La Catedral de Plasencia en la II Edición de la Noche Abierta

Recorremos la Catedral de Plasencia con la finalidad de conocerla vestida de noche.
En esta segunda edición de la Noche Abierta había novedades este año, como la reapertura de la barbacana de la catedral.


Un recorrido que cuenta con imágenes en exclusiva de su colección de arte y tesoro.

Vídeo realizado por Aníbal Clemente e Inma Estévez.
Todos los derechos reservados.
La copia de este vídeo será denunciada.

#plasencia #nocheabierta2015

Museo Etnográfico y Textil 'Pérez Enciso' de Plasencia (Cáceres)

Visitamos el Museo Etnográfico y Textil 'Pérez Enciso' de Plasencia en la segunda edición de la exitosa Noche Abierta de Plasencia el pasado sábado 19 de septiembre de 2015.


El de Pérez Enciso es el primer museo etnográfico y antropológico de Extremadura. Se creó en 1984 en su mayoría con fondos del placentino Pedro Pérez Enciso, quien da nombre a esta muestra en la que encontrarás más de 5.000 piezas que te permitirán conocer a fondo la tradición cacereña.

La primera sala abarca todo lo que tiene que ver con el proceso textil. En ella encontrarás utensilios como ruecas, telares o cardadoras, y su uso en la manufactura de piezas tales como alforjas, costales o chambras. También se exponen aperos de labranza, pesas y balanzas, arcas y baúles de madera, vasijas de alfarería o de cobre de Guadalupe y prendas pastoriles, entre las que destacan los zahones de cuero elaborados tradicionalmente en Malpartida de Plasencia.

Seguro que te van a gustar los trajes populares de Montehermoso, Cabezabellosa y Torrejoncillo que se exponen en la segunda sala. Por cierto, que el traje femenino típico de Montehermoso es el único que ha conservado la peculiar gorra de paja con o sin espejo.

En la tercera sala te espera una colección de ajuar casero en lino, de los que se usaban para distintas ceremonias. No te vayas de esta sala sin ver la colección de encajes. Los hay de aguja, de bolillos y anudados. Son verdaderas obras de arte nacidas de manos de mujeres placentinas.

Para finalizar, la cuarta sala se ocupa del llamado textil erudito; es decir, de las prendas de hilo fino, damasco, brocado, raso de seda, terciopelo, encajes de otro y plata... todos ellos creados para uso eclesiástico y cortesano.

Tres momentos en que la humanidad estuvo a punto de desaparecer

Hoy en día parece que los humanos tendremos que lanzarnos al espacio exterior en busca de lugares para alojar a nuestra población, pero, a decir verdad, no siempre hemos sido tan prósperos como especie. Hay por lo menos tres momentos en la historia durante los cuales la raza humana estuvo muy cerca de la extinción.

1. Hace 1,2 millones de años: la humanidad antes de que fuera exclusivamente Homo sapiens
En 2009 algunos científicos analizaron dos secuencias completas del genoma humano en busca del ancestro común más reciente. Ellos sabían lo que debían buscar para encontrarlo. Los elementos genéticos móviles son pequeñas secuencias de ADN que no se mantienen en un mismo sitio. Se mueven y se multiplican dentro del genoma, por lo que es más fácil replicar dichos elementos que eliminarlos, ya que una vez que están dentro de un gen tienden a permanecer. Como tales, ellos son marcadores genéticos, signos que han viajado una cierta distancia juntos. Uno de los más comunes de estos elementos es el denominado Alu. Los científicos estaban buscando por qué se separa el "viejo ADN" del "nuevo ADN".

De acuerdo con el estudio, "la genealogía de una región que contiene uno o más de estos elementos móviles es en promedio más antigua que el resto del genoma. Dado que las genealogías que contienen elementos móviles polimórficos son antiguas, están conformadas en gran parte por las fuerzas de la historia de la población y son insensibles a los eventos demográficos recientes, como los cuellos de botella o las expansiones poblacionales"

De este modo, pudieron leer la historia de la humanidad en los genes, y, al parecer, hace 1,2 millones de años, las cosas no marchaban del todo bien. El Homo sapiens, el Homo ergaster (derecha) y el Homo erectus habrían procreado, en todo el planeta, una población de apenas entre 18.000 y 26.000 personas.

Esto significaba que, en todo el mundo, toda especie de características humanas que podía aportar genes a un ser humano moderno era, en total, menor que la población actual de gorilas. Teniendo en cuenta, además, que los gorilas sólo habitan en un continente, mientras que los humanos ocupaban tanto África como Eurasia, era, de hecho, una población muy pequeña.

Este resultado fue una sorpresa debido a que otras evidencias indicaban que los humanos habían estado haciéndolo muy bien, pues ocupaban una gran cantidad de territorio. Los científicos hallaron herramientas de piedra en Turquía que datan de hace 1,2 millones de años, y en 2007 se encontró la mandíbula de un humano -de alrededor de unos 30 años de edad- que vivió en Atapuerca, España, hace 1,2 millones de años, lo que indica que, como especie, nos encontrábamos en todos lugares. ¿Por qué, entonces, estuvimos tan cerca de la extinción?

De acuerdo con Chad Huff (izquierda), coautor del estudio, más que una anomalía poblacional la situación era el estado normal de la humanidad. Él dijo a la prensa: "O bien la población aumentó considerablemente y posteriormente colapsó, o bien los ancestros de los humanos modernos siempre formaron una población pequeña durante millones de años”.
Los humanos de entonces pudieron haber sido lo que hoy se consideraría una 'especie en peligro de extinción' durante la mayoría de su historia. La pequeña población mundial de humanos sugiere que su expansión, más allá del continente africano, puede ser, si no una observación incorrecta, sí quizá insignificante en términos genéticos.

Es posible que aquellos nómadas fabricantes de herramientas hubiera perecido, y sólo la población nuclear que se mantuvo cerca de casa contribuyó a nuestros genes. Si este es el caso, entonces la lección de supervivencia es clara: quedarse.

2. Hace 150.000 años: el Homo sapiens y el gran enfriamiento
Hace cerca de 195.000 años el mundo cambió, la temperatura disminuyó durante el invierno y también en verano. Los glaciares se extendieron y hábitats completos fueron destruidos. La era se llama oficialmente “estadio isotópico marino 6″ (por darse a conocer mediante el análisis de isótopos de oxígeno sedimentados en las profundidades del océano), e informalmente se la conoce también como 'período glacial' o última Edad de Hielo. Los desiertos se expandieron, así como los glaciares, y gran parte del mundo era frío y seco.

En África, los humanos se dividieron. Esto posiblemente pudo ocurrir intencionalmente cuando ciertos grupos tuvieron que salir o fueron desplazados ante la contracción de áreas habitables, pero también pudo haber ocurrido azarosamente, ya que lo que había sido un amplio territorio habitable se redujo a pequeñas bolsas de tierra. En cualquier caso, ello sucedió y conllevó un peaje en la población humana que sufrió grandes bajas. Algunos creen que la población reproductiva se redujo hasta sólo 600 personas.

Los sobrevivientes consiguieron tanto fortuna como inteligencia. Fueron afortunados porque muchos de ellos pasaron a establecerse junto al mar, en lo que hoy es Sudáfrica. El sitio en particular era rico en plantas que almacenaban su energía en tubérculos, bajo tierra, y además el agua de mar era levemente tibia, lo que procuró una fuente de mariscos.

Gracias a esto los humanos pudieron reunir suficiente alimento para sobrevivir, además de ayudarse a sí mismos. Una cueva conocida con el código PP13B, cerca de Pinnacle Point, en Sudáfrica (derecha), muestra evidencias de que los pobladores de esa zona usaban conchas de moluscos a modo de herramientas. También es posible que hubieran templado sus herramientas de piedra mediante calor, lo que demuestra que la conducta de estos pobladores de hace 150.000 años era más moderna de lo que se admitía.

La lección de supervivencia de todo ello es doble: vale la pena ser inteligente, pero también importa la ubicación.

Hace unos 70.000 años, el supervolcán Toba estalló en lo que hoy es Indonesia. Después de la erupción, el suelo se derrumbó y dejó una depresión llamada caldera, la cual está ocupada por el lago Toba y domos volcánicos que han surgido con el tiempo, tal como puede verse en esta imagen tomada el 28 de enero de 2006 por el satélite Terra de la NASA: NASA / GSFC / MITI / ERSDAC / JAROS, y ASTER Science Team EE.UU. / Japón.

3. Hace 70.000 años: la catástrofe de Toba
Hace cerca de 70.000 años Sumatra voló en pedazos. La explosión es conocida como la super-erupción Toba. Una “super erupción” difiere de una erupción volcánica común, y otras catástrofes ambientales como los terremotos, porque, según The Geological Society, “sus efectos ambientales amenazan a la civilización”. Localmente, la erupción creó un cráter que posteriormente se convirtió en el lago Toba. Globalmente, la erupción arrojó tanta ceniza y escombro al aire que, según algunos cálculos, pudo haber atenuado la influencia del sol durante seis años.

Esto ocurrió en un tiempo en que los seres humanos no lo tenían precisamente fácil. Ya sufrían el clima seco y frío, y ahora, encima de padecer varios años de invierno, se extendía por la atmósfera un gas nocivo. Algunos expertos estiman que la población pudo haber quedado reducida a entre 1.000 y 10.000 personas.

Si el Toba tuvo tanto impacto como algunos creen, de un año a otro la gente se vio inmersa en un mundo distinto. Un análisis del polen, antes y después de la explosión, obtenido de una muestra en la bahía de Bengala, mostró que la flora arbórea y boscosa se vio reemplazada por el crecimiento de pastizales, lo que supuso un cambio drástico en los ecosistemas.

De acuerdo con las primeras teorías, los humanos, más que sobrevivir, se dividieron y lograron subsistir. Steven H. Ambrose (izquierda), defensor de la teoría de la catástrofe del Toba como un cataclismo, asegura:
"Una consecuencia del invierno volcánico pudo haber sido la rápida diferenciación de pequeñas poblaciones migrantes originarias del continente africano hacia lo que se conoce como las razas humanas modernas. Tal cuello de botella resuelve la paradoja del modelo de reemplazo 'Fuera de África': ¿por qué las poblaciones humanas lucen tan distintas entre sí a pesar de tener su origen en África? Cuando la diáspora de los humanos africanos pasó a través del prisma del invierno volcánico de Toba, apareció un arcoiris de diferencias".

O quizás no. La teoría del Toba se mantiene aún en debate. Mientras algunos creen que una serie de cuellos de botella transformó a los humanos en la diversa población actual, otros creen que sólo significó una breve etapa de años desagradables que no modificó tangiblemente a la humanidad.
La bahía de Bengala pudo haber sido devastada por la explosión, pero el análisis de muestras del lago Malawi indican que el efecto en el clima y en los ecosistemas fue mínimo. La gente pudo haber cambiado y emigrado debido a una serie de circunstancias climáticas, de conducta o del medio ambiente, pero no necesariamente debido al volcán.

¿Cuál es la lección de supervivencia en éste caso? Tal vez la lección es mantener nuestros ojos en los volcanes, por si acaso...

Fuente: io9.com | 20 de septiembre de 2015 (Traducción de G.C.C.)

Tres momentos en que la humanidad estuvo a punto de desaparecer

Hoy en día parece que los humanos tendremos que lanzarnos al espacio exterior en busca de lugares para alojar a nuestra población, pero, a decir verdad, no siempre hemos sido tan prósperos como especie. Hay por lo menos tres momentos en la historia durante los cuales la raza humana estuvo muy cerca de la extinción.

1. Hace 1,2 millones de años: la humanidad antes de que fuera exclusivamente Homo sapiens
En 2009 algunos científicos analizaron dos secuencias completas del genoma humano en busca del ancestro común más reciente. Ellos sabían lo que debían buscar para encontrarlo. Los elementos genéticos móviles son pequeñas secuencias de ADN que no se mantienen en un mismo sitio. Se mueven y se multiplican dentro del genoma, por lo que es más fácil replicar dichos elementos que eliminarlos, ya que una vez que están dentro de un gen tienden a permanecer. Como tales, ellos son marcadores genéticos, signos que han viajado una cierta distancia juntos. Uno de los más comunes de estos elementos es el denominado Alu. Los científicos estaban buscando por qué se separa el "viejo ADN" del "nuevo ADN".

De acuerdo con el estudio, "la genealogía de una región que contiene uno o más de estos elementos móviles es en promedio más antigua que el resto del genoma. Dado que las genealogías que contienen elementos móviles polimórficos son antiguas, están conformadas en gran parte por las fuerzas de la historia de la población y son insensibles a los eventos demográficos recientes, como los cuellos de botella o las expansiones poblacionales"

De este modo, pudieron leer la historia de la humanidad en los genes, y, al parecer, hace 1,2 millones de años, las cosas no marchaban del todo bien. El Homo sapiens, el Homo ergaster (derecha) y el Homo erectus habrían procreado, en todo el planeta, una población de apenas entre 18.000 y 26.000 personas.

Esto significaba que, en todo el mundo, toda especie de características humanas que podía aportar genes a un ser humano moderno era, en total, menor que la población actual de gorilas. Teniendo en cuenta, además, que los gorilas sólo habitan en un continente, mientras que los humanos ocupaban tanto África como Eurasia, era, de hecho, una población muy pequeña.

Este resultado fue una sorpresa debido a que otras evidencias indicaban que los humanos habían estado haciéndolo muy bien, pues ocupaban una gran cantidad de territorio. Los científicos hallaron herramientas de piedra en Turquía que datan de hace 1,2 millones de años, y en 2007 se encontró la mandíbula de un humano -de alrededor de unos 30 años de edad- que vivió en Atapuerca, España, hace 1,2 millones de años, lo que indica que, como especie, nos encontrábamos en todos lugares. ¿Por qué, entonces, estuvimos tan cerca de la extinción?

De acuerdo con Chad Huff (izquierda), coautor del estudio, más que una anomalía poblacional la situación era el estado normal de la humanidad. Él dijo a la prensa: "O bien la población aumentó considerablemente y posteriormente colapsó, o bien los ancestros de los humanos modernos siempre formaron una población pequeña durante millones de años”.
Los humanos de entonces pudieron haber sido lo que hoy se consideraría una 'especie en peligro de extinción' durante la mayoría de su historia. La pequeña población mundial de humanos sugiere que su expansión, más allá del continente africano, puede ser, si no una observación incorrecta, sí quizá insignificante en términos genéticos.

Es posible que aquellos nómadas fabricantes de herramientas hubiera perecido, y sólo la población nuclear que se mantuvo cerca de casa contribuyó a nuestros genes. Si este es el caso, entonces la lección de supervivencia es clara: quedarse.

2. Hace 150.000 años: el Homo sapiens y el gran enfriamiento
Hace cerca de 195.000 años el mundo cambió, la temperatura disminuyó durante el invierno y también en verano. Los glaciares se extendieron y hábitats completos fueron destruidos. La era se llama oficialmente “estadio isotópico marino 6″ (por darse a conocer mediante el análisis de isótopos de oxígeno sedimentados en las profundidades del océano), e informalmente se la conoce también como 'período glacial' o última Edad de Hielo. Los desiertos se expandieron, así como los glaciares, y gran parte del mundo era frío y seco.

En África, los humanos se dividieron. Esto posiblemente pudo ocurrir intencionalmente cuando ciertos grupos tuvieron que salir o fueron desplazados ante la contracción de áreas habitables, pero también pudo haber ocurrido azarosamente, ya que lo que había sido un amplio territorio habitable se redujo a pequeñas bolsas de tierra. En cualquier caso, ello sucedió y conllevó un peaje en la población humana que sufrió grandes bajas. Algunos creen que la población reproductiva se redujo hasta sólo 600 personas.

Los sobrevivientes consiguieron tanto fortuna como inteligencia. Fueron afortunados porque muchos de ellos pasaron a establecerse junto al mar, en lo que hoy es Sudáfrica. El sitio en particular era rico en plantas que almacenaban su energía en tubérculos, bajo tierra, y además el agua de mar era levemente tibia, lo que procuró una fuente de mariscos.

Gracias a esto los humanos pudieron reunir suficiente alimento para sobrevivir, además de ayudarse a sí mismos. Una cueva conocida con el código PP13B, cerca de Pinnacle Point, en Sudáfrica (derecha), muestra evidencias de que los pobladores de esa zona usaban conchas de moluscos a modo de herramientas. También es posible que hubieran templado sus herramientas de piedra mediante calor, lo que demuestra que la conducta de estos pobladores de hace 150.000 años era más moderna de lo que se admitía.

La lección de supervivencia de todo ello es doble: vale la pena ser inteligente, pero también importa la ubicación.

Hace unos 70.000 años, el supervolcán Toba estalló en lo que hoy es Indonesia. Después de la erupción, el suelo se derrumbó y dejó una depresión llamada caldera, la cual está ocupada por el lago Toba y domos volcánicos que han surgido con el tiempo, tal como puede verse en esta imagen tomada el 28 de enero de 2006 por el satélite Terra de la NASA: NASA / GSFC / MITI / ERSDAC / JAROS, y ASTER Science Team EE.UU. / Japón.

3. Hace 70.000 años: la catástrofe de Toba
Hace cerca de 70.000 años Sumatra voló en pedazos. La explosión es conocida como la super-erupción Toba. Una “super erupción” difiere de una erupción volcánica común, y otras catástrofes ambientales como los terremotos, porque, según The Geological Society, “sus efectos ambientales amenazan a la civilización”. Localmente, la erupción creó un cráter que posteriormente se convirtió en el lago Toba. Globalmente, la erupción arrojó tanta ceniza y escombro al aire que, según algunos cálculos, pudo haber atenuado la influencia del sol durante seis años.

Esto ocurrió en un tiempo en que los seres humanos no lo tenían precisamente fácil. Ya sufrían el clima seco y frío, y ahora, encima de padecer varios años de invierno, se extendía por la atmósfera un gas nocivo. Algunos expertos estiman que la población pudo haber quedado reducida a entre 1.000 y 10.000 personas.

Si el Toba tuvo tanto impacto como algunos creen, de un año a otro la gente se vio inmersa en un mundo distinto. Un análisis del polen, antes y después de la explosión, obtenido de una muestra en la bahía de Bengala, mostró que la flora arbórea y boscosa se vio reemplazada por el crecimiento de pastizales, lo que supuso un cambio drástico en los ecosistemas.

De acuerdo con las primeras teorías, los humanos, más que sobrevivir, se dividieron y lograron subsistir. Steven H. Ambrose (izquierda), defensor de la teoría de la catástrofe del Toba como un cataclismo, asegura:
"Una consecuencia del invierno volcánico pudo haber sido la rápida diferenciación de pequeñas poblaciones migrantes originarias del continente africano hacia lo que se conoce como las razas humanas modernas. Tal cuello de botella resuelve la paradoja del modelo de reemplazo 'Fuera de África': ¿por qué las poblaciones humanas lucen tan distintas entre sí a pesar de tener su origen en África? Cuando la diáspora de los humanos africanos pasó a través del prisma del invierno volcánico de Toba, apareció un arcoiris de diferencias".

O quizás no. La teoría del Toba se mantiene aún en debate. Mientras algunos creen que una serie de cuellos de botella transformó a los humanos en la diversa población actual, otros creen que sólo significó una breve etapa de años desagradables que no modificó tangiblemente a la humanidad.
La bahía de Bengala pudo haber sido devastada por la explosión, pero el análisis de muestras del lago Malawi indican que el efecto en el clima y en los ecosistemas fue mínimo. La gente pudo haber cambiado y emigrado debido a una serie de circunstancias climáticas, de conducta o del medio ambiente, pero no necesariamente debido al volcán.

¿Cuál es la lección de supervivencia en éste caso? Tal vez la lección es mantener nuestros ojos en los volcanes, por si acaso...

Fuente: io9.com | 20 de septiembre de 2015 (Traducción de G.C.C.)

Iker Jiménez pone fin a Milenio 3 después de 14 temporadas

El programa de radio Milenio 3, presentado y dirigido por Iker Jiménez en la Cadena Ser, se ha emitido por última vez en la madrugada de este domingo después de permanecer 14 años en antena.
Los seguidores del espacio asistieron en gran medida sorprendidos a una despedida que no tuvo excesiva publicidad en los días previos y que por ello a muchos de ellos les cogió desprevenidos.

ESCUCHA EL PROGRAMA COMPLETO:
 
"Milenio 3, hasta siempre y gracias". Así se despidió Iker Jiménez en un emotivo programa, en el que el presentador y su compañera Carmen Porter hicieron un recorrido por la historia de Milenio 3 y agradecieron a sus oyentes su fidelidad y apoyo durante toda su trayectoria.

Le ligaba al programa de televisión Cuarto Milenio de forma exclusiva.

Durante el último programa, Iker Jiménez y su mujer negaron que la decisión de poner fin a las emisiones de Milenio 3 tenga relación con el acuerdo firmado con Mediaset, y explicaron que un motivo de peso para centrarse solo en la televisión es su hija pequeña, a la que esperan dedicar más tiempo.

La despedida del programa se produce solo unos días después de que Mediaset hiciera público un acuerdo con Iker Jiménez por el que el periodista renovaba su contrato de larga duración.

Los dos periodistas señalaron que se trata de un "cambio de ciclo" y afirmaron que lo afrontan sin descartar volver a la radio algún día.

Iker Jiménez ha conseguido convertirse en un referente español del periodismo de investigación del misterio, y de divulgación histórica y científica, y continuará en televisión dirigiendo y presentando junto a Carmen Porter el magacín de lo desconocido 'Cuarto Milenio', que ya ha celebrado sus 400 emisiones y que próximamente alcanzará su undécimo aniversario.

El hombre de Atapuerca revoluciona la teoría de la evolución

Ilustración de un hombre de la Sima de los Huesos (Atapuerca), de hace unos 430.000 años. / Kennis & Kennis/Madrid Scientific Films (EL PAÍS)

Con 1,63 metros de estatura media y una masa corporal de unos 69 kilos, los humanos de la Sima de los Huesos (Atapuerca, Burgos), de hace unos 430.000 años, eran más corpulentos que los posteriores neandertales. Un hombre de esa colección de fósiles es especialmente grande, superando los 90 kilos. En general, eran de cuerpo notablemente ancho y musculoso. Sin embargo, su masa cerebral era inferior a la del neandertal, algo que tiene importantes implicaciones en la evolución de este órgano clave en la especie humana. Esa impresionante colección de restos de la Sima de los Huesos ha permitido a los científicos describir ahora, por primera vez con precisión, la morfología corporal de aquellos individuos, cuyos restos se acumularon en el fondo de una cueva burgalesa por causas aún por determinar, aunque los investigadores sospechan que pudo ser un acto intencionado de sus congéneres.

“Es la primera vez que describimos el esqueleto postcraneal de la muestra más grande de fósiles que existe en la historia de la paleontología”, destaca Juan Luis Arsuaga, director del Centro de Evolución y Comportamiento Humanos (Instituto de Salud Carlos III - Universidad Complutense) y primer autor del artículo que presenta hoy esta investigación en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS) estadounidense.

Para el estudio, en el que ha participado una veintena de expertos de diferentes instituciones (casi todas españolas), los científicos han analizado más de 1.500 fósiles de los esqueletos postcraneales, es decir, de cuello para abajo. En total, en 2013, cuando arrancó esta investigación específica, los investigadores habían desenterrado ya más de 6.700 huesos humanos en la Sima, pertenecientes a 28 individuos como mínimo, de ambos sexos y edades variadas, incluidos 17 cráneos completos o parciales. Así, por ejemplo, la talla de 163 centímetros de estatura se refiere a la media de adultos teniendo en cuenta hombres y mujeres, y no hay en esta población tanta diferencia entre unos y otras como se pensaba. Estos individuos muestran ya algunos rasgos incipientes que luego estarán en los neandertales unos 200.000 años después.

“El hecho de que los humanos de la Sima de los Huesos tuvieran el cerebro más pequeño que los neandertales significa que en estos últimos ese órgano aumentó de tamaño paralelamente y de forma independiente al incremento que registró el cerebro de la especie humana actual, algo que se consideraba un rasgo exclusivo nuestro”, apunta Ignacio Martínez, profesor de paleontología de la Universidad de Alcalá de Henares y coautor del artículo de PNAS.

La extensa investigación, además, tiene un alcance ambicioso: Arsuaga y sus colegas proponen ahora un nuevo modelo de la evolución del cuerpo humano en cuatro grandes etapas a lo largo de más de cuatro millones de años. “Las cuatro fases coexistirían en el tiempo pero su orden de aparición es secuencial, una detrás de otra”, aclara Arsuaga. A la primera etapa corresponden los ardipitecos, de hace unos cuatro millones de años, que vivirían fundamentalmente en los árboles aunque tal vez tendrían alguna capacidad de desplazarse ocasionalmente sobre las dos extremidades inferiores. La segunda fase corresponde a los australopitecos, como la célebre Lucy de hace algo más de tres millones de años, que serían ya bípedos pero manteniendo algunas capacidades arbóreas. La tercera etapa es la del humano arcaico, a la que pertenece el Homo erectus de hace unos dos millones de años (el primero en salir del continente africano ancestral), pero también la población de la Sima de los Huesos, con cuerpo alto en comparación con los anteriores, ancho y robusto, y locomoción exclusivamente terrestre. Se acabaron los árboles como hábitat dominante para estas especies. Por último, el humano moderno es el cuarto grupo, de tipo alto, estrecho y de esqueleto grácil.


Los científicos han analizado más de 1.500 fósiles

La principal novedad de este esquema es que, al incorporar a los neandertales en la tercera etapa, desmonta el modelo, generalmente aceptado por los científicos, “en el que los neandertales son producto de una adaptación específica a las condiciones climáticas frías del continente europeo, mientras que el hombre moderno, la especie actual, sería del modelo clásico, el del H.erectus africano”, explica Arsuaga. “No es así. Nosotros creemos que nuestra especie es la revolución. Son los neandertales, aunque con particularidades de adaptación, los que tienen el modelo arcaico”, afirma. Según este nuevo esquema, que seguramente será controvertido en la comunidad científica internacional, la novedad del humano actual se origina en África a la vez que los neandertales se adaptaban a vivir en las latitudes frías del continente europeo. Y los individuos de la Sima de los Huesos muestran los primeros pasos de una evolución que acabaría dando lugar a los neandertales de hace unos 200.000 años.

Arsuaga apunta que la novedad que supone el cuerpo de nuestra especie es “toda una revolución”, destacando el esqueleto grácil, la columna vertebral menos rígida que en otras especies, el particular y eficaz desplazamiento del centro de gravedad del cuerpo al caminar, las caderas estrechas, etcétera. “Es un prodigio de biomecánica, óptimo para caminar con gran eficiencia energética… ¿Usain Bolt? Sí, es la perfección, pero el mejor ejemplo de la especialidad del humano moderno es un corredor de maratón, capaz de recorrer grandes distancias con un mínimo consumo energético”, resume el paleontólogo.

Sin embargo, esta investigación de Atapuerca indica que en algo no somos tan exclusivos como se pensaba: el aumento notable del tamaño del cerebro en el último tramo de la evolución humana. “La gran aceleración de la encefalización se consideraba un rasgo distintivo de nuestra especie, algo único”, explica Martínez. Pero resulta que también en los neandertales se produjo ese proceso casi a la vez y de forma independiente, a la vista de la masa cerebral de sus ancestros remotos que son los humanos de la Sima de los Huesos.
“Los neandertales realmente son muy inteligentes, no son superchimpancés, como se pensaba hace años”, continúa Martínez. “Hablaban, se adornaban y ahora sabemos que tuvieron encefalización”. Este último rasgo, además, abre una nueva perspectiva para investigar la especie humana actual. “En ciencia es muy difícil avanzar con un caso único, necesitas hacer investigación comparativa y nuestra especie es difícil de abordar si es única. Ahora, con los neandertales, tenemos una especie espejo, otra especie inteligente que se originó independientemente de la nuestra, y esto nos ayuda a estudiarnos a nosotros mismos”, comenta este especialista.

¿El peinado como mensaje?

A la hora de hacer la ilustración técnica del hombre de la Sima de los Huesos, teniendo en cuenta todos los detalles anatómicos que los fósiles aportan, los científicos han tenido que afrontar una gran incógnita, y precisamente en una parte tan notoria del cuerpo como es la cabeza, porque de cabello no tienen datos. El pelo no fosiliza, no deja rastros y no se sabe cuándo apareció en la evolución humana el cabello, es decir, el pelo de la cabeza y la barba que crece ininterrumpidamente y que, si no se corta, alcanza hasta el suelo y arrastra, comenta Juan Luis Arsuaga. “Lo que está claro es que el resto de los primates y los mamíferos en general no comparten esta característica que es exclusivamente humana”, afirma. Parece lógico suponer, continúa, que estarán implicados en esto unos genes que se activan específicamente en los humanos por lo que, si se logra identificarlos, se podrán comprar con el genoma de los neandertales y determinar así si esos remotos europeos, por ejemplo, podían llevar cabellos y barbas largas.

“Mi hipótesis”, continúa Arsuaga –y retoma el asunto del peinado de la ilustración del atapuerquino- “es que el cabello de crecimiento continuo es un instrumento de comunicación que indica características de quien lo luce, como rango, jerarquía, pertenencia a un grupo específico… igual que en sociedades humanas actuales el peinado de los sijes, por ejemplo, o la identificación de mujeres casadas o solteras. Es un mensaje a los demás”.

La sugerencia de que el cabello podría ser útil tal vez como protección frente a la insolación excesiva no vale porque para eso no hace falta que crezca el pelo ininterrumpidamente durante toda la vida.
De los neandertales hay múltiples muestras de comportamiento simbólico expresado a través de objetos, de enterramientos…. recuerda Arsuaga. ¿Por qué no, entonces, en los individuos de la Sima de los Huesos? Aún sin pruebas científicas que sustenten o descarten la idea, los científicos de Atapuerca decidieron concederse una licencia en la ilustración del hombre de la Sima de los Huesos y ponerle un peinado más o menos elaborado y una luenga barba.

Un artículo de Alicia Rivera
Fuente: El País