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    domingo, 8 de enero de 2012

    El Motín de la Trucha solo era una leyenda


    La ausencia de restos quemados en la exhaustiva excavación de Santa María la Nueva echa abajo el mito del incendio del templo con los nobles en su interior
    José María Sadia

    En el año 1158 no existió ningún motín en la iglesia de Santa María la Nueva, ni tampoco un incendio posterior con la nobleza de la ciudad dentro y que hizo venirse abajo la techumbre. El Motín de la Trucha se quedaría en leyenda, en mito, pero no iría más allá. Así lo atestiguan las excavaciones que se están llevando a cabo en el templo románico en las últimas semanas, en las que los arqueólogos han hallado tumbas excavadas en la roca -con un gran número de ellas de niños-, algunos rosarios en piedra y azabache y los cimientos de la iglesia original, muros por aquí y por allí. Pero ni un solo resto de la iglesia quemada en ninguna de las catas ni en las exhaustivas excavaciones que se están llevando a cabo.

    El propio delegado de Patrimonio en la diócesis, José Ángel Rivera, hacía hincapié en la "falsedad" de la leyenda del motín, una de las referencias más célebres de la historia de la ciudad, y reiteraba la ausencia de relación entre este hecho y la creación de la Custodia procesional, tradicionalmente vinculada por los zamoranos a los acontecimientos de Santa María. Rivera transmitía que «hasta el momento no se ha encontrado nada quemado», mientras que la firma Strato -que se está haciendo cargo de las excavaciones- confirmaba este hecho, pese a la «esperanza» en que aparezca «algo calcinado» en las próximas semanas. No en vano, todavía existen algunas zonas sin inspeccionar.
    Dicen que en toda leyenda hay una parte de verdad. Lo cierto es que la aparición de los muros primitivos sí que arrojan ya luz: el templo románico del siglo XII apenas se parece al actual y habría sido erigido en tres naves, independientes de la torre contigua, una construcción diferente.
    La otra parte, la que se queda en el tintero, tiene que ver con uno de los sucesos más extraordinarios del pasado de la ciudad, y que más ha llamado la atención durante siglos. Hechos que tuvieron lugar en la Zamora de 1158, cuando los nobles ejercían a voluntad privilegios mal vistos por el pueblo llano. Una de esas fricciones entre clases sociales desató la chispa y, con ella, el mito.

    Por entonces, las tensas relaciones entre nobles y plebeyos tienen un particular episodio en el mercado, donde unos y otros tenían establecidos turnos para comprar. En la franja horaria de la nobleza, un plebeyo se atreve a comprar pescado extraído del Duero -una trucha-, lo que desata la ira de los nobles y una revuelta que termina con la muerte del sirviente de uno de ellos.


    Con el fin de deliberar sobre el castigo ejemplar que infligirían a los plebeyos, la clase alta se reúne en la iglesia de Santa María la Nueva. Allá se dirige el pueblo, montado en cólera, para impedir tal reflexión. Una vez en los aledaños del templo, prenden fuego a la iglesia con los nobles dentro. El fuego devora el templo y echa abajo la techumbre del edificio religioso, lo que causa heridas a unos y la muerte a otros. En esas circunstancias, varias formas bendecidas cobran vida propia para protagonizar un viaje fantástico. «Según la leyenda, las sagradas formas de allí vuelan por un hueco hasta el convento de las Dueñas», recuerda Rivera de las Heras. Buscan el hueco de una tronera junto al muro norte de la iglesia y dan ese salto hacia el convento.

    El hecho llamó tanto la atención de investigadores de fenómenos extraños como Javier Sierra y Jesús Callejo, que hace algo más de una década visitaron Santa María para reconstruir la escena. Una vez frente al torno del convento de las Dueñas de Cabañales -que ha cruzado la orilla del Duero hacia la otra margen con respecto a su emplazamiento original- preguntaron a una de las monjas por el suceso, y la religiosa les confesó que de las formas que dieron origen a la construcción del edificio «sólo se conserva una partida en varios trozos».

    Incluso les preguntaron si los fragmentos habían sido analizados con técnicas científicas y la monja les respondió afirmativamente, pero reconoció que el científico «debió de considerar un sacrilegio tener que destruir una de las partes para poder hacerle las pruebas químicas necesarias».

    El delegado de Patrimonio también desmiente que la Custodia se creara por orden del Papa

    Tras la revuelta y el incendio de Santa María, tal y como recuerda Rivera de las Heras, «el Papa, como castigo a los zamoranos, pide al Concejo que elabore un altar de plata, que aparece en los documentos bastante posteriores de época barroca» aunque este extremo quizá sea «una traslación textual de un inventario medieval de la Catedral, donde se dice que hay un altar de plata con la figura de Cristo, los evangelistas y los apóstoles», remata el delegado diocesano de Patrimonio. En este caso, «si algo hubiese de verdad, se trataría de un frontal de plata que existió en la Catedral que nada tiene que ver con la Custodia procesional», de la que Rivera acaba de publicar una extensa monografía. «Lo que pasa es que ha corrido el mito entre los zamoranos de que la Custodia la hizo la ciudad de Zamora por mandato del Papa», aunque la inscripción en la obra demuestra que fue creada «por un platero con las rentas de la fábrica, no del Concejo».

    Ahora sólo resta esperar para saber si hay algo de cierto en el célebre Motín de la Trucha, aunque ni siquiera un hallazgo sorprendente confirme o desmienta por completo una de las leyendas más populares y relatadas por los zamoranos.

    Vía: http://mas.laopiniondezamora.es
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