del individuo adulto muestran las características anatómicas específicas de las poblaciones neandertales de la península ibérica. La dentición comparativamente grácil podría ser la manifestación de un endemismo peninsular", añadió el arqueóllgo sobre los descubrimientos, cuyo estudio especializado está publicado en la revista Journal of Human Evolution (JHE).

“El entorno de los 100.000 años es un momento crucial en la historia demográfica europea, previa a los contactos entre neandertales y los 'Homo sapiens' y a la expansión neandertal en Asia central. Las limitadas evidencias disponibles por el momento, a las que suman ahora los hallazgos en Axlor, sugieren que la extraordinaria continuidad poblacional de los neandertales europeos emerge en estos momentos de principios del Pleistoceno superior", añadió González-Urquijo.

El estudio desarrolla una nueva metodología de análisis para la clasificación taxonómica. Las diferencias en la dentición entre sapiens y neandertales son sutiles, por lo que se han empleado rasgos de morfometría geométrica que permiten comparaciones más robustas.

Trabajos arqueológicos en el yacimiento de Axlor (Vizacaya). UC.

Las mediciones se han aplicado a la superficie exterior, pero también a la unión dentina/esmalte y cemento/dentina. Estos dos últimos cálculos se han realizado en el interior de los dientes, lo que minimiza los sesgos que introduce el desgaste por atrición en las superficies externas. Estos rasgos internos se extrajeron por microtomografía axial computerizada. Un análisis estadístico de componentes principales (PCA) de los datos morfométricos permitió situar los dientes de Axlor en el espacio de la variabilidad morfológica típica de la dentición de las poblaciones neandertales.

Los dientes neandertales de Axlor se han recuperado en el marco de las excavaciones arqueológicas del grupo Paleo del IIIPC (Proyecto NeandertalHD- PID2022-136898OB-I00), coordinadas por J. González-Urquijo y Talía Lazuen. El trabajo ha sido realizado en colaboración con Shara Bailey (Universidad de New York), Tom Davies, Mykolas Imbrasas (U. Kent) y Jean Jacques Hublin (Max Planck Institute.).

“El proyecto NeandertalHD (Historia neandertal. Dinámicas históricas y evidencias de alta definición en el Paleolítico Medio de la Iberia noratlántica) estudia las capacidades y comportamientos en las sociedades neandertales, las dinámicas históricas en el suroeste de Europa entre hace 100.000 y 40.000 años, los cambios y relaciones filogenéticas de las poblaciones humanas en este periodo, las condiciones ambientales del Pleistoceno superior contemporáneas de las últimas sociedades neandertales, y la relación entre cambios ambientales y cambios históricos", concluyó el director del IIIPC.

IIIPC

El IIIPC es un instituto universitario de investigación de carácter mixto, de titularidad compartida por el Gobierno de Cantabria, la Universidad de Cantabria y Santander Universidades.

Se dedica a la investigación en Prehistoria, en sus apartados de investigación básica y aplicada, así como a proporcionar asesoramiento técnico en el ámbito de su competencia. Sus líneas prioritarias de estudio son: Arte prehistórico, Paleolítico y Mesolítico del SO de Europa, origen y desarrollo de las sociedades campesinas, primeros pobladores del continente americano, tecnología prehistórica y Bioarqueología.

Fuente: Universidad de Cantabria | 19 de marzo de 2024

Hallan las marcas de arado más antiguas de Europa, con una datación de hace unos 7.000 años en Suiza

Huellas de pezuñas de cabras y ganado doméstico en el yacimiento de Anciens Arsenaux. Crédito: ARIA SA/s. van Willigen et al. / Comunicación de humanidades y ciencias sociales. Nature (2024)

Excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el enclave de Anciens Arsenaux, Sion, cantón de Valais, Suiza, han arrojado conocimientos innovadores sobre las primeras prácticas agrícolas, poniendo en cuestión creencias previas y remodelando nuestra comprensión del período Neolítico en Europa.

En este sentido, un equipo de arqueólogos ha descubierto evidencias que sugieren que los agricultores neolíticos de la región suiza mencionada empleaban tracción animal para tirar del arado hace entre 5.100 y 4.700 años a.C., casi un milenio antes de lo que se pensaba.

Situado en el fértil cono aluvial del Sionne, un torrente alpino que atraviesa la ciudad de Sion antes de unirse al Ródano, la excavación del lugar en 2017 por arqueólogos que trabajan para los Archivos Cantonales del Valais reveló capas de ocupación humana entremezcladas con depósitos aluviales que abarcan el período Neolítico desde aproximadamente entre el 5200 y el 3500 a.C.

Mapa que muestra la ubicación del yacimiento de Anciens Arsenaux (Sion, cantón de Valais, Suiza; punto amarillo). Crédito: S. van Willigen et al., Comunicaciones en humanidades y ciencias sociales (2024)

No se puede subestimar la importancia de estos depósitos aluviales, ya que desempeñaron un papel crucial en la conservación de las antiguas huellas de arado. Susceptibles a la erosión, o a perturbaciones agrícolas, los surcos hallados en Sion han perdurado debido a la rápida sedimentación del arroyo circundante y el encapsulamiento de las huellas de arado dentro de las capas del suelo.

El descubrimiento de surcos paralelos y huellas de pezuñas en el sitio aludido proporciona evidencia convincente de la utilización de herramientas similares a arados tirados por ganado o bueyes domesticados durante el período Neolítico temprano. Este hallazgo desafía las suposiciones anteriores de que el norte de Alemania y Dinamarca fueron los primeros epicentros europeos donde se utilizó la tracción animal en la agricultura, con evidencias que se remontan aproximadamente al 3.700 a.C.

a) plan de excavación; b) marcas de arado (grupo 499 en a) halladas durante la excavación; c) marcas de arado (grupo 499 en a ); d) excavación del bloque micromorfológico EM97 a través de una de las ranuras de marcas de arado en el grupo 499 con la sección delgada analizada mostrada en rojo. Imágenes: ARIA SA.

La datación por radiocarbono de materiales orgánicos encontrados encima y debajo de las alteraciones del suelo proporcionó evidencia concluyente de la antigüedad de las marcas de arado. Los hallazgos sugieren que la tracción animal surgió simultáneamente con el advenimiento de la agricultura misma, lo que representa una innovación fundamental que revolucionó la productividad agrícola y la dinámica social.

“Nuestra investigación ha proporcionado un marco cronológico sólido para las primeras marcas de arado conocidas en Europa, que datan de entre 5100 y 4700 a.C. Estos restos demuestran que el uso de la fuerza animal apareció poco después de los primeros indicios de una economía de producción en los Alpes”, escriben los arqueólogos en su artículo publicado en la revista Nature.

Las implicaciones de estos hallazgos se extienden más allá de la innovación tecnológica y remodelan nuestra comprensión de la intensificación agrícola y sus repercusiones sociales durante la expansión neolítica en toda Europa. La capacidad de cultivar campos más grandes con tracción animal probablemente impulsó la estratificación económica y la complejidad social durante el período Neolítico, principalmente en términos de aumento de la producción y posterior desigualdad de riqueza, lo que desafía narrativas convencionales, o de larga tradición, sobre el ritmo y la trayectoria del desarrollo agrícola.

(a) Resumen cronológico de los Conjuntos N1, AG1 y N2. (b) Fotogrametría de la parte inferior de la estratigrafía del yacimiento de Anciens Arsenaux. (c) Selección de cerámicas del Conjunto N1. Los números 2 y 3 son fragmentos de un jarrón de fondo hueco característico de la fase temprana de la cultura Vasi a Bocca Quadrata en la llanura del Po, que data de principios del quinto milenio a. C. (d) Selección de cerámicas del Conjunto N2. Crédito: ARIA SA; fotografías y dibujos de los tiestos: S. van Willigen, InSitu SA / Comunicaciones en humanidades y ciencias sociales (2024).

La capacidad de trabajar campos más grandes con tracción animal pudo haber sido más una parte integral de los procesos iniciales de la neolitización del continente europeo que fruto de un desarrollo revolucionario posterior.

El entorno alpino único de Sion probablemente jugó un papel crucial en la preservación de las evidencias de un uso temprano del arado, y ofrece un terreno fértil para futuras exploraciones sobre los orígenes de la tracción animal en la agricultura. Para investigar más a fondo estos orígenes, el equipo arqueológico planea extender sus excavaciones a entornos alpinos similares en toda Suiza e Italia.

Fuente: archaeologymag.com | 8 de marzo de 2024