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    miércoles, 12 de octubre de 2016

    Descubren huellas humanas de entre 5.000 y 19.000 años de antigüedad en Tanzania

    Las marismas a la sombra del volcán Ol Doinyo Lengai capturaron un enorme tesoro de huellas humanas antiguas. FOTOGRAFÍA DE ROBERT CLARK, NATIONAL GEOGRAPHIC.

    A 15 kilómetros del volcán de los Masai, llamado la "montaña de Dios", un equipo de investigadores ha catalogado un espectacular y raro hallazgo: un enorme conjunto de huellas humanas bien conservadas en el barro de unos 5.000 y 19.000 años de antigüedad.

    Las más de 400 huellas, que cubren un área ligeramente más grande que una cancha de tenis, se entrecruzan en la marisma de Engare Sero, en la orilla sur del lago Natron, en Tanzania. Ningún otro sitio de África tiene tantas huellas antiguas de Homo sapiens, lo que constituye un valioso tesoro para los científicos que tratan de desvelar la historia de los primeros tiempos de la humanidad.

    Algunas de las huellas parecen mostrar a la gente corriendo por el barro, manteniendo un ritmo de unos 7,5 kilómetros por minuto. Otras relacionan a una persona con un extraño dedo gordo del pie, posiblemente fracturado.

    Sin embargo, algunas huellas sugieren que, alrededor de una docena de personas, la mayoría mujeres y niños, atravesaban la marisma juntos hacia el suroeste hacia zonas desconocidas. El barro lo registraba todo, incluyendo las minúsculas gotas sucias que caían de sus pies con cada paso que daban y la pregunta que nos hacemos es ¿De que huían?

    "La primera vez que fuimos allí, recuerdo que al salir del vehículo se me saltaron las lagrimas", dice Cynthia Liutkus-Pierce (derecha), geóloga de la Universidad Estatal de los Apalaches y representante de National Geographic, quien dirigió la investigación.

    "Los orígenes humanos es de un gran interés para mí: de dónde venimos y por qué somos lo que somos. Definitivamente, fue muy emotivo ver nuestra propia historia a través de estas huellas".

    Las huellas de Engare Sero se agregan a un catálogo muy exclusivo de pisadas humanas que han resistido al paso del tiempo. El enclave de Willandra Lakes, en Australia, por ejemplo, tiene 700 huellas fósiles de hace unos 20.000 años. Y dos sitios en la costa de Sudáfrica tienen huellas de Homo sapiens datadas en nada menos que en 120.000 años.

    En Laetoli -otro lugar en Tanzania, a unos 100 Km al suroeste de Engare Sero- hay incluso huellas de 3,6 millones de años de antigüedad, posiblemente hechas por un ancestro humano, el Australopithecus afarensis, un descubrimiento parcialmente financiado por la National Geographic Society.

    Engare Sero es emocionante debido a la cantidad y diversidad de las huellas encontradas, las cuales ofrecen una llamativa y detallada instantánea de lo que era la vida para nuestros antepasados en África.

    "Es un sitio muy complicado", dice William Harcourt-Smith (izquierda) un paleoantropólogo de la Universidad de Nueva York y miembro del equipo de Liutkus-Pierce. "Hay una zona donde se agrupan tantas huellas, que lo hemos apodado el 'salón de baile', dado que nunca hemos visto tal número de ellas en un mismo lugar. Es completamente de locos".



    Siguiendo el rastro

    El enclave de Engare Sero -y los investigadores que lo estudiaron- debe mucho a Ol Doinyo Lengai, el volcán que se cierne sobre el lago Natron. Su cúspide tiene 2.960 metros de altura y es conocido por su extraña lava fluida y plateada; es un lugar de peregrinación para los pastores Masai, quienes viajan hasta el mismo para rogar a su dios Engai por la lluvia, el ganado y los niños.

    Oportunamente, este moderno lugar de peregrinación también capturó el deambular de los antiguos seres humanos. Liutkus-Pierce y su equipo piensan que el lodo de ricas cenizas que contiene las huellas originalmente lavó los flancos del volcán Ol Doinyo Lengai, provocando en su camino hacia abajo la formación de marismas.

    En cuestión de horas o días, la superficie de lodo se secó, conservando las huellas en una corteza agrietada. Luego un flujo de residuos enterró las huellas hace por lo menos 10.000 o 12.000 años, sepultándolas durante milenios.

    Un habitante de la zona, Kongo Sakkae, encontró algunas de las huellas en el año 2006, pero el lugar no llamó la atención de los científicos hasta 2008, cuando el conservacionista Jim Brett (derecha), con sede en Pennsylvania, se detuvo en el campamento Tented del lago Natron, a tan sólo unos pocos cientos de metros de las huellas.

    Sorprendido por lo que vio, Brett hizo tantas fotografías de las huellas como pudo y decidió enviárselas a una científica de confianza: Liutkus-Pierce, a quien había conocido cuando ella era una investigadora postdoctoral.
    El problema fue que Brett escogió el peor día posible para llamarla.

    "Fue en abril, el día de los inocentes, no es broma", dice Liutkus-Price. "Me llamó y dijo: 'Creo que he encontrado algunas huellas de homínidos muy interesantes'. Y le dije, 'Jim, ¿puedes llamarme mañana, y así sabré que esto no es una broma?"


    Varios días después, Liutkus-Pierce vio las fotografías de Brett y quedó asombrada por la calidad de conservación de las huellas. En poco tiempo reclutó a un equipo de científicos, incluyendo a su amiga y ex compañera de clase, la paleoantropóloga Briana Pobiner (izquierda), del Programa Orígenes Humanos de la Smithsonian Institution.

    "Estuve encantada al ver el alcance del proyecto, pues los sitios con huellas humanas son muy raros, y ha sido emocionante estar involucrada en el trabajo de uno de ellos", escribió Pobiner en un correo electrónico. "El gran número de huellas que fueron creadas, esencialmente al mismo tiempo, nos permite investigar de modo directo los aspectos sociales de la vida de estos antiguos seres humanos".

    Un sorprendente camino escabroso

    Pero desbloquear los secretos de Enagare Sero -en particular, establecer cuándo los humanos caminaron a través del barro- se demostró como un enorme desafío, tal como el equipo explica en un estudio publicado recientemente en Palaeogeography, Paleoclimatology, Paleoecology.


    Puedes ver el vídeo en este enlace sobre los eventos que crearon y conservaron las antiguas huellas humanas descritas.

    Originalmente, Liutkus-Pierce y su equipo pensaron que el lodo que capturó las huellas comenzó siendo ceniza caída después de que el volcán Ol Doinyo Lengai entrara en erupción. Si eso fuera cierto, la ceniza tendría esencialmente la misma antigüedad que las huellas, un enfoque que inicialmente sugería que las mismas tendrían cerca de 120.000 años. El equipo anunció esta posible datación en una conferencia en 2011, elevando el interés general, pero también suscitando cierto debate sobre tal interpretación.

    Sin embargo, una vez que el equipo se dio cuenta de que las cenizas había sido llevadas a Engare Sero por el agua, la determinación de la antigüedad de las huellas se transformó en una búsqueda de los cristales más jóvenes del barro, los cuales pondrían un límite a la antigüedad del lugar que podría ser razonable.

    Una concha hallada en el lodo, por encima de las huellas, ayudó al equipo a determinar la datación más temprana posible de la gama temporal considerada, en última instancia, la colocación de las huellas en un periodo más conservador, entre 5.000 y 19.000 años de antigüedad.

    "No es un logro fácil encontrar una solución al problema -la datación del lugar-, pero al menos ellos tienen algunas cosas con las que pueden trabajar", dice Craig Feibel (derecha), de la Universidad de Rutgers, un experto en geología sedimentaria que no participó en el estudio. "Los sedimentos volcánicos pueden ser muy, muy difíciles, así que creo que hicieron un buen trabajo con ellos".

    Aún así, la demora en obtener la datación del lugar había puesto de los nervios al equipo, e incluso ahora que los geólogos han reducido las dataciones y el análisis de los antropólogos se mantiene estancado.

    Además, a principios de 2016, los investigadores quedaron sorprendidos por los informes de que un miembro del equipo, Brian Richmond (izquierda), estaba bajo investigación por acosar presuntamente a una asistente en una conferencia el pasado 2015. El Museo Americano de Historia Natural, para el que trabaja Richmond, abrió una investigación independiente todavía se encuentra en desarrollo, según confirmó el museo en un comunicado. En informes anteriores, Richmond ha mantenido su inocencia en todo momento.

    Liutkus-Pierce dice que a ella Richmond nunca la ha acosado, y que el trabajo de campo en Engare Sero fue "una experiencia maravillosa", realizada sin incidentes. Richmond figura en el listado de co-autores del estudio recientemente publicado.

    En pos del siguiente paso

    Ahora que los investigadores han publicado su estudio de la enigmática geología de Engare Sero, Pobiner y Harcourt-Smith tienen la esperanza de que el análisis paleoantropológico no se retrase. Los investigadores dicen que se parecerá a la presentación que hicieron en 2012 de sus primeros resultados, en la cual identificaron al menos 24 huellas, algunas posiblemente de personas corriendo, y las de un grupo de más de doce personas que se trasladaban juntas.

    Liutkus-Pierce también está estudiando la manera de preservar Engare Sero a largo plazo, una necesidad llevada a casa debido a las huellas producidas por los neumáticos en el lugar cuando el equipo llegó por primera vez.

    Por ahora, el gobierno de Tanzania ha acordonado el lugar con alambres de púas. Pero incluso, en el peor de los casos, los futuros científicos serán capaces de ver lo que Liutkus-Pierce vio hace ocho años. Con la ayuda del Smithsonian Institute, el equipo ha creado escaneos en 3D de la totalidad de Engare Sero, incluído el "salón de baile" y demás.

    "Dios no quiera que algo le pase a este sitio", dice Liutkus-Pierce, "pero, si ocurre, al menos
    tenemos la capacidad de replicar las huellas en impresión 3-D".

    Fuente: National Geographic | Por
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